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Enigma 12 abril, 2010

Escrito por emejota en : Series, Televisión , Añade un comentario , trackback

Twin PeaksQuién mató a Laura Palmer? Escuchar esa pregunta formulada con insistencia en las promos de la tele de hace ahora 20 años nos intrigó muchísimo. Tras esa pregunta llegaba una cosa alucinante, una invitación a entrar en un universo inquietante y hermoso, sórdido y maravilloso a un tiempo. Era Twin Peaks, la incursión televisiva de David Lynch cuyo episodio piloto, firmado por él, dejó atónitos a los señores de ABC (la cadena de tv de allí, no el periódico de aquí). Cómo se da luz verde a algo que tiene una habitación roja, un enano que habla al revés, una muerta que se lleva la mano a la nariz en ademán seductor, sombras de aves que sobrevuelan el fondo a cámara lenta y una señora mayor que lleva un leño en el regazo y lo acaricia y te dice lo que va a pasar. Cómo se da luz verde a eso siendo lo que allí hay tan negro. Mintiendo un poco, quizá. A David Lynch le importaba un pimiento quién había matado a Laura Palmer. De hecho, al contrario de lo que le sucedería a un buen sabueso, lo estimulante del caso no estaba en satisfacer el enigma sino en el hecho de que la pregunta no tuviera respuesta posible. Lynch no es un detective, es un explorador del submundo que existe en los pliegues más oscuros de nuestro cerebro. La promesa de encontrar respuesta al enigma fue el precio exigido para conseguir vía libre en un medio que ofrecía lo que Lynch necesitaba para escribir su poema macabro y triste, guasón y turbador: el serial por entregas.

Twin Peaks es una joya. Una joya rara, de ahí su excepcionalidad en todos los sentidos. Que sus dos temporadas adolecieran de dilataciones innecesarias no importó para apreciar lo apreciable, que no fue poco y sí mucho. Los episodios piloto de ambas temporadas, así como los finales, dirigidos por el propio Lynch, siguen siendo para mí los mejores Lynch. Dicen que Twin Peaks se adelantó 20 años a esta edad de oro del serial televisivo que ahora parece languidecer un poco. No creo que así fuera. Hoy, que los cinéfilos y los teleguays han comprendido y dado el beneplácito a la posibilidad de que la tele haga cosas distintas y hasta memorables, Twin Peaks lo tendría difícil. Demasiado sutil y brutal, una explícita materialización del abstracto lenguaje de lo onírico, demasiado experimental y, sin embargo, folletín de todos modos. Un serial de nuestro lado oscuro, que late en la madrugada de las conciencias.

Quién mató a Laura Palmer? Así empezó todo, con el descubrimiento en el río de un cadáver cuya cabeza emergía de una bolsa de plástico como si fuera el envoltorio de un regalo, o un sudario de diseño hipermoderno, o como si esta Laura Palmer, la chica inocente con secreto turbio al fondo, tan hermosa y tan cadáver, vistiera un precioso velo de princesa durmiente. Anverso y reverso. Así es todo en Twin Peaks, donde todo el mundo oculta algo y nada es lo que parece.

Uno se pregunta, ahora que se cumplen 20 años, cómo fue posible que esto se emitiera en el prime time de la era de las mamachichos y sin cancelación. Alguno en busca de teta hortera le daría al mando después de cenar y se encontraría con una cosa sin sentido (y sin teta) que, sin embargo, contenía un algo magnético que era la suma de muchas cosas: la atmósfera húmeda del lugar, las puertas cerradas, las miradas furtivas, el nombre de los personajes, la música sobrenatural de Badalamenti… Y toda una colección imborrable de imágenes convertidas en iconos: los chispazos de la sierra del aserradero, el parpadeo del tubo flurorescente en la sala de autopsias, la chica que camina en estado de shock por la vía abandonada del ferrocarril, el traje negro del engominado agente Cooper, el hallazgo narrativo y genial de conferir el estado de las pesquisas a un personaje inexistente, la secretaria de la que sólo sabemos el nombre, y lo sabemos porque el agente dicta y dicta a su aparato grabador de voz, la bandeja de donuts, el ventilador girando en la casa de luto. Y tantas otras imágenes, instantáneas de un mundo paralelo donde las pulsiones golpean las paredes del buenos días y que la malla de la cotidianidad tapa por si vienen visitas. Sólo tipos como Lynch pueden descender al pozo oscuro y tallar un diamante.

Twin Peaks llegó al mercado europeo con escepticismo y mucha discreción. Lo hizo colándose en los videoclubs, convertido en una entrega cerrada. Para ello, Lynch editó el episodio piloto suprimiendo las escenas finales y añadiendo algunas que pertenecían a lo que venía poco después a fin de conseguir un montaje conclusivo. La con-versión se conoce como “versión internacional”. Es un dato importante para los cazadores de rarezas porque el piloto oficial era espléndido pero el piloto convertido en largometraje para videoclubs es una joya absoluta.