Variaciones Gould 15 julio, 2005
Escrito por emejota en : Glenn Gould, Música , 5 comentarios , trackback
Que yo sepa, nadie ha reparado en que estos dÃas se cumplen 50 años de la primera grabación de las “Variaciones Goldberg” por Glenn Gould. Y mira que es raro, porque hoy en dÃa se buscan con lupa los aniversarios por los rincones, los baúles y los estantes, se reseñan aniversarios hasta de las cosas más tontas. Los aniversarios venden. Y digo que es raro también porque esa grabación tiene a gala precisamente ser best-seller fulgurante en el discreto universo de las grabaciones de clásica y está impregnada por un barniz mÃtico que hoy en dÃa permanece intacto. Por eso sorprende mucho comprobar que se cumplen 50 años, pero asà es: Junio de 1955, New York.
He releÃdo el comunicado de prensa que la CBS distribuyó por aquellos dÃas ofreciendo los primeros detalles sobre el pianista. Habla de estupefacción entre los ingenieros y los técnicos, a pesar de ser “almas curtidas como pocas”. Habla de un joven largirucho y desgarbado que desembarcó en el estudio con bufanda, guantes y abrigo (el habitual atuendo de Gould en verano) llevando consigo un equipamiento de lo más pintoresco: una silla plegable que apenas se elevaba unos centÃmetros del suelo, una carpeta con partituras plagadas de anotaciones de trazo anguloso y espasmódico, toallas, 2 botellas grandes de agua mineral (Gould sentÃa terror al agua del grifo de New York) y una colección de frascos con pastillas de colores, todas ellas con su correspondiente indicación: para bajar la tensión, para subirla, para el dolor de cabeza, para la circulación, para relajar los nervios. Estoy seguro de que aquella nota debió ser regocijante para Gould porque partiendo de datos reales establecÃa de golpe la imaginerÃa que forjarÃa y acompañarÃa de por vida su leyenda y, de paso, creaba una armadura tras la cual podÃa ocultar su verdadera condición.
Que Gould fue alguien controvertido y contradictorio, capaz de lo mejor y lo peor (de lo mejor y lo peor a su manera) nadie lo pone en duda. Pero se tiende a hablar de la manera de tocar de Gould utilizando peyorativamente términos como “mecánico” o “máquina de tocar” y me parece que eso denota una visión muy simplista, muy epidérmica. También se dice que “eso” no es Bach. Y es verdad. Gould no interpreta a Bach, sino que se vale de la obra de Bach para mostrarse a sà mismo. Quizá Gould no fue un intérprete sino un creador que se sentaba en su diminuta silla de pianista como quien se sienta a la mesa para modelar el barro o esculpir el marmol. Quién sabe.