Parto 9 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 14 comentariosEstoy muy contento. Tengo ante mí a la criatura recién parida.
Especifiquemos: me estoy refiriendo a mi primera composición original (es decir, que no es una armonización ni una elaboración sobre material pre-existente sino que ha partido de cero) desde… 1999!
Especifiquemos más: es la primera composición cien por cien propia que ha pasado satisfactoriamente los (férreos) controles de autoexigencia.
Aquí la tengo, delante de mí. Porque por las noches me ha dado por ver de nuevo “Mujeres desesperadas” desde el primer capítulo, a capítulo diario (qué grande la primera temporada de “Mujeres desesperadas”) que si no ahora mismo me ponía a pasarla a limpio; hay que hacerlo cuanto antes porque tal y como está el borrador es probable que para dentro de dos días no me acuerde de lo que dice ni lo que pone. A los médicos les sigue intrigando (y les intriga porque lo han corroborado) la acción de los anti-TNF sobre algún neurotransmisor que se traduce en un bloqueo de la creatividad. De ahí mi amnesia creativa desde finales de 1999. Se comprenderá, por tanto, que el parto ha sido especialmente doloroso pero también la satisfacción ahora es doble porque uno no puede evitar sentirse vencedor de un pulso. Alguna vez tenía que ganarle a los anti-TNF, digo yo, aunque sea una vez.
He estado a nada, a eso de las siete y media, de llamar qué se yo a quién o a quiénes, bueno, sí lo sé, por la cosa del entusiasmo, pero me he contenido, no sé, me debo estar volviendo sensato o igual es que no terminaba de creérmelo. Ya anoté por ahí abajo que algo estaba diciendo que voy, que voy y al final ha venido. Y lo que ha venido es una obra para coro mixto con divisi ocasional para voces blancas sobre la última estrofa del texto latino del “Stabat Mater”. ¿Cómo describir esta música? Pues estoy en ello, porque tonalmente no está establecida en ninguna región concreta y rítmicamente es libre, ha costado meterla en el traje del compás y aún así he dejado muchos botones sin abrochar porque tiene un vuelo propio. Habrá que advertirlo en la partitura por si alguien se atreve a montarla, que hay directores que tienen ojo y estas cosas las ven pero otros no.
¿Y por qué en latín si yo no hablo latín? Este es un asunto curioso. Yo no sé componer en castellano, si me hicieran poner música a, pongamos por caso, esta frase: “Qué te parece si quedamos a las nueve y media” me caería de espaldas. Imposible. Pero en latín puedo hacerlo. La explicación es sencilla, aunque paradójica: el castellano me resulta demasiado nítido, estoy pendiente de cada palabra; sin embargo, el hecho de ver difuso el latín (difuso porque tengo una idea aproximada de lo que dice pero no domino la lengua) hace que el asunto funcione porque me quedo con la idea general de la frase, aunque subraye algún término puntual, y eso es suficiente para que la música actúe en consecuencia sin interferencias. Es como mirar un cuadro de cerca o contemplarlo desde cierta distancia: a cierta distancia se ve más definido. Supongo que también es una cuestión de flexibilidad: el latín es increíblemente flexible. Y evocador. Por eso ha salido una reformulación contemporánea de ciertos aires gregorianescos. Creo que eso puede explicar que haya fragmentos en esta obra que se resistan a ser medidos y que casi se escapen flotando como si no pesaran nada, como si en algún compás no existiera la gravedad. Eso me gusta. Porque el texto viene a decir:
Cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se le conceda
la gloria del Paraíso”
Y la música actúa en consecuencia, perdiendo lastre poco a poco, elevándose hacia unas simbólicas alturas hasta llegar al verso “Paradisi gloria” y ubicarse en una región armónica sin contornos, ni aristas, ni sombras. Como un susurro, un soplo leve en el que se disuelve un último acorde, que apenas parece que sea eso: último.
Arropar 7 May, 2008
Escrito por emejota en : Kantika, Música , 5 comentariosEn el blog “Periodismo Ciudadano”, una iniciativa de la radio y televisión vasca (EITB), aparece este pequeño reportaje en vídeo sobre Kantika grabado en el cuartel general de los chavales, allá en Leioa. Puede verse a la nueva plantilla tras la renovación llevada a cabo a principios de año. Se hace un poco raro, después de tanto tiempo, no ver ciertos rostros, voces emblemáticas. Están en Lumega (espero).
Dice la periodista que el grupo se siente arropado tanto en casa como en lugares alejados como México o Islandia. Aquí, al Norte del ciberespacio, también se les arropa, se les apoya y se les echa de menos. El ciberespacio es un lugar lejano y cercano al mismo tiempo, muy grande y muy pequeño. Si la periodista y Basilio Astúlez supieran la cantidad y la procedencia de personas que han pasado y pasan por aquí buscándoles vía Google igual les daba un ataque de tos a dúo en tres por cuatro. Pero es bueno arroparles también de esa manera: las palabras en Internet permanecen en el tiempo y a la vista de quien quiera.
Yo les sigo escuchando. Lo que hace bien no tiene fecha de caducidad.
Cuaderno 7 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 5 comentariosEsta tarde he terminado un cuaderno de música que me ha acompañado durante mucho tiempo y en el que están anotadas, así, a mi manera, ya sabemos, como un puzzle despiezado en una caja aunque con la seguridad de que no le falta ninguna pieza, algunas obras que tienen un significado especial para mí. Es un cuaderno grande, de un tamaño de hoja algo mayor que el DIN-A4, de orientación vertical. Lo elegí porque las líneas del pentagrama están marcadas en un azul suave y así se nota mejor el trazo oscuro de la lapicera. Es una de las razones por las que, teniendo un programa editor de partituras, prefiero un cuaderno a imprimir hojas sueltas, por mucho que las pueda diseñar a mi gusto. Otra de las razones es que lo de las hojas sueltas es lo que faltaba para que mi sistema-puzzle terminara por resultar un auténtico caos.
Me da pena que se haya acabado este cuaderno, oye. Quedaban bastantes hojas libres pero llevo unos días, intermitentes, eso sí, en los que poco a poco he embadurnado de trocitos nueve carillas, que es una barbaridad de carillas para no haber sacado nada en concreto. O sí. Porque esos trocitos inconexos parecen estar unidos por algo que no termino de ver, pero lo intuyo; como si fueran sucesivos ensayos o diferentes fases de un proceso de destilación en el que al final, se supone, algo saldrá. O no. Pero mi intuición me dice que siga. O quizá es la curiosidad y no la intuición la que me dice que siga. Curiosidad por ver qué sale de ahí, porque esta vez pasan dos cosas que no pasaban hace tiempo: una, que todos esos trocitos tienen en común que se duelen, no es que sean algo tremebundo, que va, ni trágico, no; se duelen, y ya está, como si tuvieran que sacar una nostalgia de dentro o qué se yo. Eso es nuevo. Más de una y de dos veces he apuntado aquí la sorpresa que me suponía comprobar que en las cosas compuestas con anterioridad no existía el reflejo de la difícil circunstancia en la que nacieron.
La otra cosa nueva es que parece que mi sentido contrapuntístico, ese que me hace visualizar la música dispuesta en horizontal, no está. Se ha ido. Y eso sí que es raro, tanto que me dejo llevar a ver qué pasa. En su lugar salen bloques verticales, columnas sonoras, puro nota contra nota, y con una sonoridad, además, que se diría que busca una reformulación moderna de procedimientos arcaicos. Vamos, una cosa rara. Pero se duele, y además las mismas fórmulas aparecen una y otra vez, aunque sea en diferente tono, disposición, compás, textura, y sin que, en definitiva, yo lo pretenda. Pero al final del recorrido miro el plano del cuaderno y veo anotado el mismo paisaje, quizá bajo una luz algo distinta, pero el mismo. Y según me pille me doy por vencido o me pongo cabezón y acerco la silla más al papel.
Un proceso así genera cierta ansiedad, una extraña sensación de incertidumbre. La gente se piensa que componer es igual que coger un lápiz, pensar un segundo una frase como esta misma, y empezar a teclear La gente se piensa que componer es igual que coger un lápiz, pensar un segundo, y lo que sigue. Pero no. Qué va. Nada que ver. Componer es un proceso que conlleva cierto sufrimiento, un tanteo en un pasillo largo a oscuras siguiendo la intuición que te va a llevar a encontrar el lugar donde está el interruptor que enciende la luz; y una vez has conseguido ver, después de muchos tropiezos, quizá entonces haya que cerrar los ojos para reproducir por dentro el paisaje, que es la mejor manera de conocerlo y reconocerlo, y tener claro entonces lo que falta o lo que sobra.
Soy un maniático de los cuadernos de papel pautado. Cuando uno se termina siempre pienso que ya me había hecho un hueco allí dentro y temo no encontrarme en el vacío blanco del nuevo.
Kyrie 22 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , Añade un comentarioUna cosa rara. Había previsto una tarde espartana en lo que se refiere a ponerme delante del ordenador, surcar el océano de palabras de “Vida de Pi” e intentar otear el horizonte en busca de tierra, tierra a la vista, cuando de repente me ha salido un Kyrie. ¿Es normal? He dejado este teclado a mitad de algo y me he ido al otro, al de las teclas blancas y negras, y ha salido un Kyrie de tirón. Eso tampoco es normal porque soy lento, lentísimo en esto de tejer las líneas melódicas y esculpir los acordes; más bien soy escrupuloso en el trabajo: limpio las virutas que se han caído de un intervalo al intentar fijarlo en la pared del pentagrama y pruebo, repruebo y apruebo una inversión de acorde muchas veces. Pues no ha pasado nada de eso. Estaba escribiendo sobre lo que ocurre en mitad del océano sin quitar ojo a Richard Parker, que ya se sabe cómo se las trae, cuando me he levantado directo al piano y me ha salido un Kyrie de tirón y sin pasar el paño ni la escoba.
Un Kyrie tiene que salir del alma porque es una súplica. Conviene recordarlo porque hay Kyries festivos, alegres y hasta exuberantes, y es cierto que son una gozada muchos de ellos pero también es cierto que eso demuestra que muchas veces se pone música a un texto sin importar lo que dice. Y en música vocal el texto debería ser subrayado por la música y esta brotar de él. Un Kyrie es una súplica: ten piedad; a quien lo cante le tiene que salir de dentro y a quien lo escuche le tiene que doler en el alma. Así lo veo yo, vamos. Y así ha salido este Kyrie. Puede parecer una inmodestia que uno diga que le ha salido un Kyrie que duele en el alma pero antes de llamar la atención sobre lo feo del gesto, el autor debería añadir que al poner punto final al Kyrie y escucharlo entero le ha dado la sensación de que eso ya lo había escuchado antes, nota por nota, exactamente así. Y estoy dándole vueltas porque no sé si es que ya lo llevaba dentro sin saberlo (y por eso me resulta tan familiar) o porque es una obra de alguien y ahora no caigo. Qué cabeza.
(Richard Parker lleva toda la tarde durmiendo la siesta)
Rubato 19 April, 2008
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 1 comentarioDicen los académicos que “rubato” es una indicación que, en música, prescribe abandonar el rigor del compás a favor de una interpretación expresiva, acelerando unas notas o ralentizando otras. Yo una vez escribí aquí que el rubato son cubitos de tiempo derretido; o trocitos de tiempo que se se dilatan o se contraen al ritmo de un latido distinto al del compás y que, por eso, si se intenta medir (uno, dos, tres) lo que pone en la partitura y se escucha lo que toca el intérprete no salen las cuentas. Lo decía a propósito de Tamás Vásáry, al que le salían muy bonitos los rubatos cuando tocaba en un disco algunas obras de Debussy.
El rubato deja en evidencia las abrumadoras limitaciones de la grafía musical, incapaz de indicar esa elasticidad temporal de las cosas. Por eso el rubato apela directamente a la musicalidad del intérprete. El rubato está asociado a la figura de Chopin y sus obras. Sin el rubato no hay Chopin, es una de sus señas de identidad. El problema es qué rubato es el de Chopin, porque testimonios acerca de su manera de interpretar hay y no pocos y, además, fiables; yo me fío de Schumann, por ejemplo. De Liszt menos, fíjate, pero es por su propensión a la hipérbole literaria aplicada a su idolatría chopiniana, que por otra cosa no; de hecho, sus observaciones en otros ámbitos suelen ser muy interesantes.
Pero estaba en el problema del rubato, del de Chopin concretamente. Las descripciones escritas no sirven de nada a falta de registros sonoros, que no los hay. Lástima tremenda. El rubato que le salía a Chopin debía ser muy especial, indudablemente, y le saldrían imitadores que lo transmitirían por tradición oral (es un decir, claro, pero ya nos entendemos). Hay otro problema con el rubato: se tiende, equivocadamente, a asociarlo a algo delicado, a una intención que parece venir de fuera de la música, y eso no es cierto; esa fluctuación del tiempo responde a un impulso interno que forma un cierto oleaje en la superficie melódica. Aunque se aplique en un momento dulce, el rubato tiene siempre algo de eco que asciende del magma de un arrebato.
El rubato no es cosa de ángeles; el rubato requiere duende. O a Martha Argerich, que viene a ser lo mismo. A la Argerich le sale siempre un rubato precioso, de una hermosura que duele, de tal manera que uno se plantea si será ella la que culmina el proceso compositivo. Con Argerich, la obra se redondea. No se sabe si tal frase está hecha para ella o si es ella la que le da sentido único a la frase con su rubateo genial, delicado y apasionado a un tiempo, como tiene que ser.
Uno de los rubatos más geniales que he escuchado aparece en su grabación del primer tiempo de la Sonata Op. 35 de Chopin. Terrible sonata: enrrabietada. Pero en trances así es donde la Argerich reina. Tras un arranque feroz que rompe en jirones al primer tema, las manos de Argerich se posan en la tonalidad de Re bemol Mayor para arrancar, no se sabe si del teclado, de la partitura o de dentro de sí misma, uno de los temas más líricos y apasionados que escribió Chopin, una luz en la tormenta negra de esta obra imponente. Necesita este tema al rubato de tal manera, que la propia elasticidad del tiempo lo estira y lo alarga hasta llevarlo lejos, quién lo iba a decir de una melodía que nace con vocación de poner orden. Por si fuera poco, el rubato está implícito en el dibujo melódico: las notas de los compases 5 y 6 son las mismas que las de los compases iniciales, pero con más prisa:

Se puede comprobar la elasticidad y el efecto del rubato observando la transformación de las cuatro negras que aparecen enmarcadas en el ejemplo siguiente:

A manos de la Argerich, estas cuatro notas pierden el valor. Las comprendemos.
Click para escuchar. Mp3, 1 MB.
Tira de archivo: aquí
Balada 10 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentariosChopin duele siempre.
Esther esperaba hoy el sms de costumbre que le anuncia, siempre que hemos terminado capítulo, con qué obra vamos mañana, para que traiga la partitura. Y el sms decía: Chopin, Balada 3, y es de esos sms que cuando has terminado de escribirlos y le das a enviar te sonríes porque sabes lo que va a pasar cuando abran el sobrecito amarillo que se materializa siempre en el buzón al que le dices ve, qué cosa. Y lo que va a pasar es que tu teléfono suena al momento y al otro lado escuchas un ay con muchas i griegas, pero no porque duela, sino que es un ay de los que manifiestan alegría, como cuando le quitas el papel bonito a un regalo y resulta que lo de dentro aún es más bonito y entonces lo que te sale es eso, un ay.
Un ay de los otros viene cuando te asomas a la partitura, que es lo que me acaba de pasar, después de tanto tiempo, abriendo la característica edición de pastas amarillas del (o de la) Polskie Wydawnictwo Muzyczne, nunca pensé que lo iba a escribir, tomo III de las Obras Completas de Chopin, Baladas, cortesía del Instytut Fryderyka Chopina, por qué le dirán Frideryka si fue Fryderyk, debe ser cosa de las declinaciones, y ya puestos, por qué le dirán Federico a Chopin cuando a Beethoven se le llama Ludwig, sin traducir, porque eso sí que no es cosa de declinación, en fin, al grano, que ya me he vuelto a enredar en otra de esas frases llenas de comas que tanto me gustan.
Pero hay que hablar del ay.
La Balada 3 empieza con una línea de trazo suave a la acuarela, que apenas parece impregnar el pentagrama, pero sabes que ahí dentro está ya lo esencial, lo sabes, es cuestión de tiempo que se deje ver, que se muestre sin camuflaje. Enseguida cae desgajado un intervalo. Sólo eso. Un intervalo. Después lo hace la más elemental de las células rítmicas (papán) y antes de que puedas darte cuenta el uno y la otra se han convertido en una sola cosa y para cuando quieres reaccionar y ponerte al día esa unidad recién formada se eleva movida por la marea del compás y rompe clavándote en el pecho el filo de un verso.
Ay.
Eso es. Infalible. Así pasa siempre con Chopin, músico poeta, maestro absoluto: de la melodía, de la armonía, de la textura, de lo que vuela, de lo que flota, del pesar que se arrastra por el fondo; maestro de los silencios que vuelve negros los de blanca y al revés si le da la gana. Mago. Cuando a Chopin le da por tambalear el edificio tonal que venga Schönberg y tome nota y se agarre y de paso que se quede un rato y se duela también, claro, hombre; un ay de los de Chopin es una herida luminosa. La contemplación de lo que es asombrosamente bello siempre nos hace exclamar un ay, como si el alma se hiciera un lío del susto y tomara por dolor lo que es un gozo infinito. Ese es uno de los misterios de la existencia, fijo que sí, y se reproduce con deliciosa asiduidad en Chopin.
Escuchando a Krystian Zimerman tocar esta Balada yo he puesto las yemas de los dedos sobre las notas impresas, deslizándolas de izquierda a derecha, como si leyera braille y en realidad algo así es, porque yo ya no puedo ver con los dedos esta obra pero puedo recrear en la sien las sensaciones táctiles de la obra. La memoria táctil no se pierde. Chopin duele siempre. A Esther ya le ha salido un ay por el móvil, aunque sea un ay de los otros, de momento. Ahí no hay ay malo.
Centenario 5 April, 2008
Escrito por emejota en : Música , 5 comentarios
Una vez un chamán escuchó una melodía que salía de un aparato de radio. Era Mozart. Al chamán se le iluminó el gesto y le dijo al discípulo: “eso que suena hace fluir las energías” y pensó en utilizarlo como ayuda en sus sanaciones. El discípulo le buscó en una tienda de la ciudad el disco de vinilo que contenía esa melodía y al escucharla de nuevo el chamán torció el gesto contrariado y dijo: “no, no, esto bloquea las energías. Esto no me sirve para nada”. El disco lo dirigía Herbert Von Karajan, no sabemos quién dirigía el que sonó aquel día por la radio. La historia es, por lo menos, curiosa y además no termina aquí. Al discípulo se le encendió una bombilla, igual que pasa en los tebeos, y trajo un puñado de discos para hacer un experimento. El experimento consistía en que el chamán escuchaba un poco de cada disco y decía sí o decía no, según fluyeran las energías. No me preguntes a qué tipo de energías se refería el chamán porque no tengo ni idea, sólo conozco el resto de la historia.
El chamán seguía escuchando discos con paciencia de maestro que ha alcanzado la templanza y al final el discípulo se encontró con una estadística asombrosa: todos los discos que, según el chamán, hacían fluir de manera asombrosa las energías estaban dirigidos por Karl Böhm; todos los discos que ni fu ni fa estaban dirigidos por un amplio elenco de directores invitados, y todos los discos en los que la energía no fluía, sino que además se bloqueaba, estaban dirigidos por Von Karajan. Sobra decir que el chamán no conocía los nombres ni de antemano ni de antebrazo porque el chamán estaba en otro rollo.
Va otra historia.
Preparando una clase en la que tenía que hablar sobre unos aspectos concretos de la 9ª Sinfonía de Beethoven, me puse a escuchar la versión Karajan del 63, no sé qué pensarán los críticos sobre ella, nunca me ha importado lo más mínimo, me conformo con que me apasione a mí y tan contento. Decía que me puse a escucharla con los auriculares y al llegar al momento crucial, sí, ese mismo, ese que empieza con el silencio absoluto a partir del cual empiezan a sumarse, poco a poco, las familias, primero la percusión, muy suave, luego los vientos, como pillando confianza, luego la cuerda, después la voz humana, luego las voces humanas, que el uno viene antes que el dos y aquí, si nos fijamos, hay una sospechosa coincidencia en el orden evolutivo de las cosas, bueno, sigo, luego la perfección de la forma representada por una doble fuga y finalmente, en la cumbre, la explosión luminosa y grandiosa del himno con mayúsculas, pues entonces sentí la descarga del susto, esa que por poco se te lleva por delante de un infarto de miocardio, cuando Mari me puso la mano en el hombro. Los auriculares se desencajaron de los oídos de la sacudida y la atmósfera sonora volvió a ser la del rumor mullido de un cuarto de estar con bajo continuo de coches al otro lado de las ventanas. Mari me miraba con cara de preocupación y me preguntó si estaba bien y me di cuenta de que estaba hiperventilando. Me pasa siempre que escucho ese instante imponente y glorioso de la mano de Karajan moviendo la batuta en el año 63. No sé qué opinaría el chamán al respecto. Igual le parecía yo un bicho raro. Qué se yo.
Ahora la última.
Una vez me di cuenta de una cosa. La cosa empezó viendo una conmovedora dirección de Leonard Bernstein, el hombre ya en las últimas, un día que la gente se quedó fuera del auditorio y ordenó que abrieran las puertas, y dentro estaban todos de etiqueta y afuera el sol caía sobre una hierba verde verderol y la gente llevaba camisetas y estaba tumbada en la hierba o apoyada en los árboles moviendo el pie al compás de la música. Dentro Bernstein dirigía con un gesto muy suyo, que iba desde el pecho hacia afuera, abriendo los puños a medida que los brazos se separaban del cuerpo, como si la fuerza que alienta la música la arrancara de su cuerpo y la regalara a sus músicos. Y entonces me acordé de Karajan y pensé: Karajan hace lo contrario; mientras Bernstein sube al podio y establece una comunicación con los músicos para que estos sirvan de pantalla amplificadora para proyectarse en la gente, Karajan sube al podio, cierra los ojos, y hace una mínima coreografía de manos que van de los músicos hacia sí mismo, como diciendo, dadme, dadme, todo para mí.
Karajan sabía que cuando hoy cumpliera 100 años todo el planeta iba a rendirle honores porque por aquel entonces ya había logrado alcanzar la anhelada inmortalidad.
Agenda 4 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 6 comentarios
Esta es la próxima aventura en la que me he embarcado. Es un ciclo de conferencias que tendrá lugar la próxima semana en la Universidad de Navarra. A mí me toca el martes a las 19:00 h. El cartel me dejó un poco perplejo porque, la verdad, yo voy poco flamenco. Quiero decir que lo mío no va ni de lunares ni peinetas. Quiero pensar (y no es un chiste sobre el título: “pensar el flamenco”) que la referencia al “flamenco” es en plan genérico y que ahí entran otras cosas que no sólo tienen que ver con lo que se conoce como cante flamenco. El cante jondo, por ejemplo, que es de lo que voy a hablar yo. De hecho, el certamen que en el 22 organizaron entre otros Lorca y Falla en Granada fue para recuperar la esencia del cante (jondo) y diferenciarlo del cante (flamenco). “Ridículos flamenquismos”, decía Falla de lo segundo con esa mala leche que yo creo que tenía. Y si no la tenía, lo parecía. El cante flamenco es relativamente moderno (se forma hacia el siglo XVIII) mientras que el cante jondo lo es tanto (jondo) que sus raíces se adentran en un tiempo lejanísimo y en una tierra que es mezcla de orientalismos, liturgias primitivas de corte gregoriano y voces de minarete. El cante flamenco es un poco arbolario, el jondo no: utiliza muy pocas notas para expresar -curiosa paradoja- lo que Lorca definió como “las más infinitas gradaciones del Dolor y de la Pena”, las mayúsculas son suyas, no seré yo quien le quite unas mayúsculas a Lorca.
Lo mío no va de trajes de faralaes y señoritos tomando unos finos; lo mío habla de Diego Bermúdez, que a sus más de 70 años se puso su chaqueta de los domingos y atravesó a pie campos de olivos durante 100 kilómetros para llegar al certamen de Granada y cantar lo que llevaba dentro, que en el fondo es lo que llevamos todos, no el cantar, sino lo que se canta, lo que se dice al cantar o lo que se llora al cantar. A Falla le dijo que llevaba 30 años retirado como cantaor porque una puñalada le había dado en el pulmón. A Falla este hombre le dio otra puñalada pero de esas en las que no sangra la carne sino el alma. Pues de eso va lo mío, con ejemplos, comparativas, exploraciones, conclusiones anotadas en la pizarra electrónica del ordenador.
Y el duende, claro. Del duende que nace de dentro y con que el que hay que entablar una relación en términos de lucha. Pedían desde la Universidad un enfoque multidisciplinar del asunto, una visión desde diferentes ángulos. Esa va a ser la mía.
Oído 2 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 5 comentariosDesde hace algunas semanas, Clara pasa por aquí porque no tiene muy claros los sonidos cuando la profesora de lenguaje musical les hace un dictado. Clara tiene once o doce años y se ríe porque le digo que me da mucha envidia que ella entienda las películas que hablan en inglés y yo lleve tres veces y pico once o doce años intentándolo y me quedo con cosas sueltas que, juntas, forman un lío. Y se ríe otra vez.
Una niña que a esa edad tiene un conocimiento auditivo del inglés semejante no debería tener poco claro el asunto de los sonidos en un dictado musical, lo que nos lleva a pensar que algo falla y, probablemente, no son las cualidades. Hay quien sostiene que la práctica del dictado musical para la formación del oído es un error, porque exige más una demostración de habilidad que otra cosa por parte de los niños. La experiencia y la observación de lo que ocurre en el transcurso de un dictado me dice que el problema no es el dictado en sí sino cómo se afronta el dictado. A los niños no se les enseña a pensar en el sonido, a establecer puntos de referencia, cosas así. En ese sentido no es tan esencial reproducir de manera exacta los sonidos y ritmos que el profesor toca en el piano, único objetivo que parece seguir persiguiendo la práctica del dictado. En la observación del error, por ejemplo, hay siempre un aprendizaje interesante.
Eso mismo es lo que le propuse a Clara desde el principio: que íbamos a pensar en el sonido, ver qué ocurría, ir a buscarlo si es preciso con ayuda del sonido vecino. Y ella dijo que sí con la cabeza y la cosa va funcionando. Hoy nos hemos dado cuenta de dos cosas importantes, por ejemplo: una, que la luz de la habitación ha cambiado sustancialmente con el cambio de hora y que hemos tenido suerte porque justo en el momento de la clase se está mejor. Ella está plenamente de acuerdo con eso después de haber mirado las paredes y a su alrededor con los ojos muy abiertos. Lo segundo ha sido descubrir que el oído percibe dos cosas al mismo tiempo pero no las procesa a la vez. Esas dos cosas son el sonido y el ritmo. El oído de Clara piensa con mayor facilidad el sonido que el ritmo. Ha sido interesante descubrirlo también porque de lo que se trata ahora es de dirigir el trabajo allí. Mientras tanto yo sigo poniendo los subtítulos a lo del inglés.
Clamor 21 March, 2008
Escrito por emejota en : Música , 1 comentario“¡Crucifícalo!”, Johann Sebastian Bach, “Pasión según San Juan” BWV 245.
Tölzer Knabenchor. Nikolaus Harnoncourt. Grabación de 1985. Una gozada.
Suspendit 19 March, 2008
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 1 comentarioHoy he aprovechado la clase con Esther para proponerle asomarnos a dos de los “Responsorios de Semana Santa” de Tomás Luis de Victoria: el “Amicus meus” y el “Tanquam ad latronem”. Podían haber sido otros, podían haber sido todos, son inagotables las maravillas que encierra esta música que brota prodigiosamente del texto. E inevitablemente he recordado un instante que recogí en su día aquí y que me sigue pareciendo precioso por la manera con la que Victoria pone la escritura contrapuntística al servicio del texto. Sucede en el “Amicus meus”. El texto dice así:
“Aquél a quien yo bese, ese es; prendedle.
Esa fue la maldita señal,
cometió asesinato con un beso.
El desgraciado rechazó el precio de la sangre
y finalmente se ahorcó”.
Las intenciones de Victoria giran alrededor del último verso:
“et in fine laqueo se suspendit”
Vamos a echar un vistazo a la partitura para ver la manera en que la música subraya este momento tan dramático:

Los cuatro pentagramas representan las cuatro voces del conjunto coral. Observemos lo que ocurre en el tercero, en la voz de los tenores, concretamente en el penúltimo compás. Victoria les obliga a efectuar un salto abrupto, un cambio de registro hacia la región de los agudos y desde las alturas suspende en el vacío la última nota tras desplazarla hacia adelante con respecto a sus compañeras. De esta manera consigue ilustrar gráficamente la imagen del ahorcamiento. El desplazamiento lo consigue prolongando la penúltima nota mediante la figura contrapuntística del retardo. El retardo prolonga una nota que en origen era consonante e invade momentáneamente un territorio que no le pertenece convirtiéndose en disonancia. Un retardo, por tanto, genera una tensión que exige una pronta resolución. Aquí, dicha resolución llega con la nota que acompaña a la sílaba -dit y que no suena simultáneamente con sus compañeras.
El efecto es doblemente dramático: lo es desde el punto de vista sonoro, por la tensión que origina ese retardo y porque se produce en la región de los agudos (una manera de enfatizar el efecto), y lo es también desde el punto de vista literal, el gráfico. Tanto los ojos como los oídos ven ese “suspendit”. Y se sobrecogen.
Click para escuchar. Mp3, 180 k.
Adaptación 16 March, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentariosEstoy en el periodo de adaptación de una nueva medicación. Los médicos esperaron a que pasara la charla del otro día para iniciar este nuevo tratamiento porque los primeros días son bastante regulares, después ya no. Efectivamente, los primeros días están siendo bastante regulares, todavía no he llegado a la fase del después ya no, pero espero que sea en breve. Mientras tanto ha ocurrido algo muy curioso: he vuelto a componer. Y es curioso primero porque ahora hace un año que no ocurría y segundo porque, al igual que entonces, ha tenido lugar en un momento en que el cuerpo está dolido, o dolorido, o está a medias, llámese como se quiera. En lenguaje llano esto quiere decir que parece que hay que estar jodido para que la creatividad surja, tema sobre el que ya he escrito anteriormente en este blog.
Una curiosidad más y una matización: el cuerpo parece tener que estar dolorido para que la creatividad surja pero, sin embargo, no hay dolor en lo que surje, no hay rastro de ello en lo que queda escrito, 33 compases a 3 voces en La bemol Mayor, tonalidad apacible donde las haya. Ahora la matización: tampoco es que surja tanta creatividad, seamos sinceros. Eso que se llama inspiración, esa certeza que se forma de golpe en el pensamiento, como si hubieras encontrado la senda que te conduce a la salida de un laberinto, aparece en el compás 17 y llega hasta el final. Lo anterior es oficio, manualidad, bricolage musical. Intentar equiparar lo uno con lo otro es tarea complicada y laboriosa; intevitablemente uno termina por sumar cosas en esos compases para disimular, aun sabiendo que eso es un error y que la solución siempre pasa por lo contrario, por restar. Pero es como si la parte de la mente que se ocupa de estas cosas necesitara convencerse de ello en cada obra nueva. El caso es que los primeros 16 compases han costado mucho más tiempo que el resto resultando menos satisfactorios.
Al final el asunto ha quedado más o menos equilibrado, aunque ahora estoy en esa fase en la que escuchas la obra y el veredicto unas veces es un sí, otras un no y otras un qué se yo. Hay que tomar una cierta distancia de lo que está recien escrito y dejar que se pose. Y esperar a que lleguen esos días del después ya no, cuando el cuerpo se ha adaptado a este nuevo tratamiento y ya no anda ni espeso ni revuelto.
Pasión de Bach 14 March, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 8 comentarios
“Todo está cumplido”.
Bach es necesario. Proporciona abrigo y consuelo. Y fortalece. Tengo un recuerdo muy nítido de la primera vez que escuché a Bach, tan nítido que sé que era sábado y por la mañana, y esperando mi turno en mi clase de preparatorio de piano el alumno anterior, que me llevaba un par de cursos, tocó uno de los pequeños preludios. Entonces, la música cobró una nitidez asombrosa, se volvió reconocible entre la bruma de las demás obras, como si aquellos sonidos me resultaran familiares. Y eso era lo extraño o lo fantástico pero daba igual lo que fuese mientras produjera ese cosquilleo maravilloso. Y así hasta hoy. La experiencia estética de Bach es renovable, me produce siempre idéntica satisfacción que la primera vez, conserva la sorpresa de lo nuevo. Y soy consciente del valor que tiene eso. Lo del consuelo vino después. El descubrimiento de que la música de Bach proporciona abrigo y consuelo y fortalece vino después y necesité contarlo. Simplemente contarlo, compartirlo, no sé la razón. Por si acaso, supongo. Por si acaso qué, no lo sé. Yo esta tarde me he sacado la Pasión de Bach de dentro porque no sé cogerla al vuelo. Igual es un disparate pero estoy convencido de que hoy, acompañado de tanta gente, no lo ha sido porque los aplausos también salen de dentro, algunos de muy adentro, y eso se nota y reconforta profundamente porque creo que Bach nos es necesario y creo que esos aplausos celebran en realidad haber encontrado algo para sí, y algo bueno, y me alegro tanto…
(gracias por la foto, Sanvani)
Lumega 8 March, 2008
Escrito por emejota en : Kantika, Música , 4 comentariosEsta tarde se presenta en Leioa el nuevo coro juvenil Lumega formado por 24 chavales ex-componentes de Kantika, que también intervendrá en el concierto. Así Kantika vuelve a ser un coro infantil y el trabajo conseguido con las voces que ya se van haciendo mayores no se pierde. Paradojas del mundo coral infantil: cuando el trabajo madura llega el tiempo de la despedida. Suerte a Lumega.
Andamios 7 March, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 4 comentariosYa.
Ya quiere decir 9 horas (más) delante del ordenador y los papeles. La diferencia es que estas nueve horas han dejado como resultado algo que ya puede empezar a considerarse como cercano al final. Mañana más y a ver si salgo un poco que desde el miércoles no piso la calle pero es que cuando estoy en faena soy de los de jornada intensiva y sólo cuando veo que la cosa empieza a tener forma, o siento que está bajo control, o la veo abarcable o, sencillamente, la veo, es cuando ya puedo volver a tomar conciencia del exterior.
Del exterior ha venido el cartero para traerme los primeros ejemplares impresos de la Nana de Leioa, cortesía de la editorial. Al final se va a quedar con lo de Nana de Leioa como nombre, ya lo verás. Tener en las manos la música editada me ha hecho mucha ilusión, sobra decirlo, y recorriendo los pentagramas donde aparece la música tan ordenada y bien impresa me he dicho a mí mismo que qué diferencia con el original.
El original es un caos, un collage de trocitos con trazos de lapicera que plantea soluciones diversas a un mismo pasaje. Empieza tanteando el terreno, colocando las notas en cuestión y poco más, quizá ese poco más sea un posible pasillo por donde se pretende hacer transitar un contrapunto a la melodía principal o simplemente se trate de un acorde plantado en la vertical del pentagrama que plantee un posible cambio de color armónico. Todavía tengo el cuaderno donde se escribió (me duran mucho los cuardernos porque no escribo apenas) y he buscado el pasaje del “si-la”. El pasaje del sila toma su nombre de dos notas que en esta composición no son dos notas cualquiera: aparecen con frecuencia culminando los periodos de las frases recordando a su paso el ritmo característico de la nana, corchea más negra en compás de seis por ocho, el ea, vamos.
En diferentes lugares de las hojas izquierda y derecha del cuaderno aparece al principio en forma embrionaria:

Algunas de estas ideas se desechan. Las que siguen adelante se desarrollan. El final del pasaje de la imagen siguiente es un desarrollo de la escueta idea que aparece de la imagen anterior:

Y lo que viene me ha llamado la atención porque aparece recuadrado (señal de que lo consideré como solución válida) pero, curiosamente, no se utilizó al final. Quzá el recuadro se deba a una tentación de la debilidad, eso que se da cuando uno está estancado y no hay manera y a la primera de cambio traza el recuadro y dice se acabó. Lo que pasa que al día siguiente vuelve descansado y con cierto remordimiento de conciencia y reconoce que no, que no es válido, que qué va:

Pues de esto sale luego un ejemplar limpio, liso, ordenado a la vista, qué cosas. Música sin andamiaje. El producto final. La edición de una obrita a la que le tengo cariño. El proceso para una charla con presentación multimedia como la que estoy preparando no se diferencia mucho. Confío que el resultado, una vez quitado el andamiaje y pasado el aspirador, también sea el mismo.
Pasión 4 March, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 8 comentarios
Ya no hay marcha atrás. Este año sabático que ha resultado ser de dos llega a su fin y me pongo al frente del micro para recrear la Pasión según San Juan de Bach o la Pasión según Bach, como a mí me gusta llamarla porque ese título refleja mejor de qué va la cosa. Será el jueves 13, lo digo para los próximos que se asomen aquí y les apetezca. Además la entrada es libre. Llevo tiempo trabajando en ella pero aún me queda un buen trecho, para qué nos vamos a engañar. Pero es apasionante. Es apasionante volver y hacerlo con esta Pasión. Hasta me apasiona sentir cierta inseguridad, será que soy un poco masoca o será que lo que necesitaba era sentir y me conformo con sentir cualquier cosa o será que intuyo que va a ser una inseguridad pasajera. Veremos.
Retiro 2 March, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 2 comentarios
Alfred Brendel ha anunciado su retiro. Me enteré gracias a Bart, cuyo blog ya creía retirado pero no, volvió y entre otras cosas dijo lo del retiro de Brendel y lo sentí. Que enmudezca el pianismo de Brendel no es una buena noticia porque se trata de algo irremplazable que nos deja sin una de las pulsaciones más maravillosas y exquisitas que hemos oído. Hay pianistas que consiguen elevar la relación entre sus dedos y las teclas a la categoría de bien común y universal, algo a lo que acudes cuando lo precisas y de quien siempre obtienes un bálsamo para el espíritu. Eso es lo que ocurre con sus grabaciones de los Conciertos para piano de Mozart de la década de los 70 para Philips, con la St. Martin de Neville Marriner. No se trata solamente de la belleza ultraterrena que emana, de por sí, de esos segundos tiempos de los últimos tiempos mozartianos, sino de convertir el acto mecánico de pulsar en un gesto poético, fuente inagotable de placer para los sentidos.
Dice Brendel que se va ahora que se encuentra en buena forma porque no quiere parar cuando sea demasiado tarde y con su sentido del humor británico añade: “siento que no debería esperar hasta que me desintegre”. Des-integrado, flotando en la ingravidez, me encontré yo la otra tarde volviendo en el tren cuando las manos de Brendel hicieron sonar de improviso el K. 503/II en mis oídos. Fue un descuido del iPod mientras por la ventanilla se divisaba un trozo de primavera increíblemente verde y azul iluminado por un sol que ya no quiere perderse cosas así tan temprano. No sé muy bien qué le entregué al revisor, ni sé muy bien si pasó el revisor, la verdad.
(Post relacionado: “Fácil“, 14 de Septiembre de 2005)
Tránsito 27 February, 2008
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 6 comentarios(apunte para un artículo)
En el transcurso de una composición musical clásica hay un instante en el que el centro de gravedad tonal se desplaza. Este proceso se conoce como modulación. El paso de un tono a otro requiere de cierta habilidad para que la transición no moleste al oído. Las opciones no son muchas: si la composición está escrita en el tono de La Mayor podemos estar en condiciones de apostar con tranquilidad a que la modulación se dirigirá al tono de Mi Mayor (Dominante de La) puesto que la atracción que se da entre ambos cuenta con las bendiciones del sistema.

Nuestro oído transita con frecuencia el camino que hay entre ambos polos, conoce el camino de memoria y ya ni repara en el paisaje. Dicho de otro modo, la modulación clásica ya no representa ninguna sorpresa ni merece atención por parte de un oído que, a estas alturas de la partitura, ha escuchado de todo. Debió haber un tiempo, sin embargo, en que las cosas fueron distintas. Charles Rosen sostiene que para un oído del siglo XVIII la modulación a la dominante que tiene lugar en la Exposición de una Forma Sonata representaba una tensión. Venía a ser una disonancia a gran escala que debía resolverse antes o después. La idea es muy interesante porque sus repercusiones en la estructura general de las obras hace que estas adquieran un significado distinto y revelador.
En sus últimos años, Mozart adquiere la curiosa costumbre de efectuar esta misma modulación dando un rodeo y haciendo un alto en el camino, que siempre es el mismo: la región de la Mediante. Así ocurre, entre otros ejemplos, en los primeros movimientos del Cuarteto en La de la serie dedicada a Haydn, en el Concierto para Clarinete o en el Concierto para Piano Nº 25.

Se trata de un tono apartado de la ruta pero, sin embargo, Mozart lo significa del entorno asignándole material temático propio en cada una de las ocasiones. Son dos cosas distintas: una cosa es pasar por ahí y otra hacerlo dejando anotada una frase como recuerdo. No podemos aventurar las razones que expliquen las intenciones de esto último (el diseño de un tema melódico en esta región de la tonalidad) pero, al menos, sabemos que Mozart encuentra en estas latitudes un recurso armónico hábil que nos catapulta al lugar de destino de manera inmediata. El recurso se llama acorde de sexta aumentada, un acorde muy mozartiano. Consiste en añadir una sexta aumentada al acorde al que nos estamos refiriendo. En el caso de una modulación de La a Mi que pase por Do Mayor el acorde resultante sería este:

Al hacerlo, estamos generando una tensión considerable en los extremos: la nota que hemos añadido pide la resolución por semitono ascendente; a su vez, la nota inferior, rebajada (no hay que olvidar que estamos en Do Mayor y que, por tanto, el Do es natural) pide lo mismo en sentido contrario. El resultado es que ambas resuelven en la misma nota -Si- que a su vez es Dominante del tono final.
En resumidas cuentas, Mozart ha manipulado un acorde para desencadenar una reacción en cadena destinada a alcanzar el tono de destino. Es como si en los últimos instantes del viaje recuperáramos el tiempo que empleamos en el rodeo. En el Clasicismo, el detalle concreto y la estructura general están íntimamente relacionados. Cabe preguntarnos las implicaciones que este detalle puntual tiene en el entramado general de una estructura que se construyó para unos oídos que oían lo mismo pero lo interpretaban de distinta manera que nosotros.
(Revisión: hay una errata en el último gráfico. Falta el becuadro en la nota Sol del acorde)
Editores 20 February, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 6 comentariosAcabo de enviar por correo electrónico las últimas correcciones de la partitura de la nana de Leioa porque es la primera de las obras que me va a publicar la editorial CM de Bilbao y estoy muy contento porque, hombre, ni ellos ni yo nos vamos a poder jubilar anticipadamente con ellas pero, por lo menos, he encontrado a unas personas muy agradables con un trato cercano y lleno de atenciones.
Yo ya sabía de la existencia de esta editorial porque publica a gente a la que sigo, pero nunca se me había ocurrido dejar caer algo en el buzón, como hacen los novelistas cuando llevan bajo el brazo su primera novela. Aquí fue al revés. Un día sonó el teléfono después de comer y alguien preguntó si yo era yo; al confirmarlo, alguien resultó ser el director de CM. Y hasta hoy, que he mandado unas correcciones a la prueba que me enviaron hace unos días. Más que correcciones son añadidos. Soy bastante torpe a la hora de utilizar la grafía de la que se sirve la música para matizarse porque me parece muy vaga y muy elemental. Por eso y según las épocas o según me pille dejo todo en blanco o, para ser exactos, lo dejo todo en manos del intérprete. Eso tiene algo de aventura temeraria porque luego o te llevas un soponcio o te llevas una sorpresa. En esta ocasión había poco más que la música y pedí algo de tiempo para hacer algún añadido o, por lo menos, para pensármelo. Y ya. Mucho pensar para poca cosa, pero de eso se trata para no encorsetar demasiado la interpretación: hay que indicar lo justo. Además, la estadística nos dice que, pongas mucho o pongas poco, luego son otros los que ponen lo que les da la gana y si te gusta, bien, y si no, también.
Los intérpretes tienen el mando.
Canto 15 February, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 1 comentarioA Izas, de nuevo
Desde que descubrí la melodía de “Herri huntan” ojeando un viejo cancionero, algún resorte se puso en marcha en mi interior y mi atención reparó en una serie de detalles sutiles que explicaban la belleza y la sencillez extrema de esta melancólica canción. Enseguida fue inevitable atender al impulso de arroparla con otras voces y el resultado se lo mandé a Izaskun para que lo cuidara como sabe ella cuidar las cosas, a Rafael sin saber yo todavía que le iba a hacer tanta compañía en la primera hora de las mañanas y a Pello para que le pusiera voces, pero de las de verdad, no las escritas, que esas ya las había puesto yo en el papel. Ahora que me la manda de vuelta con el aliento de las gargantas sigo apreciando el trazo precioso de su anónimo compositor, que no precisa de muchas notas para su canción y las pocas que precisa, las combina o las comprime, concentrando la emoción, como viene en este ejemplo:

Y este mismo pasaje es el que me gustaria incorporar al blog, con permiso de las gargantas de Coral Barañain; este trocito y un poco más, porque después vuelve a repetirse el primer pentagrama aunque el color de la armonización para entonces sea distinto. Sentí que tenía que ser así y así fue. En “Herri huntan” la melodía se expande y se repliega, como si la propia cancion respirara mientras cuenta la historia de aquella chica guapa a la que unos chavales iban a mirar al atardecer por si había suerte y les sonreía.
“Herri huntan”, armonización a 4 voces, fragmento. Mp3, 930 k
MacGuffin 28 January, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 9 comentariosMe escribió Helmut Wittek. Sí, hombre, uno de los chavales Harnoncourt del Dream Team de 1984-86, el que ahora es doctor en telecos e investiga en un laboratorio y escribe largos artículos que en lugar de traer fotografías traen cosas así:

¿Más pistas? A ver: uno de los participantes en la mítica versión de la Pasión según San Juan de Bach que Harnoncourt dirigió en el verano de 1985 y de la que puse hace poco un trocito en un YouTube. ¿Ahora sí?
Pues ese.
Me escribió. Qué majo. En realidad lo hizo en vísperas de Navidad y cuando lo vi en la bandeja de correo mi ceja hizo un gesto para arriba pero luego entre una cosa y otra se me traspapeló hasta hoy que me he puesto en serio con la San Juan. Durante años tuve como asignatura pendiente conseguir hacer de guía de la Pasión según San Juan ante el público, ubicándoles en la obra, invitando a que su atención se fijara en tal y cual detalle. Durante los mismos años hice de guía sobre la de San Mateo que como es la grande y la más famosa pues algo de sombra hace a la otra, confesémoslo. Y eso no. Lo que pasa es que presentar estas obras en un acto en público que adopte la forma de charla con audiciones no es fácil. O se hace bien o no se hace. Sí, de acuerdo, el hilo conductor está claro, ya sabemos de qué va la historia, pero es que no se trata sólo de eso, aquí pasa como con el MacGuffin de Hitchcock, que se necesita uno. Hay que encontrar uno que sea el pretexto para meternos en la obra y establecer la ruta adecuada.
Pues el MacGuffin está en un instante de la versión filmada de Harnoncourt. Qué cosas, no? Te sientas a verla, a disfrutarla, te entregas a ella para que te conmueva y de pronto sientes que lo tienes delante de las narices, el MacGuffin. Pues a trabajar. De ahí viene que este lunes, de mañana, trabajando en ello, porque presiento que esta Semana Santa me voy a a ver frente al público, al fin, dos años después, y con la San Juan, que me pone por lo que tiene de reto y a mismo tiempo me tranquiliza porque sí, pues de ahí viene que me haya acordado de que me escribió Helmut Wittek en respuesta a un mail.
Le escribí en inglés para decirle que le estaba escuchando en 1986 cantar con Christian Immler un duetto de la Cantata BWV168 y que seguir haciéndolo periódicamente desde entonces era por algo; y ese algo ya era suficiente como para darle las gracias. Y el hombre me escribió un mail que en el encabezamiento parecía algo sorprendido pero ya en la primera línea se mostraba contento de que alguien se acordara todavía de él, porque desde entonces ya no está en la cosa de cantar, y luego hacía una reflexión personal reconociendo que el mail le había hecho volver a un mundo de recuerdos que no había frecuentado desde hacía mucho tiempo; de hecho, desconocía el lanzamiento mundial en dvd de la San Juan del 85 donde él lleva 2 solos, o le llevan, porque Harnoncourt tira con cuidado de esa voz de pajarito que tenía Wittek a sus 10 u 11 años y nos tiene en vilo en alguna escala un poco cabrona de esas que Bach escribe para las voces como si las voces fueran instrumentos de cuerda o de viento, pero al final sí, sale. Escribía Wittek que quizá las vacaciones navideñas serían una buena ocasión de volver a escuchar esas grabaciones.
No sé si lo llegó a hacer pero yo estoy con la Pasión según San Juan desde varios frentes, y uno de ellos es un instante de ese vídeo; en realidad es el MacGuffin que aglutina todos los frentes y muestra la ruta adecuada para transitar esta obra maravillosa, imponente y delicada, misteriosa y desconocida.
Reto 26 January, 2008
Escrito por emejota en : Música , 4 comentarios
Daniel Barenboim ha frecuentado la integral de las Sonatas de Beethoven a lo largo de su carrera. La última tenía un aliciente extra: hacerlo en directo con las cámaras de televisión de testigo. Barenboim ya lo había hecho frente a un público sin cámaras y ante unas cámaras sin público (recordemos la serie de programas de televisión de los ochenta en los que cada sonata era interpretada en un salón palaciego distinto). Pues ahora todo junto: público y tele en directo. Sin red. Todo un reto.
Supongo que a ciertas alturas de una carrera como la de Barenboim este tipo de estímulos son necesarios, sobre todo cuando uno ya lo ha tocado y dirigido todo varias veces. En el caso de un artista como Barenboim, no se trata de un alarde que busca la atención de una audiencia porque Barenboim es un mito viviente liberado de audímetros. Se trata, más bien, de un reto personal, algo entre la música y el músico, entre esta música y este músico, cuya relación ha crecido y madurado con el tiempo y necesita reencontrarse. Y aquí es cuando la cosa empieza a resultar estimulante también para el oyente que conoce y reconoce la personalidad de Barenboim como músico de los pies a la cabeza.

Las 32 sonatas de Beethoven fueron distribuídas entre 8 conciertos celebrados entre el 17 de Junio y el 6 de Julio de 2005 en Berlín y recientemente han salido en un pack de dvd´s distribuídos por EMI Classics. Ese fue mi regalo de Navidad, es decir, el que me suelo hacer a mí mismo. Mientras esperaba su llegada no sabía qué me producía mayor curiosidad: si los 8 recitales o la serie de clases magistrales incluídas en el pack en las que Barenboim habla sobre aspectos esenciales de algunas de estas sonatas con alumnos de la talla de Lang-Lang. Ahora que lo estoy disfrutando, y mucho, todavía no lo sé: ambas cosas son un tesoro inagotable de riquezas. La sabiduría musical de Barenboim, que es enorme, sale a relucir tanto en el diálogo apasionante con sus alumnos como en el diálogo interior que tiene lugar en el concierto.
Todo está muy cuidado de antemano, de hecho, la dirección musical de la serie de programas está a cargo del propio Barenboim. En los conciertos en directo, la fotografía es ambarina y la distribución de las cámaras ha sido cuidadosamente planificada para no distorsionar la atmósfera del concierto y no convertir el recital en directo en un programa de televisión con público.

El resultado es muy sorprendente porque en pocas ocasiones había tenido una sensación de “directo” con tanta intensidad a través de una pantalla. Se tiene la sensación de estar asistiendo por momentos a un duelo: ahora la música retando a Barenboim, ahora Barenboim llevando las riendas de la construcción sonora de estas imponentes estructuras musicales. En ambos casos, Barenboim luchando. Y este Barenboim que vuelve a las Sonatas con la sabiduría y la serenidad de la edad y la experiencia, resulta increíblemente humano, muy lejos del Barenboim hierático de las anteriores grabaciones para televisión. Aquí vemos a un Barenboim que toma sus precauciones a la hora de abordar ciertas cumbres y que muestra su plena autoridad sobre otras; a un Barenboim cuyos dedos desgranan primores y también a un Barenboim en apuros. El maestro sufre, sí, y es alucinante asistir a esa batalla íntima en la que las manos buscan y conquistan lo que en realidad no está fuera sino que es arrancado y modelado desde dentro. Grande.
Album 14 January, 2008
Escrito por emejota en : Album, Kantika, Música , 3 comentarios



Leioa, 22 de diciembre de 2007.
Reparto 13 January, 2008
Escrito por emejota en : Análisis, Música , 2 comentariosLa “Pasión según San Juan” de Bach permanece a la sombra de su hermana mayor, la “Pasión según San Mateo”. Pero allí se está muy a gusto, la verdad. Dice Albert Schweitzer que Bach “comenzó a escribirla antes de haber establecido un plan de conjunto, agregando simplemente un trozo al otro” pero no añade que dentro de cada uno de esos trozos encontramos infinidad de primores. Es Harnoncourt quien observa que aquí Bach “utilizó por primera vez en una obra eclesiástica todas las sutilezas del estilo del concierto y de la instrumentación que había desarrollado y probado en su etapa de trabajo en Köthen“. A Harnoncourt le veo mucho últimamente dirigiendo esta Pasión en una grabación de 1985 recogida en dvd (Deutsche Grammophon) acompañado por un elenco encabezado por un genial Kurt Equiluz como Evangelista y con esa plantilla llena de figuras, verdadero Dream Team coral, que defendía los colores del Tölzer Knabenchor a mediados de los 80.
Entre mis (muchos) momentos preferidos de esta obra, se encuentra esta Fuga en permutación que entona vigorosamente el coro tras la crucifixión de Jesús. Es el texto el que da sentido a esta breve construcción musical y a su vez es la música la que ilumina soberbiamente al texto. Eso es Bach. El pasaje dice lo siguiente:
Evangelista: Y los soldados que habían cruficado a Jesús cogieron sus ropas e hicieron cuatro partes, una para cada uno de los soldados, y entre ellas, su túnica. Pero la túnica no estaba cosida, pues era de una sola pieza de arriba abajo. Entonces dijeron entre ellos:
Soldados (Coro): No la cortaremos en pedazos sino que echaremos a suerte de quién debe ser”
La fuga que entona el coro representa el sorteo de la túnica entre los cuatro soldados de manera que la prenda pasa por cada una de las manos (voces) hasta que se supone es asignada a un ganador. La fuga en permutación sin episodios es un procedimiento canónico especial en el que el sujeto (melodía) está diseñado de manera que cada compás tenga un perfil propio que le distinga de sus compañeros y lo haga fácilmente reconocible al oído. Echemos un vistazo:
El compás 1 está compuesto por valores uniformes:

El compás 2 rompe la regularidad por medio de síncopas a contratiempo:

El compás 3 recupera la uniformidad rítmica del compás primero pero se distancia de éste trazando un arco melódico:

El compás 4 apuesta por aumentar el dinamismo:

El compás 5, finalmente, introduce figuras de negra que marcarán el pulso general en el transcurso del caleidoscopio imitativo:

Esta melodía de 5 compases sobre las palabras de los soldados “No la cortaremos en pedazos sino que echaremos a suertes de quién debe ser” pasa en imitación por todas las voces desde el registro grave al agudo:

Y viceversa:

E incluso algunas de las tandas de esta “rifa” empiezan a contar a partir de los registros intermedios (por ejemplo, en la sucesión tenor, contralto, soprano y bajo) de manera que la melodía muestra su validez para ser tratada en contrapunto invertible en todas las disposiciones posibles. Es un ingenioso juego compositivo que tiene una traducción musical deliciosa que invita a escucharlo una y otra vez. Y lo más importante, da pleno sentido al texto que acompaña enriqueciéndolo desde diversos ángulos (literal, expresivo y dinámico).
He aquí la interpretación:
J.S. Bach: Pasión según San Juan, Coro: “Lasset uns den nicht zerteilen”. Grabación: Junio de 1985.
Contraposiciones 7 January, 2008
Escrito por emejota en : Análisis, Música , Añade un comentarioAsí suenan los 8 primeros compases de la Sonata para piano Nº 18 de Beethoven:
Click aquí para escuchar. mp3, 16 seg. 250k.
De manera frecuente, en Beethoven, a un pasaje notable le sucede otro sorprendentemente trivial y convencional. El resultado en ocasiones nos desconcierta. Charles Rosen suele decir que ese es precisamente un rasgo característico del estilo de Beethoven y que con ello persigue “crear un contraste dramático y un espléndido toque de ironía”. En esta Sonata, la creciente tensión y la incertidumbre tonal del pasaje inicial,

queda súbitamente resuelta por una cadencia convencional:

Con ella queda instaurado el orden aunque quizá al oído, ahora cómodamente asentado en la obra, le quede una sensación frustrante. Vamos a investigar.
Beethoven persigue dos objetivos en los 6 primeros compases de esta Sonata. El primero de ellos consiste en presentar claramente el minúsculo motivo de tres notas que va a protagonizar la obra. Eso justifica la inmediata repetición del mismo en el compás 2. A partir de ahí, el objetivo es crear una tensión creciente que genere expectación. Los acordes insistentemente percutidos en el registro grave a lo largo del compás 3 desembocan en un acorde inestable que ocupa todo el compás siguiente. Esta inestabilidad y la incertidumbre tonal obligan a proseguir la marcha.

Junto con la progresión armónica cobran especial importancia las indicaciones dinámicas anotadas por Beethoven: el crescendo del compás 4 enfatiza la culminación de una primera meta y al mismo tiempo revela su condición inestable (se trata de un acorde disminuído). Las expectativas de reposo tendrán que esperar. Por su parte, el ritardando que se prolonga hasta el calderón incide en la idea de una ascensión cromática lenta y dificultosa.
Todo conspira para crear uno de los comienzos más enigmáticos y deliciosamente inestables de Beethoven… que se va a venir abajo de golpe. Un compás y un pellizco del siguiente van a ser suficientes para desmontar, con indisimulado descaro, la trama anterior. Brevedad, concisión armónica, tempo rápido y ornamentación melódica contra extensión, densidad armónica, tempo contenido y sobriedad temática. En eso consiste la oposición de elementos que ha ideado Beethoven. Cierto es que este sorprendente giro cadencial de última hora va a marcar la pauta de una Sonata que es esencialmente luminosa, y así lo atestigua la posterior reaparición del material temático que fluye ahora sin ataduras:
Click aquí para escuchar. mp3, 11 seg. 180k.
Con todo, esta contraposición de elementos es resuelta al final de manera maravillosa al incluir Beethoven un breve tema conclusivo que es una versión suavizada del tema inicial:

Click aquí para escuchar. mp3, 8 seg. 130k.
Los dos compases que necesitaban anteriormente el motivo principal y su repetición son ahora ocupados por una versión abreviada en dos blancas que representan el salto interválico descendente característico de dicho motivo. Además, el giro cadencial ha disminuído su ímpetu unificando sus valores en corcheas y suavizando el contorno de su perfil melódico.




