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Hallam Foe 28 April, 2008

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Cosas que me gustan de “Hallam Foe” (David Mackenzie, 2007) que hacen que “Hallam Foe” me guste. Pues así, para empezar, me gusta mucho este viaje en tren:

Hallam Foe

Hallam Foe

Me gusta también la luz de Glasgow y Edimburgo, aunque si no fuera en Glasgow y en Edimburgo me gustaría lo mismo con tal de que, uno, se tratara de esas alturas del hemisferio y dos, que al director de fotografía no le importara desplazarse por el mismo precio.

Me gusta la historia que cuenta la película, un conflicto edípico con tintes voyeurísticos y rollo reptador incluído por esos tejados que tanta lluvia atlántica han debido dejar resbalar:

Hallam Foe

Hallam Foe

Me gusta la manera en la que del drama surge prácticamente un cuento de hadas sin que el drama se diluya y en el que no falta el instante mágico en el que la amante/mamá sustituta rompe el hechizo con el beso necesario, el beso ansiado y anhelado en larga y penosa peregrinación iniciática para que todo vuelva a su ser:

Hallam Foe

Me gusta la química que se establece inmediatamente entre los dos, Sophia Myles y Jamie Bell; me hacen sentirme cómodo entre ellos siempre que mi presencia no moleste, claro. Si eso hago como que no miro:

Hallam Foe

Hallam Foe

Me gusta que parte de su historia transcurra igualmente por los tejados, al menos la parte de la historia más importante para todos aquellos que son capaces de ver que los tejados de una gran ciudad son almenas y los áticos torreones donde rescatar a las princesas, o a las hadas que llevan dentro a una mamá. Me gusta pensar que al director le gusta agrupar a sus actores a un lado del plano porque esa torre del reloj del fondo es la torre del castillo y no otra cosa, y tiene que verse:

Hallam Foe

Hallam Foe

Hallam Foe

Me gusta que cuando se va la luz el director siga agrupando a sus actores al mismo lado para dejar ver al fondo lo mismo mientras los héroes del cuento velan armas y dudan o se arman de coraje, o las dos cosas, que nadie dijo que las cosas fueran fáciles:

Hallam Foe

Me inquieta el personaje de Jamie Bell: complejo, imprevisible, desvalido, inteligente, herido, enigmático, muchas cosas; me inquieta que sean tantas cosas. Me parece que realiza un trabajo espléndido. Por otra parte, Jamie Bell me inspira mucho respeto como actor, he terminado por convencerme aquí, debajo del aguacero, sobre los tejados, aunque ya tenía mis sospechas.

Slacker 14 April, 2008

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SlackerPersonalmente, tener la oportunidad de ver la ópera prima de ficción de alguien que en su momento hizo esa delicia intimista que es “Antes del amanecer” (y su reencuentro, diez años después, porque aquello era un reencuentro más que una secuela) es algo apetecible. Hablo de “Slacker” (1991) y de Richard Linklater. De ahí que venga de atravesar la ciudad de Austin durante 24 horas condensadas en 96 minutos, cruzando pasos de peatón, entrando en tugurios cerveceros con cantante pésimo al fondo, subiendo escaleras, bajando escaleras, caminando por calles soleadas, inspeccionando casas ajenas donde hay muchas habitaciones llenas de cosas y una vacía con un puñado de postales en el centro del suelo; y todo por seguir a cien personas, cien, que sólo tienen en común el cruzarse ante la cámara en un momento dado haciendo que esta les siga durante unos instantes movida por la curiosidad extrema de lo que dicen, un relato fragmentado porque empieza empezado y quedará incompleto ya que para entonces alguien nuevo habrá entrado en plano y más de lo mismo. Y así todo el (fascinante) rato.

El inicio de Slacker es revelador: con las primeras luces del día, un joven llega en autobús a Austin y sube a un taxi y allí le mete la brasa al taxista, impávido como buen profesional, en forma de monólogo verborreico. El joven es Linklater, el director y guionista de la película, y lo que cuenta un sueño raro que ha tenido en el autobús. En el sueño escribía un libro (un guión?) y el libro hablaba de que cada idea crea una realidad, sabe?. Lo que no haces se fracciona creando otra realidad. Al considerar los otros caminos se convirtieron en realidades, continuaron toda una vida que nunca veremos. Por ejemplo, al bajar del autobús se me ocurrió no tomar este taxi, sabe?. Ahora mismo existe esa otra realidad por el hecho de haberlo pensado. Y esa realidad se ve a sí misma como la única realidad. Desde esa otra realidad podría soñar con esta.

Slacker

De eso va Slacker. Una vez que Linklater se baja del taxi y desaparece del plano la cámara elige a quién seguir hasta que otras posibilidades se cruzan en su camino. Las opciones que quedan fuera de plano siguen existiendo, ya han creado una realidad en la que sucede una vida de la que nunca más sabremos. En esta película la cámara es más oído que ojo, al menos hasta ese final alucinante y alucinógeno, y recoge las conversaciones lisérgicas de pintorescos personajes anónimos que pueblan el día de Austin haciendo filosofía de Scooby Doo o reflexionando sobre la supremacía de la realidad grabada en vhs de la otra que no se puede rebobinar ni pausar; de accidentes de coche y llamadas a una ambulancia, de la conspiración de los gobiernos que convierten a gente en zombis, no los ves, mira, van por la calle con amnesia de la memoria a largo plazo, y de que estamos en Marte desde el 62, concretamente desde el 22 de Mayo.

En el recorrido por Austin hay máquinas expendedoras del USA Today que se atascan al mediodía y camareras piradas que todo lo etiquetan y agobian al tipo que ha pedido un café como pretexto para que le den cambio diciéndole con un ojo tembloroso que debería dejar de traumatizar a las mujeres con el sexo, debería. Y prosigue la excursión mientras pasan las horas y la cámara deja de seguir a alguien que hace un análisis freudiano de Los Pitufos para irse con un anciano anarquista que estuvo en Barcelona cuando la guerra civil en el caso de que la guerra civil hubiera transcurrido 30 años después en un viaje de turista; y toman el relevo unos universitarios que tiran al río una máquina de escribir eléctrica en un ritual en el que alguien lee un fragmento del “Ulises” de Joyce como si fuera la Biblia, y después una chica te sale al paso y te ofrece a buen precio una citología de Madonna en la que han quedado dos pelos púbicos de la diosa.

Slacker es un collage inmenso de trocitos de palabras que, juntas, montan la película, porque aquí la cámara sólo escucha y camina silenciosa, sin intervenir, y es inevitable que te sumes al paseo, atrapado por ese río de personas y palabras, sobre todo las palabras, que te hipnotizan como si fuera una letanía infinita.

Nota: me cae bien Linklater porque representa el tipo de persona con las agallas que yo no tengo. Un día Linklater dejó los estudios de literatura en la universidad y se fue a trabajar a una plataforma petrolífera en el Golfo de México. Allí ocupó la mayor parte de sus ratos libres leyendo. Volvió con el gusanillo del cine dentro, empleó los ahorros conseguidos en la plataforma en comprar un equipo de súper-8, un proyector, una mesa de montaje y se fue a Austin. De la frase anterior lo mejor es el “se fue” porque suena a “empezó” y a “posibilidades” y a más cosas, algunas más fáciles que otras, pero todas de un diccionario propio. Ya llegamos a Austin. Allí creo un cineclub en la universidad -qué gozada- con la única finalidad de dar a conocer su pasión por Bresson, Ozu, Von Sternberg y otros. Autodidacta total, miró a través del visor y empezó a plasmar su visión de las cosas en la retina del celuloide.

Memorial 27 March, 2008

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Rafael Azona

Rafael Azcona, grande.

Album 24 March, 2008

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Jesse James

Jesse James

Jesse James

Jesse James

Tempo. Uno de los primores de “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (2007) es su tempo. Los demás van al compás de esta elegía magnética y preciosa de cuya partitura se extraen motivos más que sobrados para dedicarles un post en algún momento, un día de estos.

Comedia 17 March, 2008

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Quine. ¿Quién? Quine, Richard Quine. Podría pasarme siglos viendo “Me enamoré de una bruja” (”Bell, book and candle”, 1958) y revisar con cierta frecuencia, como hice ayer por la noche, “Un cadillac de oro macizo”, (el título original en este caso es bastante similar, 1956). Me fascina la comedia norteamericana de los 50 que tiene como fondo a Nueva York y que casi siempre transcurre en un rascacielos de oficinas aprovechando para hacer una sátira del mundo de las grandes empresas y los negocios. Si además de lo anterior incluye en el lote a Tony Randall es posible que la cosa roce la perfección. Lo que me pasa en estas películas es que entro en la trama y atiendo a lo que dicen los personajes pero a ratos miro hacia un lado o por las ventanas o al fondo de esas transitadas avenidas y me atrae sobremanera lo que hay allí, la atmósfera y la estética de la época, el tiempo atrapado en el fotograma y convertido en un directo perpetuo. Luego vuelvo a hacerles caso a los personajes, que suben y bajan por los ascensores y caminan apresurados por los pasillos de esas oficinas sofisticadas hablando de forma igualmente apresurada. Me encanta.

Me enamoré de una bruja

Ese Nueva York insólitamente solitario y espectral de niebla gris a muchos grados bajo cero que envuelve a Kim Novak y a James Stewart en la azotea de un rascacielos en un amanecer de Navidad no es nada apresurado pero porque es fiesta y por lo del hechizo, el de la Novak, maravillosa bruja con gato y escoba; tal es el hechizo que hasta a mí me hipnotiza. En esta película tampoco sale Tony Randall pero Elsa Lanchester y Jack Lemmon se quitan la nieve de las hombreras y el frío del cuerpo ante el fuego en un cuarto de estar en technicolor en el que te quedarías mucho rato.

(Tony Randall sale en aquella otra película de los publicitarios que lanzan las galletas de colores. Y si no sale, debería)

 Un cadillac de oro macizo

Volviendo a Quine, compré el otro día “Un cadillac de oro macizo”, en blanco y negro hasta el último plano para que el dorado del cadillac se vea en colorín y ayer la ví con la sonrisa puesta. Los tiempos, el ritmo, las planificaciones, qué bien manejaban esas gentes los engranajes de la comedia. La película estaba a la venta como novedad sospechosamente rebajada y cuando le quité el envoltorio dije ajá. Es incomprensible que a estas alturas un sello como Columbia-Sony lance una película sin subtítulos en español (únicamente en portugués) y que el formato panorámico lo inserte en los 4:3 y no lo expanda en 16:9 como corresponde. Hace unos años, cuando Columbia era Columbia a secas sin Sony, apareció “Me enamoré de una bruja” subtitulada en español y de propina en la friolera de 20 idiomas más, incluyendo el hindú, el griego y el danés por si alguien quería practicar gramáticas exóticas entre gag y gag, y el formato panorámico lucía digno de ese nombre. Así que mucho Blu-Ray pero a ver si Sony no desatiende lo analógico, un respeto.

Invasores 9 March, 2008

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Invasores de MarteNunca agradeceremos lo suficiente la edición española de la colección L´atelier 13 en dvd que, en un gesto de honestidad, declara en las carátulas que de lo que se trata es de ofrecer una edición limitada de lo mejor y lo peor del cine de ci-fi, y de los 50 principalmente, añado yo, porque eso es lo que más me gusta, eso y los colorines del technicolor cuando lo hay y el polvo cósmico que se ha pegado al celuloide y que se ve en la pantalla en forma de rayas (rayos?) cósmicos o lluvia sideral. Y hace clas clas en la banda sonora. Da lo mismo porque así se disfruta más. “Invasores de marte”, del 53 y de William Cameron Menzies y con 78 minutos de colorín, maravillosa duración para una película, fue objeto de fascinaciones varias durante mi infancia.

Por ejemplo, la valla, imagen recurrente de la película y elevada a la categoría de icono en mi imaginería galáctica:

Invasores de Marte

Otro ejemplo: el nombre. Cuál. Pues el del director. Hay películas que parecen todas ellas un pretexto para lucir el nombre del director, pero eso sólo pasa cuando te llamas William Cameron-Menzies, así de largo y de elegante y de no sé cómo explicarlo pero de pequeño miraba el afiche (que, para variar, también me fascinaba, con sus verdes y rojos en technicolor) y leía: “Invasores de Marte de William Cameron-Menzies” y era, sencillamente, genial. Cuando eres pequeño hay cosas que te parecen sencillamente geniales, sin que haga falta saber qué es exactamente lo que quieres decir con eso. Antes “Invasores de Marte” era genial, luego le perdí la pista. Lo que pasa con estas películas es que cuando eres pequeño te encantan, cuando te haces un poco mayor te desencantan y cuando te haces mayor del todo o las colocas en su contexto o te descolocan. Cabe la posibilidad de que ocurran las dos cosas al mismo tiempo.

Pues genial.

A mis 38 años, he vuelto a ver esta invasión marciana y he visto cosas que antes no. Genial. Me ha llamado la atención la solución imaginativa como respuesta sistemática a la escasez de medios como, por ejemplo en el aprovechamiento de los decorados:

Invasores de Marte

Invasores de Marte

Las escenas de los dos fotogramas de arriba se rodaron en el mismo decorado, como se ve enseguida. Con colocar los mínimos elementos identificativos en el frontal del fotograma basta y sobra. Como el tipo de espaldas, con los dos farolitos y el teléfono al lado. Con eso se hace una comisaría. En la composición hay mucho de estética de cómic. Ese pasillo largo, la elevación de la tarima donde espera la autoridad y la perspectiva que empequeñece al chaval en apuros aumentando su angustia, tiene un aire kafkiano. Lo del laboratorio lo que tiene es gracia. El tipo de la bata blanca juega al quimicefa en la misma mesa en la que el policía anotaba sus cosas sin importarle, al parecer, tener el laboratorio montado en el pasillo.

Luego está la lectura de la película, que es común a muchas de las películas de este tipo de la época. Hay un libro de Javier Memba, “La edad de oro de la ciencia-ficción (1950-1968)” que lo explica muy bien. Dice que en tiempos del telón de acero y la guerra fría, el miedo hacia el terror marxista encontró su mejor forma de expresión en la ci-fi por una sencilla razón: producía en el espectador la misma sensación de indefensión ante la hipotética invasión de lo desconocido. La salvedad es que aquí los malos no eran rojos sino verdes (si bien es cierto que casi todos venían del planeta rojo).

En “Invasores de Marte” hay un instante en que el gran marciano (que, por cierto, es muy pequeño) muestra sus intenciones reales y dice que lo que quiere es someter la voluntad de los humanos a una inteligencia superior. Pienso que una de las satisfacciones que encontraba el espectador americano de entonces como recompensa ante tanto soponcio estratosférico era asistir a la indefectible exhibición de poderío militar patrio y a la genialidad de sus cerebros científicos, que lucían pero sólo a partir del minuto 65 o así de la película. Si un cerebro lucía antes, mala señal para el científico. Fijo que lo desintegraba una pistola marciana o lo envolvían en baba de caracol y para la despensa. La ci-fi de los 50, a diferencia de la de los 30, no es escapista sino beligerante. Ahora veo yo lo segundo. Antes veía lo primero y me parecía genial. Qué tiempos.

Para un rato de estos espera sobre la mesa una cosa inenarrable: “Devil Girl from Mars”. Ahí queda eso.

Album 2 March, 2008

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King Kong 1933

New York celebra hoy el 75 aniversario del estreno del “King Kong” de la RKO. Espero que nosotros no tengamos que esperar tantos años para celebrar el día que a los señores de Manga Films (con quienes no tenemos nada en contra) les caduquen los derechos de la película y que, al fin, Warner pueda poner en circulación su versión restaurada. Claro que puede que los derechos ya hayan caducado. Si es así, que alguien haga una llamada a los señores de Warner recordando el asunto pendiente. Gracias.

Album 21 February, 2008

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La torre de los 7 jorobados

“La torre de los siete jorobados”, (Edgar Neville, 1944)

Apareció el otro día en una estantería y me entraron muchas ganas de recuperarla una noche de estas. Anoto este post como recordatorio porque hoy se me ha vuelto a hacer tarde.

Album 23 January, 2008

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Heath Ledger

Heath Ledger (1979-2008)

Contar 20 January, 2008

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Soy Leyenda. Yo no, sino Richard Matheson (Nueva Jersey, 1926) el escritor y guionista. Además de haber escrito una novela con ese título lo podría decir también de sí mismo: soy leyenda. Si no, que le pregunten a Roger Corman, Stephen King y un largo etcétera. A Matheson igual no se le conoce por el nombre pero todo el mundo conoce alguna de sus obras. Y lo más probable es que sea más de una. “El increíble hombre menguante”, la peli de los 50, por ejemplo; pues está basada en una novela suya. “El diablo sobre ruedas”, de Steven Spielberg; pues está basada en un relato suyo. En ambas el guión también está firmado por él, si la memoria no me falla. Hay más, pero hoy toca “Soy Leyenda”, maravillosa novela recientemente reeditada con motivo de la versión cinematográfica protagonizada por Will Smith.

No sé qué es lo que más envidio de Matheson: su imaginación o su maravillosa habilidad para contar. En realidad sí lo sé: es lo segundo. Admiro al Matheson narrador que imagina a un personaje llamado Robert Neville y carga sobre sus espaldas toda una novela. Porque Robert Neville está solo y no; en realidad es el único superviviente de una epidemia que ha convertido en vampiros a toda la humanidad y compartimos sus penurias y su aislamiento y combatimos con él el acoso que sufre durante muchas páginas, exactamente desde Enero de 1976 hasta principios de 1979. Inventar una historia así y hacerla verosímil es un arte. Hacerla rodar línea tras línea en suave deslizamiento es una gozada. Y el capítulo 13, concretamente ese capítulo, el capítulo en el que hace aparición el perro, que es casi como otra novela dentro de la novela, es para quitarse el sombrero.

“Soy Leyenda” la imagino en ese blanco y negro de película de Serie B de los 50 y a su personaje lo visualizo como un actor de esas películas viviendo en una casa de los suburbios de aquella época, con las paredes empapeladas en papel de flores, una escalera empinada que baja del primer piso hasta la puerta, una tele muy mamotreto en el salón (amplio) y un porche de madera. Y como quiero que así siga siendo pues no me he acercado a ver a este Robert Neville en la piel de un Will Smith transitando las calles de esta mañana, como quien dice, con rascacielos de fondo; y lo que he hecho en su lugar ha sido ponerme a releer la novela, que se lee de un tirón o dos, y trae de regalo, gratis, el capítulo 13.

(Una semana más tarde el perro había muerto)

Faraón 29 December, 2007

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Faraón

Viene en el periódico que ha muerto Jerzy Kawalerowicz, director de cine polaco. En 1966 dirigió la monumental “Faraón”, una recreación del antiguo Egipto muy distinta y distante de las superproducciones de Hollywood pues aquí los escenarios no son de cartón piedra sino de piedra original y milenaria, sin trampa ni cartón, y los Faraones no visten de alta costura y es el polvo del desierto el que maquilla sus rostros y cubre sus oros. El Egipto de Kawalerowicz es de una grandiosidad rústica y creo que resulta convincente precisamente por eso. La cámara se desenvuelve en él como narradora apasionada y apasionante, unas veces convertida en protagonista en el fragor de la batalla, ascendiendo y descendiendo dunas en rápidas carreras con resuello, abriéndose paso entre empujones y cayendo finalmente con la lente ensangrentada, y otras veces presenciando sin pestañear, en un único plano, el discurso pausado y salpicado de solemnes silencios del anciano faraón. El “Faraón” de Kawalerowicz es una película maravillosa con muchos minutos de cine muy puro y muy grande.

Album 15 December, 2007

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Blade Runner

“Blade Runner”, (Ridley Scott, 1982)

25 aniversario. Buena excusa para volver a ver la película esta noche. Me resulta muy estimulante recuperar las imágenes de esa urbe superpoblada y nocturna que bulle bajo una lluvia permanente y que recuerdo como un caleidoscopio de luces de neón, nubes de vapor emergiendo del asfalto oscuro, el murmullo de voces anónimas y sonrisas orientales parpadeando en gigantescos anuncios electrónicos. Un hallazgo estético maravilloso como telón de fondo para este poema futurista sobre la añoranza de los sueños, la intemperie de los corazones y el anhelo de vivir.

Cómico 21 November, 2007

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Ha muerto Fernán-Gómez. Es curioso que algunos medios, al dar la noticia, digan de él que era escritor, cineasta y actor cuando fue justamente al revés: actor, cineasta y escritor, por este orden. Y qué si se ha muerto, se dirá, y se dirá con razón, pero no deja de ser curioso que las palabras se organicen en una jerarquía estricta cuando se trata de hablar de lo cultural con un respeto algo esnobista. Fernán-Gómez fue actor, cineasta y escritor. Y cómico, que es una palabra de antes, de cuando “El viaje a ninguna parte”, y en la que cabían él y muchos otros y tan ricamente, porque así se sentían y así les gustaba llamarse: cómicos. Prueba de que las palabras ahora se ordenan según a saber qué importancia es que probablemente sonaría raro, por poco serio, decir que ha muerto Fernando Fernán-Gómez, cómico, aunque eso sea lo más preciso y precioso. En cualquier caso, mientras las palabras suben y bajan de cotización en el mercado de valores, ya hay alguna generación para quien Fernán-Gómez será para siempre el señor que salió un día en la tele mandando a la mierda a uno.

Zarabanda 21 November, 2007

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Todas las mañanas del mundo

Todas las mañanas del mundo

“Todas las mañanas del mundo son un camino sin retorno” (Pascal Quignard)

Penúltima repesca FNAC.

Album 12 November, 2007

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Margaret Rutherford

Lo primero de todo es que Miss Marple es Margaret Rutherford, de eso no cabe duda, porque luego estuvieron otras queriendo imitar a Miss Marple pero no había manera de que les saliera Margaret Rutherford por mucho que se empeñaran. Así que me vengan de repente a la memoria me acuerdo de Angela Lansbury, que aunque no hacía de Miss Marple lo parecía y eso es algo ya que lo de hacer de Rutherford era imposible. A mí la Lansbury me ponía malo en esa serie de la tele; si yo fuera el asesino del capítulo me pondría de los nervios al ver a esa señora cotilla y metomentodo que siempre se las arreglaba para estar invitada en todos los fregaos donde se va a cometer alguna fechoría, que no me digas que no era casualidad. Pero qué pesada. A la Lansbury la dejamos como bruja novata, que eso lo hace de manera inolvidable y así será por siempre.

Más. Ah sí, luego tenemos a esa señora menudita con cara de malas pulgas que salía en una serie de la BBC, y si no era de la BBC lo parecía; la señora salía en la pantalla y debajo ponían “Miss Marple” porque si no no lo imaginaría nadie jamás. No le ponían “Margaret Rutherford” porque todavía le faltaba metro y medio, de alto y de envergadura, y todo eso para empezar a hablar a ver si había posibilidades. A la única que salvamos es a Elsa Lanchester. No importa si al final la de la silla de ruedas era la enfermera y no al revés (y más vale que no le preguntemos al mayordomo si no queremos liarla más) pero lo que la salva es haberse prestado junto con los demás a hacer esa deliciosa gamberrada que fue “Un cadáver a los postres”, donde Truman Capote se daba una castaña que para qué con la silla esa que salía zumbando marcha atrás. Ay, qué recuerdos, Señor.

En resumen: que Miss Marple es Margaret Rutherford. Palabra de Agatha Christie, y además de verdad, y su palabra contará algo digo yo, que mira que escribió palabras sobre Miss Marple y hasta sobre los diez negritos (qué suspense!). Miss Rutherford sale en esas películas tan británicas que te hacen arrebujarte en el sofá y apagar la luz y sonreir, todo a la vez. Y no importa lo ingenioso que sea el malhechor porque sabes que al final ella le gana. Fijo. Pero mientras tanto la ves aparecer con esa corpulencia tan hombruna y al mismo tiempo con esa enorme ternura en la mirada y siempre tan ágil y llena de energía. A mí me gusta mucho cuando Margaret Rutherford presiona con la punta de la lengua los mofletes o la parte de debajo del labio y parece que le ha salido un chichón porque eso lo hace cuando está juntando las piezas del enigma en su cabeza o cuando acaba de decirle algo al inspector, porque es su forma de decir en gestos que se te había pasado hablar con el huesped y ese sabe algo y también es así como dice ahí queda eso, majetón.

Por lo demás, Miss Rutherford tiene un aire a la señora Mercedes, sobre todo cuando pasa en bata con el móvil en la mano para preguntarte cómo se sabe si hay un mensaje de esos.

Vampiros 1 November, 2007

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Creo que en mi colección tengo 6 películas de Tod Browning. Digo que creo porque en la última incursión con afanes clasificatorios apareció “Mark of the vampire”, de 1935, y fue como cuando lees en el periódico una de esas noticias que dicen que ha aparecido un filme que se creía perdido en los sótanos de una filmoteca, qué se yo, húngara lo menos. Así que creo que tengo 6 Brownings, pero si apareciera un séptimo, que lo dudo, tampoco le haría ascos.

Mark of the Vampire

“Mark of the vampire” es uno de esas películas que los críticos despachan con el calificativo de título menor aunque con cierto respeto (que Browning, señor de lo oscuro, es lo que despierta siempre, cierto respeto). Pero es que las películas de Browning tienden a ser sincopadas, y un momento de inspiración soberbia se puede colar de pronto entre un par de secuencias convencionales, y quizá ese sea un rasgo que se suele obviar cuando se exponen sus constantes, algunas de las cuales ya apunté en este blog al hablar de su obra maestra “Freaks” (1932).  Eso es lo que ocurre en esta película en la que Browning recupera a Bela Lugosi como vampiro tras haber trabajado juntos en la mítica “Drácula” (1931)  con la que los señores de la Universal quedaron tan contentos.

Aquí hay cuando menos dos rasgos muy Browning. El primero es el acierto estético, que es-tétrico, como no podia ser de otra manera. El segundo tiene que ver con el impacto que recibe el espectador cuando a mitad de proyección descubre abruptamente (y no sin disgusto) que la atractiva trama sobrenatural de la película es un monumental engaño. Lo recoge perfectamente Lucía Solaz Frasquet en su monografía sobre Browning: “uno de los temas recurrentes de Browning es la distinción entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo imaginario. En su obra siempre está presente el concepto de que ‘las cosas no son lo que parecen ser’. El director estaba fascinado por el proceso de la ilusión y el engaño”.

Mark of the Vampire

Hay otro rasgo que no está tanto dentro de la película como en lo que ésta puede representar. Browning siempre fue a su aire en la industria, prefiriendo transitar callejones solitarios y oscuros. Otra cosa es que le dejaran, claro. Aún así, consiguió hacerse respetar en un mundo donde siempre se sintió incómodo y donde siempre incomodó. Hollywood se había asen- tado alrededor de unos géneros perfectamente definidos y nada permeables a nuevos aires y, sin embargo, Browning fue capaz de introducir con éxito un tema nuevo, el vampirismo. Ahora que los estudios explotaban el nuevo filón volvía a ponerse tras la cámara para rodar una película sobre falsos vampiros quizá escribiendo con esta burla un capítulo más de su desagrado hacia la industria que tanto lo maltrató creativamente.

(Apunte sobre “Freaks” en La Idea del Norte, click aquí)

Filmoteca 24 October, 2007

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Rodrigo CortésEl tipo de la foto es Rodrigo Cortés (Ourense, 1973) y también es un cineasta con mayúsculas. O sea, que es CINEASTA. No hace mucho la FNAC (para variar) vino a tapar el clamoroso agujero negro que suponía la no existencia de una edición en dvd de “15 días” (2000), el mítico cortometraje de Cortés. Ay ese Cástor Vicente Zamacois. Ay esa idea perfectamente ensamblada, contada, rodada, interpretada, montada. En fin, ay. Nunca he escrito sobre “15 días” porque ya dijo aquel santo que la admiración produce silencio. Debe ser por eso. ¿Por qué Rodrigo Cortés hoy? Pues porque aprovechando que estoy sin ir al cole me he decidido a poner un poco de orden en la filmoteca empezando por las dos últimas entradas: “Concursante” y “Ladrones” que han llegado a la vez y hace nada; vamos, que apenas se han quitado el abrigo. La primera es de Cortés; la segunda es de este blog desde hace tiempo, aparte de ser de su director, claro. Llegan además con sorpresa y no menor precisamente: ambas incluyen audiocomentario de sus respectivos directores. Y le tengo unas ganas al audiocomentario de Cortés… Pero unas ganas… Porque cuando he tenido la oportunidad de leerle creo que me he bebido hasta las comas y los puntos. Qué tío, oye. Y ahora va a comentar toda su película. Una propuesta irresistible. Lo de Jaime Marqués y sus “Ladrones” también tiene su cosa, por aquello de la curiosidad. Marqués habla rápido, como yo cuando me entusiasmo. Habla rápido porque se apasiona con lo que habla y los apasionamientos es lo que tienen, que aceleran el pulso. Me vuelvo a la filmoteca. Viva el dvd.

“O Willow Waly” 18 October, 2007

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“…viejo sauce, me muero”

Ha muerto Deborah Kerr. Sólo por su papel de Miss Giddens en “The innocents” (Jack Clayton, 1961) le estaremos eternamente agradecidos (y estremecidos) sobre todo cuando el viento del invierno golpea con fuerza las ventanas por las noches en “La Idea del Norte”. He aquí un modesto y sentido homenaje:

2 de Diciembre de 2005

4 de Diciembre de 2005

Silencio 17 October, 2007

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El gran silencioLe tenía respeto a este documental, es cierto. No por la duración ni por el goteo lento de sus minutos silenciosos, porque en todos ellos resuena el latido poderoso de algo que la cámara contemplativa de Philip Gröning logra atisbar (y eso es casi un milagro). El respeto venía porque temía algo así como una herida (luminosa o no), una fascinación, quizá una advertencia, una señal o una revelación. Y sí. Hay quien tuvo una revelación viendo un partido de beisbol y a la salida se fue a vivir otra vida distinta (sin acordarse si ganó el de casa, el equipo visitante, o si es que hubo empate). Quizá el tipo era un poco impulsivo, a otros lo que les pasa es que ven algo y de pronto, sin saber cómo ni por qué, sienten como si algo les dijera: acción. O también: despierta. Pero casi siempre, diga lo que diga, lo rubrica con un: ya tardas. Quién estudiará ésto? Jodorowsky?

Lo de Gröning es maravilloso porque su cámara se adentra en estos muros que, paradójicamente, encierran un mundo sin fronteras; empieza a observar discreta y pacientemente con afán de documentalista y enseguida consigue ir mucho más allá de lo que seguramente nunca imaginó. Lo presiente el espectador y nos lo dice él: “En cierto momento, esta película tomó forma, se convirtió en un monasterio, un espacio y no una narración. Un film como una nube. Así la imaginé hace 21 años cuando surgió la idea inicial de este proyecto. Y esta idea ha permanecido intacta: hace 19 años, cuando conocí a los cartujos por primera vez; hace 18, cuando dijeron que era demasiado pronto: “quizás en diez, trece años, tal vez”; hace 5 años, cuando llamaron del monasterio: “si todavía le interesa…” Sí, sí”.

(“El gran silencio”, Philip Gröning. Doble DVD, Karma films)

Obituario 30 September, 2007

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Lois Maxwell, Se ha muerto la señorita Moneypenny, la secretaria de “M” desde “Doctor No”, la que coquetea con Bond, James Bond, cada vez que éste abre la puerta. Esa misma. Pues se ha muerto. Lo que equivale a decir que se ha muerto Lois Maxwell, actriz canadiense, muerta a los 80 años en Australia. Caben decir de momento dos cosas. Una, que a veces ocurre que los actores y las actrices se mueren pero para los periódicos quien se muere en letra gorda en los titulares es el personaje y después, en letra pequeña, la persona que lo encarnaba; y además pasa que eso no es injusto sino que parece que es buena señal: que el personaje te haga sombra. Y dos: que a saber qué iría a hacer esta mujer tan lejos, desde una cuna de Canadá a un ataúd de Australia, hay que ver, y a esa edad. Pues eso para empezar. Para seguir, otras dos cosas. Una, que a mí siempre me pareció que esta mujer tenía un rostro muy interesante, pero sin querer decir que tenía mucha cara, que hoy en día el lenguaje se ha vuelto tan así que a nada que te descuidas parece que has dicho una cosa fea cuando no quieres; lo del rostro interesante viene a que siempre me dio por imaginar que cuando se apagaban los focos y esta mujer salía del fotograma y la gente del cine debía tener una vida muy interesante. Pero quién sabe. Además ya no le podemos preguntar, se ha muerto.

Lo segundo es que las breves escenas que sirven de transición entre el mundo de la acción y el despacho severo de “M”, es decir, el cuartito de Moneypenny, me encantaban y me siguen encantando. Y no quería que se acabaran. Esa ironía aplicada al ligue elegante, picantón e inocente al mismo tiempo, me gustaba mucho porque siempre sospeché que todo era teatro, que lo hacían para disimular por si había mucha gente en la sala pero que en realidad lo suyo era un rollo más ya nos entendemos. Pero eso lo pensé en la película número nosecuántos. En las primeras yo me lo creía todo. Pero todo, oye. Las sospechas empezaron después. La que se mantuvo intacta, antes y después, fue la duda: ¿qué hacía esta mujer cuando Bond, James Bond, no pasaba por allí? ¿Cuál era su horario de oficina? ¿Qué había en esos papeles que sostenía en la mano? ¿Pasaría frío en ese despacho? Porque allá por Londres debe haber muchas humedades y además los ingleses son muy de protocolo pero luego más rancios que igual hasta ni arreglan la calefacción. ¿Tendría Moneypenny una estufita debajo de la mesa? Y la cuestión definitiva, ¿nunca se percató esta mujer que Bond tenía la cara de Sean Connery y de repente se le puso la de Roger Moore pasando un rato por la de George Lazenby? Es que parece que no se dio ni cuenta. Los espectadores, por su parte, no le reprocharon que le tirara los tejos a cualquiera de ellos ni viceversa. Y eso es porque tenía elegancia y distinción, glamour de secretariado diplomático. A otra la pondrían a caldo en la tele y la llamarían lo menos fresca. Pero es que hoy es distinto.

Erice 25 September, 2007

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La primera película que recuerdo es una de miedo. Ahora puedo decir que a través de ella intuí la existencia de un agujero negro en la trama de la realidad por el cual había desaparecido toda la inocencia del mundo. El niño que yo era entonces no podía distinguir la diferencia entre realidad y ficción. El No-Do que proyectaron antes del filme se me antojaba tan real como la historia (…) y sus imágenes me proponían algo así como el sustrato documental en el que luego se desarrollaba la ficción. Ahora sé que lo que me impresionó fue que el resto de la sala mirara a la pantalla sabiendo algo que yo no sabía”

Víctor Erice

En estas palabras impresas en el periódico del día veo la increíble mirada con la que Ana Torrent contempla “Dr. Frankenstein” en “El espíritu de la colmena” (Víctor Erice, 1973)

Archivo: 19 de Julio de 2005

Tripulación 23 September, 2007

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Viento en las velas

Sobre “Viento en las velas” (”A High Wind in Jamaica”, 1965), de Alexander Mackendrick. Maravillosa película y gran director. La sinopsis tiene que empezar hablando de los Thornton, un matrimonio inglés que vive en Jamaica. Los Thornton deciden enviar a sus hijos de vuelta a Inglaterra cuando, tras el paso de un huracán, su madre se da cuenta del efecto que puede llegar a tener en ellos la adversidad del entorno. El navío en el que zarpan es asaltado por un barco pirata en el que los niños terminan atrapados por accidente. A partir de entonces, los piratas se ven obligados a hacerse cargo de ellos muy a su pesar, dado que enseguida descubren que la presencia de los niños es un verdadero peligro. Ahí termina la sinopsis, que es como la cáscara, la piel; debajo late la película.

Zarpemos nosotros también como polizones en esa travesía porque quiero llevar todo ésto a puerto. Que no nos vean. Hay dos piratas que mandan sobre los demás: Anthony Quinn y James Coburn. Quinn hace uno de los piratas más inolvidables que se han visto en la pantalla; él solito se come el pedazo de pantallón en CinemaScope. Y luego están los niños (uno de ellos de mayor será el escritor Martin Amis) que al principio están muertos de miedo:

Viento en las velas

pero enseguida se lo pasan en grande invadiendo el territorio pirata, interfiriendo en las actividades y la vida de a bordo y convirtiendo el navío en lugar de juegos por el que campan a sus anchas poniendo a prueba los nervios de los rudos piratas:

Viento en las velas

Viento en las velas

Viento en las velas

Viento en las velas

La película surca el metraje balanceándose a babor de la comedia y a estribor del drama. La comedia surge, evidentemente, de la convivencia forzada en un espacio reducido de niños y piratas que representan dos estados antagónicos del espíritu humano: la inocencia y la maldad. Si cerramos plano sobre estos términos veremos, sin embargo, que la frontera que separa las palabras inocencia y maldad tiene aquí unos contornos difusos. De ahí surge la verdadera sustancia temática de la película. El hecho que mueve a la madre de los niños a decidir su salida de la isla es, precisamente, su horror al contemplar la indiferencia de los pequeños ante la trágica muerte de uno de los isleños. Tras el paso del huracán, todos salen de su refugio a contemplar la devastación que éste ha dejado a su paso y mientras los adultos corren al auxilio de los gritos de una mujer que acaba de descubrir el cadáver de su marido, aplastado por los escombros, los niños empiezan a chapotear en corro sobre un charco de agua jugando a escasos metros del cadáver.

La película plantea la cuestión de la existencia o inexistencia de una conciencia moral en los niños y sus consecuencias; si existe una carga imputable de responsabilidades en seres cuya pureza de espíritu, paradójicamente, no conoce los conceptos del bien y del mal y, por tanto, no hace distinción. Los actos no se juzgan por sí mismos sino por la valoración que hacemos de los mismos. Lo que a los ojos de un adulto “civilizado” se muestra como un acto censurable, para la conciencia virgen de unos niños su actitud “incivilizada” se muestra a través de un comportamiento habitual y natural porque no puede ser de otra manera, no conoce otra manera. Paradójicamente, aquí es la fuerte presión que una de las niñas recibe de vuelta a casa por parte de la sociedad civilizada y revestida de valores la que confunda y manipule su testimonio ante un tribunal y lleve a la horca al pirata Quinn. Ninguno de los adultos sabrá que allá en alta mar el pirata veló por la vida de la niña ni que la niña consiguió alumbrar el corazón frío del pirata. Pronunciada la sentencia y en el revuelo de la sala, sólo nosotros, polizones a bordo, somos testigos de la mirada comprensiva y tranquilizadora que el viejo lobo de mar dirige como despedida a la desconsolada criatura y que vale un mundo. Qué grande Quinn en esta gran película.

Viento en las velas

Viento en las velas 

Otras películas de A. Mackendrick en “La Idea del Norte”: aquí.

Hamlet 17 September, 2007

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Este fin de semana he vuelto a ver el impresionante “Hamlet” (1996) de Kenneth Branagh recién puesto en circulación por Warner tras una larga espera en edición de dos dvds. Es la versión íntegra de casi cuatro horas aunque un fallo en la carátula indica que la duración de la copia es de 152 minutos (y no, 152 minutos es la duración del primer disco). A Branagh le dejaron rodar su Hamlet en 70mm siguiendo palabra a palabra el texto original de Shakespeare aunque trasladando la acción al siglo XIX. El resultado fue soberbio. La película contiene uno de los momentos que compone mi colección de planos preferidos, concretamente el travelling que sirve para presentar al príncipe Hamlet. La cámara abandona la magnificencia de la audiencia real, se desliza discretamente entre los cortesanos y se detiene en un lateral para asomarse desde el extremo de una cortina y mostrarnos a Hamlet:

Hamlet/Kenneth Branagh

Hamlet/Kenneth Branagh

Hamlet/Kenneth Branagh

Hamlet/Kenneth Branagh

Hamlet/Kenneth Branagh

El pilar vertical formado por la tela enmarca al personaje y levanta un muro de separación entre dos mundos muy distintos y distantes. Siento predilección por este plano (estéticamente impecable) porque consigue decirnoslo todo sobre el personaje de Hamlet con un suave y sencillo movimiento lateral de la cámara. Nos aporta de golpe toda la información necesaria acerca del príncipe: nos habla de su misterio, su tormenta, su lealtad discrepante, su exilio interior. Disfruto mucho cuando alguien se acuerda de utilizar el lenguaje de las imágenes para contar cosas, que no es lo mismo que utilizar imágenes para contar un guión. Aquí la cámara efectúa un retrato psicológico mediante un ejercicio de concentración y concisión narrativa memorable. El “Hamlet” de Branagh no es teatro filmado, es un festín de puro cine.

Altar 2 September, 2007

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La habitación verde - TruffautHe estado visitando “La Habitación Verde” en la que François Truffaut erigió un altar para rendir tributo a los afectos de su memoria. Pero eso pasa después, vayamos por orden. La película, delicada y amarga a un tiempo, rodada en 1978 con la luz de Néstor Almendros, es una adaptación del relato “El altar de los muertos”, de Henry James. La historia nos sitúa a finales de la década de los años 20 y nos habla de Julien Davenne, modélico redactor de necrológicas en un periódico de provincias. Davenne vive entregado a la tarea de preservar la memoria de los muertos y decide crear un altar en homenaje a todos sus difuntos encendiendo una vela para cada uno de ellos. La causa que justifique esta obsesión parece estar, en un principio, en el hecho de que Davenne ha perdido a gran cantidad de gente querida en poco tiempo: a su joven esposa al poco de casarse y a muchos amigos en la Gran Guerra; sin embargo, la clave de la historia no la encontramos en la veneración enfermiza por la memoria del pasado sino justamente en el temor y el recelo hacia el futuro. El propio Julien Davenne lo confiesa a la luz temblorosa de las velas en la capilla de la memoria donde tienen cabida todos los difuntos menos uno, Paul Massigny, el amigo que le traicionó: “Destruyó mi confianza en la vida. Me enseñó a sospechar”. Los vivos pueden traicionar; los muertos nunca. Para Davenne, es más seguro y confortable vivir en el recuerdo agradable que no puede empañarse, desasosegante posibilidad del presente. De ahí la importancia de mantener viva la llama de la memoria para ahuyentar la sombra del olvido.

Davenne está encarnado por el propio Truffaut, que aquí está tras la cámara y también delante de ella. Truffaut fue más amigo de pequeños papeles y cameos que de llevar el peso del protagonismo absoluto pero resulta difícil pensar en alguien más idóneo para encarnar al personaje de Davenne. Davenne nace de ese porte hierático tan característico de Truffaut que, sin embargo, concentra toda expresividad en la mirada.

François Truffaut

Hay otra razón para ponerse en la piel del personaje de Davenne. Al recrear en plató el altar de la memoria, Truffaut coloca el suyo propio y, de esa manera, de las paredes cuelgan las fotografías de Maurice Jaubert, el compositor de la banda sonora de la película, prematuramente fallecido en 1940, y también de André Bazin, Jean Cocteau, Jeanne Moreau, Oskar Werner, Oscar Wilde, Marcel Proust y un amplio etcétera. En la secuencia en la que Truffaut muestra y hasta explica las imágenes ahí expuestas se produce una curiosísima inversión de papeles: ya no es François Truffaut quien encarna a Julien Davenne sino que es el personaje ficticio de Julien Davenne quien interpreta momentáneamente al François Truffaut real, en cuyo altar de “queridos desaparecidos”, por cierto, la muerte es considerada también en un sentido figurado: aquéllos que ya no están pero no han muerto.

Esta incursión personal de Truffaut por las otras muertes me parece muy interesante y sugerente: en el particular altar de la memoria de cada cual hay espacio también para aquéllos que dejaron una huella y por quienes en su día y tras su marcha se guardó duelo. También hay un lugar para las veneraciones secretas hacia quienes nunca supieron que eran objeto de nuestra atención. ¿En qué altar ocuparemos nosotros un espacio sin sospecharlo siquiera? ¿de quién, de quiénes? ¿quién vela por nuestro recuerdo, dónde somos luz y aliento?

Piel 17 July, 2007

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Juan José Ballesta - Ladrones

1. Contacto
Hay algo intensamente erótico en la fugaz relación que se establece entre un carterista y su víctima: hay un primer contacto visual del que surge una atracción, un poderoso apetito y, finalmente, un deseo que acelera el pulso y que incita al contacto físico. En esa idea incide Jaime Marqués en su notable ópera prima, “Ladrones”. Juanjo Ballesta practica esa seductora coreografía frente a un trajeado maniquí de medio cuerpo. Donde deberían ir las piernas penden unas varillas metálicas a modo de campanas tubulares que dejarán oir su estremecimiento si las yemas de los dedos se exceden en el contacto con la piel. Hay que ensayar poniendo los cinco sentidos en el tacto. El ladrón mira a los ojos profundamente, tensa las mandíbulas, traga saliva. La lengua recorre las comisuras de los labios en un gesto de nerviosismo que también parece lascivo mientras la mano inicia la maniobra de aproximación, girando la muñeca, introduciéndose en el bolsillo de la chaqueta, a la altura del pecho, un leve roce, una caricia. Y te roba el corazón.

2. Atracción
María Valverde es una chica bien que busca emociones, Juanjo Ballesta es un ladrón dispuesto a dejarle jugar y Jaime Marqués dispone el tablero con acierto. Hay secuencias en “Ladrones” planificadas y montadas con sorprendente acierto, como el robo de un cd por parte de Valverde en el Hipermercado ante la mirada casual de un Ballesta que se lanza a resolver la situación o la posterior secuencia en el autobús, preciosa ceremonia de seducción de Ballesta hacia Valverde ante las mismas narices del novio de ésta, esgrimiendo para la ocasión sus habilidades manuales con tanto descaro como deleite. La excitación del riesgo corre paralela en toda la película a la excitación por la persona deseada. Valverde y Ballesta electrizan la pantalla cada vez que se miran. Sus miradas están inmersas en el caudal del argumento pero al mismo tiempo parecen quedar atrapadas en un remolino y transcurrir en otro lugar. No en balde, Marqués suspende entonces el sonido ambiente y las envuelve en una banda sonora de un lirismo exento de afectación entonado por un conjunto orquestal de cuerdas. También el toque del arco estremece con su contacto la piel de la cuerda y la hace vibrar.

3. Excursus expresionista (cuántas equis!)
Hay una línea argumental básica en “Ladrones”, un leit motiv que, sin embargo, el personaje de Ballesta se reserva para sí: la búsqueda de la madre. Ballesta sale de un orfelinato en el que ha permanecido desde que su madre fuera detenida en el metro siendo él un niño. Ahora el personaje de Ballesta vive en un subsuelo, en el cuarto donde hasta hace un par de meses vivió la madre ahora ausente. Cada silueta de piernas apostada contra el ventanal de cristal traslúcido despierta en Ballesta la alerta de la posibilidad y, en ocasiones, le hace salir corriendo a la calle. Todos esos planos están rodados según una estética de marcada inspiración expresionista: las sombras alargadas, el escenario marginal y nocturno, la fotografía contrastada, los planos desde ángulos forzados y la música convenientemente a-sombrada, valga la expresión, que de expresionismo se trata al fin y al cabo al hablar de este ramal que surge del tronco de la película.

4. La primera persona del singular
Los críticos de cine dicen que las películas españolas carecen de imaginación y que están llenas de lugares comunes. Ellos tampoco tienen imaginación y por eso recurren a los lugares comunes. No termino de entender toda esa monserga cansina de que Ballesta traslada a la pantalla película tras la película el mismo papel de macarra, basando en eso su supuesta eficacia ante la cámara, cuando lo que Ballesta lleva película tras película a la pantalla es una respuesta en la que reside lo principal de su eficacia ante la cámara. En las últimas películas de Ballesta hay siempre un momento en el que alguien le pregunta: ¿y quién se hace cargo de tí?. Y él, indefectiblemente, contesta: yo. Aquí es el peluquero al que ha ido a ofrecerse como aprendiz nada más salir del orfelinato. El peluquero le pregunta: ¿y quién se hace cargo de tí?. Y Ballesta responde: yo. Nadie en el cine español es capaz de meter tantas cosas en un espacio tan reducido de dos letras. Hay algo en esa contestación que parece derrumbarse pero al mismo tiempo emerge de ella un sólido coraje. Tambíén nos podemos encontrar con un ser desvalido y, a la vez, un contundente gesto de autoafirmación. Hay muchos matices más que no hace falta buscar porque caben, están y se resumen en dos letras: yo. Y todo resulta conmovedoramente veraz. Como espectador es lo que más me desarma de Ballesta: la autenticidad y la franqueza atesoradas, de manera concentrada y resumida, en una breve respuesta. ¿Y quién se hace cargo de tí?

Yo.

(aquí no hay ningún macarra, además)

5. Piel
Todo en “Ladrones” es piel. El ansia por tocar la piel o el ansia de la piel por vibrar al tacto. Que todo en ella sea piel no quiere decir que sea una película epidérmica. No es lo mismo. Lo epidérmico es lo de fuera y tocar la piel supone el contacto con el calor de la carne jugosa que hay debajo. Y temblar. En “Ladrones” palpitan los pulsos, y los tactos se entremezclan en la seductora metáfora que propone la película: la atracción por el robo sigue unos mecanismos paralelos a la atracción entre los ladrones. Un movimiento en falso puede llevar todo al traste. El tacto pone ambos planos en común como queda de manifiesto en esa clase práctica en la que los dos ladrones, alumna y maestro, exploran mutuamente sus cuerpos en busca de la piel de la cartera y también de la piel que se ha dejado la cartera en casa.

Todo lo que quede más allá de la superficie no importa en esta película digna cuya propia piel es, en los exteriores, una fría fotografía de azules y verdes (abrigo para los rigores de la intemperie) Quizá por eso no llegamos a saber el nombre de los que se buscan y se tocan.