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Efectos 15 March, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

Escribo bajo los efectos del Frenadol, lo que explicará esta morriña, esta languidez, este qué se yo. Claro que también puede explicar estos efectos, o sumarse a ellos, lo que estoy escuchando a través de los auriculares, haciendo sonoro el silencio nocturno que envuelve el piso, el edificio, la calle y lo de más allá. Más allá es la estación del tren, por ejemplo.

Ahora el Frenadol viene en cápsulas y eso supone un notable avance porque nos libra de su sabor repugnante. No nos libra del mal, sin embargo, manifestado esta vez en algo con epicentro en la garganta y que, mira qué cosa más curiosa, según pasaban las horas del día de hoy ha dudado entre bajar por el pecho o subir a la nariz a moquear un poco. Yo, a mitad del camino, me he dedicado a dejarme caer en el sofá esta tarde tras haber hecho un par de recados que no podían esperar y comprobar que hoy sí, la tarde era de la primavera. Se notaba en la luz, en los colores y en el aire. Pero me dolía todo el cuerpo así que he recalado en casa y me he tumbado en el sofá con vistas a la tarde que quedaba la mar de bien encuadrada por el balcón y mis pensamientos han fluído bajo la influencia letárgica del Frenadol.

Creo que la culpa de este estado la tuvo el paseo del otro día. Salía todo ufano y ligero de equipaje a emular a Charles Dickens, que hacía varias millas diarias a toda marcha cuando me topé con Camino, Fabiola y Fefa, y la una me dio un beso y me dijo que vas muy fresco y la otra me dio un beso y me dijo vamos a ver si nos ponemos el gorro de esa sudadera por lo menos y la otra me puso el gorro, me dio el beso y luego las tres me dejaron en actitud manufacturada, no sé cómo explicarlo, y allí que me quedé con la cara besada y el gorro puesto y un a ver cuándo tardamos en quitarnos el gorro que se escuchaba desde atrás, porque era lo que decían Camino, Fabiola y Fefa yéndose adonde fuera mientras yo me quedaba escuchando la hipnótica voz de Corinne Bailey seduciendo los sentidos a través de los auriculares. Al doblar la esquina, me quité el gorro de la sudadera y puse marcha dickensiana a 5 km con el viento norte, el sol decayendo y el moquiteo asomando a mitad de trayecto.

Es por eso que deduzco que de aquellos mocos, esta tarde de sofá y habitación iluminada por un sol de ámbar y un azul de jardín, porque hay azules de jardín y surtidor y nostalgias, lo prometo (para qué detenernos en explicaciones), vislumbrándose tras la cortina. Las cosas perdidas debieron extraviarse en los rincones de los atardeceres de primavera y a veces yo pienso un poco en ello, como quien visita un santuario en silencio y después paso a otra cosa, como comer una manzana verde, sentir los efectos del Frenadol y echar en falta ciertos afectos que vienen a la memoria desde 1995 lo menos, obviando a continuación todo lo que no sea la plena toma de conciencia del paso de los minutos mientras la tarde se cierra en un silencioso eclipse.

Pasatiempos 8 March, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , Añade un comentario

Estoy haciendo un crucigrama con mi sobrina, que hoy no ha ido al cole porque ha estado pachucha. Es un crucigrama sobre frutas. En realidad, no es un crucigrama, pero ella lo llama así. Un crucigrama infantil parece cosa fácil pero a veces hay que hacer trampa y poner la hoja boca abajo para ver la solución. Por qué? Porque hay frutas que no son infantiles, eso primero. Y porque los dibujos que acompañan al crucigrama para echar una mano a veces despistan mogollón. Por ejemplo: arándanos. Eso no es una fruta infantil; de hecho, dudo hasta que sea una fruta pero si lo dice el crucigrama, pues será. Si además el dibujo que lo acompaña es algo que, según, parece un conjunto de uvas negras y según, parece un trozo de turrón de chocolate Suchard, con sus grumos de arroz, pues no hay otra que hacer trampa y volcar la página para ver la palabra que entorpece una labor que, por otra parte, Isabel resuelve con velocidad y sin dudar. Isabel es rápida en cazar las palabras, o en adivinarlas, y metódica a la hora de hacer los pasatiempos: tacha las definiciones que ya ha resuelto y hace las cosas en orden. Cuando duda, prefiere mirar un rato la pantalla del Disney Channel antes de preguntarme y aunque en el Disney Channel salen unos dibujos animados ocupados en salir de una gruta misteriosa, parece como si allí obtuviera Isabel la respuesta porque vuelve a empuñar el boli con seguridad y escribe letras mayúsculas en las casillas correspondientes. Eso estamos haciendo mientras esperamos la hora de la comida. Hay arroz, creo.

Cólico 5 March, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

De riñón.
(El izquierdo)
En tregua gracias al pacto Nolotil-Buscapina.

Good bye 3 March, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Hi Mariano,
I’m really happy for you that you made your own short film; I think that it’s really great.
Unfortunately, I have some bad news and Bob and I must go back to the US. We will be staying there and not returning to Pamplona. This news came very suddenly last weekend and we had to decide what to do quickly. It is the best decision overall, but a sad one at the same time.
You know that I, too, really enjoyed our classes, and it has been a pleasure to know you.
Could you give me your address so that we can keep in touch?
Take care of yourself and good luck in all that you do,

Lindsay

Fue leer este correo inesperado y se me saltaron las lágrimas y se encogieron las palabras. El blog sabe. Y comprende.

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Un recuerdo (muy cariñoso): aquí

Firma 2 March, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

Suena el teléfono muy de mañana y lo dejo sonar hasta que, segundos después, abrazado a mi almohada, mis sentidos se ponen en guardia al escuchar la voz tranquila, siseante pero un poco aturullada del funcionario de la cosa de la propiedad intelectual. Glups. Qué le pasará a este hombre para llamar contra todo pronóstico, cuando hace dos semanas dijo que no hablaría hasta dentro de seis meses para certificar si lo que surgió de mi limitado intelecto me pertenece o no. Qué habré hecho, o deshecho, para que lo haga además a esta hora. Todas estas cosas pienso mientras su voz plana, que apenas se eleva unos milímetros sobre el nivel de la gana o la desgana, me pide que le llame al teléfono que recita a continuación.

Me incorporo. Cualquiera hace como si nada.

Quince minutos después estoy con el auricular en la mano, aclarándome la garganta, y escuchando la señal intermitente de llamada. Al principio estoy un poco inquieto, como si llamara para el resultado de unos exámenes, unos análisis, una sentencia, qué se yo, pero al decimoquinto tono ya me siento más tranquilo, sospechando, y así lo confirmará el reloj, que este hombre, diligente como pocos en el cumplimiento de las costumbres y del deber, se ha cogido la sagrada media hora del almuerzo.

A esperar.

Lo bueno que tiene haberle pillado el punto a la psicología de este funcionario en las tres veces que nos hemos visto a lo largo de la vida es que uno sabe que a la hora en punto se encontrará sentado en su mesa, allá en ese edificio palacio lleno de escalinatas amplias y largos pasillos donde un bedel con un ojo caído del aburrimiento te da los buenos días con un movimiento de cuello de dos milímetros antes de dirigirte a una puerta de altura infinita y manilla de metal, una de esas puertas de estilo Luis algo aunque el estilo venga deslucido por ese folio adherido a la madera blanca donde el tóner de una impresora láser hace saber, plantilla de Word mediante, el horario de atención al público.

Dentro, rodeado de legajos que siempre han llamado mi atención porque, o bien se reciclan los contenedores de archivo de finales del XIX para registrar lo que en esta tierra se discurre o ya no se discurre como antaño, sentado a una mesa baja, en mitad de todos esos bultos irregulares en forma, tamaño y apretura de cordeles, está él, siempre mirando en contrapicado, las gafas aumentando el tamaño de sus ojos, las manos temblorosas jugando con las esquinitas de los impresos 710 y 720 para que queden bien alineados. Cuando este hombre deja las manos libres, estas se ponen a temblar ostensiblemente, normal, normal que hagan eso, normal que cuando te hable cierre los ojos como en un clic que es, a su vez, un tic nervioso y que el discurso siseante a veces se aturulle en alguna sílaba y, por tanto, necesite entregarse al juego de doblar alguna esquinita de papel, porque este hombre tiene presente en todo momento la totalidad de las disposiciones, artículos, apéndices, anexos, complementos, excepciones, apéndices al apéndice de la disposición anterior y, por supuesto, un archivo mental de todos los boes, los bons y demás documentos de letra pequeñísima, llenos de números romanos que, si tanta pereza da mirarlos, ni te digo lo que tiene que dar leerlos y hasta aprenderlos.

Admirable lo de este hombre, cuyo tesón en tensión hace que sus manos tiemblen inquietas y alguna sílaba se le mezcle con la siguiente.

Sí, ha contestado su voz al otro lado del hilo telefónico. Lo del hilo creo que se estila tadavía en la cosa literaria pero es cosa más retórica que real; hilo, lo que se dice hilo, ya no debe quedar mucho con satélites, móviles, wifis y demás. Hay que añadir, de paso, que el ha sido expresado sin interrogación, ni al principio ni al final. Todo neutro.

Presentaciones al margen, he ido al grano: qué ocurre. Pues ocurre que en el impreso tal presentado por usted con fecha tal hay un, eh, un error de procedimiento. Error de procedimiento? Sí, error de procedimiento. Cuál. Pues verá, es que la firma que lo acompaña. Me olvidé de firmar?? No, no, el documento está firmado pero, verá usted, la disposición reglamentaria dice que dicho impreso debe ser firmado en mi presencia.

(…)

Por lo tanto, deberá usted pasar por el departamento para proceder a la firma en nuevo documento y, posteriormente, le entregaré una copia del mismo junto a un impreso para que proceda al ingreso de cuatro euros y diecinueve céntimos en una entidad bancaria; después, usted se quedará la copia rosa, el banco se quedará la copia azul y deberá traerme de vuelta el original para poder tramitar su solicitud.

(…) Bien, intentaré pasarme la semana próxima.

No podría ser a lo largo de esta semana?

Hombre, no corre prisa tampoco, no? Quiero decir, que si algo es mío lo será la semana que viene.

Es que, verá, tengo por norma y costumbre entregar durante la primera semana del mes en curso la documentación recopilada en esta oficina durante el mes anterior aunque, claro, bueno, eh, bien, eh, creo que no tendría mayor importancia tramitar su solicitud la primera semana del mes próximo, aunque en los documentos figure una fecha que no se corresponde con, bueno, creo que me entiende.

Claro, claro (…)

De acuerdo, entonces, si usted no tiene alguna cuestión adicional que hacer aprovechando esta comunicación, le espero en este departamento cuando usted lo considere oportuno.

No lo dude, estaré lo antes posible para que pueda tramitar el expediente. Muchas gracias por la llamada y buenos días.

Buenos días y, bueno, buenos días.

(Clic)

Marzo 1 March, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios

Marzo me da miedo.

Archivos 25 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios

…vivo en un mundo de recuerdos y personajes extraños y cercanos que tú me cuentas. Es como adornar un bosque y escribir esas frágiles piezas de papel sobre las ramas para que las alumbre el sol y la penumbra que asola nuestras vidas de madrugada. Es como construir un cuento, o una isla, o un poema, o un pentagrama, o una carta, o un telegrama, y adornarlo con cada uno de sus misterios. Con cada uno de tus misterios. Y todo eso ayuda a no pensar que al otro lado la vida se me escapa…”

Este blog recibió esta carta el 25 de Octubre de 2006.

Espejo 24 February, 2010

Escrito por emejota en : @wendy, Asuntos propios, David Castillo , 6 comentarios

David CastilloPasé el fin de semana en Madrid invitado por David y su familia y la experiencia fue muy reconfortante. Hubo tiempo para muchas cosas. Muchas cosas es relajarte frente al acuario al que David dedica tantas y tan minuciosas atenciones, contemplar el Guernica de Picasso en el Reina Sofía mientras afuera caen chuzos de punta, comer un pollo exquisito y tener una conversación tranquila en la buhardilla y así hasta que llega el domingo por la tarde y se acerca la hora de salida del tren. También es visionar por primera vez “@wendy”. Estreno. Lo habíamos pactado entre los dos en los tiempos de los ensayos, allá en el verano pasado: que veríamos el resultado los dos juntos, a solas, y luego haríamos un pase para la familia. Es lo lógico cuando el trabajo fue un mano a mano concienzudo. En el trayecto en tren hubo un par de veces que dirigí la vista hacia la mochila donde llevaba el disco duro que contenía el corto y me hice preguntas, claro, como por ejemplo cuándo sería el instante.

El instante fue pasada la media tarde del sábado, frente al monitor, en la habitación a oscuras, como dice Leopoldo Panero en unas letras de 1968: Peter Pan es sólo un nombre, un nombre para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Reviví de una manera muy directa aquellos ensayos del verano en los instantes previos a visionar el resultado de todo ese trabajo, David a mi derecha, yo a su izquierda, ambos frente al monitor y ambos con una inquietud cómplice. Me costará olvidar la imagen de David viéndose a sí mismo, mirándose en un espejo en el que la imagen reflejada llegaba con unos meses de diferencia, hacia atrás o hacia adelante en el tiempo, según fuera el lado que mirases.

Al otro lado del espejo, David decía sus frases una tarde de septiembre que la cámara, que todo lo inventa, registró como si de una madrugada a la luz de la luna se tratara; en este lado del espejo, David movía los labios sin darse cuenta en un curioso playback silente que reproducía fielmente lo que él mismo hablaba en la pantalla. Mientras lo hacía, unas lágrimas le resbalaban por la mejilla y yo me preguntaba qué razones llevan a la memoria para conservar intactas 740 palabras. El fundido en negro final puso una luz en alguna parte de los dos después de compartir unos segundos de silencio, un abrazo que anunciaba y celebraba la llegada a la meta y un intercambio de impresiones posterior que, según observé, transcurrió en un tono casi susurrante. Luego hicimos el pase para la familia, sentados ellos, quedándonos de pie en la retaguardia nosotros, y nueve minutos y veintiún segundos después los abrazos, las sonrisas y las emociones se hicieron plurales. Ahora ya lo podrá ver quien quiera y decir lo que quiera al respecto. Para nosotros, “@wendy” tiene un significado particular y creo que compartimos la sensación de que el destino lo dispuso todo para que coincidiéramos porque nos teníamos que encontrar. Encontrarse en el poema de la pérdida que es “@wendy” no deja de ser curioso. Mirar en el espejo del otro devuelve una imagen nítida de uno mismo. Eso es lo que aprendes cuanto estudias el guión.

Historial 18 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

Y los médicos? Qué pasa con los médicos que no salen por aquí?

Pues no salen porque no están, no hay médicos, no ha habido tiempo ni para eso. Pero debería retomar el contacto, a mi pesar. Volveré al redil del pasillo infinito del hospital en la próxima citación, qué remedio. Lo he pensado y decidido hoy en el tren que me traía de regreso de un día de asueto en Zaragoza (asueto pasado por agua y alguna rebajilla que ha caído aparte del agua pero asueto a fin de cuentas). En el tren, a media tarde, un universitario se ha sentado al otro lado del pasillo y una fila más adelante de la mía, lo que me ha permitido ver cómo sacaba de la bolsa de viaje un libraco recién horneado de esos de encuadernación cosida a la antigua y cubiertas de piel (igualmente antigua la cubierta, como antigua la tipografía y el diseño -escueto- de la portada).  Se diría que era un libro de los que los abogados tienen en sus despachos, pereza de libros esos,  si no fuera porque el ojo ha visto, ajá, que se trataba de un libro de medicina, Patología General. Si no era patología, general desde luego que sí que era. He alzado la ceja ante tan voluminoso pedazo de libraco pensando en la de patologías generales que hay; de las puntuales ya ni te cuento.

El chico ha abierto el libro por una página cualquiera con la curiosidad de quien dice: lo tengo al fin o, quizá, madre mía dónde me he metido. Y es que cuando de patologías generales se trata es lo que pasa: que se requieren pruebas que nos conduzcan a un diagnóstico puntual. En eso estaba yo (y el tren, que ha ido a la hora todo el rato) cuando, así, a ojo, el papel del libro, su grosor y su blancura han dado un resultado como de bata blanca, esto es, marcando distancias. El tipo de papel y su blancura es importante como soporte de la historia (y del historial). Uno no podría leer La Isla del Tesoro en ese papel. Jamás. Ahora, ilustrarse sobre una pancreatitis no digo que no. El chaval se ha detenido en un párrafo de página izquierda. Con la mano derecha mantenia el libro abierto sobre la mesita desplegable del respaldo del asiento delantero. Con la izquierda hacía unos movimientos sobre la barbilla con una concentración y una parsimonia no muy propias de un veinteañero, la verdad, pero es normal que una patología general tan voluminosa te espabile antes. Algo interesante o misterioso o ambas cosas a la vez debía contener el párrafo en cuestión porque, sin dejar de tocarse la barbilla, ha girado la cabeza mirando sin mirar a través de la ventana de mi lado con expresión de antibiótico y se ha quedado pensativo un rato.

¿Puede figurar lo mío en un manual de Patología General? Seguramente. Pero, y qué dirá? Describirá pero no llegará a conclusiones. Dirá algo sobre el elixir 2.0? No lo sé pero no importa; si hace falta, ya lo digo yo. Los efectos deseados del elixir 2.0 siguen disminuyendo mientras los no deseados siguen aumentando. En ambos casos, en el descendente y en el ascendente, lo hace a poquitos. Pero como diría la Maura en el anuncio aquel, tacita a tacita, pues al final te quedas un poco mosca.

Va una frase que parece sacada de otro post pero que, como se verá inmediatamente, está en su sitio: me gustan los garbanzos.

De hecho, me parecen un manjar.

Pues ya no puedo comerlos. La razón: no puedo digerirlos. Es imposible. Dice el médico: es normal, y dice que un efecto secundario afecta a la mucosa gástrica. Dicho eso por él, digo yo que hay que señalar dos cosas: una, que la frase de los garbanzos tenía su sentido y dos, que me llama mucho la atención que como lo dice el prospecto, la anomalía se convierte automáticamente en normal. Es normal, dice el médico. Y discrepo (aunque me sigo quedando sin garbanzos).

Pensando estas cosas he vuelto a tomar conciencia del vagón del tren en el instante mismo en que el aspirante a médico ha procedido a practicar una incisión con un boli bic en el libro inmaculado y he cerrado los ojos en un ay ay ay y he puesto una expresión así, sí, como de aprensión al presenciar la sorpresiva y sorprendente intervención en la piel nueva del libro, la sangre pasando a través de la vena azul del boli bic.

Qué tío.

Los dedos. Qué les pasa. Pues que ya que estamos de incisiones, les pasa que los tengo llenos de cortes pequeños, como si me hubiera cortado con una hoja de papel o una cuchilla de afeitar y dichos cortes parten de los laterales de las uñas hacia la carne. Escuecen. Que pase en un dedo, pase, valga la redundancia; que pase en casi todos los dedos es una redundancia digital que escuece en eco y también es debida a un efecto secundario que afecta a la piel. Por otro lado, sigo tomando mis tres lingotazos diarios de antiepiléptico aunque sigo sin tener epilepsia pero debo hacerlo para mantener tranquilo al TAG o Trastorno de Ansiedad Generalizada, que es como el baile de san vito pero generalizado, como el libro de Patología General que el estudiante sigue consultando tras haber dejado en él una cicatriz mientras el tren va a lo suyo, y que sólo parece detenerse, el baile, no el tren, cuando le habla el antiepiléptico.

Tanto el TAG como su extraña amistad con el antiepiléptico también son efectos secundarios. Afortunadamente, la estadística creciente de porcentajes y variedad de procesos tumorales no se ha fijado en mí (toquemos madera). Mejor no pensarlo, no vaya a ser que el TAG se nos altere, que lleva una temporada obediente, es tarde, hay que dormir y me va a dejar hacerlo.

Buenas noches.

Secreto 17 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

Pero es que no lo puedo contar porque entonces dejaría de ser secreto.

(jolín)

Tocho 16 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Bien, pasemos página y prosigamos.

Hay que buscarse la vida. Sudor, esfuerzo, sí, lo que quieras, pero que reporte pasta rápida, que uno ya es mayor. Una solución posible que además tiene la dosis lúdica necesaria: escribir un tocho de unos 6 u 8 cm de grueso con mezcla de vampiros, hormonas adolescentes, prosa del SuperPop, polvos mágicos y de los otros, algún gemido de terror, algún gemido orgásmico, oseas, monjas dándose mamporros por aquello de que tenga algo de autobiográfico, alguna cita a Karmele Marchante por aquello de contar con una referencia culta, que sea ante todo previsible, que tenga muchos puntos y aparte para que la vista no se fatigue, que tenga amnesia de los punto y coma y ahorre vocabulario y, por supuesto, que vaya firmado con una identidad falsa. No por avergonzarme del asunto, no, sino para poder darme el placer de pasar por una librería, mirarlo con displicencia, dejar caer el comentario de esto será una mierda, no? y que el librero me responda pues sí y me pueda ir tan contento sabiendo que será una mierda, pero una mierda lucrativa.

Tengo que pensar un argumento, sí.

Pienso muchas veces que tengo que pensar un argumento, la verdad, pero es que no me sale. De verdad que no. Mientras tanto, llueve y hay una capa de niebla a media altura que pinta muy bien para regalarme a mí mismo la tarde entera y zambullirme en otro tocho que por la página 526 ya te ha llevado varias veces por el Londres victoriano, con los nombres de sus calles, sus olores rancios, sus adoquines brillantes por la lluvia, los faroles de luz de gas flotando sobre la niebla, los caballeros con capa, los clubs con alfombra, pipa y biblioteca, las tabernas. Todo eso. Cuánto me gusta a mí pasear por las páginas de ese Londres. Siempre he pensado que debí tener alguna ascendencia residiendo allí, tal es la familiaridad con la que lo vivo. Si encima te regalan frases como la de que oscuras nubes resbalan por los tejados, y nieva al caer la tarde mientras adentro, da igual dónde sea adentro, crepita el fuego de una chimenea, pues mejor. Te hace más llevaderas las páginas precedentes de este libro tibio que si lo compras allí se titula “Drood” y si lo compras aquí se titula “La soledad de Charles Dickens” y es un folletín de cuidado, pero en el que vuelve a salir ese Londres que me gusta y que tanto le va a esta tarde de lluvia y niebla flotante, ni muy arriba ni muy abajo, azulada, un poco fantasmal. Leerlo en silencio, con el clas clas de la lluvia, la lámpara al lado, sintiéndote fuera del mundo por unas horas después de haber estado tanto y tanto tiempo dentro de otro mundo folletinesco pero sin Londres de adoquines y faroles, pues apetece.

Qué pasa.

Pero debería empezar a pensar en el argumento de un tocho, una novela lo suficientemente disparatada y mala, una mierda de novela tal que, a priori, pinte bien. Es que me gustaría jubilarme para poder irme a Finlandia o a Escocia, no sé, un sitio donde el verano tenga nombre suave y ocupe poco espacio y pueda dedicarme a la vida contemplativa. Qué contemplaría, pues no lo sé. Desde luego, no contemplaría tener la cuenta del banco en números rojos.

De todos modos, antes tengo que contarle a este blog muchas cosas.

Lugar 13 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

He ido y he vuelto.

Pero al volver tengo la sensación de no ha vuelto todo lo que me define, lo que me conforma; es decir: un entero yo. Hay momentos en los que me siento un yo vacío, un yo intermedio, un yo rehaciéndose después de haberse deshecho. Un yo diluído. Ha merecido la pena la experiencia? Depende desde qué ángulo lo miremos, o qué balanza utilicemos. No merece la pena ninguna experiencia que me haya apartado unos meses de la sonrisa de mis sobrinos y de verlos crecer, ni de los encuentros con mis amigos, de la tranquilidad de las charlas con ellos, de mi mundo limitado en el espacio pero donde tan cómodo me encuentro dando una clase o dibujando acordes y notas en el papel pautado. Todo lo que sacrifique lo que me define no merece la pena, eso lo tengo claro; otra cosa es que aquéllo a lo que me he dedicado los últimos meses sea, en el fondo, una proyección íntima. Todo es desconcertante mientras vuelvo a ocupar mi sitio habitual con la sensación de quien ocupa (okupa) los lugares y las cosas que pertenecieron a otro, porque me inquieta que quien haya vuelto sea un yo distinto, y a lo mejor mirarse al espejo de la forma en que lo hice tenía ese peaje no previsto.

Eclipse 7 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios

Total.
(por agotamiento)

Muda 2 February, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

El calendario dirá lo que quiera, y el cambio climático, y el hombre del tiempo, y estas nieves que coronan las montañas a ambos lados de la vía, y el frío en el ambiente, dirán lo que quieran, pero hoy vibraba en el aire un asomo de primavera. Que cómo se sabe eso? Lo sabe un sabor que tienen ciertos colores que pasan fugaces ante la retina y luego vuelven a su sitio, como si estuvieran probando cómo quedarán en las fachadas; lo saben los ojos y un algo que gira en el pecho y un hormigueo por los hombros. Aún llegarán borrascas y días grises, de esos que si caen en sábado y por la tarde le hacen añorar a uno cuando estaba por casa en pijama en un sábado de la EGB y veía una película de Simbad en la tele o leía algún libro de aventuras de esos que ponían los ojos muy redondos. Pero todos los años, o casi, este blog ha dejado constancia del momento en el que la primavera hace un fugaz ensayo general colándose entre los abrigos y las prisas.

La primavera la sangre no me la altera, será porque la tengo alterada todo el año, pero me infunde temor, aunque tenga temor el resto del año. Pero es que sentir temor con el olor vegetal de lo verde en la nariz y un sol brillando con descaro siempre me ha parecido una cosa rara, una disonancia, como quien se muere en un hospital mientras una margarita hace así y así balanceada por una brisa suave. Esta tarde entraba en el campus de una universidad y el azul y el verde insinuaban que puede que no estén las cosas hechas para que alguien de la espalda y se ponga a hacer cosas raras a la sombra de los muros sobre derecho o matemáticas o historia de las civilizaciones antiguas. Me he acordado de Debussy haciendo sonar “El Mar”, aunque cuando me acordaba tenía delante de todo menos mar, y me he preguntado si ese mar necesitó visitar previamente sombras de cátedra y monotonías de goma de borrar. Y sí, claro. Pero este hombre seguro que nunca dio la espalda al espectáculo. Eso es lo que suele fallar ahora y en la primavera, cuando se gradúan los chavales, los discursos no hacen mención a esas cosas pero tampoco parece importar a efectos del correspondiente expediente.

Salinger 28 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

He leído en el tren el titular de que había muerto el Guardián entre el centeno y el resto del artículo ha quedado diseminado sobre las vías. La primera vez que levanté la ceja ante un texto fue al leer el párrafo inicial de la novela de Salinger, tan transgresor el fragmento, haciendo saltar por los aires las convenciones establecidas. Lo aprendí de memoria y desde entonces me ha tocado repetirlo en las ocasiones más extrañas, ante el micrófono de una emisora, por ejemplo, o en mitad de una clase sobre Haydn, por poner otro ejemplo. El caso es que siempre venía a cuento y, si no, no pasaba nada.

A mi adolescencia le interesó el escritor, de nombre J.D. El inolvidable crítico cinematográfico Alfonso Sánchez dijo en una ocasión que a ver qué pasaba con ese señor de nombre H.C. Potter que en 40 años dirigiendo películas todavía no se había hecho un nombre. Es gracioso el comentario, no me dirás que no. Para la adolescencia, que es muy de idealizar y mitificar así como de lo contrario, las iniciales J.D tenían su punto porque eran la prueba impresa, en letra grande y en portada, del misterio que había dentro de un escritor del que apenas se sabía nada hasta que apareció aquella única foto en blanco y negro en la que con cara de te vas a comer esa cámara, un tipo delgado se acercaba a la ventanilla del coche de un fotógrafo en los albores del paparazzismo. Cuando ví esa foto, me pareció un fotograma del comienzo de “La noche de los muertos vivientes” de George A. Romero (George A. Romero se hizo un medio nombre y por eso tenía poco misterio; de ahí, probablemente, que subiera de nivel e hiciera películas de terror). Me parecía a mí uno de esos muertos raros J.D Salinger, como el que sale al principio de la película caminando por el cementerio con el traje de los domingos y esa cara blanca y expresión de mala leche. Creo que la clase de blanco y negro de la foto contribuyó a la asociación.

Pero lo de la foto estaba al final y el párrafo inicial de El Guardián estaba, obviamente, al principio, y por la mitad me encontré con Holden Caulfield y pasó, como pocas veces, que me daba respeto Caulfield porque a veces se le cruzaba el cable pero al mismo tiempo se quedó en el corazón, porque era así pero no, o era así como consecuencia de. En cualquier caso, me impresionó muchísimo ese viaje iniciático tan duro y tierno, tan desamparado el adolescente protagonista y tan valiente y tan derrotado y tan mierda. No sé, es lo que tiene, supongo, ser un adolescente y que además te llames Holden Caulfield y empieces a largar tu historia con un párrafo así.

También me impresionó la voz del narrador de la novela, tan preocupada por mantener una distancia que apenas se esforzaba en disimular un velar, un querer, una identificación con el muchacho, en las duras y en las maduras. Y la melancolía, entre briznas de rudeza. Y el guardían entre el centeno, vigilando para que los pequeños no caigan hasta hoy, que se ha muerto mientras el tren volaba a 300 por unas vías con brillo de plata bajo una luna llena muy blanca, como de nata. Pensaba yo entonces que “El Guardián entre el Centeno” es uno de esos libros que queda como una sopa emocional que te nutre para siempre, da igual si te acuerdas de todos los ingredientes o si sólo recuerdas el sabor cuando acercas la punta de la lengua a la cuchara. No ha dado tiempo para más porque el tren ha llegado a la estación con algún minutillo de adelanto.

MMS 28 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario

Esta mañana, en Madrid, al salir del metro he sacado con el móvil esta foto a una pared de la estación porque allí venía escrito el mensaje que le quería mandar a un amigo como diciendo, que diría Umbral, aunque quien lo dijera fuera Hernández. Le he dado al botón de “enviar” y subiendo las escaleras me he encontrado con el bajo cero de las calles.

Escapada 26 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

A escuchar a Lang Lang en Baluarte.

Recuerdos 20 January, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Una frase en un sobre de azúcar.
Un paréntesis dentro de un paréntesis (sólo vale si es invierno)
Buscar el Cinturón de Orión.
Viajar, quizá, a la Isla del Tesoro.
Escribir silencios de nieve.
Infinitas preguntas en un folio inacabable.
Aprender el significado de palabras difíciles.
Ir.
Venir.
Apoyarnos en la mirada.
Jugar entre líneas.
Tener curiosidad por un martes cualquiera.
Dos secretos envueltos en papel de noche.
Hacer una merienda de nocilla de madrugada.
Contar películas con trozos de películas.
3´56´´ dentro de una canción.
Cerrar los ojos y pensar dónde estará la Voyager II.
Esconder el reloj.
Buscarnos.
Encontrarnos.
Regalarnos todas las mañanas.
Regalarnos el mañana.
Despedirnos una mañana.
Analgesia (si dolor) mañana, tarde y noche.
Dolor mañana, tarde y noche y mañana, tarde y noche.
Añorar todos los días.
Añorar a días.
Días.
Nada.

Fue eso.

Album 17 January, 2010

Escrito por emejota en : Album, Asuntos propios, David Castillo , 5 comentarios

Celebración de mi 40 cumpleaños. Cena del viernes 15 y comida del sábado 16.

Gracias mil a Raquel por organizarlo todo, y a David, Marlene, Iván y Asthar por hacer de cómplices y convertirlo en un regalo maravilloso.

Cumpleaños 15 January, 2010

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Hoy es mi cumpleaños. 40 años. Se me hace muy extraña esa cifra pero es la que toca. Atrás queda una década que empezó esperanzada y triste y termina exactamente igual. Entre medio, vacío, años pasados como las hojas de un calendario en una película cuando se quiere dar a entender que los años pasan volando. Yo empecé a crecer en la treintena. Antes estaba en una burbuja. Lo que la rompió fue la crudeza de descubrir, como un imbécil, por hacerlo a destiempo y de golpe, que en la vida real existía la maldad en un grado que en la ficción no se da. La realidad supera a la ficción, ya se sabe. Yo la sufrí de rebote cuando cayó como un misil en el epicentro de una piel cercana y a mí me vino la onda expansiva. Entonces me dí cuenta de qué van las cosas, iluso de mí, y empezó mi proceso de progresivo desencanto y distancia de las cosas.

No nos pongamos trascendentes, al menos no serios, que hoy es mi cumpleaños.

Los 40 años me dan respeto. Es como la fiebre, que empieza a inquietar un poco a los 38, a los 40 salta alguna alarma y a los 42 tienes que ir a urgencias. hay quien al acercarse a los 43 la palma. A mi padre le pasó. Yo he crecido desde los 11 años con la sensación de que me iba a pasar lo mismo pero, claro, eso quedaba tan lejos.

Pero habíamos quedado en no ponernos trascendentes ni serios.

Cómo ponernos entonces. Supongo que alegrándome de poder estar para contarlo. La gente se olvida de que vivir es un milagro dado que la vida es muy puta. Dicen que los 40 años es una edad maravillosa de plenitud y no sé qué hostias. Y hay quien dice que es la edad de la crisis de los ídem y otras hostias. No nos engañemos. Los 40 es ese número en el dial de la existencia en el que uno se da cuenta de que no hay espacio para las velas en la tarta pero sigue degustando la nata y el chocolate del pastel y hasta disgustándolo. Las papilas gustativas también acusan la temperatura de la cifra y sus efectos secundarios. Como el sentimiento. Uno se vuelve más tontorrón y melancólico, quizá; y sin quizá. Por ejemplo, hoy me gustaría regalar algo a la gente que más quiero, no un regalo material; en realidad, no sé qué clase de regalo; me sale decirlo y punto, como si necesitara decirles algo. Me gustaría celebrar que estén ahí, por ejemplo, y a lo mejor me da por decirlo y, ahora que lo pienso, hasta puedo escribirlo: gracias por estar. Gracias por comprender y por tantas cosas. Para tantas cosas no se si hay tanta tarta. Pero abrazos me quedan.

Madrid 12 January, 2010

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Pues eso.

Abracadabra 9 January, 2010

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Hace tanto frío que me he quedado como encogido todo el día y eso que no he salido a la calle. Iba a hacerlo, tenía que hacerlo, pero ha amanecido la acera blanca y el asfalto blanco y todo lo demás blanco y no de nieve precisamente sino de una capa de hielo y cualquiera pone un pie ahí. Bastante tuve el día del ensayo general de Ma Mère l´Oye cuando iban mis dos manos y las otras dos manos que precisa Ravel camino de la sala del concierto, muy de mañana, y atravesando un jardín, zas, patinazo súbito de tal forma que en fracciones de segundo aparecí cogido al vuelo por mis otras dos manos. Al menos todavía podemos rememorar de vez en cuando en alguna cena la anécdota y consolarnos pensando que de algo sirvió la colaboración artística.

Qué tiempos.

Y qué tiempo. Creo que estoy ensayando la inminente llegada de mis 40 años, sí, porque hacia las 7 de la tarde me he quedado dormido en el sofá con una manta encima, lo cual hacía más penosa o tierna o lamentable o todo a la vez la escena, y me he despertado a las 9 con una desorientación momentánea que tenía poco de juvenil. Y la manta, y el frío fuera, y la tele apagada y tal hacían que pareciera un habitante solitario de Alaska en la quietud que determina el termómetro de fuera y el contador de años de dentro.

No sé.

La adolescencia viene determinada, resumida y destilada en un “no sé” general; pues esto, la cuarentena, va a ser lo mismo pero con manta y siesta de abuelo y demás atributos. La abuela. cuando soñaba a sus 95 años, se soñaba a sí misma de niña. Yo he soñado hoy con la Magia Borrás. Por qué, pues a saber, el truco de los sueños no viene explicado en el manual de magia. Durante varios años tuve una caja de Magia Borrás cada Navidad pero nunca confesé que lo más mágico, fascinante e irresistible del asunto estaba en el olor que salía cuando abrías la caja y veías la varita mágica, y el cubilete, y los dados, y los polvos mágicos en una cajita, y el dado, y las cartas de la baraja. Pero el olor. Era un olor como de tinta de imprenta y sombrero de copa con truco y de cortinajes que esconden algo detrás y de naipe de rombos rojos. Y por un momento se me ha pasado por la cabeza que el día de mi cumpleaños, que está entrando por el andén, me podía autorregalar una caja de Magia Borrás si es que aún existe. Pero sólo si huele igual. Esa sería la condición.

Me han preguntado si voy a estar localizable el día de autos o si voy a hacer como Bilbo Bolsón y dar la espantada, que tentaciones me dieron el otro día, pero como estoy en la fase nosé, así, todo junto, pues no sé. Es que a la vecina se le ha escapado que me quiere hacer una tarta de chocolate y organizar un algo (no voy a llamarle fiesta porque me asusta un poco y porque las fiestas de cumpleaños tienen globos y patatas fritas de bolsa en platos de plástico y ya no es plan de eso). De qué será plan. Nosé. Sigo quwriendo (voy a dejar esa errata y ahora la pongo bien); sigo queriendo participar en las cosas pero luego me da la sensación de que la mayoría de ellas pasan por el andén y me quedo parado, como hoy en casa, aunque hoy la justificación la ponía el signo negativo delante del número del termómetro, el viento siberiano y el hielo blanco agarrado duramente a las aceras, y para cuando reacciono ya ha pasado una década. Será cuestión de volver a aprender un par de trucos de la Magia Borrás o esnifar el olor de la caja, no olvidemos los momentos de gloria que nos deparó otrora el olor del Vernel.

Quedarse dormido a ciertas horas conlleva que luego no hay quien duerma y te pongas a divagar como en escritura automática tal y como estoy haciendo ahora donde puedo escribir sin nexo de unión y saltando las normas de estilo que he decidido no envidiar a la adolescencia por el veneno de los enamoramientos, con su maravilloso y penoso espejismo, que Juan Tamariz debería ser nombrado hijo pródigo de la Magia Borrás y y tomar asiento en el sillón a mayúscula de Abracadabra en la Academia de los Imprescindibles y que tengo que ir preparando algo de equipaje porque la semana que entra me marcho a Madrid con Wendy,dear Wendy” que decía el enigmático Jamie Bell con su no menos enigmática voz, “Wendy de las narices” que, confieso, he llegado a decir yo para inmediatamente hacer penitencia por la falta cometida; en definitiva, con Wendy en el equipaje.

O termino Wendy o ella termina conmigo.

Después, lo primero que haré tras volver será retomar las clases con Esther, que me ha dado la alegría de querer volver, imprimir unas hojas pautadas y ponerlas en el piano con un lápiz al lado y pensar en Lindsay. Me aceptaría Lindsay como alumno de nuevo sabiendo que se me ha olvidado todo el inglés que me enseñó son paciente sonrisa?. Lindsay. Mira, ahora me he quedado pensando en Lindsay, oye.

@david 6 January, 2010

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David CastilloMi regalo de navidad, este año, no llegó el 25 de diciembre sino que lo hizo con antelación, el 25 de agosto, el día que conocí a David. Nada más saludarnos en la recepción de un hotel en Madrid me di cuenta de que no estaba ante el actor que fue Bernardo en “Cachorro” y que tanto me conmovió, ni con el habitante de ese entrañable barrio catódico y dominical que semanalmante me pone la sonrisa en los labios, sino que estaba ante la persona que era actor, y que era un chaval, más chaval todavía de lo esperado, tímido pero con la sonrisa franca, nervioso pero con las ganas puestas. Fue conocerlo y reconocerlo. A lo largo de aquella mañana que se supone era de ensayo y que en realidad fue un hablar de esto y aquello encaminado a prepararnos para encontrar, en algún rincón de la conversación, al personaje que iba a suponer todo un reto para él, un Peter Pan adolescente que ha decidido embarcarse en la aventura de crecer para perderse en la soledad de una habitación vacía, en la penumbra de la madrugada, a solas ante la cámara, percibí rasgos de una familiaridad que a ratos me sorprendía, a ratos me obligaba a reprimir una risa y a ratos me conmovía. Las biografías de ambos eran obviamente distintas pero había detalles en la forma de expresar las cosas, de sentirlas, en la manera de observar, en la de preguntar, en un momentáneo eclipse de la mirada, en la complicidad ante una ironía dejada caer sobre la mesa a ver qué pasaba, en la forma de tomar las cosas, de temer a las cosas y seguro que en algún que otro etcétera igualmente familiares con los que me identifiqué plenamente cuando yo tenía su edad. Y creo que eso fue lo que produjo una conexión inmediata entre los dos: la complicidad mediante el entendimiento.

Durante el trabajo intenso a lo largo del final del verano, al salir al encuentro del personaje, creo que David salió de alguna manera al encuentro de sí mismo y yo estuve allí para observarle, intentando ayudarle si era necesario. No es fácil descubrir que ya no hay dibujos en las paredes. Nunca lo ha sido. El regalo que supuso conocer a David no vino sólo porque se prestó y se dejó la piel en encarnar una ficción bajo cuyo disfraz me escondía y me expresaba yo mismo sino en descubrir a un ser humano con la capacidad de desarmar. David desarma por lo que dice y por cómo lo dice, por ir con el corazón en la mano, por tener los pies en la tierra, por ser consciente de lo que hay que ser consciente, por ser un luchador, por su prudencia sensata, por su imprudencia sana y adolescente, por su humor, su sensibilidad, su honradez en asumir sus errores y su rapidez de reflejos para sacar provecho de ellos, su honestidad, su humildad, su fortaleza y su vulnerabilidad, por todo aquello que le dibuja y que es imposible que te deje indiferente. A David es imposible no quererlo y yo tuve la suerte de encontrármelo, de trabajar juntos para un corto y que al decir corten se quedara.

De alguna manera ahora ejerzo de hermano mayor y él de hermano pequeño. Me sigue desarmando igual que en aquellos ensayos porque es capaz de llamarte y de sacar de sí una frase de una madurez aleccionadora como soltar una ocurrencia de niño que sonríe al mundo de día y teme que llegue la oscuridad de la noche. Todos cuando hemos sido adolescentes hemos buscado referentes adultos. Si yo, tal vez, pueda que lo esté siendo de alguna forma, no es porque me haya presentado ante él como alguien que camina sobre seguro. Creo que si David me quiere por algo es por lo que soy, un ser imperfecto, porque sabe que tengo mis blancos y mis eclipses, porque me ha visto arriba y me ha visto abajo, y no me ha dado vergüenza decirle entonces que tenía un poco de vergüenza o decirle que no pasa nada y que estoy de guardia por lo que pueda necesitar. Con David te ríes o se te pone un nudo en la garganta y en ambas cosas se te pone una sonrisa. Y eso le pone contento, no pide otra cosa que eso, que estés contento. Lo consigue con un mensaje, con una llamada, con un abrazo o con una ocurrencia.

Al igual que el Peter Pan moderno que tuvo que encarnar, hay en él una parte de niño que tiene temor a los cambios que depara crecer y yo le recuerdo con frecuencia que las personas crecen pero que la esencia permanece intacta. El día 25 de agosto yo esperaba nervioso en la recepción de un hotel sin saber todavía que era mi 25 de diciembre, sopesando la posibilidad de encontrarme con un niñato que salía en la tele y que vendría con ínfulas de estrella (fugaz o no) y verás tú. Y de pronto me encontré con David. Así, ya está. Y es difícil explicarlo (menos mal que hubo quien lo puede atestiguar) pero muy de vez en cuando te encuentras con alguien e inmediatamente algo por dentro te dice ay, no un ay de temor, de esos de madre mía, no, sino un ay de los que nacen del sentimiento más puro, de los que reconfortan y te dicen que has encontrado a una persona que ha nacido con el don de poner una pequeña luz. Eso es un regalo. Ese fue mi regalo. Y lo cuido mucho y sabe que lo voy a seguir cuidando igual, da igual lo que pase cuando el calendario pase.

Inocencia 5 January, 2010

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Vale que la óptica no es buena y que el color parece de estampita pintada a mano del año de la polka, pero no he podido evitar sacar esta imagen vía teléfono y de manera subrepticia ante la candidez que atesora y que me ha puesto un ay en algún lugar por dentro esta noche, cuando he sido rey mago para mis sobrinos.

Encima de la mesa, estaba la carta que Isabel ha dejado a los reyes mientras ella estaba viendo la cabalgata. El misterio no está en cómo hacen los reyes para estar en la cabalgata mientras dejan los regalos en todas las casas. El misterio mayor está en que estos críos, todos, con lo listos que son, se lo pregunten y hasta se lo respondan todo menos esa cuestión. En fin. Uno se puede esperar de una misiva de esta clase una serie de cosas que indefectiblemente irán en letras gordas e irregulares y llenas de redondos y unidas entre ellas como con una cuerda. Pero lo que no podía esperarme es que en lugar de saludar a sus majestades y decirles que se sirvieran turrones y leche para los camellos, que cansados estarían de tan largo viaje, saliera Isabel con una pregunta. Bien pensado, es una buena idea la de saciar una curiosidad si alguien mágico viene una vez al año a tu casa. La pregunta era: “Quiero saber una cosa esido Buena O Mala” y lo era aunque no tuviera signo de interrogación ni al principio ni al final. Sobra cuando la pregunta es muy buena.

Lo mejor, no obstante, ha venido a continuación, cuando los ojos han visto cómo sacaba Isabel el carácter en forma de mayúsculas añadiendo “PORNERLOSIONO AQUI y tambien firmar”.

Hace bien.

Ha debido ser buena habida cuenta de la muñeca y del no sé qué y de lo otro. Qué cosas más raras son hoy los juguetes, igual de raros que sus nombres. Y allí se han quedado ella y su hermano, Carlos, con su correspondiente no sé qué con luces y no sé cuántos desmontable. Todo lleno de colores en pijama y con nervios. De la carta ya nadie se acordaba excepto mi teléfono, que para entonces ya la llevaba guardada entre los números que te ponen en contacto con las personas que a veces dicen hola y otras, comunican.

Diario 4 January, 2010

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Tecleo la palabra tecleo con una mano porque con la otra me estoy comiendo una cosa de navidad que nunca he podido saber cómo se llama pero que en casa siempre está ahí, junto a los mazapanes y demás, desde los tiempos de una mañana de niebla, parado en la calle de la mano de mi abuela, ella hablando con una amiga y yo mirando hacia atrás y viendo cómo unos operarios municipales alzaban un 1977 de bombillas a la fachada de la Casa del Reloj.

Está la tarde un poco tonta. O yo. O ambos. Me agarré algo que empezó con un carraspeo de garganta para pasar a mayores y ahora ando con una fatiga como de corredor de Maratón que ha recuperado el aliento pero no las fuerzas.

Y eso, entre otras cosas, me pone melancólico.

(En Providence, -9, jo)

Está el cielo luminoso siendo de noche pero eso es porque está lloviendo y hay nubes. Bajo los paraguas la gente va con bolsas de regalos. En una mano llevan el paraguas y en la otra la bolsa con los regalos o un niño, depende. A veces las dos cosas. Qué cosa la ingenuidad de los críos, que van con el pensamiento en lo que viene de Oriente sin percatarse de que lo llevan en la bolsa de plástico que tienen al lado.

Yo no tengo reyes. No me gustan los reyes y, por tanto, y para ser consecuente con mis principios, no me gusta que me regalen para reyes. Tuve un inesperado regalo en Navidad que me hizo mucha ilusión porque en casa se descolgaron con un BluRay y eso hace mucha ilusión. A mí por lo menos sí. Para probarlo me regalaron también “Up” de Pixar, que volví a ver con una boca abierta que en el cine había permanecido cerrada. Y luego yo me regalé la copia restaurada y conmemorativa del 50 aniversario de “Con la muerte en los talones”. Y aunque es la película que más veces he visto, nunca la había visto así, tan bien, y también se me quedó la boca abierta. Y descubrí que Cary Grant, en alta definición, adelgaza en esa película. Escuálido está este hombre en la película de Hitchcock, igual por tanto trajín, que a uno no le persigue una avioneta todos los días, coño.

Qué señor Cary Grant, verdad?

Me han enviado de la editorial las pruebas de impresión de mi “Ave Verum Corpus” que es un obra que me extraña mucho a mí mismo quizá porque es un poco rara y no lo es, según. Por qué rara. Pues porque tiene una textura transparente, 3 voces sólo, con valores largos, blancas casi todo, y negras, pero tras ellas o dentro de ellas hay cosas que mueven, no sé si conmueven, pero a mí me mueven. Se le permite decir esto al autor de su propia obra? Supongo que en su propio blog sí. Este motete, al tener una escritura tan sencilla, es una de las obras que mas ha evidenciado a mis ojos las limitaciones de la grafía musical. Por eso, y no es la primera vez, y menos mal que hay confianza con el editor, he puesto cosas digamos que poco o nada ortodoxas en la partitura, como enmarcar un compás determinado que podría pasarse por alto pero no, porque allí el texto lo es si se pone la atención y la intención en la música y viceversa.

Ya está revisada la partitura y, por tanto, los deberes hechos. Ahora a descansar un poco en la compañía del paracetamol. El paracetamol es una cosa que no termino de entender, como a los guisantes, a los que sigo sin comprender. Están ahí, hacen su función pero no te dicen nada. Nada.