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Edades 1 September, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

Pasa que ayer me citaron para una entrevista de trabajo. El trabajo es para impartir únicamente cuatro sesiones en la universidad pero tal y como está el patio, cuatro me parece algo maravilloso. Así que dije que sí y hoy estaba de regreso a ese autobús mañanero que tanto dio de sí el año pasado y, ahora que lo pienso, el anterior. Anda, y el anterior también, no?

(Dios mío, cómo pasa el tiempo)

Al grano. Me llamaron de la Universidad de Navarra interesados en contar conmigo para el Programa Senior. El Programa Senior es un curso que se imparte para mayores, en otros sitios lo llaman de otra manera, aquí Programa Senior. Da igual. Ya estuve la semana pasada en mi encuentro anual con los estudiantes americanos de Boston y no se me olvida que cuando me presentaron se me nombró como autor de este blog. Y me pregunté si el hecho de que entre mis méritos curriculares destaque escribir este blog es algo positivo o no. Preferí tomarlo como positivo porque lo dijeron con esa intención y porque, mira, igual yo no ficho a las 8 de la mañana ni escribo reseñas en revistas científicas ni me he comprado un coche para llevar de vacaciones a la familia que no he formado pero tengo este blog. Ala.

Eso fue el otro día. Hoy he vuelto siendo autor del mismo blog, en el mismo autobús (casi lo pierdo, me he quedado dormido), escuchando la misma música por los auriculares y recorriendo los mismos verdes senderos pamploneses que te conducen a la Universidad. El otro día estaba vacía. Hoy estaba tomada por medio Japón, oye, qué barbaridad, esa ha sido la primera imagen, y luego un montón de gente más. Empezaba el curso. Me da pereza eso, y eso que no lo empiezo yo. Me he dirigido a quien debía dirigirme previa intromisión en una clase donde una profesora hablaba ante un auditorio muy atento. Glups, he dicho por dentro. Mi sentido de la orientación se anula ante instrucciones cuya complejidad vayan más allá de gire a la derecha y la primera puerta.

Puntos suspensivos.

La coordinadora del Programa Senior me ha recibido con mucha amabilidad y me ha ofrecido ir a la cafetería a charlar. La comunicación ha sido muy fluída aunque ella hablaba bajito y yo también pero el resto de la cafetería, llena de estudiantes que todavía no se habían desprendido del verano, no. Aún así nos hemos entendido a la primera y de primera. Lo segundo ha sido cuando me ha dicho: perdona, dijiste que tenés 40 años?

(ella es argentina)

Yo: sí.

Y ella con estupor: pero yo pensé que vos tenías no más 30!

Y yo: …

Y ella: pero tenés 30!

(y eso que no le he soltado mi rollo peterpanesco o peterpanoide)

Así que, en resumen, he salido de allí siendo profesor del Programa Senior teniendo diez años menos. A ver cómo casa eso, en el Senior siendo Junior, aunque me da igual porque he vuelto a atravesar el campus japonés y me he dirigido al autobús de vuelta tan contento. Había en el ambiente de la ciudad una humedad limeña, tropical, de culebrón. Nada norteño, vamos. Y es raro que ocurra eso en esas latitudes. Pero es lo que tiene septiembre, que entra indeciso siempre. Hay meses que no se imponen de golpe, sino que marcan su propio ritmo y poco a poco, pero poco a poco, modulan la luz y el termostato, cambian el escenario con sutileza y luego se marchan silenciosamente.

Septiembre 1 September, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

Tienes razón, Victoria: ya es Septiembre, como a mi me gusta.

Concentración 30 August, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios

No me he vuelto a ir, no.

Estoy concentrado.

Lo peor de mi trabajo frente al cuaderno de papel pautado son los retoques, las decisiones finales, los sacrificios de una idea en favor de otra, el descubrimiento de que no hay que subestimar a una nota porque sea una y sola, que ojito con esa goma de borrar. A veces me entran ganas de robarle a Erik Satie la indicación que puso en una partitura como advertencia al pianista: hágase notar. Y de paso añadiría unos compases después: ahora no tanto. Y ya puestos, no iría mal un: hágame caso y nos llevaremos bien. Cosas así funcionan mejor que esos horrendos, por imprecisos, sotto voce, p, mf y demás. Cuánto de mezzoforte es un mezzoforte? Por qué poner mezzoforte cuando lo que yo quiero decir es otra cosa? Por qué esos términos tan vagos cuando además te diriges a alguien a quien no conoces y no sabes si pondrá las manos en el teclado como quien acaricia algo o si las pondrá con desgana, o si habrá sintonizado contigo o si se habrá ido a otra frecuencia?

Ahí andamos.

Encuentro 25 August, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

“…aquellos manantiales que nos dieron un día de beber…”

Pepe Viyuela, actor y poeta

Notas 24 August, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

Más o menos, porque quedan los ajustes y los retoques, he terminado esta tarde la composición de un encargo alimenticio. Lo de encargo alimenticio no tiene un ánimo peyorativo sino que es el término justo que lo define. Ha costado por la larga inactividad en cuestiones de creatividad musical, por la propia escasez de creatividad musical… y por el texto. Cuando te encargan una obra con texto no sabes si lo que te viene es maleable o no. Esta vez ha caído una cosa dura como la piedra. Porque está en un idioma que desconozco y la traducción habla de cosas que inspiran poco, la verdad. Y porque las palabras son muy largas y muy incómodas de colocar en el pentagrama.

Una vez más, el proceso de confección del asunto ha sido de lo más caótico: los primeros compases de la obra están en la penúltima de las hojas que ha ocupado en el cuaderno. El final, al menos, está donde tiene que estar. Luego hay partes fragmentadas aquí y allá. Pero es que no sé ir en orden. No deja de sorprenderme que luego todo cobre sentido; de hecho, me resulta un misterio comprobar que todo parte de la exploración y elección de sonoridades movidas por algo incierto que, al final, cobran un sentido propio dentro del espacio que ocupa la obra. Como si el espacio musical que se va tejiendo hablara un idioma propio y ese mismo idioma fuera construyendo el espacio.

En fin (y nunca mejor dicho: en fin), que la cosa, salvo sustos de última hora al descubrir un acento que hay que desplazar deshaciendo la sonoridad del acorde en la que tanta intención se puso o una palabra que de pronto tiene una sílaba de más, ya puede considerarse en las últimas. Y aunque es una expresión que suele sonar mal, en este contexto es un alivio. Así que he dejado el lápiz y la corchea y me he asomado a twitter para preguntarle a Miguel Cane, mi oráculo fílmico vespertino y nocturno (e infalible), si “Salt” merecía la pena y me ha contestado que me gustará y que tiene un punto setentero que está muy bien.

Dicho y hecho, y antes de que nos venga esta ola de calor que nos están anunciando en plan apocalíptico, me he regalado una tarde en los multicines que están a las afueras de la ciudad. Un paseo, una entrada, una Pepsi y “Salt”. Y me lo he pasado en grande. Qué tía la Jolie. Jolín con la Jolie. Qué témpano de hielo, qué energía, qué peligro. Y tiene razón Miguel: el toque setentero de películas de espías de aquellos tiempos, con lo que me gustan. Y el ritmo, qué bien saben manejar los americanos el ritmo de la acción. Tanto que, de pronto, cuando me ponía cómodo en la butaca dispuesto a asistir con sumo placer la siguiente y prometedora secuencia de acción y sorpresa, el Directed By ha caído como una losa, y el Dolby ha puesto de su parte lo suyo para que la losa sonara a piedra dura, como duro es el texto de la composición que he terminado hoy. Y los cuatro gatos que estábamos en la sala nos hemos quedado como así: ???, como si en vez de en un cine estuviéramos delante de la tele y tuviéramos que esperar hasta la próxima semana para continuar con el capítulo. Y así nos hemos quedado, con el ???.

Trabajo fructífero (pesaba mucho lo de la obra de encargo) y distracción (de la que distrae de verdad). Así ha ido la tarde. Ojalá muchas así.

Conciencia 22 August, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 19 comentarios

Me han hecho daño.

No deja de ser curioso que la frase conjugue en pasado un daño que duele en presente (continuo) de la misma forma que siempre me ha llamado la atención que las cicatrices (que son una cosa que uno siempre piensa en futuro por aquello de que cerrarán algún día una herida) terminan recordando algo que pasó ayer.

Es complicado conjugar el dolor.

Me hicieron daño, sí. Mucho daño. Por eso la pantalla se quedó en blanco y no había palabras. Y las palabras convalecientes necesitan reposo. Tengo para mí, al menos, algo valioso: una conciencia tranquila. Todas las noches me voy a dormir con la conciencia tranquila; me llevo el dolor a la cama, de acuerdo, pero la conciencia concilia el sueño tranquilamente. No todo el mundo puede decir lo mismo de su conciencia. Cómo sabe uno que tiene la conciencia limpia? Cuando no ha hecho mal. Y cómo sabe que no ha hecho mal? Cuando no hay arañazos en el alma de los otros: de ti, de ti o de quien sea. La mala conciencia es como un chapapote negro y pegajoso que se podrá tapar durante un tiempo para que no salga en la pantalla de nuestras vidas pero al final, cuando se apaga la luz o pasa el tiempo, sigue ahí y con unos kilos de más. No es problema mío ni de este post, afortunadamente.

Me han hecho daño, sí, y no me avergüenza reconocerlo. Un psicólogo me escribió hace un tiempo para observar que en este blog afloraba la vivencia y el reconocimiento de los sentimientos de una manera que, por lo visto, no es frecuente pero sí recomendable. A mí no me da vergüenza reconocer que me han hecho daño porque es lo que me pasa, es lo que hay y lo que toca. Hay daños de los que no puedes defenderte pero sí intentar blindarte y esperar a que el tiempo haga lo que tiene que hacer. De esta yo voy a salir distinto, eso lo sé. No otro, sino distinto. Creo que más yo, un yo que se ve más nítido en el espejo donde también se muestra lo que merece la pena y lo que no, lo que hay que hacer y lo que no, quienes tienen que estar a tu lado y quienes no. Yo no soy un santo, para nada, pero no guardo rencor tampoco. Motivos tengo, todo sea dicho, pero el rencor es otro chapapote que solo sirve para joderte más la existencia. No, yo no soy un santo pero me voy a la cama todas las noches con la conciencia tranquila porque dejé una luz en el porche cuando hacía falta e incluso puse un poquito de luz en algún corazón cuando allí hacía frío. El miedo enfría los corazones, y también las corrientes de las zozobras y las malas acciones. Y la soledad, que puede conjugarse en plural porque hay soledades bañadas en mucha gente. Nunca viene mal dejar una luz en el porche. Mirando atrás, lo hubiera hecho aun sabiendo lo que iba a pasar después porque a las personas hay que tratarlas como personas. Así de simple.

Gracias de corazón (y de un corazón que no tiene frío) a las palabras que habéis dejado durante todo este tiempo en el buzón mostrando interés, preocupación y cariño. Gracias a Victoria, con uve de verso; gracias a Jose, sin acento en la e; lo mismo a toni. Tienes razón, toni: un abrazo de oso polar sienta muy bien en verano. Gracias a Marlene, que me llevó un atardecer a cruzar un puente medieval en forma de pico (arriba y abajo) bajo el cual corrían aguas parlanchinas y que llevaba a las puertas de un bosque frondoso que seguro que era un bosque encantado. Pero seguro. Había una posada y arriba lucían las estrellas. “Y las estrellas, por la noche” recordé de otras noches de verano. Gracias a Hernán, a Concha, a Silvia, a Julio, a Miguel, a Barbarita (que siempre me emociona y me pone una sonrisa en los labios al mismo tiempo, siempre). Gracias a los que no están en el buzón porque están aquí. No hace falta que los nombre aunque haré la salvedad de la vecina porque hizo de pañuelo de lágrimas como la tía valiente que es.

Gracias a mi hermano, que me llevó consigo y estuvo pendiente todo el rato.

Gracias a mi madre, porque aguantó el tirón.

Y duele, claro que duele ahora. Pero ya no estaremos en el mismo lugar cuando otros despierten de un bofetón de su propia conciencia. Al final siempre pasa eso.

Entrevista 5 July, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios

emejota: tengo unas cuantas dudas.
EMEJOTA: a ver.
m.j: si, bueno, es que ha pasado tanto tiempo desde la última entrevista que no recuerdo si yo era el que aparecía en negrita o no.
M.J: qué más da si ambos somos el mismo; además, no sé si se habrá dado cuenta, pero para cuando ha empezado a hablar ya tenía a su izquierda su nombre en minúscula y en cursiva, así que…
m.j: anda! tiene razón! y quién lo ha decidido así?
NARRADOR: ejem… Yo.
m.j: y por qué usted?
M.J: hombre, porque es el narrador. Él es quien cuenta y dispone, quien organiza y tal para que todo resulte claro y verosimil al lector. Cómo le va la vida, narrador?
NARRADOR: qué quiere que le cuente…
M.J: usted todo lo cuenta.
NARRADOR: sí, de hecho, ahora mismo ando contándole “La función del orgasmo” a una licenciada de Psicología que está de vacaciones en Jaca.
M.J: No me diga!
NARRADOR: sí, en Jaca.
M.J: no! digo lo del libro! sabe? es que una amiga de mi madre siempre cuenta unas historias de ese libro cuando tenerlo en casa era cosa muy avanzada, muy progre, muy…
m.j: pecaminosa?
M.J: pues para ciertas mentalidades de entonces seguro. El caso es que esta amiga de mi madre lo tenía entonces y lo tiene ahora como una reliquia y yo siempre me he preguntado cómo es posible que un instante tan fugaz pueda dar lugar a un libraco tan gordo.
NARRADOR: si se me permite extralimitarme en mis funciones, opino que es un texto un poco trasnochado.
M.J: pero supongo que en su momento no.
m.j: la amiga de su madre era muy avanzada?
M.J: lo sigue siendo. Llevó a casa “La función del orgasmo” mientras las mujeres de su generación esperaban la noche de bodas leyendo los tebeos de Esther y su mundo.
m.j: en el mundo de Esther había poco espacio para un orgasmo.
M.J: pero en casa de la amiga de mi madre había.
NARRADOR: para el orgasmo?
M.J: hombre, supongo. Pero me refería al libro.
m.j: y para Esther y su mundo?
M.J: pues no lo sé, pero sé de buena tinta que para la 13 Rue del Percebe sí porque un día en plena reunión de señoras muy literarias ellas cada una expuso sus preferencias. Y una que si Joyce, otra que si Proust, otra que si Vazquez-Figueroa…
m.j: Vazquez-Figueroa?? Pues vaya combinación con los anteriores…
M.J: qué más da si seguramente la literatura acababa y empezaba en la lista de nombres.
m.j: qué papel tiene la 13 Rue del Percebe en ésto?
NARRADOR: (papel Bruguera, por cierto)
M.J: (qué gran papel, Narrador, deliciosamente oloroso) Pues tiene que ver que cuando le tocó a ella decir la exquisitez literaria dijo: pues a mi me gusta la 13 Rue del Percebe, tengo varios tomos en la mesilla de noche. Y me pareció un golpe muy bueno.
m.j: un golpe transgresor.
M.J: un golpe transgresor tiene que tener ingenio porque si no no alcanza el orgasmo, permítaseme la metáfora al hilo del libraco del idem.
NARRADOR: esta lectora psicóloga tampoco lo va a tener, al menos no con el libro, se le cierran los ojos y además no se concentra: está pendiente del móvil.
M.J: mal rollo con el novio?
NARRADOR: usted lo ha dicho.
m.j: esto… reconducimos?
M.J: claro, disculpe. Decía?
m.j: estaba con lo de las dudas de identidad… pero el Narrador las ha resuelto. Yo soy el que pregunta y usted el que responde.
M.J: de ahí se deducen las negritas y las mayúsculas: el entrevistado es el protagonista.
NARRADOR: (guiña un ojo)
M.J: gracias, Narrador.
NARRADOR: a mandar, es mi función: precisar.
m.j: le puedo confesar una cosa?
M.J: y dos.
m.j: sentí celos el otro día con lo de la otra entrevista…
M.J: acabáramos! pero hombre de Dios! por eso reaparece ahora?
m.j:
M.J: compréndalo, que le llame a uno un periodista con apellido alemán despierta la curiosidad sobre las preguntas que tendrá en mente.
m.j: no estuvieron mal.
M.J: no sea así. Lo hizo muy bien, envidiosillo.
m.j: fue muy distinto?
M.J: muy distinto a qué?
m.j: a estas entrevistas del blog.
M.J: evidentemente. Allí la habitación era grande, con una mesa ovalada de reuniones, ambos frente a frente en un lateral de la misma con la grabadora mirándonos a los dos y una luz fluorescente que fue la única disonancia de la tarde. Usted y yo no somos amigos de la luz blanca de los tubos fluorescentes.
m.j: bueno… yo me estaba refiriendo al contenido de la entrevista, no a los aspectos externos.
M.J: los aspectos externos son fundamentales.
m.j: pero tiene que ser muy diferente no saber qué le van a preguntar a uno en la próxima pregunta.
M.J: acaso aquí sí lo sé?
m.j: claro! no habíamos quedado al comienzo que usted y yo somos el mismo?
M.J: sí, pero usted es una parte de mí (minúscula) a la que
NARRADOR: (entonación irónica la del paréntesis)
M.J: …dejo que fluya libremente.
m.j: quiere decir que usted deja que pregunte lo que surge en el momento?
M.J: no solamente lo quiero decir, sino que lo digo aunque en ocasiones, lo reconozco, intervengo.
m.j: por ejemplo?
M.J: pregunte, pregunte.
m.j: en qué está empleando el tiempo libre?
M.J: ve? esa pregunta es mía, por ejemplo.
m.j: y en qué lo está empleando? ya que no es mía la pregunta, al menos deme la respuesta.
M.J: hay una parte de mi tiempo que prefiero no ver impresa aquí.
m.j: Narrador?
NARRADOR: cuente.
m.j: no, cuente usted: eso lo ha dicho también con tono irónico.
NARRADOR: umm, no.
M.J: pero puedo decirle que me he puesto a estudiar piano, un programa que se formó solo y en el que me empleo sin prisa pero con disciplina: estudio las Escenas del Bosque de Schumann, enteras; dos Sonatas de Haydn y los Contrapuntos I y V de “El Arte de la Fuga” de Bach.
m.j: y cómo así?
M.J: supongo que en parte por placer, en parte por añoranza musical, y en parte porque así pienso.
m.j: estudia o piensa?
M.J: estudias o trabajas?
NARRADOR: (ahora sí que vuelve a haber tono irónico)
m.j: (me he dado cuenta, narrador, gracias)
M.J: estudio y pienso.
m.j: pero piensa lo que estudia?
M.J: y lo que no también. El piano centra mucho, créame.
m.j: se va a ir de vacaciones?
M.J: eso espero, en unos días. Usted también, y el Narrador, porque algo nos llevaremos para leer en la maleta.
m.j: podríamos tener una conversación frente al mar.
M.J: siempre la tenemos, aunque no aparezca aquí.
m.j: usted cree que volveremos a sonreir pronto?
M.J: pues claro! Ya lo hicimos ayer, lo que pasa es que todo lleva su tiempo y las cosas, por lo general, van a síncopas.
m.j: vale.
M.J: bien.
m.j: algo que añadir antes de terminar?
M.J: pues mire, sí, a quien corresponda: quiero mis 5 euros.
m.j: hombre… por 5 euros.
M.J: por 5 euros no, por quien los tiene. Y aunque sea para tomarnos usted y yo un helado en vacaciones.
m.j: entonces reproduzco su petición.
M.J: así me gusta.

Diario 4 July, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

Estoy esperando a que Esther me haga una llamada perdida, que no se perderá sino que será la señal que me dice que tengo que bajar al portal y que pasará a recogerme en coche. Ceno con ella, Beatriz y Edu en esa casa que me gusta tanto y en buena compañía. Cena de cuarteto. Esta mañana he recibido un sms despertador de la vecina en el que me dice que no me preocupe porque tengo alrededor gente que me quiere mucho. Como sabía que me iba a pillar dormido me lo ha escrito entre paréntesis, como por lo bajini, pero luego lo he visto y, sentado en la cama con la legaña puesta, me he puesto a pensar que tiene razón y que es una suerte. Ella es un ejemplo de ello. Nada hay más doloroso que comprobar que pueda haber gente convencida de que te quiere mucho sin que sea cierto. Me inquieta que las palabras crucen el aire vacías de su significado o provistas de otro que pertenece a otra página del diccionario. No es el caso esta tarde de verano que declina poco a poco y que tiene algo de la atmósfera de una historia de Eric Rohmer, y en la que Edu, cocinero experto, sabrá, seguro, ponerle el color adecuado al paladar. Aprovecharé la sobremesa para preguntar si alguien sabe si Londres es de cartón o no.

(No pongo ninguna palabra en negrita como le gusta al blog. No me da tiempo)

Promesas 3 July, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

¿Y qué habrían hecho? Pues desperdiciarlo, como siempre. Habrían jurado tener más cuidado en adelante, por supuesto, pero no habrían tardado en romper su palabra.

Así eran los humanos: predecibles y mentirosos. Muy mentirosos.

Javier Ruescas, “Tempus Fugit”

Ecuación 1 July, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Acabo de descubrir que cuando a una decepción se le añade otra que cae sobre mojado, despejas las incógnitas que había y ambas se anulan. El resultado final es que lo que se despeja realmente es la cabeza.

Así que bien. Aprobado y vacaciones.

Duelo 28 June, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va y es verdad, claro, tampoco vamos a descubrir ahora la coplilla esta. Lo que vamos a descubrir es que hoy ha tocado vivirlo en propia carne, o en el tejido del que esté hecha (o deshecha) el alma. Tengo mis reservas, no obstante, porque creo que aunque la persona amiga se vaya, queda para siempre dentro, habiéndote dejado lo mejor de sí.

Me pone un nudo en la garganta escribir esa frase. Hoy ha sido un día de nudos en la garganta y de lo que viene después. Incluso del descubrimiento de que el trago puede pasar (de ocurrir) y pasar (de transitar) con la compañía de una amiga en el silencio de una habitación, con el roce de su mano en tu mano, sintiendo en la ausencia de palabras un lleno de comunicación y de comprensión.

(Suenan unas notas dulces anunciando un sms que pide permiso para entrar desde un móvil que está por allí encima y el silencio de la estancia queda como conmovido, como yo, porque hay sonidos que mueven y conmueven)

Un poeta dijo que querer es también saber marcharse. Y pienso que eso es válido tanto para querer como para quererse. En ocasiones, para quererse uno mismo hay que saber marcharse. Entre quereres, así en plural, algo tiene que quedar flotando, o brillando, o escociendo en alguna parte. Eso pensaba yo y lo sentía en el silencio de esta tarde cuando he sentido también, y así lo he hecho saber a mi acompañante, que parecía como si se me hubiera muerto alguien. Y me ha impresionado mucho descubrir eso porque ha sido igual que cuando estás en un velatorio, sintiendo esa quemazón, esa rabia, esa derrota, viendo la película de recuerdos, sintiéndote nada y nada más que no sean unas lágrimas. No hay que avergonzarse de llorar. Quien lo hace es un imbécil. Las lágrimas nunca son imbéciles. Son sinceras siempre que no sean de cocodrilo, anuncien la alegría o el dolor más profundo.

Va la última frase prestada, que hoy ha sido día duro y no conviene extenderse: las muertes de la amistad son muy dolorosas porque se convierten en un dolor sordo, pero siempre presente, por mucho tiempo que pase. Por eso uno se resiste, aunque comprenda que tiene que tomar finalmente una decisión para coger aire, para la persona amiga o para uno mismo: hay que ser generosos hasta el final y pensar que no sabemos lo que nos depara el calendario. Tal vez marcharse a tomar aire suponga encontrar nuevos caminos; tal vez hacerlo suponga ventilar la habitación de los afectos y las complicidades, saneando los pulmones para volver a ocupar la casa donde reside la amistad.

Esta noche es todo una incógnita confusa y cansada. Mañana dolerá un poco más y así pasará hasta que el paso de los días deje el eco de una estela asordinada. Qué misterioso es el país de las lágrimas, decía el aviador en El Principito, frase que cogemos prestada como extra porque se supone que ya íbamos servidos con las anteriores. Pero es que es cierto. Qué misterioso que es. Como misteriosos son los abrazos reconfortantes y los silencios llenos de sentido.

Esta noche, después de la cena, mi madre ha mirado por la ventana de la cocina y ha preguntado en alto si mañana lloverá porque hay momentos en los que frases así quieren decir otra cosa, muchas cosas, las que sean, y son necesarias, y alguien debe decirlas, llueva mañana o no, lo haga por fuera o por dentro, para que las cosas sepan que deben continuar su curso.

Escuece, sí.

Insomnio 25 June, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario

Qué hago abriendo el cuaderno del blog a las 3:57 de la madrugada? Pues esperar al sueño. He pasado dormido la mayor parte de la tarde y ahora estoy metido en el siempre acogedor círculo de luz amarilla que desprende la lamparita que tengo encima de la mesa, insomne.

(tecleo pulsando en pianísimo las teclas)

Que cómo va la cosa? Pues a ratos. He pasado de tener unas 45-50 pulsaciones por minuto durante la mayor parte del día a velocidad de autopista: 120. En ambos casos con una sensación muy rara en el cuerpo, entre el cansancio infinito y un azogue como si una carrera de caballos trotara en el pecho. Habrá que ir finalmente al médico si la cosa sigue así. Mientras tanto, me lo tomo con calma. De verdad. Mira:

calma
calma
calma

Sed 24 June, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios

Se me ha caído la tensión arterial.

Y es una pena porque justo hoy me he levantando pensando que estoy conforme conmigo mismo. Ahora empiezo a pensar que se trataba de algún efecto asociado a lo de la tensión. Un nueve y un cinco con uno, marcaba el aparato dando sentido (y sensibilidad) a mi agotamiento, abatimiento, y sed. Qué cosa lo de la sed en estos casos. Una sed que no se pasa con nada. La última vez que se me desplomó la tensión le dije al médico lo de la sed y respondió, tajante: eso no tiene nada que ver. A los pocos días otro médico preguntó por el episodio, así llaman ellos a estas cosas, y también le dije lo de la sed, pero se lo dije con un matiz distinto, de converso, de alguien adoctrinado en el convencimiento de que lo de la sed no tenía nada que ver con el episodio de la bajada brusca de tensión. Pues claro que tiene que ver, dijo el otro médico. Esta vez no hice tap tap con el pie en el suelo porque no estaba sentado sino parado en mitad de uno de los pasillos largos del hospital y porque me llamó la atención algo de los electrolitos. A veces ocurre que lo que me llama la atención llama tanto mi atención que me distrae. La prueba es que no sé explicar ni reproducir lo de los electrolitos, responsables, al parecer, de lo de la sed. Lo de la sed y la flojera general, y a esta cabeza sonada y espesa que me ha acompañado parte del día. Ahora menos. La sed, igual.

Hace unos minutos, al sentarme frente al ordenador, he visto que David Lynch ha escrito en Twitter lo siguiente:

“Tres manos rojas sostienen el sueño”

Punto.

Lo ha escrito en inglés pero da igual.

Y he empezado a imaginar y a preguntarme qué estará pasando por la cabeza de este hombre, desde dónde escribe esa frase twinpeaksmaniana, qué hora marca su reloj y qué hay tras el silencio que deja esa frase en el muro de Twitter una vez tecleada. Me ha gustado la frase, sí, pero no me quita la sed.

Tengo tareas pendientes, correos por responder que no he visto esta mañana en la bandeja de mails porque veía a síncopas, llamadas que devolver y algo más habrá que no recuerdo pero hoy voy a cerrar antes de hora. Creo que fuera hace mucho calor. Va a ser eso lo que hace que mi hipertensión se desplome a niveles que el parqué no conocía desde otro verano, el de 2008. Jo, pues no nos queda nada por delante, que diría mi abuela.

Nombres 24 June, 2010

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentarios

La madre de Sergio hizo el bizcocho más rico del mundo. Lo certifican mis sobrinos, mi hermano, mi madre, y yo. Sergio anuncia que se va a pasar por casa y entonces su madre se pone a hacer un bizcocho y le salen soberbios, esponjosos, con un sabor a cariño rebozado de harina que no encuentras en los bizcochos que te venden pulcramente troceados, asépticamente envasados y con un barniz aceitoso un poco sospechoso en los hipermercados. Eso hizo la madre de Sergio el otro día antes de que Sergio se pasara por aquí a cenar bizcocho en mano.

Alguien, en la casa de la señora de enfrente, aquella que se murió en este blog y a la que yo observaba ir a misa los domingos por la mañana y preparar una mesa de Nochebuena adivinando siluetas entre cortinas iluminadas por una luz insólita en relación al resto del año, ha sacado al balcón terraza una, dos, tres, hasta veintisiete macetas de un volumen vegetal más que considerable y de un verdor amazónico. Ninguna con flores. Me pregunto si las plantas se habrán cuidado solas todo este tiempo en un jardín trasero que siempre intuí y que ahora veo más cerca de la confirmación. Me pregunto también si toda esa exuberancia no proporcional al tamaño de las macetas se deba a un crecimiento libre, sin los cuidados de una mano jardinera, a expensas del agua que cae de las nubes y del sol que puntualmente traza un arco en el cielo.

(exuberancia no lleva hache intercalada, verdad?)

El doctor Gutiérrez. Quién es el doctor Gutiérrez. Ni idea. Llegó la citación para la próxima consulta con el internista y resultó que, una de estas: o está de vacaciones, o se ha quitado el muerto de encima (cosa probable habida cuenta de la estadística de sus antecesores en el puesto) o se ha cambiado el nombre, como quien se cambia de nick en internet. No lo voy a averiguar porque he cancelado la consulta. Nada hay más fatigoso y deprimente que encontrarte de golpe con un médico nuevo, por predispuesto que esté el hombre, y que en los 7 minutos que te concede el sistema sanitario público te pregunte: bien, ¿de qué se trata? y el de qué se trata tenga bifurcaciones de veintisiete años de solera, como veintisiete son las macetas que una mano invisible ha colocado en la terraza de la señora que vivía enfrente, la de las cenas de Nochebuena a lo Fanny y Alexander. Desde aquí mismo veo tres mientras tecleo.

No sabré quién es el doctor Gutiérrez y esperaré a la siguiente citación. Ando con la mosca tras la oreja porque se está reactivando la enfermedad repitiendo, frase a frase, el guión original escrito hace veintisiete años. El elixir 2.0 pierde fuelle de una manera galopante. Ya solo hace efecto durante una semana justita. Lejos quedan los tiempos en que las dos semanas dispuestas entre dosis y dosis aún daban para tomarse unos días extra y paliar, de esa manera, los efectos secundarios. Lo más desmoralizante de plantarte ante un internista nuevo con un caso raro es que en cuanto les dices lo del elixir dicen, por este orden, cómo, cómo dice que se llama, ya y un momento. Y el momento consiste en una consulta al vademecum, bien en su versión de papel (tapa dura o edición rústica), bien en su versión digital. Luego suelen decir: lo estudiaré porque no conozco este tipo de nuevos fármacos, sí, interesante. Y yo hago tap tap con el pie en el suelo y miro al techo, o al cartel que previene de enfermedades cardiovasculares aconsejando ejercicio físico moderado.

Tengo a mis alumnas opositoras de examen, a mis sobrinos a punto de venir para comer y yo estoy en un alto de la mañana. La otra noche, mi madre se volvió para decirme si me apetecería irme solito unos días a conocer Londres. Hice como todos los doctores Gutiérrez cuando preguntan cómo con ese tono de pillarles la cosa desprevenida y luego hice como si nada, por si acaso.

Solsticio 21 June, 2010

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El verano sigue siendo un instante de la infancia.

Marca 14 June, 2010

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Marcamos este día con un color negro.

O mejor (o peor) con éste.

Recuerdo 10 June, 2010

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Hoy hace un año que se nos fue la abuela. La abuela que un día entró en un post de este blog y se hizo un hueco, sin saberlo, de manera que a veces pienso que hay más de la abuela en los posts que protagonizó que en las fotos que de ella hay por casa. Allí aparece alguien que es igual a la abuela. Aquí, sin embargo, es ella, con su voz, sus gestos, sus ironías veladas y desveladas, su sentimiento trágicómico de la existencia (que heredé yo por vía genética), sus afectos sobre Maldonado, el hombre del tiempo, mientras escuchaba los efectos del anticiclón de las Azores, su afán por apagar las luces de casa que no alumbraban a nadie, sus irrepetibles e inimitables rosquillas, sus historias sobre mil novecientos veintipoco, recordadas como si hubiera pasado poco. Todo eso. Y más.

Es un misterio el de la ausencia definitiva. Hay un instante que las formas al uso se encargan de privarnos, con las prisas de los médicos, la llamada a los familiares, la llamada a los del tanatorio, el papeleo, la organización, la esquela (la ilusión de la abuela, no lo olvidemos) y es ese instante en el que uno toma conciencia del significado absoluto de la ausencia. De repente, esa presencia que ha estado unida a toda tu existencia ya no está. Ni estará. Y en su lugar se agolpan un montón de recuerdos anudados a la garganta y un silencio de pasmo.

El día que murió la abuela, mi madre comenzó a reproducir gestos, tonos y hábitos de ella inconscientemente. Lo advertí enseguida y las primeras veces me quedaba un instante con el tenedor en el aire por el asombro mientras ella, de espaldas a mí, repasaba la encimera con el paño. Supongo que hay un mecanismo natural que hace que pasen esas cosas, no sé. Y hoy, especialmente hoy, mi madre está siendo la abuela de una manera especial y algo triste. Pero eso también es normal y natural.

Yo me siento particularmente contento de llevar a la abuela aquí dentro además de dentro de mí. Tiro de archivo, releo los posts y la oigo hablar y moverse, y veo su casa y sus cosas, esas que dejaron de existir de pronto hace un año, cuando estábamos comiendo y sonó el teléfono. La comida se quedó sobre la mesa y mi hermano y yo nos abrazamos a mi madre.

Una vez, la abuela me contó un secreto.

Rosas 7 June, 2010

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Mi hermano me ha puesto en la muñeca una pulsera Power-Balance.

Cómo te quedas.

Pues como abuelo al que le ponen el sonotone igual que a los críos se les pone el babero antes de merendar. Porque sí y sin rechistar. En realidad no me la ha puesto hoy sino que me la puso el jueves, creo. Lo hizo de repente, un sujetar la mano, un así, un asá y esposado con la pulserita. Y yo mirando, incrédulo. No hubo mucho margen de acción ni de reacción. Me dijo mi hermano que la llevara puesta hasta el domingo. Pero…, dije yo queriendo empezar a decir algo. Hasta el domingo, zanjó él. Ayer domingo no dijo nada. Yo tampoco, la verdad, pero porque ya no me acuerdo de que la llevo. No sé si eso querrá decir que de Balance nada de nada o que sí. Que yo sepa, el único efecto que noté fue un ligero sarpullido local en la piel debido a la gomita de la pulsera. Qué quieres, sensible que tiene uno la piel, como la de un bebé, igual. De hecho, no llevo ni reloj. Me molesta.

Estoy inmerso en una novela río que llamó mi atención en el escaparate de la librería. “El libro de los niños”, de A. S. Byatt. 1000 páginas con una letra tipo “se requiere lupa”. No soy mucho de novelas río ni de películas río hasta que un día vences la pereza al frío ese que te da al entrar en contacto con el agua y, zas, te zambulles. He leído por ahí que se trata de una “bella y gran novela fracasada” y no sé si me parece injusto porque todavía voy por la página 400, porque no veo otro fracaso que el del trasfondo de la historia. Pero eso va en el guión y no en el proceso con el que se tejen los hilos de una novela con tantos personajes.

Me gusta, 400 páginas después, esa progresiva desintegración de la Inglaterra Victoriana, con sus casas de campo rodeadas de frondosos bosques propios y gente, mucha gente, haciendo farolillos y disfraces para representar El Sueño de una Noche de Verano una noche de ídem. Me encanta ese mundo aunque poco a poco el colorido se impregne de hollín o del blanco y negro de principios del siglo siguiente hasta llegar a la I Guerra Mundial, fin del libro y de tantas cosas. Y me gusta (porque lo estoy viendo venir) que la disolución de ese escenario general curse parecida al de las personas, principalmente al de la pérdida de la inocencia de los niños al hacerse mayores a golpe y por lo que suele pasar en estos casos: a golpe de golpes. Sigo en ello, en ella, en la novela. A ver qué pasa.

El mundo. Dónde iremos a parar. He levantado la vista de la novela esta noche, hace un rato, cuando he visto al siempre moderado y tranquilizador Iñaki Gabilondo en su rincón de la tele hablando de miedo, mucho miedo, y temor, mucho temor, y que en un abrir y cerrar de ojos hemos pasado a asumir que las cosas, tal y como las conocemos, van a cambiar de manera irreversible. Al final de la época Victoriana pasó lo mismo, la diferencia es que aquello ahora lo lees como en grabación antigua y no te pilla. La vida en directo, sin embargo, es lo que tiene, que no sabes qué va a pasar en la siguiente página y siempre hay riesgo de que el guión se emborrone de repente.

Mis sobrinos han empezado la tarea de restauración artística de la fachada del frigorífico. Los dibujos allí expuestos van a ser reemplazados por otros poco a poco como actividad de verano. Allá donde unos imanes sujetaban hasta ahora escenas de princesas, pulpos, hombres de nieve, retratos de la abuela y de los tíos, hadas y alguna que otra incursión en la abstracción, en breve se colocarán otras estampas. La primera, según he podido ver hoy, consiste en un sol, una mariposa y un oso sentado en el suelo. El oso sonríe mirando a cámara. Haremos inauguración.

A veces me acuerdo de una frase de James Barrie que dice “Dios nos dio la memoria para que pudiéramos tener rosas en diciembre” y me emociono un poco.

Descanso 6 June, 2010

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(dominical)

Aunque…

(bueno, venga, descanso)

Concierto 5 June, 2010

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Twitter sirve, por ejemplo, para enterarte que hace una hora ha caído en Pamplona una señora tormenta de verano con granizada incluída. Eso quiere decir que está de camino. A ver si rompe porque tengo la cabeza que me va a estallar y desde media tarde el cielo está que asusta.

Me da miedo el calor.

Sé que es irracional o, por lo menos, raro. Más lógico sería decir que me da respeto el calor o que no me gusta el calor. Pero es que me da miedo. Septiembre, dónde estás.

Esta tarde de sábado estábamos Esther y yo trabajando en una clase acerca de Mompou y le he dicho, con la partitura de las Impresiones Íntimas delante, que más o menos a la hora que marcaba el reloj, hace 25 años, en otra tarde que no fue de tormenta sino muy azul, dí mi primer concierto de piano como solista. Me he acordado por Mompou porque toqué esas piezas en esa misma partitura, por aquel entonces muy nueva y blanca, hoy con el papel desgastadillo y sin portada.

25 años son un cuarto de siglo. Le he sonreído a Esther al decirle lo del concierto con tono de confidencia personal en un paréntesis de la clase pero en realidad me ha dado por pensar que desde entonces ha habido un decrecescendo progresivo, la biografía convertida en un globo desinflándose. Ya lo sentenció un médico mientras hacía plom y sellaba el volante de los análisis: las personas solemos pasar de futuras promesas a tristes realidades presentes. Jódelo. Hice como que no me daba por aludido y preferí pensar que lo decía por él, más que nada por el ruído que hizo al estampar el sello sobre el volante. Llevaba algo de rabia eso.

En el concierto toqué a Mompou, y a Schumann, y a Bach, y a Chopin, y a Debusssy. Y a Beethoven. Y lo hice sin orden cronológico, lo que levantó ciertos comentarios. Pero es que yo entiendo los programas como un todo que no lo dan los siglos, ni las corrientes, ni los estilos. Los programas que confeccioné en mi carrera al “estrellato” (léase estrellato en el sentido batacazo final), breve carrera por otra parte (me prejubilé forzosamente seis años después), lo fueron siguiendo una lógica interna. Creo que, en general, tampoco importó mucho a la audiencia que siempre fue benévola, gracias a Dios. De aquellas teclas en blanco y negro a estas teclas de ordenador que también son en blanco y negro pero como de clavecín: tecla negra, letra impresa en blanco.

Lo único que lamenté cuando perdí el uso de las manos es no haber llegado a pulsar un acorde muy especial que sucede en medio de La Isla Alegre de Debussy. Sólo eso. Un acorde. Faltó tiempo pero sobró para recrear la sensación táctil del mismo con el pensamiento. Quien no se consuela es porque no quiere.

Tiempo 2 June, 2010

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Beautiful ThingAyer por la noche, en el restaurante chino, a la sombra del árbol de plástico, especie autóctona de todos los restaurantes chinos del mundo donde encuentra las condiciones óptimas para su crecimiento, Belén sonrió al recordar la noche aquella en la que proyectamos en casa “Beautiful Thing” y la sonrisa, franca, amplia, le duró dos segundos, nada, lo justo para darse cuenta de que habían pasado unos 12 años, uno arriba, uno abajo. Frente al arroz y bajo el árbol de plástico, últimamente nos pasan esas cosas. No es tanto el paso del tiempo sino la rapidez con la que pasa.

Ayer recordamos esa temporada en la que me dio por proponerles pases nocturnos de películas que cumplían una serie de características, a saber: las elegía yo, que para eso era el proyeccionista y programador; eran, a mi juicio, de visión obligatoria y, sin embargo, adolecían de cierta invisibilidad inexplicable. Y todas iluminaban un poco esa región de la que brotan las emociones. Por ejemplo?, se preguntará el lector. Pues por ejemplo “The Innocents”, de Jack Clayton, respondo yo presuroso porque la memoria permanece intacta aunque hayan pasado 12 años de aquellas veladas de viernes o sábado, según. Pues un día vino a tocar “Beautiful Thing”, porque pasó rauda e invisible por ahí injustamente, por las canciones de Mama Cass, por el arco iris, por Lea, por ellos, por la buena adaptación de un libreto teatral, por lo sencillo y porque al final, a Belén se le puso una sonrisa y dijo un ohhh de los que certifican que qué bonito y eso fue más que suficiente.

Ocurre que recuerdas a Lea despotricando en el verano de cemento de ese bloque de vecinos y el masaje con un aceite de hierbabuena que cura las heridas de la espalda al mismo tiempo que desliza las manos por la piel de la ternura, y descubres que todo eso sigue grabado en la memoria 12 años después y que, como ocurre con las canciones, el recuerdo de esas imágenes va asociado a una serie de vivencias propias de los que estábamos al otro lado de la pantalla y que terminan por hacer unos segundos de silencio, cada uno mirando su plato de arroz mientras el tenedor parece ponerse a contar los trocitos de zanahoria. Eso pasó ayer, y da un poco de cosa pero es bonito también.

Ayer fui a cenar con Belén al chino y mira la de veces que repetimos la operación que hasta el chino o la china, según toque, ya ni nos pregunta qué queremos y ocupa ese tiempo en saludarnos con la cercanía de los de casa. Pero ayer fue como cuando en Beautiful Thing aparece el arco iris o suena una de esas increíbles canciones felices de Mama Cass. Todo está bien, hay un espacio de bienestar tranquilo y flotante o entre paréntesis entre la rutina de las cosas. Lea vendrá de after hours tambaleante y nosotros nos iremos cada uno a nuestra casa prometiendo una nueva cena, tal vez en la terraza de casa porque ya llega el buen tiempo y porque quizá sea hora de volver a entrar en Beautiful Thing un rato con la sonrisa puesta. Hay películas para recordar y recordarnos. Como algunas canciones, igual.

Aniversario 28 May, 2010

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La Idea del Norte cumple hoy cinco años.

Un quinto aniversario cuenta más que un cuarto, pero también más que un sexto. Los aniversarios que cuentan van, al parecer, de cinco en cinco. Cinco años son muchas palabras, eh? Y en esas palabras viajan muchas cosas. Es cierto que este blog tuvo un amago de infarto el año pasado y que, desde entonces, tengo la sensación de andar por los posts un poco comatoso. Es cierto igualmente que entonces se estableció una capa poco permeable entre lo que sucede fuera y lo que sucede dentro, aquí, en estos posts, y que, de esa manera, poco alimento y sustancia puede esperarse. Pero así fue. La razón? Emejota dejó de ser emejota para convertirse en Mariano. Alguna diferencia entre ambos? Ninguna. Pero emejota es el traductor de un Mariano que envidia algunas cosas del primero. Una cosa rara, lo sé, pero yo ya me entiendo. Qué hacer entonces ante una situación así y cuando se cumple una fecha como la de hoy. Pues seguir, porque Mariano ya hizo, deshizo, pensó, repensó, acertó y se equivocó allí fuera lo que tocaba, al menos por una temporada. Después viene una transición -lo están viendo, está pasando, como dirían en la CNN- y después necesitaré recuperar este alter ego que habla escribiendo mientras yo hablo y punto. Vamos, si lo sé yo.

Hay quien recaló en estas latitudes en los primeros compases y otros se incorporaron después. Junto al juego de crear con palabras, la comunicación y la interacción con ellos, conocernos y hacernos cómplices de esta aventura ha sido lo mejor. Muchas gracias, un año más.

Refugio 27 May, 2010

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Ha caído la noche, llueve, y he encontrado refugio en los versos de Victoria.

Diario 26 May, 2010

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Hoy he recibido un mail de Lindsay y Bob, he felicitado a la vecina por su cumpleaños por tres veces y tres medios distintos (me he ganado una tarta de chocolate), me ha llorado un ojo por el polen de los árboles, me he quedado mirando un rato la página 212 de un libro y hacia las ocho y media de la tarde he sacado una foto muy bonita a unas nubes que parecían venir de Londres; si no, no se explica ese color tan fascinante. También he recibido la confirmación de que voy a ser anfitrión por un par de días. Todo lo anterior (salvo lo de las lágrimas del ojo por el polen de los árboles), ha puesto una sonrisa al día.

Algo 25 May, 2010

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Nada, oye, que me ha dado un bajoncillo de azúcar pero no pasa nada. Eso sí, media tableta de chocolate con leche que ha caído y nosecuántas galletas entre los temblores que dan en estos casos y el sudorcillo y el rollo ese. Y sí, tiene que haber sido un bajoncillo de azúcar por narices, es mejor convencerse o autoconvencerse entre galleta y pastilla de chocolate porque, si no, uno se convierte en un doctor House y por su cabeza empiezan a pasar posibilidades a cuál más desasosegante.

Motivos hay.

Por ejemplo: y ese dolorcillo en el costado izquierdo? El doctor House miraría con ese ojo medio exoftálmico que tiene y preguntaría a la manera de un detective: irradia hacia el brazo? Pues sí, irradia, respondería yo tragando saliva. Me mandaría hacer una punción porque en todos los capítulos hay que hacer una punción. Que yo sepa, nunca se ha visto hacer un electrocardiograma a un paciente en la serie. En serio. No será fotogénico, supongo.

Divago, sí. Pero es por el subidón de azúcar de la media tableta de chocolate tras el bajón. Así es la vida en todos los órdenes: subir y bajar. Suben y bajan las emociones, los ascensores, las acciones, el azúcar y hasta eso mismo que estamos pensando.

Sí, eso: el pito.

No creo en la gente. Hace tiempo que no. Creo en determinadas personas y aunque me doy entero he aprendido, tarde, vale, pero más vale tarde que nunca, a dejar un espacio a la posibilidad de recibir un golpe porque así somos todos y, por tanto, más vale prevenir. Todavía estoy en la fase de saber reponerme cuando eso ocurre pero es que voy con retraso en los asuntos prácticos de la vida cotidiana. Es difícil reponerse porque tampoco creo en las demás cosas a las que la gente se agarra en estos casos. No tengo un sentimiento religioso, no tengo pareja en la que refugiarme, no tengo trabajo que me de un rendimiento bancario de manera que pueda decir: me voy a la playa y me olvido de todo. No.

(Vaya, ahora que lo pienso, pues qué panorama)

Pero a lo que iba: hoy he leído en alguna parte que cuando algo o alguien malo te atiza no hay que pararse porque algo o alguien bueno está llegando. Qué estupidez. Si algo o alguien malo te atiza, ajo y agua, y eso con suerte, porque el refranero dice que las desgracias nunca vienen solas.

Nos engañamos, reconozcámoslo de una vez. Cada cual se refugia en un sueño raro, una construcción mental concreta, un dibujo de las cosas y las gentes y hasta de los lugares que ocupan y deben ocupar; vivimos una vida de ciencia-ficción. Nos fabricamos una película y nos metemos en ella y del marco de la pantalla ya no nos salimos. Yo sí. Yo salgo de la pantalla, como en “La rosa púrpura de El Cairo” y allí en la sala a oscuras me lo cuestiono todo, de tal forma que el sábado, después de comer, tuve un momento de confesión materno-filial que dejó a mi pobre madre en estado “no sabía yo que era para tanto” o ” no sabía yo que estábamos así, hijo”. Cuando mi madre te escucha y mientras te escucha tantea el sofá y coge el mando de la tele y la apaga o le quita el volumen, es que ha llegado un momento “no sabía yo que era para tanto” o “no sabía yo que estábamos así, hijo”. Pero yo tengo que ser sincero, eso lo primero, y después la tranquilizo diciendo que no hay nada nuevo, sino que es lo mismo pero más. Obviamente, me las arreglo para distendir el asunto de manera que la tele recupere la voz y, obviamente, no se me escapa que mi madre finge una tranquilidad que no es tal. Así somos los hijos y así son las madres.

Si yo tuviera dinero y autonomía física suficiente, me iría a un lugar lejano para que nadie pudiera hacerme daño. Mi punto débil es ese. No el dolor físico, sino el daño que no deja lesiones visibles en las radiografías ni desajustes en las analíticas o en los electros que nunca ordena hacer el doctor House aunque le digas que el dolorcillo del costado izquierdo irradia hacia el brazo. El doctor House miraría la tableta de chocolate que tienes en la mano y echaría mano a unas cuantas pastillas. Diría una gracia de guionista en vena y se marcharía cojeando para dar paso a los anuncios.

Nada tiene sentido, sólo hay destellos ocasionales de un todo que se esfuma muy rápido. Dices eso y tu madre baja el volumen de la tele dando paso a un momento “no sabía yo que era para tanto” o “no sabía yo que estábamos así, hijo”. Y es injusto que lo tenga que oir pero, sería justo hacerle creer en un hijo de piel artificial? Ahora, de todas formas, ya hemos hecho la digestión.