Imprevistos 14 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosRecibí una invitación de la Universidad para dar una charla a los chavales y la invitación especificaba que el tema era libre y eso es un sueño para alguien como yo, persona polifónica, que te llamen para hablar de lo que quieras durante hora y media es como un sueño. Me tomé al pie de la letra el “de lo que quieras” y no pensaba hablar de música, sino de cine. No por nada sino por mucho: mucho apasionamiento. Pero este mediodía, justo cuando me sentaba a comer, han llamado del hospital para citarme a una prueba laaarga, lo escribo con tres aes porque son tres pruebas, una suite de pruebas en tres movimientos, justamente ese día, oye, también es casualidad; y el día es innegociable porque el médico que las solicitó lo hizo poniendo una equis en la casilla de Preferente. Un disgusto. Porque no quedan fechas en la universidad para cambiar la charla de día. Pero queda pendiente, ya está hablado; me encantaría hablarles a los chavales del lenguaje de las imágenes, que no de historia del cine, eso es distinto. A veces se me olvida que no soy yo el que marca el compás de mi vida.
Tocando a Mompou tampoco llevo el compás. En realidad no pienso en el compás. Esto viene porque la clase de esta mañana con Esther ha girado en torno a Mompou y no ha sido hasta hace unos minutos (y ahora es por la tarde) cuando me he acordado que tal día como hoy hace una jartá de años de la última vez que toqué como solista en público en un programa en el que aparecía el nombre de Mompou varias veces. Será la casualidad o el subconsciente, no lo sé, pero el caso es que el otro día, a mitad del ciclo Chopin en el que estamos inmersos, asomó una referencia a Mompou y quedamos en abrir un pequeño paréntesis el próximo día, meternos en él, y prestarle atención al compositor catalán. Y el próximo día, después de unos aplazamientos por cuestiones laborales de Esther, ha sido hoy.
Renove 13 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosNo es que me considere supersticioso pero mi padre murió un martes y 13. No digo más. Con ese pensamiento me he subido esta mañana al tren. No estaba prevista la excursión aunque tenía pendiente pasarme por la FNAC por lo de la Operación Renove antes de que se pasara el plazo. No es la primera vez que ponen en marcha esa iniciativa para reciclar filmotecas caseras y me parece muy interesante. ¿Qué hacen esas viejas cintas VHS en las estanterías? A estas alturas, poco o nada. Pues las llevas y te dan un vale descuento de 5 euros en la compra de un dvd. Y lo mismo para esos otros formatos en extinción, que no me tocan pero a otros sí, visto lo visto esta mañana: hablo del UMD para la PSP y del efímero HD-DVD.
Yo ya me había desprendido de la mayor parte de mi colección en cinta magnética en anteriores campañas pero esta vez también admitían dvd´s y ocurre que en los primeros tiempos de los dvd´s nos metían cada edición que igual por aquel entonces colaba (que ni eso) pero ahora clama al cielo. Ese “Encadenados” de Filmax, por ejemplo, por Dios. Luego vino Manga y puso en los quioscos sin avisar y a precio de coleccionable un master muy bueno. ¿Qué hacer con dos encadenados en casa, siendo el primero nefasto? Pues canjearlo por un descuento de 5 euros en esa rareza que es “Mr. Arkadin”, de Orson Welles, por ejemplo, última entrega de la Filmoteca FNAC en doble dvd. Mejor eso que se quede por un rincón.
A la vuelta, en el tren, han empezado a pasar por el pasillo, agarraditos de la mano, en fila india, un montón de pocoyós de 5 años, todos vestidos igual, con camiseta blanca y pantalón azul marino. A la cabecera de la cadena un profesor con cara de buenazo, y en la cola una profesora con cara de no dar tortazos. Los tiempos cambian. Iban camino de la cabina del maquinista. Estaban un rato allí y volvían con los ojos como platos y al poco rato se repetía a operación con otros pocoyós. Desde mi asiento, si inclinaba la cabeza un poco, conseguía ver algunas cabecitas mirando al frente, ante ese espectáculo maravilloso que es contemplar las dos vías paralelas y brillantes que se proyectan hasta el infinito y sobre las que se desliza el tren, esa perspectiva única que sólo se puede disfrutar desde la cabina. Y pensaba mientras tanto que esa visión quedaría grabada para muchos de ellos; a mí me pasó eso en mi incursión infantil en una locomotora Alsthom.
Cuando hemos llegado a la estación entaban los andenes y la sala de espera y las afueras de la estación con tal aglomeración de gente que por un momento he pensado que me habían hecho hijo predilecto o algo así y me habían preparado una recepción con José Isbert a la cabeza. Pero no. Eran los padres de 140 niños, que se dice pronto, 140, porque eso ha dicho el revisor, que había que bajar a 140 niños de 5 años. A mí me ha parecido un número muy alto, todo sea dicho, pero si lo dice el revisor será por algo. Además ha citado el nombre del otrora infausto colegio y eso ha sido definitivo para dar credibilidad a sus palabras. Ha resultado que entre los niños venía mi crítica musical favorita porque sus padres estaban entre los otros padres.
Ecos 12 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosEs curioso pero tanto tiempo hablando de efectos secundarios que los principales han debido sentir celos o algo así y les ha dado un berrinche, una pataleta que se ha traducido en forma de rebrote de mi artropatía. En realidad lo que siento es algo así como los efectos a distancia de una onda expansiva o de una sacudida sísmica, dado que la misión de la famosa (para bien y para mal, para lo principal y para lo secundario) medicación americana es encargarse de ello. Así que supongo que sin ella ahora estaría padeciendo un rebrote mayúsculo y no este eco que se traduce en un indecible cansancio a lo largo de todo el fin de semana y el retorno de un dolor físico, atenuado pero generalizado, que me recuerda otros tiempos en los que se presentaba multiplicado. No es que me impida desenvolverme, en absoluto, pero ahí está: algo inquieto, como el dragón de los cuentos que entreabre un poco los ojos en medio de una siesta de siglos. La siguiente dosis del fármaco toca este viernes pero parece que hay que adelantarla.
Todo ello no es impedimento para hacer cosas, al menos hoy, que este fin de semana ha sido cosa imposible, hasta escribir aquí. Esta mañana me he pasado por casa de Rafael para enseñarle la nueva partitura y le ha gustado mucho. Es una tradición: desde que escribí la primera corchea todo pasa por los ojos y los oídos de Rafael; no es hasta entonces que siento que la obra está terminada. Los argumentos que esgrime, su punto de vista… Es un placer y un lujo poder contar con ello. Y por supuesto, una tranquilidad. Eso ha sido esta mañana. A media tarde he quedado con Julio. A mediodía me he reunido con el paracetamol.
Se me notan los efectos del movimiento sísmico en la cara; me miro al espejo y veo cansancio en ella. El caso es que me cuesta dormir pero luego no me puedo levantar (como la Torroja en los ochenta), que el fin de semana me sentó fatal y sin salir de casa. Y durante el sueño tengo unos sueños raros, no por pesadillescos ni por lo contrario, sino por nítidos, de una nitidez asombrosa, donde personas que en la vida cotidiana no forman parte de mi entorno habitual se erigen momentáneamente en protagonistas absolutos. Lo que me inquieta es si lo que dicen vale lo mismo cuando el sueño se acaba.
Descanso 11 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario(dominical)
Apariencias 10 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentario-Somos burgueses, doctor Wolfgang, no nos importa disimular. Es lo que mejor hacemos.
-¿Y se conforma con eso? ¿Una vida llena de represión y negación?
-Y las cenas. No olvide las cenas.
“Mujeres desesperadas”, episodio 14, temporada #1
Parto 9 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 14 comentariosEstoy muy contento. Tengo ante mí a la criatura recién parida.
Especifiquemos: me estoy refiriendo a mi primera composición original (es decir, que no es una armonización ni una elaboración sobre material pre-existente sino que ha partido de cero) desde… 1999!
Especifiquemos más: es la primera composición cien por cien propia que ha pasado satisfactoriamente los (férreos) controles de autoexigencia.
Aquí la tengo, delante de mí. Porque por las noches me ha dado por ver de nuevo “Mujeres desesperadas” desde el primer capítulo, a capítulo diario (qué grande la primera temporada de “Mujeres desesperadas”) que si no ahora mismo me ponía a pasarla a limpio; hay que hacerlo cuanto antes porque tal y como está el borrador es probable que para dentro de dos días no me acuerde de lo que dice ni lo que pone. A los médicos les sigue intrigando (y les intriga porque lo han corroborado) la acción de los anti-TNF sobre algún neurotransmisor que se traduce en un bloqueo de la creatividad. De ahí mi amnesia creativa desde finales de 1999. Se comprenderá, por tanto, que el parto ha sido especialmente doloroso pero también la satisfacción ahora es doble porque uno no puede evitar sentirse vencedor de un pulso. Alguna vez tenía que ganarle a los anti-TNF, digo yo, aunque sea una vez.
He estado a nada, a eso de las siete y media, de llamar qué se yo a quién o a quiénes, bueno, sí lo sé, por la cosa del entusiasmo, pero me he contenido, no sé, me debo estar volviendo sensato o igual es que no terminaba de creérmelo. Ya anoté por ahí abajo que algo estaba diciendo que voy, que voy y al final ha venido. Y lo que ha venido es una obra para coro mixto con divisi ocasional para voces blancas sobre la última estrofa del texto latino del “Stabat Mater”. ¿Cómo describir esta música? Pues estoy en ello, porque tonalmente no está establecida en ninguna región concreta y rítmicamente es libre, ha costado meterla en el traje del compás y aún así he dejado muchos botones sin abrochar porque tiene un vuelo propio. Habrá que advertirlo en la partitura por si alguien se atreve a montarla, que hay directores que tienen ojo y estas cosas las ven pero otros no.
¿Y por qué en latín si yo no hablo latín? Este es un asunto curioso. Yo no sé componer en castellano, si me hicieran poner música a, pongamos por caso, esta frase: “Qué te parece si quedamos a las nueve y media” me caería de espaldas. Imposible. Pero en latín puedo hacerlo. La explicación es sencilla, aunque paradójica: el castellano me resulta demasiado nítido, estoy pendiente de cada palabra; sin embargo, el hecho de ver difuso el latín (difuso porque tengo una idea aproximada de lo que dice pero no domino la lengua) hace que el asunto funcione porque me quedo con la idea general de la frase, aunque subraye algún término puntual, y eso es suficiente para que la música actúe en consecuencia sin interferencias. Es como mirar un cuadro de cerca o contemplarlo desde cierta distancia: a cierta distancia se ve más definido. Supongo que también es una cuestión de flexibilidad: el latín es increíblemente flexible. Y evocador. Por eso ha salido una reformulación contemporánea de ciertos aires gregorianescos. Creo que eso puede explicar que haya fragmentos en esta obra que se resistan a ser medidos y que casi se escapen flotando como si no pesaran nada, como si en algún compás no existiera la gravedad. Eso me gusta. Porque el texto viene a decir:
Cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se le conceda
la gloria del Paraíso”
Y la música actúa en consecuencia, perdiendo lastre poco a poco, elevándose hacia unas simbólicas alturas hasta llegar al verso “Paradisi gloria” y ubicarse en una región armónica sin contornos, ni aristas, ni sombras. Como un susurro, un soplo leve en el que se disuelve un último acorde, que apenas parece que sea eso: último.
Barroco 8 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentariosLo habíamos dejado en que la experiencia face to face de sobremesa en la radio se iba a repetir. Para ser más precisos: continuar. Lo que me pasa por decir sí, sí, es que me ahora me encuentro teniendo que hablar por la radio sobre el Barroco musical a la hora de la siesta, en plan diálogo tranquilo y con acompañamiento de ejemplos musicales.
¿Seré un hombre fácil?
Pues no lo sé, pero lo que está claro es que me complico la vida con facilidad. También es cierto que lo hago a gusto y que le llevo al técnico de sonido el material editado que ni se lo va a creer. Veremos a ver qué pasa con el experimento.
Cuaderno 7 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 5 comentariosEsta tarde he terminado un cuaderno de música que me ha acompañado durante mucho tiempo y en el que están anotadas, así, a mi manera, ya sabemos, como un puzzle despiezado en una caja aunque con la seguridad de que no le falta ninguna pieza, algunas obras que tienen un significado especial para mí. Es un cuaderno grande, de un tamaño de hoja algo mayor que el DIN-A4, de orientación vertical. Lo elegí porque las líneas del pentagrama están marcadas en un azul suave y así se nota mejor el trazo oscuro de la lapicera. Es una de las razones por las que, teniendo un programa editor de partituras, prefiero un cuaderno a imprimir hojas sueltas, por mucho que las pueda diseñar a mi gusto. Otra de las razones es que lo de las hojas sueltas es lo que faltaba para que mi sistema-puzzle terminara por resultar un auténtico caos.
Me da pena que se haya acabado este cuaderno, oye. Quedaban bastantes hojas libres pero llevo unos días, intermitentes, eso sí, en los que poco a poco he embadurnado de trocitos nueve carillas, que es una barbaridad de carillas para no haber sacado nada en concreto. O sí. Porque esos trocitos inconexos parecen estar unidos por algo que no termino de ver, pero lo intuyo; como si fueran sucesivos ensayos o diferentes fases de un proceso de destilación en el que al final, se supone, algo saldrá. O no. Pero mi intuición me dice que siga. O quizá es la curiosidad y no la intuición la que me dice que siga. Curiosidad por ver qué sale de ahí, porque esta vez pasan dos cosas que no pasaban hace tiempo: una, que todos esos trocitos tienen en común que se duelen, no es que sean algo tremebundo, que va, ni trágico, no; se duelen, y ya está, como si tuvieran que sacar una nostalgia de dentro o qué se yo. Eso es nuevo. Más de una y de dos veces he apuntado aquí la sorpresa que me suponía comprobar que en las cosas compuestas con anterioridad no existía el reflejo de la difícil circunstancia en la que nacieron.
La otra cosa nueva es que parece que mi sentido contrapuntístico, ese que me hace visualizar la música dispuesta en horizontal, no está. Se ha ido. Y eso sí que es raro, tanto que me dejo llevar a ver qué pasa. En su lugar salen bloques verticales, columnas sonoras, puro nota contra nota, y con una sonoridad, además, que se diría que busca una reformulación moderna de procedimientos arcaicos. Vamos, una cosa rara. Pero se duele, y además las mismas fórmulas aparecen una y otra vez, aunque sea en diferente tono, disposición, compás, textura, y sin que, en definitiva, yo lo pretenda. Pero al final del recorrido miro el plano del cuaderno y veo anotado el mismo paisaje, quizá bajo una luz algo distinta, pero el mismo. Y según me pille me doy por vencido o me pongo cabezón y acerco la silla más al papel.
Un proceso así genera cierta ansiedad, una extraña sensación de incertidumbre. La gente se piensa que componer es igual que coger un lápiz, pensar un segundo una frase como esta misma, y empezar a teclear La gente se piensa que componer es igual que coger un lápiz, pensar un segundo, y lo que sigue. Pero no. Qué va. Nada que ver. Componer es un proceso que conlleva cierto sufrimiento, un tanteo en un pasillo largo a oscuras siguiendo la intuición que te va a llevar a encontrar el lugar donde está el interruptor que enciende la luz; y una vez has conseguido ver, después de muchos tropiezos, quizá entonces haya que cerrar los ojos para reproducir por dentro el paisaje, que es la mejor manera de conocerlo y reconocerlo, y tener claro entonces lo que falta o lo que sobra.
Soy un maniático de los cuadernos de papel pautado. Cuando uno se termina siempre pienso que ya me había hecho un hueco allí dentro y temo no encontrarme en el vacío blanco del nuevo.
Sueño 6 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios“Algo, que ciertamente no se nombra con la palabra azar,
rige estas cosas”
Jorge Luis Borges, “Poema de los dones”
En el sueño, jotacé reaparecía entre una multitud de gente que iba y venía con equipajes voluminosos y se acercaba a una ventanilla a sacar un billete para alguna parte. Yo era el señor que estaba al otro lado del cristal atendiendo a los viajeros. Acercaba su rostro a la ventanilla y decía en voz baja que no estaba muy seguro de cuál era la dirección y yo le tranquilizaba diciéndole que no se podía perder, que eso era imposible, que no se preocupara, y le entregaba algo similar a un ticket que más bien parecía una entrada. Entonces volvió a escucharse esa voz autoritaria pronunciando su nombre con un grito categórico y cortante, como aquella vez, igual. Al volver a mirar, jotacé ya no estaba por ninguna parte. Creo que el sueño acababa ahí. Fuera de él no sé cómo sigue.
Cena 4 May, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentariosLlevo 25 años pasando a cenar los sábados a casa de Anamari y Manolo. Ella no termina de creérselo pero es así, desde el verano de 1983. Yo creo que en realidad sí que lo cree, cómo no va a creerlo, pero le asusta pensar que ha pasado un cuarto de siglo, vamos, que está a punto de pasar. Un cuarto de siglo cenando lo mismo, además. Porque el menú siempre es el mismo, como un ritual: ensalada de lechuga con cebolla, olivas negras y zanahoria rallada de primero y tortilla de patatas de segundo. Lo segundo es lo mejor: es un enigma constatado aquí y allá que cada persona hace un tipo de tortilla de patatas que es el mismo siempre y siempre distinto al de los demás. Como si la tortilla de patatas fuera una especie de huella dactilar gastronómica propia e intransferible. La tortilla de patatas de Anamari es una obra de arte.
De postre toca la tertulia, aderezada según la temporada: helados caseros en verano y alguna repostería en invierno. Pero sobre todo es la tertulia lo que alimenta. Conservaré toda mi vida como una de mis experiencias más ricas e imprescindibles las tertulias con Anamari (Manolo es que se va a la tele después del postre). Veinticinco años después aún hay temas nuevos de tertulia y otros repetidos, pero con Anamari los temas repetidos son como una de esas canciones pegadizas que oyes una y otra vez y tan ricamente. Porque lo de Anamari es oírselo contar, es una narradora prodigiosa. Veinticinco años de mantel dan para crear un código de complicidades en la ironía y de conexión en general. Y si me siguen invitando y si el cuerpo me sigue pidiendo volver digo yo que será por algo.
Esta noche me he dado cuenta de que en ese refugio confortable que se forma los sábados por la noche en la cocina hay otra tertulia a modo de preliminar que me encanta especialmente y que sucede antes de la cena mientras la observo desenvolverse entre las mondas de patatas que corta con una destreza que resulta irresistible a la vista. Porque la mesa la pongo yo, como hoy, y a veces ni eso; ella es la que prefiere moverse aquí y allá, reproduciendo unos movimientos centenares de veces hechos. Y yo me siento en mi sitio, porque ya es mi sitio, pero en lugar de sentarme de cara a la mesa me siento de manera que la espalda se apoya contra la pared y mi brazo derecho descansa a lo largo del respaldo y así la veo de pie y de perfil, y la conversación va asociada a los movimientos de la mano que pela las patatas o corta las hojas de lechuga como si todo formara parte de lo mismo. Y yo escucho o hablo o pregunto o contesto o me río (es fácil que me ría mucho) o me quedo callado (que también) pero con los ojos siguiendo los movimientos de sus manos y eso me resulta hasta tranquilizador y todo. Me he dado cuenta hoy, más vale tarde que nunca. Y tarde que se nos ha hecho porque el reloj de esa cocina que es un paisaje fundamental en mi memoria emocional hacía tic tac y cuando el tic tac se hace notar es que se ha hecho tarde y los ruídos del edificio y de la calle se han ido durmiendo, aunque sabemos que no importa porque es sábado y porque seguro que estamos en mitad de un tema importante.
Tenía 13 años cuando un día de verano aparecí por allí y me quedé a cenar. Y a mí mismo me resulta asombroso pensar que allí seguía a mis 14, 15, 16, y también a los 20, 21, 22, redondea a los 25 y sigue, sigue, 28, 29, 30, 31 y así hasta los 38. Qué cosa. Hay una parte de mí que se ha hecho en esas conversaciones y ha crecido al calor del afecto con el que siempre soy recibido. Por eso siento que es una de las cosas más importantes que tengo, algo tan sencillo y tan valioso a un tiempo.
Memorial 30 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosA Adrián.
“…Creo que para su evasión aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres…”
Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”
Razones 29 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioEstando esta mañana en el hospital con una vía abierta en un brazo por la que entraba suero mientras que del otro salía sangre, he decidido que iba a meter el iPod en el bolsillo, subirme al próximo tren y pasarme por la FNAC. La enfermera decía que es normal que luego te encuentres flojico, bueno, ya sabrás por otras veces, no? almuerza algo abajo y descansa, y yo he respondido que sí, sí, pero por dentro ya lo había decidido. Soy así de contradictorio o de borrico pero si una cosa se me mete en al cabeza ya no hay más que hablar. Digamos en mi descargo que había razones de peso para hacerlo:
1. Soplaba el cierzo. El cierzo es el viento norte que te garantiza cielo azul y sol sin calor (de hecho, a la sombra hacía frío de invierno) Lo mejor para viajar, sobre todo tras la visita del calor durante el fin de semana pasado anunciando que enseguida se muda para aquí. Entonces no habrá quien se mueva. Yo, desde luego, no.
2. Me quemaba desde hace unas semanas el cheque de puntos acumulados de la FNAC, que mostraba una generosa cantidad en euros. Cuando eso ocurre lo más inteligente es emplearlo en algo que realmente merezca la pena. Y eso es justamente lo que pasa en el punto 3.
3. Y ciertamente 3, sí. Tres años esperando a que alguien se dignara a traer una de las ediciones USA imprescindibles: la integral Harold Lloyd, editada en 2005, restaurada meticulosamente y equipada con abundante y suculenta documentación adicional. Unas 24 horas en 10 dvd´s. Soy un incondicional de Harold Lloyd, el tercer genio, como lo llamó una serie británica documental. Sobra decir que también soy un incondicional de los otros dos genios, Chaplin y Keaton, del último me proyecté la otra noche esa maravilla que es “Sherlock Jr” y tengo previsto volver a hacerlo porque me quedé con ganas de más, pero a Lloyd se le tiene más perdido, quizá por aquello de que lleva 80 años colgado de las manecillas del reloj.
Me he vuelto en el tren tan ufano con mi pack Lloyd conseguido a precio ridículo al intercambiarlo por el cheque de puntos. La cajera se me ha quedado mirando en plan así no nos vamos a ganar el sueldo de este mes, chico; o igual la mirada era de otra cosa, mirada de vaya mala cara que lleva este hombre, si está blanco. Claro, me habían vampirizado las esbirras de Christopher Lee de par de mañana.
A la vuelta me ha salido a recibir a pie de vagón mi sobrino Carlos. Definitivamente, mi sobrino Carlos es como Pocoyo. Igual. Estaba tan contento de ir a la estación a esperar al tío que venía en el tren y yo tan contento de la recepción. Le he dado dos achuchones y del bolsillo de su pantalón ha sacado un caramelo azul del tamaño de una lenteja. Me lo ha ofrecido. Mi sobrino es muy generoso. Hemos esperado en una chocolatería a que la abuela hiciera un recado aunque no hemos tomado chocolate. Pero hemos hablado de los trenes, de las burbujas del refresco del tío, de cuál será la razón de que los cubitos de hielo estén siempre tan fríos y nunca calientes, de que el botellín de agua del que nunca se separa Carlos no tenga burbujas, de los coches de color rojo y de algo de El Rey León que no he terminado de descrifrar muy bien.
Al final hemos quedado que un día vendrá a comer a casa, hoy no porque él ya había comido y no se puede comer dos veces, según ha dicho. En la despedida le he dado otro achuchón y él se ha ido con la abuela y yo me he venido a casa con Harold Lloyd. Antes le he preguntado a Carlos si le gustaba Pocoyo. Ha dicho que sí, claro.
Pi 28 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Libros , 4 comentarios
Me da la sensación de que este pequeño libro al que mis manos han recurrido con el tacto una y otra vez en el transcurso de la disertación ha movido algunas emociones esta tarde. Pocas veces recuerdo que tras el aplauso se haya producido un silencio y una inmovilidad semejantes en el público, que te obligan a decir algo, no sé, habrá que salir, no?, o cosas semejantes, porque lo has dicho todo y ya no te queda dentro más, sólo la sensación de que lo ocurrido en esa sala allí debe quedarse, lo que nos convierte en compañeros y cómplices en esta travesía a través del océano de palabras que es, al mismo tiempo, espejo donde todos, más o menos, nos reconocemos cuando nos damos cuenta de qué va la cosa en realidad.
Ahora queda una íntima satisfacción por lo realizado y la necesidad de descansar, de desconectar. Al punto de la mañana hay que subir a la cuarta planta del hospital, la misma que la de la película, donde hay gente a la que le ocurre lo mismo que en la película; a mí me van a quitar sangre y me pregunto si con en esa sangre se irán cansancios raros como el de esta tarde, cuando Richard Parker miraba fijamente desde el fondo del pasillo de la sala sin que lo supiera nadie poniéndomelo un poco difícil. Lo ha venido poniendo difícil todo este tiempo, pero yo lo he intentado solucionar hoy poniendo la mano sobre el libro, acaricíando sus páginas como si fuera algo tranquilizador o familiar, o un asidero, y hablando despacio y con un tono de voz más bien bajo. Y me alegro de haber podido ganarle este pulso a ese bichejo insolente.
(Gracias de nuevo por el reportaje, sanvani)
Reducto 27 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios
Tanta prisa para contar las palabras y al final el periodista ha dejado para la semana que viene las Cuatro preguntas a… Ya lo dejó entrever la fotógrafo con el gesto. En el periódico de hoy sí que venían Cuatro preguntas a… pero eran a otro. Ahora que lo pienso, no he mirado a ver si a él le habían salido las cuentas, lo que sí he visto, y en la portada además, ha sido la noticia de que ayer hizo aquí el día más caluroso en lo que llevamos de año, 30.2º, terrible. Tengo pavor veraniego en lo que a temperaturas se refiere y esto ni siquiera ha empezado. Quizá por eso, subiendo el otro día al hospital, me quedé embobado ante la estampa de la cumbre nevada del Moncayo como si fuera la primera vez que la contemplaba.
Hay días de atmósfera limpia en los que se ven muy nítidos los detalles de la falda del monte y en la cumbre la nieve brilla como si fuera una crema blanquísima. Tiene algo de conmovedor ese último reducto del invierno que luce todo su esplendor al sol antes de deshacerse dignamente para reaparecer colándose en un descuido del otoño. Tan hermosa me pareció esa estampa, más todavía por fugaz, que eché en falta mi cámara de fotos pero me recordaron que el móvil lleva una. Es verdad. Nunca la había usado antes porque se me hace raro sacar una foto con un teléfono, convertir en ojo lo que de normal es un oído digital, se me hace extraño, y más si se trata de hacerle un homenaje póstumo al invierno pulsando la tecla Menú. Lo cotidiano está hecho de momentos desconcertantes.
Diario 27 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosPara que luego digan de la sugestión y esas cosas: me encuentro perfectamente (en términos relativos, se sobreentiende).
La crónica del fin de semana viene a ser esta: el viernes estuve un rato en casa de los vecinos. En la calle había animación veraniega, arriba había animación de tertulia. Se me volvió a olvidar pasarle a la vecina un regalo que tengo para ella que huele muy bien y que debe estar muy rico. A la tercera va la vencida, fijo. Me invitaron a quedarme a cenar pero dije que no, que gracias pero que no; tenía que encontrar la orilla de la charla de mañana y me iba a quedar más tranquilo sabiendo que el trabajo estaba terminado.
Al salir del portal y bajar las escaleras de esa calle que es una calle que yo creo que la hicieron en versión Las Calles de San Francisco, por la pendiente, ví al joven Malvás entre un grupo de gente de viernes y le mandé un sms a la vecina para decírselo que sé que le gusta porque le da un poco de rabia saber que, si se asoma a la ventana, entre ese mar de cabezas está la del joven Malvás y ella sin saber quién es todavía. Que conste que no lo sabe porque no quiere, le pone lo de la intriga, al parecer. No puede terminar lo de la charla porque quería prepararle a Esther un menú degustación chopiniano para el sábado por la mañana. A veces hacemos eso para buscar las claves del lenguaje de un compositor: vemos tal cosa aquí y la reecontramos allí y allí y, de paso, vemos las modificaciones o las transformaciones, si las hay. Creo que es algo muy interesante. También a ella le mandé un sms para decírselo, que tocaba menú.
Mi tranquilidad para poder decir que ya están terminadas las notas sobre la disertación del lunes tuvo que esperar, cierto, pero me tranquilicé igualmente y aún diría que de una forma especial, al escuchar a Evgeny Kissin tocar, y decir tocar es mucho, más bien rozar, acariciar, ese ejercicio de hipnosis que es la Berceuse Op. 57 de Chopin. Qué maravillosa obra. Así que hubo clase el sábado por la mañana y por la tarde sí, entonces ya pude dedicarme al trabajo pendiente. A partir de ahí, tranquilidad.
Diálogo 24 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosHoy han pasado dos cosas. Por la mañana me han dicho en el hospital que se ha vuelto a descompensar el asunto. No me ha pillado de susto porque ayer por la tarde me puse fatal pero tampoco me hace gracia que me lo corroboren con los datos de las analíticas en la mano. El médico ha pedido pruebas, como si fuera un juez, y ha rellenado papelitos verdes, rosas y blancos. No sé por qué tanto color cuando la cosa se pone negra. También ha pedido una sangría con celeridad, porque vuelvo a tener un hematocrito estratosférico. Creo que vuelvo a ser una especie de bomba andante, por lo que he creído comprender. No es que sea tonto o que el médico se exprese mal, es que iba con la cabeza embotada y pensando en el agotamiento de pensar en lo que viene. Al médico no le ha hecho gracia algo relativo a esos calambres que empezaron hace cosa de un mes y que no terminan. Me ha mirado los reflejos de la rodilla y al dar con el martillito ha salido la pierna disparada de tal forma que por poco le doy una patada (involuntaria, como los reflejos) en los bemoles. La medicina es una profesión de riesgo. Me dice el instinto que si ha habido una vez en la que a este hombre se le haya pasado por la cabeza la posibilidad de quitarme la medicación marciana-pero-vital ha sido esta mañana. Se ha notado por su silencio, o por el gesto, o por las dos cosas. Es comprensible: entonces sí que nos encontraríamos ante un serio problema. Y no es por quitarle méritos al médico, pero más seria sería la parte que me toca, digo yo.
Estoy nervioso, sí, pero es ese nerviosismo sin nervios, esa desazón característica con la que el cuerpo expresa la poliglobulia y la hipertensión. Dice el médico que son los síntomas normales de una situación anormal en la que hay que intervenir ya. Perfecto, pero después de la charla del lunes. Hemos llegado a ese acuerdo aunque la charla la tengo atascada. Ahora debería estar con ella pero es que Richard Parker me ha dado un zarpazo de esos traicioneros y con eso tengo suficiente por hoy.
Lo segundo del día ha sido algo más agradable. Me llamó el otro día un hombre con un interesante bagaje a las espaldas; en su día fue una figura pública hasta que desapareció del mapa. Debía estar en un estudio de radio, por lo visto, porque me proponía una charla en plan “face to face”; algo tranquilo, sin anuncios, sin el toque periodístico que le dan a las entrevistas cuando tienes que promocionar un acto. Me sedujo la idea porque no lo conocía personalmente y me atraía la incertidumbre del enfoque de una entrevista así, un cara a cara con un tipo con amplia experiencia vital, de luces y sombras, intelectualmente solvente, con un indudable perfil humanista. Cuándo, le pregunté. El jueves a las 15:30. Y yo pensé: vaya, habrá que tomarse una coca-cola no vaya a ser que me de la modorra de la siesta y caiga hacia adelante con la frente apoyada en la alcachofa del micro. Pero no, qué va. Apasionante la experiencia. Es que no es frecuente que te encuentres con algo así, con alguien que te mira a los ojos y te hace sentir que el reloj y la lucecita roja le importan un pimiento, que lo que le importa es hablar tranquilamente, sobre todo, eso, hablar, y tranquilamente, sin guión y sin preparación previa, lo que vaya saliendo.
Y lo que sale es muchas cosas, la música, los libros, la peripecia vital, el dolor, una armonía de Satie, el proceso creativo, sus mecanismos, qué lo alienta, dónde empieza, quién está ahí, en las cinco líneas y en los cuatro espacios, si es que hay alguien, sí, hay alguien, claro; el desarrollo de los motivos, el papel del oyente como culminación de la composición, la presencia del intérprete, el actor en el escenario, el teatro, vuelta a la música, si cantaremos quizá cuando las palabras no son suficientes, y la música como bálsamo. Y oye, que las señales horarias han sido como cuatro bofetadas, como un despertador grosero que te dice que espabiles de par de mañana. Así que hemos quedado para seguir el próximo programa, ¿te parece? Por mí, encantado.
Como el estudio está fuera de la ciudad y ahora los ayuntamientos hacen carriles bici y vías para peatones, se me ha ocurrido volver dando un paseo tras intercambiar unas palabras post-emisión y estrechar las manos. Y volvía yo a gusto aunque con un dolor en las cuencas de los ojos, igual que el de ayer y el de esta mañana, y pasando por esas zonas en las que solo oyes pájaros y el aire y el sol están igualados de manera que ni frío ni calor, esas raras ocasiones en las que todavía puedes creer que existe la primavera, pues se me ha mezclado de repente lo del diálogo en el estudio, sincero y cercano, con el diálogo de esta mañana en la consulta, sincero y cercano, y se me ponía como un revoltijo raro en el pecho, pero no de cabreo, sino como si de pronto, no sé, todo estuviera bien, eso, caminar sin ninguna prisa sintiendo que los pasos, y el sol, y la brisa, y los pájaros, y hasta el dolor en las sienes y en la cuenca de los ojos, por qué no, todo eso de alguna forma encajaba en una línea a una voz que hablaba de la suerte de estar, de sentir, de sentir lo mucho que sientes y lo mucho que lo sientes; hay espacio para todo en esa emoción intensa que es cobrar conciencia del instante. Si los milagros existen, el más importante debe ser uno parecido.
Vecindario 24 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Varios , 2 comentariosEste blog tiene vecinos muy amables. Bart Collins, desde “The well tempered blog”, siempre ha tenido palabras afectuosas hacia este lugar, las últimas muestras aquí y aquí. No olvido la anotación que Jam, desde “JamSession”, hizo aquí. A ambos mil gracias.
Contestador 23 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 1 comentarioHola.
En este momento no puedo atenderte. Volveré a primera hora de la tarde. Si quieres algo deja un mensaje más abajo.
Gracias.
(click)
Kyrie 22 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , Añade un comentarioUna cosa rara. Había previsto una tarde espartana en lo que se refiere a ponerme delante del ordenador, surcar el océano de palabras de “Vida de Pi” e intentar otear el horizonte en busca de tierra, tierra a la vista, cuando de repente me ha salido un Kyrie. ¿Es normal? He dejado este teclado a mitad de algo y me he ido al otro, al de las teclas blancas y negras, y ha salido un Kyrie de tirón. Eso tampoco es normal porque soy lento, lentísimo en esto de tejer las líneas melódicas y esculpir los acordes; más bien soy escrupuloso en el trabajo: limpio las virutas que se han caído de un intervalo al intentar fijarlo en la pared del pentagrama y pruebo, repruebo y apruebo una inversión de acorde muchas veces. Pues no ha pasado nada de eso. Estaba escribiendo sobre lo que ocurre en mitad del océano sin quitar ojo a Richard Parker, que ya se sabe cómo se las trae, cuando me he levantado directo al piano y me ha salido un Kyrie de tirón y sin pasar el paño ni la escoba.
Un Kyrie tiene que salir del alma porque es una súplica. Conviene recordarlo porque hay Kyries festivos, alegres y hasta exuberantes, y es cierto que son una gozada muchos de ellos pero también es cierto que eso demuestra que muchas veces se pone música a un texto sin importar lo que dice. Y en música vocal el texto debería ser subrayado por la música y esta brotar de él. Un Kyrie es una súplica: ten piedad; a quien lo cante le tiene que salir de dentro y a quien lo escuche le tiene que doler en el alma. Así lo veo yo, vamos. Y así ha salido este Kyrie. Puede parecer una inmodestia que uno diga que le ha salido un Kyrie que duele en el alma pero antes de llamar la atención sobre lo feo del gesto, el autor debería añadir que al poner punto final al Kyrie y escucharlo entero le ha dado la sensación de que eso ya lo había escuchado antes, nota por nota, exactamente así. Y estoy dándole vueltas porque no sé si es que ya lo llevaba dentro sin saberlo (y por eso me resulta tan familiar) o porque es una obra de alguien y ahora no caigo. Qué cabeza.
(Richard Parker lleva toda la tarde durmiendo la siesta)
Cuestionario (2) 21 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosHa vuelto a llamar el periodista. El de las “4 preguntas a…”. Este domingo yo soy el … al que hacen las 4 preguntas. Tenían que ser 190 palabras. Al final fueron 132 y el periodista dijo que la cosa se quedaba escasa pero es que me tomé al pie de la letra lo de ser conciso. Hubo que rehacer el asunto, estirarlo más bien, y el cómputo final dio 194. Pues hoy ha vuelto a llamar el periodista. Que la cosa sigue quedando un poco escasa pero que, en fin, bueno. No termino de comprender muy bien esta incursión del número en el discurso y de ambos en el espacio. ¿Y si las palabras son largas? ¿Cuenta lo mismo “y” que “relativamente”?
Ahora toca la foto. Las que tienen no les sirven, no sé por qué pero no les sirven. Será porque son varias y ahora sólo quieren una. Me da un poco de cosa que tenga que venir un fotógrafo sólo para eso así que me he ofrecido a ir yo adonde me digan. El fotógrafo era ella y donde me digan ha resultado ser en exterior, día. La conversación con el periodista ha tenido una prolongación más allá de lo meramente profesional; se ha interesado por el blog. Es que me pidieron una breve semblanza de mí mismo, que es lo más difícil que me pueden pedir, y como lo mío es comunicar me vino el blog a la cabeza, quizá porque es una parte de mi semblanza que está fresca. Tiene interés el periodista en saber qué se cocina aquí, a qué sabe el guiso, qué aire se respira; cosas que expliquen que la gente venga de visita y se quede un tiempo porque los periódicos tienen que regalar cuberterías y bicicletas ya que, al parecer, andan de capa caída. Quería mencionarlo en el cuestionario como “dato curioso” y yo, intentando que no me malinterpretara, que no tomara por intromisión en su oficio lo que en realidad era una intromisión en toda regla, he sugerido que quizá eso no venía a cuento con el cuestionario que, recordémoslo, preguntaba lo del duende y tal. Creo que se ha quedado conforme.
Cartografía 20 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Varios , 3 comentariosLas heridas que se arrastran desde muy lejos envueltas con los años son las que nos definen siempre y al final nos permiten alcanzar la dignidad en medio del naufragio”
Manuel Vicent
1007 19 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosEste es el post 1007 de La Idea del Norte. Casi tres años esperando a que llegara el 1000 (porque yo soy muy cuadriculado para estas cosas) y se me pasa. Si es que… Seamos sinceros y por partida doble: en primer lugar, ni loco pensaba que iba a llegar a escribir 1000 posts; en todo caso, empecé a sospecharlo allá por el segundo cumpleaños de este blog, cuando vi que, a lo tonto, la cosa iba sumando. En segundo lugar, porque no sé si el número que pone arriba, en el título, hace honor a la verdad, y es que en la despensa hay varios posts empezados en su día y que, por una u otra razón, no se terminaron, o si se terminaron, no se le dio al botoncito de Publicar, que es el que hace posible que esto salga en antena.
Una de los inconvenientes de esta manía mía de titular cada post con una sola palabra es que luego miras en la despensa y ves cosas como Anatomía, Cuento, Errores, Agenda, Línea, Oportunidad, Identificación, Tilde y algunos más y no tienes ni idea de a qué se refieren, ya no lo recuerdas. Cualquier día de estos saco tiempo para mirar por dentro a ver qué contienen, qué dicen, aunque lo digan a medias. Más que nada por el morbo de la curiosidad, que también eso me tira.
De todo esto se deduce que igual este no es el post 1007 y que el que se encuentra siete plantas más abajo de este rascacielos de palabras tampoco será el 1000, pero también queda en evidencia que soy cuadriculado para estas cosas y maniático para poner títulos de una sola palabra (salvo excepciones excepcionales). Y lo del morbo, que es algo que comparto con alguien. Y contigo también.
Efectos 18 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentariosAyer ocurrió algo que me llamó mucho la atención y es que después de tanto tiempo ví claramente la relación causa efecto entre la administración del medicamento marciano-pero-vital y sus efectos sobre algo que va más allá de lo físico. Porque no duele nada pero a las horas te sientes algo sordo y ciego para la música, y para formar un texto las piezas que montan las frases tienes que pensarlas dos veces y releerlas tres, y eso en el caso de que se te ocurra alguna frase. Para que se te ocurra alguna frase, hablo en el caso del blog, es necesario tener algo que contar y esa es otra de las cosas que pasó: que de pronto había una nube, una niebla por la que entreveías ésto y lo otro pero sin posibilidad de asirlo. Asirlo, ves? me suena de repente raro. Existe asirlo? Desde hace cuántos siglos no se utiliza eso?
En fin, a lo que voy, eso es lo que ocurrió. Y eso, que ya lo veníamos observando, que no es nuevo, sí que fue especialmente llamativo porque lo sentí de forma especial, quizá porque vino a romper un periodo de relativa normalidad, bendita palabra que diría Unamuno, normalidad, y porque lo único que cambió en cuanto a circunstancias fue la administración, horas antes, de la dosis quincenal. Hasta ahora, la medicina ha podido controlar el TAG, al menos es algo, que no es poco, pero es que esto otro es distinto; es algo que no genera ansiedad sino una cosa parecida a una incapacidad de la voluntad, que no es que no quiera hacer, es que no puede, no encuentra.
La medicina trata cosas que tienen nombre y apellido, que tienen etiqueta; no es el caso. Y entonces no sabe muy bien qué hacer. Eso les intriga a ellos y me intriga a mí. Y de paso me jode bastante, y me desconcierta y lo que se pueda imaginar. Pero doler, no duele nada. Insisto en lo del dolor porque es curioso que los médicos lo primero que te preguntan es eso, si te duele, y yo contestó, el qué, y son ellos entonces los que se desconciertan y añaden pues no sé, algo. Pues no, no me duele nada. Pero lo otro, pongámoslo entre comillas y en cursiva, “lo otro”, es otra forma de dolor, un dolor mudo, un dolor blanco, un dolor de humo, una nada en la que te pierdes un tiempo, cuánto, no se sabe.
Afrontar un dia cotidiano de esta manera supone hacer un acopio ingente de energías de par de mañana, de tal forma que ya te levantas vacío, agotado. No me las estoy dando de héroe; de héroe no tengo nada. Yo estoy preparado para cualquier cosa menos para morirme y eso a los héroes no les importa.
Pensando 17 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentariosUn poco.
Cuestionario 16 April, 2008
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentariosEl correo sigue dando sorpresas. Estaba hace un rato en las costas del libro de Pi (“Vida de Pi” es un libro que tiene una parte de costa y otra de océano) cuando me ha llegado el mail de un periodista solicitándo que responda a cuatro preguntas sobre la conferencia del otro día en la universidad. Dice que es para la edición del domingo, que es una sección didáctica que se llama “4 preguntas a…” y que las respuestas no pueden pasar de 190 palabras. Un cuestionario haiku, he pensado. Los Mecano cantaban aquello de 50 palabras, 60 palabras o 100 pero en una canción es distinto. Al final del mail venía un número de teléfono. Le he llamado.
Han sobrado muchas de esas 190 palabras para abrirme paso entre la redacción (le paso, un momento) llegar a su despacho y ponerme en comunicación con él y decirle que, paradojas de la vida, para el cuestionario sí que me iban a hacer falta unas cuantas más, igual si redondeamos a 200, mejor. Él ha reconocido que, en realidad, al final se quedan en menos de 190 lo cual significa que las respuestas encogen un poco una vez puestas al aire pero también ha dicho que si son más, la gente no las lee. Tiene razón. No sólo nos falta tiempo sino que, además, cada vez somos más impacientes. De todas formas, para algunas preguntas la parte proporcional de 190 palabras es al mismo tiempo mucho y poco, por ejemplo, para la segunda pregunta del cuestionario: ¿qué es el duende? Primera respuesta que me ha venido a la cabeza: uf.




