Aventura 4 julio, 2012
Escrito por emejota en : Album, Asuntos propios , 6 comentarios , trackbackHoy hace un año que marché a Nueva York. Qué recuerdos los de aquella aventura. Este blog es una caja inmensa de palabras, dejemos hoy que las imágenes hablen por sà solas.



Brooklyn, Park Slope:


Manhattan:


















(Jet-Lag)









Central Park:





Alucinante hilo musical en vivo… en un MacDonalds de Wall Street:


Zona Cero, World Trade Center:










Album 2 marzo, 2012
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Etiquetado. Ayer.
Album 23 enero, 2012
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Luna llena en fa sostenido
(Claro de Luna 2.0)
Album 6 enero, 2012
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Mis dos mejores regalos.
Norte 25 septiembre, 2011
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Noruega. Nordkapp: 71º 10´ 20´´
(Gracias, Rosa MarÃa)
Album 11 septiembre, 2011
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Album 16 enero, 2011
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Hay hojas de álbum que se repasan con una sonrisa en los ojos y en los labios. Feliz regreso, Laura.
Ilusión 6 enero, 2011
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Carlos. Ilusión y pasmo de Reyes.
Album 12 noviembre, 2010
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Le he quitado esta foto a Alex (era difÃcil resistirse) pero seguro que no le importa.

Y esta a mi hermano, que tampoco le importa.
Album 4 noviembre, 2010
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Muy cariñosa Carmen Machi.
Album 19 octubre, 2010
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Madrid, sábado 16 de octubre, 22 horas (más o menos). Servidor se encuentra en el Metro, lÃnea 10, en el trayecto entre las estaciones de Gregorio Marañón y Tribunal; llevo puesta una americana, tal y como indica la invitación al evento al que me dirijo, y custodio entre el brazo y mi costado izquierdo un pequeño objeto envuelto en papel azul. Es un regalo.
El metro chirrÃa en las curvas y mis tobillos llevan la contraria a las oscilaciones del vagón para preservar la verticalidad. Observo. Frente a mÃ, también de pie, tres chicas de unos treinta y pocos años. Una a mi izquierda, otra al frente y la última a la derecha. Estamos tan cerca que, para cualquiera que nos vea, pertenezco al grupo, cerrando el cuadrado. La chica de la izquierda lleva una melena morena a mechas, nariz afilada, mucha pulsera y un maquillaje que, o pasa por bronceado, o es bronceado. Asisto inevitablemente a la conversación.
-Y lo del pelo!?, pregunta escandalizada la chica de las pulseras.
-TÃa, eso es tema tabú, ta-bú, con eso te lo digo todo, responde la chica de la derecha.
-Ya tÃa pero, tú sabes que su novio se va a quedar calvo antes de los 35???
-Que sà tÃa, pero que eso ni mencionárselo, tema tabú, ya te digo.
-Y esas entradas, un horror.
-Ya…
-Pues chica, ya me dirás tú, pero que te quedes sin trabajo y tener al novio asÃ, osea, pues, no sé, qué fuerte.
Y yo alzo la ceja, carraspeando para mà mismo.
-Pero lo más fuerte es que además la pobre es fea y no se da cuenta, tÃa, apunta la chica que está entre las dos, frente a mÃ, interviniendo por primera vez.
La agradable voz de la megafonÃa anuncia mi estación de destino donde efectuaré un transbordo. La gente tiene unos problemas muy raros, pienso mientras atravieso pasillos y subo y bajo escaleras. Un hombre toca el acordeón y canta sonriendo. Tiene que ser difÃcil cantar sonriendo por lo de la vocalización.
A las 22:30, estoy en la calle Goya, un pelÃn asÃ, con la sensación de que sà pero a ver qué pasa, es decir, sà porque me sale del corazón felicitar a David acompañándole esa noche y a ver qué pasa porque a ver qué hace un cuarentón como yo en una fiesta en la que no voy a conocer a casi nadie y que se supone joven y bulliciosa. Pero antepongo a mis temores lo que hay que anteponer: David cumple dieciocho años, hay que ver, dieciocho ya. TodavÃa faltan unos minutos para que, dentro del local, me presente al actor José Luis GarcÃa-Pérez, su tito en aquella pelÃcula, “Cachorro” y me lleve una sorpresa muy agradable y hasta me emocione un poco al verlos juntos de nuevo tanto tiempo después de la secuencia de la despedida en la pelÃcula. Qué congoja la secuencia de la despedida. Pero eso luego. Ahora, hay un grupo de personas esperando en la calle y en nada aparece David y me busca con la mirada. Entonces descubro que ha decidido echarme un cable y que tiene pensado mantenerlo tendido a lo largo de la fiesta. No pasarán más de tres minutos sin que venga o me esté observando desde el grupo de personas que atiende o me pregunte si todo bien, si me apetece beber algo, si todo bien, seguro, todo bien, y cuando no está él en un radio cercano está su hermano Pedro.
En la fiesta hay tres grupos definidos: los jóvenes, los mayores y los actores (mayores y jóvenes). Parece difÃcil conciliarlos. Yo animo a David a que atienda a sus amigos con la misma insistencia con la que él me asiste, y su actitud es genuinamente david, muy suya. Hay un show divertido en mitad de la fiesta que promete repartirse por episodios a lo largo de la velada y en un instante de pausa salgo afuera a tomar un poco el aire porque hace calor, mucho calor. David sale detrás. No pasa nada, ahora entro, le digo. Pero él dice que de acuerdo y que ya entrará también él, y nos sentamos juntos en la escalinata que desciende de la acera y te lleva al local de la fiesta.
David se ha llevado una sorpresa de esas que se expresan con un silencio elocuente cuando ha abierto el pequeño paquete azul, de forma rectangular, que le he llevado como regalo. Regalo especial para un cumpleaños especial porque pone dieciocho velas en la tarta. Lo especial del regalo no es su valor material (que apenas lo tiene), ni su aparatosidad (es muy pequeñito). Lo que lo hace especial para David es que está hecho de él.
Alguna foto, hielo en los vasos, conversaciones con esta persona y aquella, otro capÃtulo del show, aplausos, flashes, risas, y a eso de las 2 de la mañana pienso con sensatez que lo más justo, habiéndose desvivido David para que no me encontrara fuera de lugar, es que de ahà en adelante viva su noche como la tiene que vivir un chaval de dieciocho años, asà que inicio la operación retirada dando abrazos y saludos con el convencimiento de que hago bien: he estado bien en la fiesta, más que eso incluso, y me voy muy contento. Y todavÃa me voy a sentir mejor en el hotel, seguro, cuando imagine a David disfrutando el resto de la noche como solo los chavales de esa edad lo hacen mientras tienen esa edad. Se lo merece. Reconforta pensar que aunque este cachorro se nos hace mayor, sigue teniendo el corazón de oro y hasta se ocupa de buscar en el móvil de un amigo que pasa por allà el teléfono de RadioTaxi.
El taxista que me recoge es un taxista melancólico y su conversación me recuerda a Millás, no sé si por Millás o por sus relatos sobre taxis y taxistas. Como me siento bien y despierto estoy tentado de decirle que dé un rodeo porque iniciamos, con la Torre Picasso como fugaz testigo presencial, un debate sobre los chavales de hoy en dÃa y tal. Y caigo entonces en la cuenta de que ya estoy en el capÃtulo de hablar de los chavales de hoy en dÃa y tal. Puntos suspensivos. En el hotel, me doy una ducha y busco el paquete de galletas de chocolate que habÃa empezado por la tarde en el tren. En el televisor, el novio de Falete asegura, sudor en la frente, que nunca, nunca, ha sido novio de Falete y una periodista frunce el ceño y muerde la patilla de la gafa, como sumida en deliberaciones antes de emitir veredicto.
Album 6 octubre, 2010
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Diego está en Tokyo y cuando aquà empieza el dÃa, él saca fotografÃas a la noche (“After Dark”) siguiente. Es lo que tiene que el mundo sea asà de misterioso. CuÃdate, Diego.
Nubes 2 junio, 2010
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Me gustarÃa vivir debajo de esas nubes otra vez.
Album 19 mayo, 2010
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Hay que poner en el álbum esta maravillosa fotografÃa que llega vÃa Microsiervos. Muestra el tránsito del transbordador espacial Atlantis y la Estación Espacial Internacional frente al Sol. La fotografÃa fue tomada por Thierry Legault. Leemos que el tránsito duró medio segundo. Boca abierta.
Album 2 mayo, 2010
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La vecina en una pelÃcula de Tim Burton.
(a.k.a “Goyesca gótica: coloquio en la reja”)