10

Hoy este blog cumple 10 años, aunque ha estado dormido los últimos dos años, ocho meses y dieciséis días (día arriba, día abajo). Primero calló, luego durmió y un día me olvidé de él. Si hace un tiempo me hubieran dicho que me llegaría a olvidar de este blog habría respondido qué dices. Pero así fue. De cuando en cuando, alguien me lo recordaba, bien de tú a tú, bien por escrito. Pocas personas pero de manera conmovedoramente fiel, tanto que casi me daba apuro, o ternura, o ambas cosas, cuando no me hacía sentir un pelín culpable y todo. Pero, qué quieres, así fue. Me sobró el blog. ¿Por qué? Qué se yo. Quizá lo raro no fuera dejar de escribirlo de repente, sino el hecho de haberlo empezado de repente, hoy hace 10 años.

En dos años y medio han pasado muchas cosas. Por ejemplo, en algunas cosas he cambiado mucho. Dudo si soy más yo o menos yo. Bah, mentira: soy yo, quién si no, pero ahora me conozco más y me engaño menos, y creo conocer más de qué va la cosa, el vivir y tal. Una noche estaba haciendo zapping y en un programa de humor entrevistaron a un viñetista de humor que estaba presentando su último libro de humor y dijo entonces una cosa que no tenía nada de humor; de hecho, era demoledora: decía que un día, después de muchas ansiedades, padecimientos de índole indeterminada pero acusada y etc, se había dado cuenta de que lo que le pasaba era una sola cosa: que estaba muerto de miedo. Muerto de miedo, me dije yo en exclamación nocturna abriendo los ojos. Digo bien: me dije yo, porque eso era lo que me pasaba a mí también. Sí, en algún momento en este tiempo me di cuenta del todo que estaba muerto de miedo. En realidad, tú también lo estás, pero quizá todavía tienes la suerte de no haberte dado cuenta del todo o no en su verdadera dimensión. Tranquilo, tranquila, todo se andará.

Estar muerto de miedo es una cosa muy chunga pero, como todo, tiene su parte positiva. Por ejemplo, en estos dos últimos años, habiendo sido yo otrora tan invernal, me quedo fascinado cuando veo despertar las cosas a la primavera. Suena cursi, manido, pero es asombroso ver cómo de un día para otro, esa maraña como de telaraña de los árboles desnudos empieza a teñirse de una pelusilla verde que, de pronto, ante tus narices, explota, revienta. Qué verde. Qué azul. ¿El de los árboles? ¡No, hombre, el del cielo! Y los pájaros. Soy como el fraile ese de la fábula monjil: me quedaría 300 años escuchando el balsámico y misterioso canto de los pájaros. Observo eso, me empapo de eso, y me da un cierto subidón. Pero no cantemos victoria: el subidón lo produce la misma causa que me baja de los árboles: que todo eso (y lo demás, todo lo demás) es fugaz. Oye, ¿no estás tú muy pesimista? ¿Yo? De verdad que no, cuando tengo los días pesimistas o pésimos, que lo mismo da, se me nota.

Qué más entonces. Pues una cosa más (o dos), Soy una persona que se ha ido alejando de las cosas y de las personas de fuera y un día, sentado en el sillón donde se sentaba la abuela a coser y donde ahora me siento yo a leer, descubrí que no me importaba. Todavía no sé si eso es bueno o malo, pero recuerdo que darme cuenta de que no me importaba mucho me hizo pensar un poco. Soy un yo más desencantado o desgastado o las dos cosas. Hay una parte objetiva en ello: clínicamente, soy una persona que arrastra un agotamiento muy grande, en primer lugar porque no saben por qué, en segundo lugar porque dicen que he entrado en una fase de mi enfermedad en la que el asunto del agotamiento físico encaja (sí, las discrepancias, el sí y el no, y luego el quizá, y después el sí y luego el no de nuevo y de viejo: el rollo espantoso y espantable de siempre) y en tercer lugar porque desde hace un año me extraen medio litro de sangre al mes, por lo que estoy anémico.

Y harto.

Un momento. ¿No utilizaba antes las negritas? ¿Cuándo? ¿Había una regla que determinaba qué palabras iban en negrita y cuáles no? No me acuerdo bien de cómo iba el asunto pero creo que lo de harto iría en negrita.

(y los paréntesis, aunque echando la vista arriba veo que han salido nada más empezar)

Sigamos.

¿Y por qué volver? Tampoco lo sé. No sé, de hecho, si es una vuelta o si me sigue pudiendo mi manía con los aniversarios, sean importantes, anecdóticos o, como en este caso, puramente sentimentales e intrascendentes. Pero de la misma forma que me fui olvidando de este blog hasta no llegar a echarlo en falta para nada, hace unas semanas se fue moviendo una cierta marea que supe a qué costa se dirigía.

A esta.

¿Ves? Ahora fijo que iba la negrita. Falta recuperar la costumbre de recurrir a C. para que me recuerde/reprenda sobre la necesidad o no de la tilde, porque entre la falta de costumbre de escribir y los sucesivos cambios de parecer de quienes determinan cómo se escriben las cosas, ando en un mar de dudas mayor que nunca.

Me he encontrado estos días la casa patas arriba. Como las viejas películas de nitrato, he abierto alguna lata para su restauración y había rollos enteros perdidos (la práctica totalidad de los audios del archivo de ejemplos musicales de este blog está perdido irremediablemente); otros, se pueden restaurar como, por ejemplo, las imágenes. Pero paciencia, que hay que colgarlas en sus marcos una a una. Dios santo. También me he encontrado la correspondencia de publicidad dejada por el cartero y que ha formado una verdadera montaña. Unos dos mil mensajes spam. Irán al reciclaje donde aún queda esa otra absurda y excesiva montaña de publicidad electoral. Y toni, en un gesto muy generoso, muy de él, me está ayudando a hacer esto más cómodo y habitable desde el otro lado del mar.

Y así va la cosa, poco a poco, supongo. Me dejo llevar, a ver qué pasa, a ver qué sale. De momento, aireo las ventanas. Si vuelve alguien por aquí, hola, un hola cariñoso.

13 pensamientos en “10

  1. Marcos

    Feliz aniversario, uno muy redondo como lo es también el número 10, de esos de boli Bic rojo-profesor sobre la hoja de un examen. Aniversario de matrícula de honor. Y con la alegría de soplar la decena de velas con los aires nuevos que trae este post. Viajar al invierno tiene lo suyo, pero hacerlo al fondo de uno mismo resulta incluso más difícil que al propio centro de la Tierra. Lo bueno es que, a la vuelta, todo cobra un nuevo sentido y termina por colocar todo (o casi) en el lugar que corresponde. Estos viajes, estos silencios (por más que duren dos años), son necesarios para seguir adelante. ¿Con miedo? Puede. Pero con un miedo ya bajo de defensas. Así que no puedo sino recibir ese “hola” con una mezcla de alegría y nostalgia, y devolver en su lugar un fuerte abrazo y mucho, mucho ánimo.
    PD: saludos a emejota, que andará por ahí.

  2. Joaquín

    ¡Por fin! ¡Cuánto tiempo llevaba esperando tu vuelta al blog!
    Creo que tengo un sitio entre esas pocas personas, “conmovedoramente fieles”, que aguardaban un nuevo post: lo sabes.
    ¡Ah, yo también tengo miedo! ¿Quién no, de alguna manera?

  3. Ajamuk

    Hace un tiempo observé que en mis actos también siento miedo. No se exactamente a qué, por qué o de qué. Ahora creo que es necesario tener miedo para comprender lo que es el valor. Uno es valiente, cuando a pesar de tener miedo decide voluntariamente a luchar contra lo que teme.
    Si no hay miedo, uno es un insensato o un necio.
    Disfruto de tu vuelta.

  4. C.

    (Haremos como que no ha pasado nada. Qué raro y qué familiar es todo esto, y has pintado las paredes, la puerta a los comentarios es otra…)

    Y me pongo directamente en plan seño, si para eso me requieres :)

    Emejota, es loable tu preocupación por la forma, y voy a disipar -o no, ya lo verás- tus dudas.

    Se recomienda despojar de tildes a los demostrativos. Los más arcaizantes, los cabezotas, los que simplemente no tienen ganas de cambiar, los que justifican la marca diacrítica de la tonicidad, han encontrado razones en el texto de la Academia para no entender lo que dice como prescripción, sino como recomendación, así que… allá tú ;) Hay reglas más absurdas que hemos seguido (como quitar la tilde a guion y tratarlo como monosilábico incluso donde no lo es, vamos, en tu pueblo y en el mío). Yo he dejado marchar a las tildes de los demostrativos, tan ricamente, pero, oye, tú mismo (mientras no se la coloques a “esto”, que eso sí que duele).

    No sabes cuánto me alegra tu regreso (es pura retórica: sí, sí lo sabes). El miedo forma parte de nosotros: unas veces paraliza, y otras nos mueve, seamos conscientes o no de que está ahí. Yo prefiero ser consciente de que está, pero luego no hacerle demasiado caso si no es para tomar impulso…

    Hola :)

  5. Victoria

    Hay pocas alegrías, muy pocas, parecidas a esta: ver tu vuelta.

    Aunque sólo sea para decirnos esto, para recordar los que fuimos, el largo desierto que recorrimos…. Gracias

  6. Mer he Arias

    Mariano voy de sorpresa en sorpresa, me alegro que vuelvas al blog que yo por lo menos entraba de vez en cuando esperando esto que lo retomaras. Un abrazo

  7. Rachel

    (Qué bien volver a pisar la nieve y ver la luz tenue del norte a través de la ventana.)

    (Cambios suaves en el aspecto, diferente y familiar.)

    (Qué bien volver a escuchar los pasos…)

  8. Belén Ruiz

    Yo también he entrado de puntillas en el blog y me fastidiaba dejar ninguna huella en la alfombra pensando en que si la veías de alguna manera te incomodaría. Me alegra tu vuelta porque has querido volver…

  9. Sergio

    A mi izquierda tengo un pequeño monitor encendido, veo en blanco y negro el inquieto soñar de mi hija, tiene ya 13 meses y me encanta ver como se sorprende cuando el viento mueve su flequillo, cuando ve una flor, cuando suena la música en la radio y la quiere chupar…

    Me da miedo este mundo, por eso deseo que cuando sea mayor tenga un sitio como este donde poder refugiarse

  10. Ferre

    Yo soy más simple que las patatas: me alegro que hayas vuelto a retomar el blog. De vez en cuando me pasé por aquí para ver si, después de un largo descanso, volvías a la actividad “blogo-creativa”, así que ha sido una sorpresa recibir tu aviso, pinchar en el enlace y comprobar que el Norte se quitaba las telarañas.

    Te daría la enhorabuena a ti por este décimo aniversario, pero, ¡qué leches!, la enhorabuena es para los lectores del Norte :-)

    Abrazos,

    Ferre

  11. Marlene

    Nunca me ha gustado el invierno, ni ese frío que transmite la nieve, pero un día encontré una idea al norte que me transmitía una cierta calidez, un sitio donde refugiarme, y donde un contador de historias un día, me haría sentir bien, donde una brisa me trajese un hola con más o menos cariño, pero un hola y una sonrisa conocida.

  12. lene

    Como en ese relato de las Cosmicómicas, respondo a tu hola con un muy tardío “te he visto”. Me alegro de haber reencontrado tu norte.

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