Alumbramiento

Esta madrugada he sido tío por tercera vez. César. Primer hijo de mi hermano. Le dejé un mensaje a la vecina, llega César, voy a recibirle, y desde el coche a la puerta de Urgencias, esa misma puerta donde yo he entrado tantas veces como paciente, algunas paciente, muchas impaciente, la misma puerta que da acceso cercano a Partos, la noche estaba apacible, la silueta de luces del hospital se recortaba contra un cielo de estrellas y luna clara. Es una experiencia muy emocionante asistir a algo así. Esperábamos, cada cual inmerso en sus pensamientos, de vez en cuando decíamos ésto o lo otro, alguien estiraba las piernas, un móvil vibraba, en fin, esas cosas, y yo miraba de vez en cuando la silla donde estuve sentado otra noche, hace diez años, esperando la llegada de Isabel, y no pareció el tiempo tan lejano: la misma sala, la misma silla, el mismo silencio expectante, las emociones sugiriéndote imágenes, despertando recuerdos, haciendo preguntas, proyectándose hacia ese mañana que ya es más suyo que tuyo.

Era una noche muy tranquila en el hospital, y a mí ese silencio de salas y pasillos largos me llama mucho la atención cuando un ser humano está a punto de venir al mundo, al otro lado de unas puertas a las que de vez en cuando echas el ojo. Imaginas la lucha de la madre, el trabajo de los médicos, el primer llanto, las lágrimas primeras de los padres, imaginas todas esas cosas y, sin embargo, sabiendo que están sucediendo ahí cerca, muy cerca en la distancia y en el corazón, todo está envuelto en un silencio que lo vuelve todo definitivamente misterioso, porque así es lo que acontece, un misterio profundo que te sobrecoge hasta que una vibración del móvil te hace llegar un mensaje desde el otro lado de esas paredes donde tiene lugar el alumbramiento y tu hermano te dice a los ojos: “3,930 kg. Todo muy bien. Ahora salgo”. Y los alivios compartidos, los besos, las sonrisas, alguna lagrimilla que asoma y el inevitable qué ternerico, casi 4 kilos. César llegó al mundo, ejercitó los pulmones con un llanto sano con el que dijo aquí estoy yo y cuando el médico lo cogió nos dicen que cesó de llorar y giró la cabeza mirando sin ver el universo extrañísimo de sombras y destellos que le rodeaba con suma curiosidad, como bebiéndoselo todo con asombro de pasmo.

Eran las 3 de la madrugada cuando salíamos de allí, dejando descansar a quienes tenían que hacerlo. La luna estaba alta y la carretera vacía. Se movieron emociones por dentro de nuevo. Me acordé de mi padre y miré a mi madre de reojo. Me vi de pequeño llevando de la mano al cine a mi hermano siendo él aún mucho más pequeño cuando mi hermana acababa de irse a la Universidad, me vi en la orilla de una playa haciendo un castillo de arena, me vi paseando con él en el frío de una Navidad de excursión descubriendo con ilusión las estrellas eléctricas de colores que los operarios municipales habían prendido por las calles. Veía esta madrugada aquellas imágenes tan lejanas pero tan bien conservadas que empiezan en el momento en que mi padre se marchó y sentí un no sé qué por dentro, un revoltijo de sensaciones que fue bueno y fue sereno, y fue hondo y sentido. Me dirás qué tiene que ver eso con el pequeño César, recién llegado hace unas horas y con lo vivido esta madrugada. Pues tiene mucho que ver, ya lo creo que lo tiene.

9 pensamientos en “Alumbramiento

  1. C.

    Bienvenido, César, y felicidades para todos :)

    (Claro que tiene que ver una cosa con la otra. Tiene todo que ver).

  2. Marcos

    De nuevo, enhorabuenísima.
    Qué cosa tan extraña son los hospitales en los que el mismo decorado de pasillos largos, luz fluorescente, silencios, esperas y puertas misteriosas sirven lo mismo para los malos momentos como para los mejores, como la llegada de un nuevo pequeñajo.
    Una nueva vida te hace mirar al futuro, pero también al pasado: ¿cómo puede ser ya padre ése que todavía es un niño en tantos recuerdos? A mí me pasa con algunos amigos.
    Disfrutad de estos momentos.

  3. Pilar

    ¡¡ENHORABUENA TÍO !! por esa dulce llegada de Cesar.
    Que disfrutes con el, un largo camino lleno de horas felices.
    Enhorabuena para todos.
    Dos besos, uno para ti y otro para el chiquitín

  4. emejota Autor

    Qué bien lo describes, Marcos, es así exactamente, cómo puede ser ya padre quien todavía es un niño en tantos recuerdos.

    C: todo tiene que ver, efectivamente, y uno lo ve allí muy claro.

    Transmito enhorabuenas, Pilar.

    Gracias a los tres!

  5. Asthar

    Qué bien: un personaje real más para el blog. Una alegría más para la familia. Un motivo más para mirar adelante. Ptro encargado de hacerte sonreir. Otro ser al que enseñar cosas..

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