Partido

La tarde que la Selección jugó la semifinal de la Eurocopa, mi sobrino Carlos anunció su intención de ver la primera parte del partido en su casa pero la segunda en la mía. “Con el tío”, dijo él. Horror, pensé yo, no por la visita, obviamente, sino por el cansinismo de los partidos, que esta Eurocopa y yo hemos cursado vías paralelas. Avisado a última hora de la visita, terminé los deberes, me di una ducha y cené algo rápido, encendí la tele, me senté en el sofá con cara de llevar allí 45 minutos y, mientras esperaba a que sonara el timbre, eché un vistazo a la pantalla del móvil para ver qué se decía en la red sobre el partido. Parecía que la cosa iba floja. Sonó el timbre y Carlos entró con los mofletes del mismo color que la camiseta del equipo patrio. Parece que la cosa va floja, eh, dije yo. Qué dices, respondió airado. Va floja, va floja, a ver qué pasa en la segunda parte. Me agarré a ese argumento pensando que todo Twitter no se podía equivocar y el árbitro pitó el comienzo de la segunda parte. A la derecha del sofá, camiseta roja, estaba Carlos, y a la izquierda del sofá, camiseta blanca, estaba el tío.

Lo de Carlos y los partidos adquiere cotas de intensidad pocas veces vistas en el salón de mi casa frente al televisor. Se incorpora jaleando al delantero que logra zafarse llevándose el balón, se deja caer con fastidio cuando el árbitro pita una falta inoportuna y se tapa los ojos con las manos cuando el peligro acelera demasiado el pulso. Qué nervios, buah!, gritaba Carlos. Yo le miraba alzando la ceja. Reconoció que un poco flojo sí que estaba siendo el partido. Ya te lo decía yo, contesté con la suficiente suficiencia como para ser creíble y con puntos suspensivos. Mientras los minutos avanzaban del 45 al 90 emergió la posibilidad de una prórroga y ante la eventualidad del peor escenario posible (suma de quince minutos, descanso, otros quince, breve descanso y penaltis) me pregunté si aguantaría despierto un crío que todavía no sabe pronunciar correctamente la palabra prórroga.

-Plórroga.
-No, es prórroga.
-Plórroga!
-Pró-rro-ga…
-Pló-rro-ga…

Y así.

La primera parte de la plórroga/prórroga dejó escuchar los primeros comentarios de tipo esto igual es un poco largo, eh, por parte de Carlos. Afortunadamente, en la segunda parte el partido se animó. Esta sí es la Selección que ha ganado lo que ha ganado, decían los comentaristas de la tele. Los comentaristas se animaban a la misma velocidad que crecían los espacios en blanco en el discurso de Carlos. No te duermas ahora, eh?, le advertí al ver que, total, faltaba poco y además llegaba, tenía todas las pintas, el momento más emocionante, el de los penaltis. No, no, que no me duermo. Dudé un poco porque al decirlo adoptó postura horizontal apoyando la cabeza en un cojín. No te duermas, hombre, que falta poquito. Que no, que no me duermo. La segunda parte de la prórroga se acercaba a su final, el tono de los comentaristas evidenciaba el nerviosismo ambiental, yo mismo me estaba poniendo negro, y entonces Carlos dijo con un hilo de voz flotante y feliz:

-IniestademividameteungolYAporfavor.

A mí me entró la risa y decidí dar unos toques de resucitación en la pantorrilla de Carlos, como hacen los fisioterapeutas para recuperar a los deportistas exhaustos. Él también se rió, pero antes de que se lanzara el primer penalti, había abandonado el terreno de juego.

5 pensamientos en “Partido

  1. C.

    Ay, qué majo :)
    (yo (¡yo!) he tenido que tirar del de los sapos verdes para que dejara el libro o el playmobil y echara un ojo a los partidos)

Deja un comentario: