Verano

Ha habido silencio desde el anterior post pero han seguido pasando cosas, ninguna convergente con este cuaderno de notas, por lo que parece.

El otro día una señora se acercó y se puso a mi lado en el mostrador de una tienda para decirme lo mucho que le gustaban los posts retrospectivos de este blog, los posts en los que pongo la lupa en esa infancia mía que tomaba nota del mundo con un sentimiento prematuramente nostálgico por lo efímero de lo que allí pasaba. La señora asomó la cabeza entre las dos personas que nos separaban y se acercó para decírmelo. Al hacerlo se le puso una cortinilla húmeda en los ojos y yo bajé la mirada con cierto apuro pudoroso porque me dio las gracias y me sentí un poco culpable de desatender esta casa, como quien no ha hecho los deberes del fin de semana y llega al colegio del lunes. Pensé que en este blog hay silencio. Fuera de él, también. Pero hay vida, así que no hay motivo de preocupación. Son etapas. Hay etapas más silentes y otras etapas más elocuentes. Creo que se trata de un sistema inconsciente de gestión de las energías. He ocupado la mayoría de mis palabras en las clases de final de curso y su efecto, el de las clases, ha sido terapéutico para mí porque pude llevarlas todas a cabo. Eso produce una especial satisfacción cuando las fuerzas andan justas: cumplir, llegar, alcanzar. Además, sentí que los días tenían una utilidad o que yo me sentía útil durante esos días. Eso, tras un letargo, es fundamental: volver a sentirse util, marcarse una disciplina diaria que, al mismo tiempo, está destinada a producir un efecto beneficioso a otras personas, mis alumnos en este caso. Entre clase y clase he entrado en diálogo con mi cuerpo con la salud como tema de debate: su fragilidad, su progresivo desgaste. Y es interesante ese ejercicio porque según te pille te deja sobrecogido o te da un empujón hacia adelante. Pero indiferente no te deja, nunca puede dejarte indiferente descubrir el verdadero valor de lo que te sostiene. Y lo que nos sostiene es algo prodigioso y muy frágil que, en gran medida, no depende de nosotros.

He sentido nostalgia de los alumnos que se van para siempre, he reído con los vecinos, puse la palma de la mano en el vientre de mi cuñada para sentir por primera vez la presencia de mi sobrino, que va a nacer este verano, he recuperado fuerzas, las he perdido, he descansado para encontrarlas de nuevo, no he escrito nada pero he pensado mucho, me regalaron 32 bombones, he recibido alguna sorpresa y la visita de algún recuerdo recordando (valga la redundancia) que los recuerdos vienen porque viven en el presente, dónde van a vivir si no. He pasado del fútbol, pereza de fútbol, pereza de fútbol y de tenis y de motos y de fórmula uno, un horror. Vivo un compás de espera descubriendo que el motor para la acción no depende tanto de lo que digan en un hospital, que también, sino sobre todo de mí mismo. Es decir, que no me engaño. Por eso tomo notas: me han propuesto un proyecto pequeño pero emocionante, he descubierto otro igualmente pequeño y emocionante; a mi sobrino (algo pequeño y emocionante) le espero, no me voy a mover a ninguna parte este verano porque para mí es prioritario estar, darle la bienvenida, establecer ese primer y maravilloso contacto táctil y visual que te confirma, aunque no sepas expresarlo con palabras, que se ha establecido un vínculo invisible pero poderoso y permanente. Eso sucede. Sucede y lo sientes. Sucedió cuando llegó al mundo Isabel y cuando llegó al mundo Carlos que la otra noche, sentado conmigo en el sofá, calificó de arriesgada la jugada iniciada por el portero de la selección alemana porque, al parecer, efectuaba un saque con un jugador en fuera de juego. No quise preguntar qué es un fuera de juego para no quedarme yo en la misma situación, atónito ante un Carlos gesticulante a pie de césped televisivo.

Un día vi amanecer porque no dormí nada y me impresionó mucho el progresivo crescendo del canto de los pájaros a partir de un solo discreto. Otro día me senté a leer llevando el sillón al lado del balcón, al caer la tarde, igual que hacía la abuela, y no leí nada. Comprendí por qué ella tampoco. La tranquilidad es una actividad reparadora que nos invita a una momentánea y exclusiva entrega. Si no, es solo un nombre, una palabra, y no una vivencia.

Hoy es la noche de San Juan, empieza el verano y empieza a descontar minutos de luz, discretamente y con disimulo entre días azules, sabores de cereza, chapoteos de aventuras, pasiones efímeras, lo que siempre han sido los veranos sin que importe su reposición.

6 pensamientos en “Verano

  1. Marcos

    Los silencios forman parte de la música. A la gente le preocupan los silencios, pero son necesarios. Me ha gustado especialmente lo de tu abuela; a mí también me hacen falta esos momentos. Buen verano!!!

  2. Pilar

    Todos los días me asomo a este rincón, me preocupaban tus silencios, pero veo que, como dice Marcos, son necesarios. Yo también te deseo tengas un buen verano.y te alejen todos los males.
    Un beso

  3. emejota Autor

    Hay silencios de blanca y silencios de negra (Victoria, que frecuentaba este blog y a quien recuerdo mucho a la vez que me pregunto si lo seguirá en silencio, me habló de los silencios de nieve). Lo importante es seguir con el compás de la partitura :)

    Un abrazo para todos.

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