Archivo por días: 29 mayo, 2012

Colores


Fue la página web del cole la que reveló la inquietud artística de mi sobrino Carlos y fue una sorpresa porque él lo llevaba discretamente. De hecho, las veces (pocas) que se pone a pintar en casa no se caracterizan precisamente por el entusiasmo, ni por el empeño, minuciosidad o concentración. Unos círculos, unas palabras trazadas con letras gordas y enseguida la atención y las energías ya están puestas en los millones de cosas que quedan fuera de los márgenes de la hoja de papel y, entonces, ya no lo ves. Se levanta y ya no lo ves. Aparece y desaparece tras un balón o le pone con los labios banda sonora de motor al helicóptero donde transporta del salón a la cocina al imaginario protagonista de una aventura imaginaria o se pone a clasificar los cromos de la Liga de Fútbol. Y quien dice estas cosas, dice un ciento más. De ahí la sorpresa que me llevé cuando supe que había sido finalista en un concurso de pintura, sorpresa acrecentada cuando vi la obra seleccionada. Al parecer, la inspiración estaba en la visita que la clase hizo a un sitio donde había verduras, o cultivaban verduras, algo así. No sé en qué habrá reparado el jurado pero yo me quedo con la síntesis personal que el artista ha hecho del azul del cielo y el verde vegetal, integrados ambos en la propia planta, solución que tiene su cosa y hasta su lógica. En declaraciones telefónicas, el autor afirmó que las dimensiones del dibujo eran “más grandes que una página de papel, pero gigante tampoco”. Después pasó a decirme que el Tudelano ha ascendido a Segunda B, que si me había enterado ya porque él sí lo sabía. Ahora tiene que ir a Pamplona a hacer otro dibujo, cuándo, el día 8, dijo. La otra tarde fui a llevar a Carlos al cole pero cogió tal velocidad que, en realidad, me llevó él. Por lo visto, tiene la costumbre de llegar antes de tiempo para explayarse por el patio o intercambiar opiniones con los amigos antes de que empiece la clase de inglés, de matemáticas, de conocimiento del medio o de lo que toque conocer porque, a dos semanas de terminar el cole, Carlos todavía no se sabe el horario de clases. Tampoco parece darle mayor importancia o utilidad.

Con autorización del autor, reproducimos el dibujo haciendo clic aquí

Piel

No ha sido hasta esta mañana, temprano, cuando he encendido el móvil en una sala de espera del Hospital en la que esperaba el aburrimiento concentrado. No encendía el móvil desde hace un par de días o tres, tres creo, sí, desde el sábado cuando me puse tan ¿mal? o debería decir tan ¿poco?. Tan poco yo, me refiero. Si me sacara una fotografía y la pusiera en uno de esos post bajo el epígrafe “Autorretrato”, aparecería con unos electrodos y unos cables formando espirales que se conectan a una petaca, como las de los presentadores de la tele, y que registran la actividad cardiaca desde hace un par de horas y hasta dentro de veinticuatro (veintitres, ya). La razón es que una de las pruebas de la apnea del sueño reveló que no había un paro en la actividad respiratoria pero sí tres episodios de taquicardia largos en la gráfica horizontal del tiempo y con picos abruptos como de sismógrafo en la vertical. Y como la sintomatología persiste, aumenta e interfiere ya de una manera notable, dijo el médico lo del aparatito junto a otras pruebas que se irán sucediendo a lo largo de los próximos días con la equis marcada en la casilla de preferente, unos análisis, un TAC del pulmón, otra que requerirá un ingreso de un día en un hospital de Pamplona y etcétera. Me enmudece pensarlo, porque como estoy tan cansado me sorprende que las cosas me pesen más de la cuenta y me dejen sin aprensión ni neuras (cosa rara) pero sí con un mutismo que aprovecha para asomarse a un libro y poco más.

(por cierto, de mayor, quiero llamarme Peter Cameron para saber inventar y escribir esa novela maravillosa, divertida, maliciosa, inteligente -y aún no se me han acabado los adjetivos porque me falta leer un cuarto- que se titula “Algún día este dolor te será útil”)

Total, que no ha sido hasta esta mañana, temprano, cuando he encendido el móvil en una sala de espera del Hospital y la pantalla enseguida se ha iluminado para mostrar un mensaje de María, enviado ayer a la hora de la cena, donde me felicitaba cariñosamente porque ayer este blog cumplía siete años. Hay un momento en el que te das cuenta de hasta qué punto se ha ido desdibujando el blog de ti mismo cuando ya ni te acuerdas de su cumpleaños. Pensaba en eso con una de esas aprensiones que alimenta el triste ecosistema de las salas de espera cuando he oído mi nombre y he tenido que pasar a que me pusieran el instrumental, como cuando a los caballeros medievales les ponían la armadura, parecido, pero con pilas y sin metal. Me hacía preguntas una enfermera toda garbosa ella y yo contestaba pero pensaba al mismo tiempo que, mientras los elementos sean adversos, debería buscar unos hábitos que no fueran carga ni obligación innecesarias pero sí una ayuda para mantener el norte. Como una gimnasia psicológica. Y ha sido entonces, entre unas y otras cosas que me han ido viniendo a la cabeza, cuando se me ha ocurrido cambiarle la piel al blog, en progresivos injertos y tatuajes que, poco a poco, irán dando forma a una nueva cara, la carne ya se la pondré yo.

¿Por qué el cambio, aprovechando el aniversario? Por dos razones, básicamente. Porque el anterior “tema” (así se llama el aspecto de lo que se ve en argot de blog) empezaba a ser más artesanal y manual que práctico al verse incapaz de asumir y aprovechar los avances de la técnica que hay detrás de las palabras que aquí se escriben y porque, de un tiempo a esta parte, mis ojos me pedían una caligrafía un poco más clara y evidente. Ahora hay que practicar nuevos retoques en pequeñas intervenciones de estética para, por ejemplo, poner un marquito a las fotos o alinear el texto al margen derecho o ir sustituyendo las palabras que aparecen en inglés y hacer que “responses” aparezca como “comentarios”. E ir haciéndome con los mandos de la nueva consola que aporta facilidades e introduce innovaciones a la hora de escribir los post. En realidad, esto último no afecta a lo que se ve ni al espíritu de lo que se lee, pero sí al proceso de elaboración.

El blog y yo estamos un poco en las mismas, con andamios. Me han puesto una especie de malla elástica en el tórax, de esas que usan los deportistas cuando fichan por diez mil millones de pesetas y se les pide que hagan un esfuerzo para comprobar que la compra chuta, y su función, la de la malla elástica, es la de que los cables, electrodos y la petaca que recoge los datos se quede en su sitio. La casa está silenciosa y fuera empieza a hacer calor. Son los pájaros los que lo dicen, el canto de los pájaros cambia cuando va a hacer un día caluroso, lo que no sé es si la gente los escucha porque a nivel de calle hay una banda sonora de coches, voces y demás cosas que acontecen en la cotidianidad de una ciudad cuando no está de baja. Yo más que de baja estoy bajo y sé que es una situación transitoria. Lo que me pesa es que ésto marque una franja más en la escala de limitaciones vitales, esa que exige cambios e introduce recortes. Me angustia un poco no saber cuántos, cuáles y tener que reencuadrar los próximos capítulos, si así fuera, en el nuevo formato, pero me conmueve la rotundidad con la que la vida se pone la primera en la cola de la puerta donde pone “adelante”. Lo importante es vivir y ser consciente de que vives una vida. Creo que en este momento, mi Idea del Norte, la brújula que mantiene el rumbo, es esa.

(La piel del blog es reversible, por supuesto; pero dejemos que se asiente y que despierte de la anestesia, a ver qué dice y tal)