Kvothe

El temor de un hombre sabio“El hombre había desaparecido, el mito no: músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, trotamundos, héroe y asesino, Kvothe había borrado su rastro”. ¿Dónde está Kvothe? Está, lo sabemos bien, en la posada Roca de Guía, madrugando para preparar la masa del pan, encender el horno, subir de la bodega un barril nuevo de cerveza y pasar un paño sobre el mostrador de madera. Es una segunda vida, una vida disfraz, una vida silente. Una vida fuera de la vida. El día comienza. Kvothe tararea una vieja canción. En julio de 2009 escribí en este blog un post sobre la impresión que me había causado la lectura de un libro frondoso, voluminoso: “El nombre del viento”. Venía firmado por Patrick Rothfuss. Lo fui leyendo sabiendo que ya formaba parte de esos libros que vienen para quedarse, para formar parte de la imaginaria estantería de los imprescindibles. Muy bien escrito, inspirado en las tramas, en los lugares y en la fragua de los personajes, poético, épico y esotérico, fantástico por género y por calidad, y ante todo y sobre todo, narrado con palabras de otoño. Qué libro. Al final de esa reseña, escribí: “Nos dice la editorial que Rothfuss, cronista ejemplar, ha empleado más de diez años en montar minuciosamente este puzzle. Prefiero no creerlo porque cuando alcancemos el final de este tomo nos esperan dos más que no están escritos aún (Kvothe le ha dicho a Cronista que le contará su historia a lo largo de tres días). Sería una putada, con perdón, que se nos hiciera esperar tanto”.

Como soy una persona contradictoria, resultó que la editorial nos brindó la segunda parte en octubre del año pasado, me pasé por la librería el día del estreno… Y postergué su lectura hasta ahora. ¿Por qué? Qué se yo. Lo importante es que amanece en la posada Roca de Guía, es el segundo día y Kvothe, el posadero, se dispone a proseguir el relato de su vida a Cronista, que ya ha dispuesto sobre la mesa de madera sus utensilios de escribano. Mucho trabajo tiene por delante Cronista, mucho papel y mucha tinta necesarias porque este día segundo es aún más laborioso que el primero. “El temor del hombre sabio”, ese es el título del segundo libro, es todavía más extenso que el primero, unas 400 páginas más extenso, lo cual nos regocijó a quienes nos habíamos quedado boquiabiertos en aquellos memorables capítulos que hablaban sobre los años terribles y fascinantes vividos por Kvothe en los tejados de la ciudad alucinante de Tarbean o nos habíamos sobrecogido con las apariciones de Auri, criatura lunar, en la subrealidad. 1200 páginas de letra minúscula, oiga, un tocho de libro.

Abrí el otro día “El temor de un hombre sabio” con la emoción de quien sabe que va a volver a transitar los lugares ya conocidos. Y, por supuesto, con la curiosidad puesta en el qué pasa ahora. Y con preguntas, claro. Por ejemplo: ¿mantendrá Rothfuss el nivel? Esa es una pregunta obligada cuya respuesta requiere 1200 páginas de lectura, y como son muchas páginas, dan tiempo para formular otras preguntas. ¿Cómo retomar el hilo?, por ejemplo. Me daba un poco miedo eso porque, siendo yo mismo un lector que necesitaba un refresco de memoria (tenía imágenes, instantes, recuerdos, todos ellos nítidos pero fragmentados), me daba mucha pereza un posible resumen en forma de larguísimo preludio en cursiva. Nada de eso. Primera respuesta: las cosas van volviendo a la memoria en cuanto ponemos los pies en la taberna de madera y piedra, lo hacen con el reposo y la intensidad que definen a la forma de narrar de Rothfuss (intensidad y reposo, fórmula mágica).

Uno se arrellana en el sillón cuando se siente de nuevo dentro del universo concebido por Rothfuss. El arcano, el Archivo, sigaldría, un vínculo, el alar. Palabras de un lenguaje fantástico que nos confirman que hemos atravesado de nuevo el espejo. Habla Kvothe, anota Cronista, leemos nosotros. Una vez pasada la sorpresa agradable del reencuentro y confirmado el buen hacer literario diríamos, quizá, que falta una chispa definitiva que prenda la sorpresa, el fogonazo del hallazgo, ese que apareció en la obra anterior con creces. Estamos a punto de decirlo cuando la última frase del capítulo 59, página 489 de la edición española, estalla ante los ojos y es como si nos hubieran golpeado en el estómago, igual. Pasamos página tragando saliva. Nos mantiene Rothfuss en las alturas de la tensión, con buen pulso y pronto volvemos a tener la misma sensación. Nos preguntamos qué falla, si es que está fallando algo. Los lugares que visitamos nos atrapan, al igual que los personajes. Las cosas que ocurren nos interesan también. Concluimos entonces que hay una objeción que ponerle al libro: se llama exceso de páginas. Las mismas cosas, las mismas palabras, el mismo estilo con menos páginas daría un libro redondo y nos da pena reconocerlo porque vemos que esas páginas están muy bien escritas y responden al esfuerzo y al mimo y al interés por parte de Rothfuss de poner en manos de Cronista una narración a la altura de las circunstancias.

No quiere decir que estemos ante un libro fallido, ni mucho menos. Estamos un libro al que su hermano mayor le hace sombra, sombra inevitable, pero es una digna continuación. Nos gusta Kvothe. Nos gustan su orgullo y su honestidad, su tormenta interior, su impostura a síncopas. Nos gusta imprevisible. Nos gusta que nos imponga y nos gusta sentirlo vulnerable. Nos gusta su testarudez, su hambre de aprender. Nos gusta que se ponga gallito. Y nos gusta este Kvothe reposado y posadero que nos habla de aquel Kvothe joven cuya peripecia vamos conociendo.

Kvothe le ha dicho a Cronista que es mejor dejarlo por hoy y Cronista seca el plumín con un trapo. Están cansados. La noche cae y envuelve la posada. Hora de retirarse a descansar, mañana escucharemos el desenlace. “Todo hombre sabio teme tres cosas: la tormenta en el mar, la noche sin luna y la ira de un hombre amable”. Algo se mueve entre las sombras y en las conciencias oscuras una vez se ha hecho el silencio.

Algo va a ocurrir.

– Reseña de la primera parte de la trilogía de Rothfuss en La Idea del Norte clicando aquí

4 pensamientos en “Kvothe

  1. C.

    Me pareció que alguna página le sobraba también a “El nombre del viento”, y me estaba dado pereza leer esta continuación (sin que el número de páginas sea un problema para mí, ya lo sabes). Ya veremos… (no vamos a coincidir siempre, no? ;) )

    (yo a punto de terminar HHhH)

  2. emejota Autor

    No, claro que no vamos a coincidir siempre, ahí está la gracia :)

    (en realidad, estoy disimulando el soponcio por la discrepancia, C ) :p

    jaja

    Para mí fue uno de esos libros de los que me daba pena salir, tanta que creo que no volveré a entrar, por si acaso.

    Ahora en serio, si te sobró alguna página, haces bien en seguir el consejo de la pereza…

    Besos!

  3. toni

    muchas ganas los dos, eso es lo que dan, que aquí aún no le hemos hincado el ojo a ninguno. a ver si en cuanto deje de trabajar y no me quede dormido en la esquina de la terecera palabra…

  4. Àlex N. Everett

    En comparación con El nombre del viento esta segunda parte sale perdiendo. No me atrevería decir en ningún momento eso de que “segundas partes nunca fueron buenas”, pues para nada es así, dentro de su género el libro es bueno, muy bueno, prácticamente genial. Sin embargo ya no hay tanta referencia dickensiana, como en el primer libro, no hay tanta referencia tolkeniana, en cuanto a estilo… más bien parece que Rothfuss acaba de crearse su propia escritura, pero esta resulta ser imperfecta, muy buena, pero algo lejos de la perfección literaria.

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