Diario

Hoy me he despertado pensando que igual echo de menos las frases cortas. Me gustan las frases cortas. Como la anterior. Con las frases cortas puedes decir muchas cosas y, si no, te dan pie para marcar el ritmo del párrafo. Y si das con el ritmo del párrafo entonces la cosa se pone más fácil para decir muchas cosas, ya sea con frases cortas, largas o medianas.

No sé muy bien qué es una frase mediana.

Van pasando los días pero yo no del todo. Me adapto al calor que se va haciendo notar y me adapto cambiando horarios. Por ejemplo, ahora camino por las mañanas a una hora más o menos temprana. He dicho más o menos. Después, o durante, pienso. Tengo en un sobre, en colección, cinco citaciones para diferentes puertas del hospital. Las cinco se distribuyen a partir de mañana y hasta el final de la semana que viene y las tengo guardadas en el sobre en orden cronológico y así no me equivoco. Voy adaptando el compás de los médicos con el del final de curso y eso se traduce en que voy dando las clases que me han salido. Me han salido algunas clases. Sigo pensando que yo aprendo de mis alumnos. La frase no es mía pero la siento como si la fuera. Además de aprender, me observo en las clases y me veo como más mayor. Qué quiere decir eso. Hazte mayor y entonces lo comprenderás. Dirás: ah, era eso. Toda la vida usando frases así, comprendiendo todas las palabras que la componen por separado y creyendo que juntas también. Y no. La comprendes después, mientras hablas sobre una modulación entre los tonos de La Mayor y fa sostenido menor, mientras preguntas cómo fue el examen de matemáticas de la semana pasada o mientras vuelves al libro que dejaste en el sofá.

Sigo leyendo.

Leo y me sobra definitivamente la tele pero creo que es porque estaba saturado de vociferios, música de anuncios y tal. Leo por las tardes y a la izquierda, al otro lado del balcón, hay un cielo muy azul y escucho cantar a los pájaros. Pausa. No sé de dónde salen ni dónde están, lo que sé es que están quietos. Cantan en plural y con ese eco característico de las horas tranquilas. A veces detengo la mirada en la mitad de una frase y escucho. Y el efecto resultante es que lo sientes todo más presente, fijo, asentado, real y tranquilo. La tarde, la primavera, las clases, las citaciones del hospital dentro del sobre, el canto de los pájaros, el libro, tú (o sea, yo). La tele queda fuera.

Llevé a mi sobrina al cole.

Fue el lunes. Después de comer. Vino a comer a casa porque Carlos se había ído de excursión al Moncayo. Por la noche dijo por teléfono que había visto un águila. O igual era un buitre, no me acuerdo bien. Él tampoco. En el Moncayo todavía encuentras nieve si subes a la cima. Lo sé porque cuando doy un paseo fuera de la ciudad lo veo entre el camino y un montón de campos verdes. Al fondo está el horizonte y, de repente, de la tierra emerge esa montaña imponente en lo vertical y en lo horizontal. Y cuando veo la blancura de las alturas, más blanca por el azul profundo del cielo (o igual el azul es más profundo por la blancura de la nieve) me quedo un rato mirando con la nostalgia puesta y prospectiva de quien sabe que se está despidiendo de algo. Rebobino. El cole. El lunes. La presentadora del telediario dijo hola, buenas tardes, y le dije a la abuela: ya llevo yo a Isabel al cole. Seguro?, no me cuesta nada, dijo la abuela. Seguro, respondí yo. Es que el lunes me tomé la tarde libre porque no había clases, y al sobre donde guardo las citaciones para el hospital le pareció bien; tampoco había cólico (he pasado dos, moderados) y la temperatura era perfecta. Y ni llovía como los días anteriores ni había llegado el calor que anunciaban los hombres y mujeres del tiempo. Por eso, en general, me tomé la tarde libre.

Íbamos Isabel y yo de camino al cole y estuvimos hablando sobre el tema de cuándo empiezan las estaciones. Descubrimos que todas empiezan el día 21, sea para frío o para calor. Es curioso. En la puerta del cole le despedí con un beso y le dije, adiós cariño, y ella dijo, adiós tío, y entró corriendo al patio. En el patio corrían muchos niños, de aquí allá, en diagonal, por todas partes. Yo me quedé ahí un momento y por eso supe también que me he hecho mayor definitivamente. Por quedarme un rato, diez, veinte segundos, parado donde la puerta del patio del cole. Si te acuerdas, cuando ibas al colegio, te despedías de la abuela o de tu padre o de quien fuera y entrabas corriendo (o no) pero seguro que alguna tarde volvías la vista y te encontrabas a la abuela o a tu padre ahí quietos, como si esperaran algo. Te sonreían y entonces se marchaban (más o menos, igual aún tardaban un rato más). Eso hacen las personas mayores y lo sabes perfectamente. Después te giras y entras a clase o le tiras de la coleta a alguna niña y se oyen gritos de risa y te olvidas de los mayores, al menos hasta la hora de la merienda, puede que hasta dentro de treinta años aproximadamente cuando vuelves al cole en calidad de acompañante y te quedas un rato quieto, después de decir adiós cariño.

Algunos ratos, me asomo al ordenador y miro horarios a Estocolmo imaginando que voy un momento o tres días y veo lo que hay allá, donde las cosas están más arriba y mejor ventiladas, y luego preparo la próxima clase o sigo leyendo la novela que tenga entre manos mientras los pájaros cantan las verdades de las tardes.

7 pensamientos en “Diario

  1. Arantzazu aldanondo

    Me gustaria mucho conocer Estocolmo. Y tener mas tiempo.
    Y tener una varita magica; magica si.
    Felices sueños…

  2. C.

    A Estocolmo no, pero acabo -ahora mismo- de reservar un vuelo a Copenhague para noviembre, un poquito más al Sur :)

    Me alegra saber que empleas el tiempo en cosas útiles como acompañar a Isabel al cole -pero ojo, que no todas las estaciones empiezan el 21, a ver si nos va a suspender el control de cono… ;)-, hacer aprender y aprender, y leer, leer…

  3. toni

    tiempo para estar con ellos. y conmigo. y billetes al norte. y el sonido de las hojas de los lugares a los que viajas cuando las giras. con eso me conformo.

  4. Marcos

    Al norte parece que el resto del mundo se escuha en sordina, como el tráfico de la calle desde un piso 32. Lo mismo pasa en este norte de papel de luz, en el que las cosas pequeñas y escondidas se hacen grandes y evidentes, y lo demás hace de telón.
    Seguro que nuestros padres y abuelos, cuando nos llevaban al colegio y se quedaban ahí parados pensaban lo mismo que tú ahora. Nunca nos acostumbraremos a no dejar de crecer; seremos mayores de edad, pero no de edad mayor. Me quedo con lo que dice siempre mi abuelo: “Soy un chaval”.
    Un abrazo.

  5. Pilar

    Buenas noches emejota, hoy no te hago ningún comentario porque el cansancio puede conmigo,No he ido a Estocolmo, solo he pasado por debajo del Moncayo, y si, la cima estaba nevada, el calor lo he padecido en Zaragoza (casi me derrito) y aunque seamos jóvenes…., los primeros calores te hacen trizas.
    Un beso y a descansar

  6. Alicia Redel

    Cuando sientes cantar los pájaros al alba o al atardecer y el susurro de las hojas con el viento es sentirse en el paraíso. Suena cursi escrito así pero no tengo otro modo de decirlo.

  7. emejota Autor

    Es que quizá esos espacios son a los que tendemos por naturaleza aunque nuestra forma de vida los vaya alejando de nosotros, Alicia. Por eso cuando nos situamos en ellos nos encontramos como si nos metiéramos en una burbuja confortable.

    Ay Pilar, mira que ir a Zaragoza con semejante día horroroso. Zaragoza te hace trizas con los primeros calores, y con los segundos y todos los que vienen a continuación. Podías haber hecho escala aquí de visita y tomar un refresco. Apúntalo para la próxima vez :)

    Yo soy un chaval a ratos, pero pocos, Marcos. A veces me reencuentro con el chaval que fui/soy, pero es un reencuentro más interior que de cara al exterior. No sé qué saldrá de esta etapa que intuyo de transición. Yo me dejo llevar pero observando (para variar) :)

    Quizá lo demás sobre, toni, no? :)

    C, es que tiendo al redondeo porque el trayecto al cole tampoco da para mucho más :) Total, el orden de los números del calendario no altera el orden de las estaciones. Bastante desordenadas están ya ellas mismas, con una primavera cuando toca invierno, un verano africano cuando toca primavera, y así. Algo tendrá que ver la jubilación de Maldonado, que la cosa ya no es lo que era en las isobaras…

    Arantzazu: (que no nos oiga nadie, va un secreto: en las cajas de Magia Borrás viene una varita mágica) :)

    Abrazos!

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