Alturas

Sentado en el sofá y mirando al frente, al otro lado de la ventana del televisor el incombustible presentador del concurso de todos los días y todos los lustros hace preguntas y espera respuestas. A la izquierda, al otro lado de la ventana de cristal, el cielo sigue jugando al ahora te mojo ahora no. En el regazo, la ventana de la tableta digital me muestra el contenido de la bandeja del correo electrónico, los titulares de la prensa y todo el etcétera al que se pued acceder sólo con deslizar un dedo. Qué cosas. Solía decir Gloria-madre que le sigue maravillando pensar que de dentro de la cajita que te has llevado a la almohada, en una noche de insomnio, puedan salir voces, diálogos, canciones. Me acuerdo de eso y sonrío y, de paso, me acuerdo de Gloria-madre a la que tengo que llamar un día de estos, por cierto, y entre una cosa y otra lo ando posponiendo.

Ventanas, sí. Mires a donde mires, infinitos mundos se presentan a tus ojos. Uno se pregunta si un Nostradamus medieval, en el caleidoscopio de sus visiones, incluiría estos canales de subrealidad y de hiperrealidad, que de todo hay, y admira la templanza que hay que tener para transcribirlo en cuartetas, con su rima y todo. Admirable. Entraremos en el post de hoy o no. Claro. Pero es la actitud contemplativa de estos días festivos de hogar, reposo, chaparrones, arco iris, canto de pájaros, lecturas y alucine, sea cual sea la ventana a la que te asomes, la que ralentiza las cosas.

Ahora, por ejemplo, desde la ventana del televisor el incombustible presentador se despide hasta la próxima edición, en la ventana de toda la vida vuelve a nublarse el sol y la ventana de la tableta digital que tengo en las rodillas ha llamado al cristal en forma de notificación y me tiene en un asombro como de Gloria-madre porque una cámara, varias en realidad, está mostrando en directo imágenes de la Zona Cero de Manhattan, en una mañana luminosa de primavera. Allí no es fiesta pero están celebrando algo. Dentro de unos minutos, el nuevo rascacielos del World Trade Center va a arrebatar al Empire State su condición de edificio más alto, casi once años después. A esto los americanos le dan mucho rollo americano, ya sabemos cómo son, pero las circunstancias, el simbolismo y lo vistoso del acto hacen del asunto un espectáculo muy curioso, la verdad, por eso estoy aquí (aquí o ahí?) mirando y rescatando imágenes.

La responsable de todo es esta viga de acero que, hace unos minutos, los obreros que trabajan allí han querido firmar antes de que parta hacia las alturas. A pesar de los nombres, las siluetas de manos, las fechas, las citas del tipo nombre más corazón más nombre y todo lo que sea firmable en una viga de acero, queda bien a la vista una cifra en dígitos grandes: 1271. Y en pequeño figura la abreviatura “ft”. Se refiere a que cuando la grúa ice esa viga y la ponga erecta en lo alto del edificio que hace de guardian de la ahora apacible zona donde en su momento se levantaron las Torres Gemelas, se alcanzará la altura de 1271 pies, que son muchos metros, los suficientes para que, por unos centímetros, se cruce la barrera invisible que desbanca al Empire State como techo de la ciudad. No importa mucho, en realidad: el ascenso a la planta 102 del viejo rascacielos donde se encuentra el observatorio desde el que se divisa todo lo divisable seguirá recibiendo a millones de turistas y generando una fortuna ingente de ingresos. No es para menos: no todos los edificios pueden presumir de haber servido de árbol de un simio gigante en los tiempos del blanco y negro, o de haber hecho que Kim Novak y James Stewart se besaran en el amanecer gélido y solitario de una mañana de Navidad en Technicolor y así un largo etcétera.

Desde hace unos minutos, el encanto estético e histórico del imponente edificio art decó y el simbolismo representado por esta nueva torre de vidrio, tan moderna y estilizada, cursarán con un frenesí de negociaciones de fondo que no aparecen en las guías turísticas, a saber, la pugna por hacerse con el emplazamiento de las antenas que emiten la señal de radio y televisión que son cosa cotizadísima, quizá porque los sueños vienen de las nubes y a esta ciudad, y a todas las ciudades del mundo, les hace falta soñar. No es sueño, sin embargo, ni espejismo de oráculo lo que aparece enmarcado en la ventana de la tableta digital. Son imágenes en movimiento desde una megalópolis en una mañana de primavera muy azul sin que hayas tenido que subirte a un avión y cruzar 5700 kilómetros de océano. Sentado desde el sofá, las cámaras muestran a una grúa elevando la viga de acero que, una vez plantada en lo que va a ser el piso cien del edificio nuevo del World Trade Center, vendrá a ser el banderín que clavaban los antiguos conquistadores cuando alcanzaban una meta. Ni siquiera tienes que levantar la cabeza, como están haciendo los ciudadanos, curiosos, obreros, turistas y taxistas que pasan por allá. En este momento curioso, simbólico, atracción enésima de una ciudad que es toda ella atracción en sesión continua, uno se pregunta, mientras lee que aún quedan altura y metros desde esta viga hacia arriba, tantos como para superar los 500, muy lejos de los trecientos y mucho de su vecino, qué habrá sido de esa promesa, enfáticamente reiterada, de que la época de esas verticalidades monstruosas son cosa del pasado porque este presente incierto y tan inseguro no podía saber, cuando aún era futuro, que las cosas serían así.

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4 pensamientos en “Alturas

  1. Alicia Redel

    La foto es impresionante. Pero a mi, por mi edad abuelil, (palabra que creo me inventé) lo que en realidad me impresiona más que la torre, es la posibilidad que Internet nos ofrece de estar en mil sitios a la vez, hablando con gente de todos los paises, siguiendo toda una serie de causas dispares…en fin, te da la sensación de ser como los dioses del Olimpo ese estar al mismo tiempo en tantos sitios y hablando con tanta gente. Curiosamente en facebook tengo hasta un “amigo” sirio que escribe sus comentarios en árabe y yo… !hasta me entero de lo que dice haciendo click en traducir! En fin, una cosa que vosotros los jóvenes la tenéis tan asumida que ni le dais importancia. Pero a mi edad me resulta impresionante. Piensa que hace ya una veintena de años me parecía maravilloso el fax, el microondas o el celular. Cierto que mi generación ha visto un montón de inventos. Bueno, pues como dice Pilar Nueva York te está esperando.

  2. Marcos

    ¿Cuántas ventanas tendrá Nueva York? ¿Cuántos sueños se podrán divisar desde 1271 pies? ¿Cuántos de ellos rotos al caer desde tanta altura? El simbolismo de esa ciudad es enorme.
    Nueva York te espera, y tú serás entonces (como lo fuiste entonces) nuestra ventana a esa ciudad inabarcable. Y nos asomaremos por aquí a ver qué pasa por allí. Y diremos un Wow!! americano.
    Las ventanas (de cristal y electrónicas) unen y separan dos mundos a la vez. Y ambas dejan entrar un poco de aire. Es de esas cosas que no llegas a entender del todo y por eso te atrapan. Qué cosas.

  3. emejota Autor

    No sé cuántas ventanas tendrá Nueva York, Marcos, pero sé que sus ventanas tienen muy pocas cortinas. Es curioso eso. Lo leí y luego lo certifiqué. Nueva York es una colección de santuarios por donde pasan las personas. Eso también es curioso. Hacen Wow y levantan el pulgar con énfasis. Sobre todo lo del pulgar.

    Alicia, a mí también me impresiona eso. Estás allí, ves algo, sacas una foto, tu teléfono capta una red wifi (o la red wifi capta a tu teléfono), la cuelgas en internet y en cuestión de segundos hay gente dialogando contigo con seis horas de desfase pero en directo mientras caminas por la quinta avenida, todavía con la congoja de la melancolía de haber estado frente al escaparate de la joyería donde Audrey Hepburn desayunaba a los acordes de Mancini.

    No creo que me espere ya, Pilar, al menos no me espera ni me desespera por un largo tiempo :)

    Abrazos!

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