Magia

Un dos tresPor 25 pesetas, díganos un lugar mágico de la infancia. Pues mire, no siga porque ambos vamos a decir lo mismo: Un, dos, tres, responda otra vez. Hoy hace 40 años, 40, de la primera emisión en Televisión Española del Undostrés, así, todo junto, porque así es como lo pronunciaron varias generaciones de españoles. Para un niño de los setenta que pasaba las tardes de las anginas al calor del radiador leyendo Oscar, Kina y el Láser mientras la niebla borraba la parte superior de la torre de la Telefónica en el Paseo de Invierno y el olor del café procedente de la cocina de Cecilia se filtraba por el patio de vecinos, para un niño que veía los programas de la lavadora y se fascinaba por el azul del Vernel y su correspondiente colocón fruto de la fragancia suave que glosaba la etiqueta; un niño, en fin, de los de pan y chocolate en la merienda, esperando inquieto frente al televisor para que la programación de tarde abriera sus puertas y se materializara María Luisa Seco, ese hada buena, el Undostrés era percibido como una excursión al País de las Maravillas: el televisor era la madriguera a través de la cual llegabas a un sendero que, a derecha, a izquierda o al fondo, te mostraba mundos raros, diversos y fascinantes: el rincón de tanatorio y sainete de los Cicutas, de Valentín Tornos, Juan Tamariz, Paco Cecilio, nótese el pedazo de nombres, adviértase el pedazo de barbas; el rincón de las azafatas, como un campo de gafas gigantes y redondas plantadas entre números, cálculos y sonrisas; el rincón de las preguntas y respuestas, el de la calabaza fantasma y, oh, santo cielo, la subasta, esa inspiración irrepetible que un viernes te metía en el castillo de Drácula para cambiar la lápida por el saquito de tierra de Transilvania o te conducía a la isla del tesoro donde pretendían colarte el parche del pirata malo a cambio de que entregaras el mapa apergaminado.

Esta noche, cenando, le he dicho a mi madre que hoy hace 40 años que se emitió el primer Undostrés y ella ha respondido que, madre mía, cuarenta años, puntos suspensivos. Para nuestra casa, nuestra familia, mi padre, mi madre, mi hermana y yo (mi hermano aún no había venido), el undostrés representaba algo especial porque todos los viernes nos sentábamos en el cuarto de estar y no perdíamos detalle. Eran tiempos más ingenuos para el asombro, qué bueno eso, lo que daría yo por renovar ese asombro asombrado. No es que estuviéramos todo el tiempo ante la tele, en primer lugar porque no había tele más que pocas horas y con dos cadenas; los mayores trabajaban, se reunían a hablar con los vecinos (yo escuchaba risas confortables desde mi cama) y los pequeños íbamos al cole y pintábamos con las plastidecor. Pero había un rato en que todos coincidíamos frente al televisor, en las noches frías del invierno o tibias de la primavera. No fue hasta tiempo después, cuando el abuelo nos trajo el primer televisor en color en los mundiales del Naranjito, que me di cuenta de que habíamos visto en colores el Undostrés en blanco y negro, o así al menos lo había visto yo, y mira que los decorados simples pero hipnóticos, con esos redondeles y líneas gordas de Mingote, no eran otra cosa que eso: trazos negros sobre fondo blanco. Pero mi padre me decía que Kiko Ledgard llevaba un calcetín de otro color y yo juraría que era verdad. Qué cosas.

Entre el grupo de niñas y niños de nuestro barrio, teníamos la costumbre de montar un Undostrés de andar por casa después de las meriendas de cumpleaños. Era emocionante, muy emocionante, porque nos ponía la imaginación en el punto de ebullición de manera que convertíamos las cosas de una habitación cualquiera en un decorado de objetos preciosos, todos ellos con su correspondiente tarjetita. Y en la subasta podía tocarte la Ruperta pero nunca un coche, claro, pero sí unas chuches.

En mi recuerdo, el Undostrés es el pasmo de la magia y un sentimiento muy agradable de calor junto a la familia, los cuatro reunidos en el pequeño cuarto de estar y los deberes dormidos en la cartera del colegio. Sonaban las flautas chispeantes de la sintonía de Adolfo Waitzman y cantaba la voz uruguaya de Chicho, mago supremo del reino, tan afable y maquiávelico a un tiempo, presencia ocasional con puro, bufanda y gafas de cristales cuadrados de televisor, y cada cual ocupaba su puesto en esas noches que no serían mejores pero que seguro se vivieron con la intensidad de lo nuevo, de lo que queda por venir, y cuando en la imaginación de los niños no cabía la idea de una silla vacía y sólo se perdía en el país de las maravillas del Undostrés al son de campana y se acabó.

8 pensamientos en “Magia

  1. Marcos

    ¿Qué programa de la televisión reúne ahora a toda la familia? Prácticamente ninguno. Bueno: ninguno. ¿De quién es la culpa: de la televisión, que sólo hace negocio; o de nosotros, que nos hemos vuelto más despegados? Crecimos con la televisión, pero la televisión también creció y perdió la ingenuidad. Qué pena.
    Yo también le guardo mucho afecto al Un, Dos, Tres. Mi principal recuerdo data de 1992 (tenía 4 años), en Ciudad Rodrigo y se sitúa debajo de la mesa del salón (vete a saber por qué estaba allí escondido). Un abrazo.

  2. Arantzazu aldanondo

    Uff que recuerdos. Tu recuerdas el olor del cafe de Cecilia. Yo recuerdo claramente a tu padre mirando de la ventana de su despacho.
    Y Chicho?

  3. toni

    los viernes por la noche, lo daban. o, por lo menos, que yo recuerde. cuarenta años, los mismos que cumplí el otro día. y se mantuvo en antena durante un montón más. undostrés. la magia de la televisión de dos cadenas y de la imaginación para montar juegos y de las charlas los lunes por la mañana en el colegio. viste el undostrés? algunos fines de semana, cuando mis mis padres salían con los amigos, era con el vecino y su madre, que venía a cuidarnos. y nos hacíamos escudos de concursantes con rotuladores carioca. y luego a pensar respuestas. recuerdos… será que nos hacemos viejos?

  4. C.

    Qué joven es todo el mundo! Es que yo hasta me acuerdo de cuando se empezaron a usar las plastidecor (en el cajón de mi despacho tengo unas; son imprescindibles :) ), un cruce mágico entre las manley y las alpino de toda la vida.
    Mil gracias por poner palabras a este recuerdo a la vez colectivo y personal tan precioso, sin sillas ni butacas vacías, en el blanco y negro maravilloso de la infancia…

    (Sí, sí hay ocasiones, programas y películas para reunirse todos frente al televisor… solo hay que buscarlos, planear los momentos y comentarlos depués. Yo aspiro a que mis hijos tengan algunos recuerdos de la niñez que se parezcan a los míos; no es tan difícil, y creo que algunos ya los he sembrado, pero es que el undostrés era una cosa tan especial…:) )

  5. emejota Autor

    Yo es que no tengo hijos, C. Tengo sobrinos, pero ven unos dibujos rarísimos y muy feos, muy mal dibujados, y no digo nada cuando sale Dora la Exploradora o la esponja amarilla. Un alivio el día que mi sobrina dijo de golpe: ¡¡Me pone mala Dora la Exploradora!! Creo que aplaudí movido por el entusiasmo :)

    Nos venimos haciendo viejos desde hace muchos undostrés, toni, pero como es despacio no nos damos mucha cuenta. Parafraseando al clásico que nos unió a ti y a mí ante un café en Barcelona, “todas las personas se hacen viejas, menos Juan Tamariz”. Porque lo de Tamariz es abracadabrante en todos los sentidos. También en el de la vejez (muchas felicidades, toni, ¡ya somos cuarentones!) :)

    A veces pienso que soy como los abuelos, Pilar, una caja de recuerdos. El problema será el día que se me empiecen a olvidar. Me acuerdo de los undostrés y demás, pero no me acuerdo de nada del mes pasado, o muy poco. Lo dicho, como los abuelos, igual :)

    Las hermanas Aldanondo en el blog! Qué sorpresa más agradable! Me ha dado una punzadica de emoción lo de mi padre en el balcón, Arantzazu :) Beso a las dos!

    Lo que dices de la tele es todo verdad, Marcos. Ahora se reúnen ellos en los programas, como en los Sálvame, y se ponen a rebuznar y a vociferar; se despellejan sin escrúpulos porque viene en el contrato: yo hago lo que quiera contigo pero cobras bien. Y tanto que cobran. Si supiera la gente lo que se cobra, Marcos, haría huelga de mando a distancia y se les acabaría el chollo a estos personajes. Les estaría bien empleado. Me ha gustado lo de debajo de la mesa :)

  6. chema

    Doy fe que tenia los calcetines de diferentes colores, que no le dieron suerte, se cayo haciendo el pavo ante los periodistas y le sustituyó la Mayra Gómez Kemp.

    Que tiempos de televisión en blanco y negro.

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