Sueño

En el sueño, yo estaba concentrado ante la partitura de un cuarteto de Brahms antes de entrar al ensayo. Estábamos debatiendo un asunto relativo a la parte del segundo violín y Ana Obregón atendía con profesionalidad mis indicaciones mientras, al mismo tiempo, hacía el posado de verano ante los fotógrafos del Hola. Sí, claro, claro, decía ella. Se escuchaba un sonido sincopado de flashes y, por la orilla de la playa, desfilaban los músicos de una orquesta llevando un atril en una mano y un violín en otra. Entonces, aparecíamos en una piscina o en un gimnasio, es lo que tienen los sueños, que pasan de un espacio a otro sin transición porque la lógica de la narración no sufre, y allí yo seguía preocupado, pero esta vez por un asunto de la acústica de la sala de conciertos. Bah, ya veremos sobre la marcha, decía alguien con intención tranquilizadora antes de lanzarse a la piscina en trampolín. Yo muerdo micrófonos, decía otra voz a mi espalda. Era el hijo de la Obregón. Miraba con cara de resentimiento y llevaba una gorra en la cabeza. La visera apuntaba hacia el este. Yo me llevaba la mano a la barbilla y no dejaba de mirar la partitura, pensativo. En el papel aparecían quebrados, ecuaciones y demás fórmulas matemáticas, algunas en rojo. El hijo de la Obregón se acercaba a mirar y repetía, esta vez en tono desenfadado, que él mordía micrófonos y entonces se levantaba corriendo porque alguien le llamaba y todos se metían en un tren de lavado, en bañador y con las manos en alto, dando vueltas sobre sí mismos y riéndose porque los cepillos de colores del tren de lavado les hacían cosquillas o gracia, no quedaba muy claro. Giraba sobre sí misma riendo y con los brazos en alto la Obregón, el hijo de la Obregón con su visera apuntando al este y una cantidad generosa de personas que les seguían en fila, formando un tren, cogidos todos por las caderas y levantando alternativamente la pierna izquierda y la pierna derecha. Yo miraba todo desde la hierba, sentado con la partitura en el regazo. Entonces, la cantidad extra de líquidos que estoy tomando últimamente por el asunto de mi riñón y por prescripción facultativa me devolvió a la consciencia. Era de noche y no se escuchaba nada en la calle. Me levanté al baño y mientras la vejiga se vaciaba me dio por pensar que quizá la cantidad de arroz frito con ternera que ponen en el restaurante chino sea excesiva para cenar y que eso explicaría que luego pasa lo que pasa.

6 pensamientos en “Sueño

  1. Pilar

    eh??????? Pedazo pesadilla chico, como se puede soñar con la Obregón??????.
    ¡No cenes mucho, que luego pasan estas cosas!
    Ya paso, ya paso, ya paso…, ahora tranquilico.
    Buenas Noches y que los ángeles te manden “Felices Sueños”
    yo te mando un beso

  2. toni

    eso pasa por ver (aunque sea de refilón) cualquier cosa que tenga que ver con el famoseo. y se cura con un maratón de cine en blanco y negro. por experiencia.

  3. Marcos

    ¡¡Tú sigue comiendo arroz con “telnela”, que estos sueños son muy divertidos!!
    Me hubiera gustado a ver a la Obregón tocando algo de Brahms en el tren de lavado (¿qué acústica tendrá eso?).
    En fin, recupérate del susto.

  4. C.

    Cuando me he despertado hoy me he acordado de este post: yo vivía en una gran superficie americana, no sé si era un shaw’s o un vulgar walmart, pero vivir, habitar, vamos, y por las noches se desplegaban unas camas y se formaban unos pequeños habitáculos para pasar cómodamente l anoche. La cosa es que yo hacía un rato estaba en fiestas de mi pueblo con mis amigas (pero el pueblo estaba como hace un siglo, sin pavimentar ni na) y por arte de birlibirloque transoceánico y transecular había pasado a los pasillos del híper. Sueños.

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