Memorial

Memorial Julio Mazo Por quinto año tengo la satisfacción de conducir un acto sencillo pero cargado de cariño a la memoria de mi amigo Julio Mazo, librero. La manera de hacerlo es la que a él, seguramente, le agradaría: hablando de libros. Desde hace cinco años, convocamos a quien quiera asistir al lugar de siempre, el salón-capilla del Hotel AC Ciudad de Tudela, y durante un rato intento llevarme de excursión a los asistentes al interior de un libro. En cada edición, un libro, un autor, un género, una manera de hacer literatura distintas. Pero no distantes en la forma de hacerlo. No. Hablo sin intención ni capacidad de erudición. Hablo desde el entusiasmo y desde el corazón y lo hago como lo haría con Julio, Julito, como lo hice tantos años en su mesa despacho del fondo de su librería. Eso también forma parte del homenaje, aunque esa parte va por dentro. Hablo a la gente congregada como si le hablara a él. De hecho, a veces le hablo a él.

Esta tarde llego con retraso, no al acto, que puntual me tendrá; me refiero a que la cita, en esta ocasión, llega con año y medio de distancia respecto de la última. No ha sido un descuido. Es el tiempo. Creemos que disponemos de él para ordenarlo pero es al revés. Sin embargo, este año el acto viene a coincidir con la fecha en la que Julito nos dejó, marchándose. Marchándose físicamente, porque en el pensamiento y en el corazón sigue viviendo, sonriendo, diciendo esas cosas suyas de la manera en que las decía y yo recordándole, igualmente, cada vez que tengo en las manos un libro o una ocurrencia que me hubiera gustado llevar a la mesa de la trastienda. En esta ocasión vamos con “Lugares que no quiero compartir con nadie”, de Elvira Lindo, una curiosidad de libro, hábilmente cosidas las piezas del puzzle que lo forman porque Lindo es una narradora hábil, mucho, tiene algo de flautista de Hamelin que nos engancha. Ejerce de anfitriona durante un viaje de 227 páginas a Nueva York y habla de lo que hay y de los fantasmas que hubo, nos emboba con la anécdota personal y presente o con la historia ajena y pretérita. Y al descubrirnos la ciudad se descubre un poco a sí misma. Es cierto que esta ciudad fascinante y dura, muy dura, te hace sentir pequeño, poca cosa, nada. Y al hacerlo, emerge algo: tú. Ni más ni menos. En el caos de esta ciudad alucinante es fácil que te encuentres. Creo, de hecho, que es inevitable. Y es una de las cosas más importantes que te traes de allí. Hay muchas cosas dentro del libro del que hablaré esta tarde en recuerdo de Julito y creo que pasaremos un rato agradable. Desde luego, intención, atención e ilusión hay puestas en ello, como siempre, desde la primera vez.

5 pensamientos en “Memorial

  1. Pilar

    ¡¡ Con el recuerdo, es bonito hacer inmortal a un amigo cuando su tiempo se ha detenido !!
    :)

  2. Marcos

    Seguro que él estaría (está) muy orgulloso de que te lleves de la mano a la gente al interior de los libros. Qué buen homenaje, el que le hables a él y que mantengas la costumbre de encontrarte con Julio en este acto, como lo hacías en la librería. Seguro que ayer fue todo genial. Un abrazo.

  3. emejota Autor

    Fue bien, estuvimos todos a gusto y siempre es bonito volver a un acto que tiene ya algo de ritual. La novedad es que el riñón quiso apuntarse al evento anunciándose a media tarde en forma de eh, te acuerdas de mí, verdad? Y desde entonces, así seguimos. A ver si se decide a dormirse de nuevo porque el Nolotil me deja zombie. O han cambiado su composición o está cambiando la mía. Misterio :)

    Un abrazo para todos!

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