Titanic

No sé si fue una tarde de colegio o en un cine de domingo, puede que las dos cosas y luego se mezclaran en la memoria, cuando supe la historia del Titanic y me quedé sobrecogido. Yo fui un niño que cuando se sobrecogía se quedaba calladito con las manos frías y se le ponía un pesar entre los pulmones, como si pasara un duelo de hielo. Los capítulos de las novelas y el montaje cinematográfico nos han acostumbrado a llenar los minutos en blanco con historias en colores, o en negro, como esta tragedia del Titanic. Pero a mí lo que más impresión me dio fue precisamente un instante en el que la historia tantas veces contada no se detiene, porque tiene prisa y pasa de página para seguir con el siguiente capítulo, y es el momento en el que, hundido por completo el barco, tras esa succión oceánica que debió resultar violenta y horrorosa, se hizo la más absoluta oscuridad en la negrura viscosa del agua helada para los que quedaron. Una angustia. Una angustia rememorada esta pasada madrugada en su centenario. Lo del Titanic es la enésima demostración de que, por mucho poderío que crea conquistar el ser humano, sigue estando a la intemperie de los elementos. Ahí me quedé yo, pensando en eso a veces, calladito, con las manos frías como el duelo frío del pecho. Luego se me pasó un poco, después bastante y un día no quise subirme al barco de la peli, lo confieso, soy náufrago de ese Titanic, no sé, me dio una pereza horrible la canción de la señora gritona que se escuchaba a todas horas y la pareja tomando el fresco con los brazos en cruz y tal. Un iceberg de más de 180 minutos se me vino encima y preferí esquivarlo. Y ahora, el Titanic genuino es un amasijo de óxido y algas puesto al servicio y disfrute millonario del cineasta James Cameron, que dentro de su ovni se ha paseado por el casco del barco original más tiempo que el capitán de verdad, por cierto, como si esperara encontrar indicios de vida inteligente en el cementerio megalómano y triste. Una fascinación rara, no sé. De todas formas, por muchas lucecitas, ordenadores, alta tecnología y demás, este hombre, viéndolo todo, me da que no ve lo que hay que ver, pero si se lo pasa bien, pues déjalo al hombre.

2 pensamientos en “Titanic

  1. C.

    Lasonrisa que me dejó puesta ayer la última frase de este post me ayudó a afriontar un lunes doblemente cargado… Gracias :)

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