Diario

Por la noche se puso a llover y desde entonces los días amanecen grises y fríos y así se quedan. No me importa. He pasado la mañana en casa haciendo cosas hasta que por la pantalla del ordenador se ha colado el rostro y las palabras, en forma de entrevista, de alguien que los últimos días ha llamado mi atención, un periodista inglés, así que me he puesto la cazadora y he bajado a la librería. En el paso de cebra, esperando a que el semáforo nos dijera adelante a los que allí estábamos, he visto que Anabel salía por la puerta. Anabel trabaja en la librería y tiene la facultad de localizar en el fondo de las cajas o en las últimos estantes aquellos libros que, al parecer, solo llaman mi atención y no la del resto de los mortales. No se lo pongo fácil y no lo hago a idea, pero por lo general cuando le consulto he olvidado el título, el autor y la editorial. ¿Por qué no te lo apuntas en casos así?, viene diciéndome ella desde finales del siglo pasado mientras se dirige al fondo de la librería. Pues sí pero ya sabes, le respondo yo desde entonces siguiéndola entre libros. Este mediodía salía Anabel por la puerta porque ya era la hora y al verme me ha sonreído porque hace días que no coincidimos. Desde el otro lado de la acera, yo le he dicho con gestos que esperara un minuto, por favor. Como sé que llevaba prisa y que la prisa no depende de ella porque la recogen en coche y el coche lo tiene mal para detenerse en la hora punta en la que todos los coches del mundo parecen cruzar esta avenida, he ído al grano:

-Unlibrodeuntipobritánicoquehablasobrelapersonalidaddelospsicópatas.

Anabel, de natural tranquila de carácter, ha procesado la información durante unos segundos.

-¿de los psicópatas?

-Sí -he respondido yo-, de los psicópatas en general. Me interesa mucho el tema porque creo que conozco algunos.

Anabel se ha echado a reir. En estos casos no sé si se echa a reir porque piensa que comentarios así son muy míos, es decir, que van con humor, o porque piensa que lo digo en serio. A veces lo serio da más risa. En cualquier caso no le sonaba el libro. Pues está en todas partes dando la misma entrevista promocional y así, de primeras, me interesa. Pues no me suena. Si a Anabel no le suena es que el libro no ha llegado todavía. No obstante, me ha dado las indicaciones precisas de dónde podría encontrarse en caso de estar. Ella se ha ído y yo he entrado a la librería. Como era de esperar por las dudas mostradas por Anabel, no estaba el libro, pero he tenido oportunidad de intercambiar algunas impresiones sobre la Nocilla y su sístema de fabricación con Rosa e Ilenka, que también se han reído cuando les he contado con vehemencia mi interés por el libro acerca de los psicópatas, su personalidad, los rasgos que definen su perfil y tal. Vamos, que me localizaran el libro por favor. Quizá se reirían menos si pensaran que ellas también conocen a alguno y alguna. No hablo de Norman Bates, claro. Hablo de algo peor, hablo de latencias, de un runrún psicológico que está ahí y que no tiene que empuñar un cuchillo necesariamente. Ya sabemos que las novelas y el cine todo lo exageran. El perfil del psicópata se manifiesta en una cotidianidad distinta: su falta absoluta de empatía y de remordimientos, su habilidad manipuladora, su capacidad para hacer de la mentira una herramienta de uso diario y así entre otros rasgos que, juntos, configuran una personalidad psicopática. En fin, que cuando me interesa una cosa que despierta mi curiosidad voy a por ello y si tiene forma impresa, le pregunto a Anabel.

Al volver a casa me ha parado el director de una sucursal bancaria. Me ha dicho que me veía muy bien de aspecto y ante mi duda, expresada en forma de gesto, ha añadido: o igual es que te tengo afecto. Será eso, he respondido con cierto descoloque. ¿En qué estás ahora?, ha preguntado. No le he dicho que estaba a la caza y captura de un ensayo sobre el perfil del psicópata, no sé, he preferido decir, sin faltar a la verdad, que esta mañana he atendido entre escéptico, preocupado, alucinado y etcétera a la presentación de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso, potencial y abundante muestrario ese lugar, por cierto, y según las palabras del autor británico, del perfil patológico que esta mañana me ocupaba, que no preocupaba. Del asunto de los Presupuestos he atendido concretamente a lo que decía el ministro de turno sobre ellos y a lo que, paralelamente, decían en los periódicos digitales los analistas. Era distinto, bastante distinto, como asistir a un discurso esquizoide simultáneo donde lo que es blanco para uno es negro para otros y donde lo alto es bajo y lo lejano, cercano. Y así todo el rato.

El director de la sucursal ha puesto cara de preocupación y ha dicho que esto es un desastre de consecuencias imprevisibles tras lo cual nada volverá a ser como antes porque para crear empleo antes hay que recortar todo esa salvajada para pagar la deuda y luego ya hablaremos. Me he dado cuenta de que por primera vez he entendido algo del asunto, ya ves, sales de casa por lo del estudio de los psicópatas y te encuentras una lección aclaratoria expresada con habilidad pedagógica. Como su móvil le ha reclamado, hemos dejado ahí el asunto y me he vuelto a casa para preparar dos clases que tengo esta tarde, últimas antes de estos días domingos, domingo el jueves, domingo el viernes y así. Descansaré porque me practicaron una inesperada segunda sangría en el hospital y en doce días me han quitado un litro de sangre. Y no duele, no da fiebre, pero te deja como flotando y si te deja flotando el ánimo queda en estado precario, que me conozco. Si no, a qué viene esa expresión triste que estoy viendo de mí mismo en el reflejo de esta pantalla mientras tecleo. Yo en estos casos me escondo un poco y recompongo las piezas del puzzle que nos permite afrontar la cotidianidad de las cosas. Pero antes atenderé a mis alumnos y esta noche he quedado con Belén a la sombra del árbol de plástico del restaurante chino. Es posible que mañana cuando recoja el periódico, Anabel me haya dejado dentro un ejemplar del libro que me interesa. Una vez un psicólogo me dijo que yo habría sido un buen psicólogo. Suena inmodesto, lo sé, pero me lo dijo, otra cosa es que tuviera razón. Tiempo después, un psiquiatra me dijo que yo habría sido un buen psiquiatra. Qué vida esta en la que hubiéramos sido tantas cosas. No conviene pensarlo mucho porque corremos el riesgo de perdernos la que tenemos.

7 pensamientos en “Diario

  1. toni

    y nodebemos perdérnosla. es cortita y hay un montón de cosas por hacer. que no significa que haya que hacerlas por obligación, sino que tenemos la posibilidad de hacerlas. genial post para un par de horas antes de irnos de domingos. me gusta eso de los domingos para definir los días que vienen. para los no practicantes ni creyentes de religiones de ningún tipo, es una buena definición.
    descansa, emejota, que creo que lo necesitas. un abrazo.

  2. C.

    Pues a mí que me expliquen lo de la “amnistía fiscal”, que no lo entiendo.
    Gracias por el post, aunque inquieta me dejas con la certeza -que tendemos a olvidar, porque si no…- de que anda suelto mucho desaprensivo de tintes psicopáticos.
    Que descanséis (que descansemos, ay), y para los cristianos de cualquier etiqueta, feliz pascua :)

  3. Pilar

    ¡Que bonito post emejota! es un placer llegar a este rinconcito y leerte.
    Que me expliquen también a mí esta asquerosa crisis, que creo no la entiende ni el que la inventó y si de paso encuentras ese libro sobre la psicópatas, me lo recomiendas; me interesa mucho todo lo que tenga que ver con la mente humana para ver si puedo llegar a entenderla un poco. Cada vez todo se aleja más de mi intelecto.
    Descansa tus domingos, recupera tu sangría y mientras tanto un fuerte abrazo :)))))

  4. Marcos

    Seguro que hubieras sido un buen psicólogo. Lo que está claro, es que tienes una capacidad de empatía enorme. Las dos últimas líneas del post me las guardo para no perderlas nunca. Cuánta razón en tan poco espacio (¿herencia de Twitter?).
    Hay mucho psicópata, sí. Algunos son peores que otros. Te vendrá bien el libro como manual para entenderlos. Bueno, voy a acabar este comentario que estoy afilando el cuchillo jamonero para asustar a Norman Bates (si esto te devuelve un reflejo sonriente en la pantalla, seguro que ya estás mejor. Cuídate).

  5. Mieira

    Hace años leí un libro excelente sobre el tema que mencionas, Mariano: “El psicópata”, del psicólogo criminalista Vicente Garrido. Recuerdo que lo pedí en Círculo de Lectores porque me llamó la atención y no me defraudó, al contrario. Si te interesa el tema, te lo recomiendo.

  6. Àlex N. Everett

    Es un perderse en lo que escribes en cuanto se empieza y todo suena tan autobiográfico, tan real, tan duro y tan hermoso, que a veces la mente te dice… no puede ser real. Pero creo que lo es.

    Todos podríamos ser cosas muy distintas y todo depende de decisiones que tomamos a lo largo de la vida y de cosas que nos ocurren, todo ello, el ser y las consecuencias nos llevan por el sendero al que acabamos abocados casi como si de nuestro destino se tratara.
    Genial como escribes, en serio. Leo todos y cada uno de tus posts… a ver si cojo método y práctica de comentarlos.
    Un abrazo.

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