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Claraboya 22 marzo, 2012

Escrito por emejota en : Libros

lagrimaLlegó “Claraboya”, la novela inédita de José Saramago, “el libro perdido y hallado en el tiempo”, la primera novela de un escritor que envió su manuscrito a una editorial portuguesa, a principios de los cincuenta, y de la cual ya nunca supo nada. No le dolía a Saramago que la editorial no hubiera publicado su novela, le dolió la falta de respuesta, aunque fuera un no, un gracias pero no nos encaja, un dedíquese a otra cosa. Nada. Silencio a cambio de miles de palabras esculpidas con ilusión y tesón. Dice Pilar del Río, Pilar y pilar del escritor, tantas veces Pilar a la entrada de sus obras, traductora aquí, una vez más, de esta novela que siendo primera nos la devuelve el tiempo póstuma, que Saramago consideraba que “ninguna empresa tiene obligación de publicar los manuscritos que le llegan, pero existe el deber de ofrecer una respuesta a quien la espera día a día, mes a mes, con impaciencia y hasta con desasosiego porque el libro entregado es algo más que una montaña de letras, lleva a un ser humano dentro”. Quizá los seres humanos vamos quedando fuera.

No es “Claraboya” un libro de mero valor testimonial, anecdótico. Que no se publicara no se debió a deficiencias literarias aunque silenció durante décadas la voz del escritor que aparece, desde la primera frase, distante en el tiempo a las grandes novelas posteriores, claro, pero no muy distinta. “Claraboya” es un germen. Todavía el discurso directo y el indirecto no trazan, en alianza, la línea única que le permitiría al narrador encontrar el compás y el tono melódico e hipnótico de lo que Luis Landero definiría un día como “esa letanía, como de canción de cuna”, pero se adivina. Un buen narrador, cuando cuenta, canta las palabras.

Dice una cita en el portal de la novela que “en todas las almas, como en todas las casas, además de fachada, hay un interior escondido”. De eso va la cosa. Entramos por la claraboya del tejado de una humilde casa vecinal a una hora tranquila (“aislada por el sosiego de los vecinos y por el rumor igualmente sosegado de la lluvia”) y descendemos poco a poco para contemplar esa cotidianidad esencial que define la vida de las personas. Los desvelos, las alegrías, las salidas furtivas, las apariencias, los buenos días dichos al pasar, la costura silente frente al transistor, las manos descansando en el regazo, los suspiros, las conversaciones que se dicen por fuera, las conversaciones que se dicen por dentro, en monólogo íntimo. Hay incluso una estancia para el lector en forma de capítulo, el 21, maravilloso habitáculo de palabras donde asistimos al diálogo sabio entre el zapatero viejo y el joven inquieto y trotamundos que cita a Pessoa (“¿Me quieren casado, fútil y tributable?”) y que nos recuerda al caminante de Schubert que sabe que la felicidad está allá donde no esté él.

La voz anfitriona del narrador nos conduce de un piso a otro con hábil pulso de naturaleza cinematográfica: hay fundidos encadenados, suaves travellings y está también el tajo del montaje. “Claraboya” es una delicia: el ritmo, la casa (encantada), la frase precisa, la frase preciosa y la fotografía perfecta de las almas.

Comentarios»

1. C. - 23 marzo, 2012

Tomo nota. Ayer terminé la última de Fred Vargas. No es ni remotamente saramaguiense, pero, en mi opinión, de lo mejorcito en su género. Ya te contaré, pero he entrado en la fase en que mis hijos han empezado a recomendarme lecturas! Suena fatal, pero estoy feliz, porque siento que he conseguido regalarles algo que, asentado ahora, durará siempre: una puerta de fácil acceso a otros mundos y a tantas voces…

2. emejota - 23 marzo, 2012

¿Tus hijos te recomiendan ya a Fred Vargas, C.? Alucinado me quedo, chica :) No he leído esa novela pero como las referencias son buenas la recomendé a nuestro corresponsal en Pekín.

3. C. - 25 marzo, 2012

JAJAJA, noooo, hombreeeeee :D (eso me pasa por no poner punto y aparte). Tendrán que iniciarse con “Diez negritos” o algo así, no? “L’armée furieuse, con sus fantasmas medio podridos, me parece un poco fuerte para empezar… :)
(punto y a aparte)
Me refiero a otros libros, como los de Riordan, Gaiman, “Calpurnia Tate” o la serie “Túneles”… que voy leyendo porque les hace ilusión y para comprobar que leen literatura juvenil de calidad, porque, desde luego, el problema ahora no es la cantidad precisamente…
(De todos modos, no creo que nos falte mucho para “El buen ladrón” o “El nombre del viento” o incluso el Sr. Norrell :) )