Archivo por días: 26 febrero, 2012

Mompou

Veinticinco años sin Federico Mompou, silencio sonoro de Mompou. Permanecen impresas en papel las notas (pocas) de esta música del silencio, que no música silenciosa, sino mínima, íntima, honda. Nació Mompou en la Barcelona de los últimos días del XIX de padre catalán y madre francesa. Dicen las biografías, y dicen bien, que estudió en el París de los Impresionistas donde tomó nota de la luz y de los colores que alumbran también la música, pero antes, de chaval, el sentido del oído había descubierto la magia de las resonancias de los armónicos, las irisaciones de los sonidos, en las vibraciones de la fábrica de campanas de su abuelo.

Todo en Mompou se encuentra en el detalle. En el detalle mínimo encontramos al Mompou máximo, al hombre que se definió como “persona de pocas palabras y músico de pocas notas” pero que tenía el don de decir suficiente y decirlo hondo. No es música resumida, insustancial, epidérmica: es música destilada, esencial. Volvió Federico Mompou a Barcelona cuando la I Guerra Mundial estalló en Francia. De aquel horror, Maurice Ravel escribiría una obra para piano en blanco y negro (porque se puede escribir una obra en blanco y negro para las teclas blancas y negras del piano) que es un panteón sonoro a los amigos músicos caídos en el frente, “Le Tombeau de Couperin”, pero en la tranquilidad de la casa de Barcelona, a la sombra sonora de la fuente rumorosa de alguna plaza cercana, Mompou se puso a dibujar con punta fina unas hojas transparentes, “Impresiones Íntimas”. Allí estaba ya todo: la personalidad, el lenguaje, la forma y el fondo. Mompou fue un compositor que empezaba y terminaba en sí mismo, porque lo suyo no venía heredado ni podía dejar herencia, es lo que tiene poseer un don que ni se aprende ni se enseña sino que te toca como una lotería mágica e inexplicable. Ya sólo faltaba encontrar en los versos de San Juan de la Cruz, “la música callada, la soledad sonora” la descripción exacta de su ideario estético y vital.

Vino Mompou, habló en su música (poco y hondo, como en la confidencia de un secreto) y volvió al silencio, hace ahora veinticinco años. Queda todavía el aire estremecido por la melancolía de su música sabia cada vez que el corazón la busca.

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