Profecías

Una mañana mitológica, en el claro de un bosque frondoso, pongamos por caso, algún profeta habría que, dirigiéndose con pasos de sandalia hacia el oráculo, se asomaría al espejo del agua para conjugar el porvenir, verbo futuro donde los haya. Vería entonces a gentes atemorizadas de otras gentes, apiñadas una sobre otra en grandes cuevas verticales. Vería -sin verla- que la vida gira en torno a una bolsa con be mayúscula, de volumen, material, contorno y textura desconocidos pero que latiría marcando el ritmo de la existencia, ahora llenándose, ahora vaciándose.

Vería cosas increíbles que nadie más habría visto, más allá de la constelación de Orión. Vería el Metro de Madrid, el chicle de fresa, las mantillas de Semana Santa, a Mario Vaquerizo, la asignatura de Técnicas de Intervención Cognitivo-Conductuales II, a unos niños hiperalimentados pintando un mural sobre el hambre en el mundo durante la catequesis, a la MTV, actores progres con criada filipina en su mansión, a la Unión Europea, el Tuenti, el inquietante tinte caoba del presentador de la tertulia de Intereconomía, la derecha y la izquierda, los sucedáneos de pescado con sabor a cangrejo, a bichos extraños con cuerpo de cangrejo y cabeza de diputado como asegurará haber visto Woody Allen con unas gafas que, a simple vista, infunden credibilidad; a los niños soldado, la misa de siete, los brokers, el misterio de Ylenia Carrisi, la reforma laboral, el egoísmo sordo y ciego (y contagioso), la condonación de la deuda de la deuda de los intereses de la deuda, la duda de los que adeudan, la deuda de los que dudan, las palomitas de colores, el representante de Belén Esteban en la tierra, la tranquilidad y la confianza de las gentes en el progreso certificada por unos teléfonos inteligentes fabricados por personas en condiciones de cucaracha, el edredoning, el drama de las colas del paro, el drama de las colas ante el nuevo iPhone para hacerse con el primero, el Carrusel Deportivo, salchichas de silicona dentro de los labios, cualquier domingo por la tarde, el burka, Nati Abascal, Silvio Berlusconi, las listas de espera, los robots humanos de Corea del Norte, las nuevas Lay´s sabor barbacoa, la externalización de los informativos, un modisto francés abanicándose el botox, el retiro de los banqueros, la soledad de los números primos, Kiko Rivera sentado en un trono entre aplausos de sus súbditos, el número de atención al cliente de MoviStar, la deconstrucción gastronómica, el cierre de ambulatorios, el descaro de los políticos, los trajes de los políticos, el desolador murmullo del vestíbulo de la Estación de Atocha cualquier día a cualquier hora, Angela Merkel, el paro de contrato indefinido, los comedores de los colegios, la quema de calorías en los gimnasios, las agencias de calificación, las agencias de descalificación, los ansiolíticos, la meditación, el cibersexo, los consejos de ministros, el capitán Alatriste, el cambio de divisas, el desahucio, las gafas de 3D, las votaciones de Eurovisión, la nanotecnología, un billete de turista para un viaje espacial, la falta de vacunas, las pantallas táctiles sin que su consumación sea pecado, la mentira como herramienta de supervivencia, la resignación en los atascos.

El profeta vería estas cosas y agitaría con su mano la superficie del agua para turbarla intentando hacer desaparecer la nefasta visión. Después de eso, a quién podría extrañarle que dictaminase una fecha para el fin de los tiempos.

6 pensamientos en “Profecías

  1. Pilar

    La vida es como un libro y cada pagina es una nueva jornada.

    Después de leer este post, creo que se me ha quedado el cerebro con encefalograma plano……Uffffff!con las profecias

  2. Marcos

    Y el oráculo diría para sí: “La próxima vez que haga alguna profecía, que me pille sentao’. Qué barbaridad. Voy a ver cuánto falta para que descubran el paracetamol, que lo necesito”.
    De una pieza, cual oráculo, me he quedado con este post. Sí, tenemos que meditar… este mundo es de locos.

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