FrÃo 10 febrero, 2012
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackbackEl termómetro se vino abajo y yo me puse el pijama a media tarde (y no estaba malo).
Eso fue el viernes pasado y es algo inusual. Que me ponga el pijama a media tarde. Ahora que lo pienso, es inusual que me lo ponga a media tarde aunque esté malo. No me lo pongo hasta que me voy a dormir y punto. Yo creo que me lo puse como una forma de decir me escondo, o me desentiendo, o a refugio, o desconecto, o de aquà no me muevo o algo similar. Terminé los quehaceres, el termómetro se vino abajo tal y como predijo el hombre del tiempo en todas las cadenas (en cada cadena, el hombre del tiempo tiene un aspecto y cuerpo distinto; en algunas, hasta de mujer), comenzó a soplar de terrible manera el viento del Norte haciendo que temblaran los cristales de la ventana y que el frÃo penetrara a través de las múltiples capas de abrigo con las que los viandantes se envolvÃan sin mucho éxito y yo me puse el pijama. A partir de ahà pasó algo curioso y es que el tiempo cronológico del fin de semana se difuminó y eso sà que me hizo recordar los dÃas en los que te ponÃas malo de las anginas y tenÃas que quedarte un casa una breve temporada, desconectado de la EGB. Pasaba entonces que el tiempo se difuminaba. Que el tiempo se difumine quiere decir que puede llegar un momento en que no sabes exactamente qué dÃa es y, lo que es mejor, que no tiene importancia. Eso produce un placer especial, como un aturdimiento sin aturdimiento, como una anestesia sin somnolencia; en definitiva, un estado mental apetecible. Atrincherado en uno mismo, comienza un periodo en el que te entregas a hacer cosas o a echar una cabezada en el sofá mientras afuera el aliento siberiano estremece los arbolitos de abajo y brama en las esquinas donde las calles confluyen. He descubierto que ya no tengo la misma defensa ante el frÃo. Antes lo transitaba con cierta satisfacción, entiéndase como tal que sÃ, que el frÃo intenso quema (qué paradoja térmica), que no invita a la exposición y tal pero cuando tocaba hacerlo, por obligación o porque no quedaba otro remedio, no me veÃa indefenso, o algo parecido, que es una sensación que he tenido esta semana en un par de ocasiones, cuando llegó el tiempo de abandonar el pijama y salir del escondite donde se acumulaban las historias de los libros, la tranquilidad del halo de la lamparita y el silencio confortable.
Ahora vuelve a ser viernes y vuelve el frÃo. En realidad no vuelve, se revuelve y refuerza, porque no llegó a marcharse. El aire forma remolinos en las aceras, el termómetro vuelve a Ãndices negativos y el cielo (oh, ese cielo) adquiere por la tarde una tonalidad azul polar, que es un azul profundo, nÃtido, limpio, de una belleza tal que el reloj queda ensimismado mientras tú aprovechas para colarte en un paréntesis de las horas.