Archivo por días: 1 febrero, 2012

Febrero

Febrero es caprichoso. Le quita un par de días al año o le devuelve uno cada cuatro vueltas pero siempre, se guarda algo en el bolsillo. Qué cosas pasarían un 30 de febrero para que el calendario no quiera volver a verlo y se tape los ojos con una mano mientras con la otra pasa página al siguiente mes, primero de los meses temibles. Estoy divagando, sí, cuando debería estar anotando que este mes soso por naturaleza llega este año cañero, polar, siberiano. Trae de golpe todo el invierno del que tuvieron amnesia diciembre y enero, al igual que los anteriores tuvieron amnesia del otoño. Hoy ha salido en la tele que en Rusia los termómetros han cifrado en menos 30 el número de hielos pero en Washington, los americanos gordos que van por la calle sorbiendo café en vasos grandes de cartón y los americanos de americana, ejecutivos de Capitolio, miraban jugar al golf a un señor muy pancho en un campo verde, verde de 19 grados. Lo decía el termómetro y lo decía también Lorenzo Milá en el Telediario. Yo me fío mucho de Lorenzo Milá aunque diga las cosas en tono de asombro. Aquí el termómetro ha ido decayendo a lo largo del día y en este momento está a cero, silente, apagado, no diciendo nada y desentendiéndose del viento del norte que ha comenzado a soplar con fuerza y que anuncia por sí mismo que mañana va a ser enero aunque febrero diga lo contrario. Está todo cambiado, torcido, asincopado. Dicen los científicos que el polo norte se está abombando porque hay una masa ingente de agua dulce acumulada y que como a una corriente le dé por cambiar de aires volverán los inviernos medievales, esos de los que cuentan los archivos mohosos y apergaminados que helaban los cauces de los ríos anchos haciendo que las gentes pasaran de una orilla a otra como en milagroso caminar sobre las aguas detenidas. Qué misterio el del hielo, verdad? Con hielo y frío empieza este mes sin que, por lo que a mí respecta, aún haya empezado noviembre. No obstante, no todo va a ser un pretérito imperfecto o nebuloso en el calendario de los aconteceres: sabemos que justamente en un mes, escribiremos aquí que ha pasado una cosa, y el blog dirá un qué me dices y yo (espero) sonreiré.