Espejos

Volví a la Universidad de Navarra por un rato a la misma aula, mismo edificio, mismo alumnado con quien he compartido ratos tan agradables para intervenir unos minutos en la presentación del poemario “El espejo roto de Alicia”, de Alicia Redel. Me subí al tren a media mañana y el recorrido lo hice en compañía telefónica de Esther, que llamó cuando el tren comenzaba la marcha. Como único equipaje, la tableta digital que se ha convertido en imprescindible: con ella recibo y respondo correos, veo películas en los ratos de tiempo libre en hoteles o viajes, escribo en el blog y, una vez en el trabajo, proyecto la presentación en pantalla o leo el guión o los apuntes como los que utilicé ayer. Versátil. Una gozada tenerlo todo a toque de dedo y en un espacio tan ligero.

Me esperaban en la estación de Pamplona Pilar y Carmen, dos ángeles de la guarda que tengo allí y que no sólo te dan mucho cariño y te cuidan requetebién sino que con ellas, además, te ríes mucho y a gusto. Me llevaron a comer a un restaurante italiano. Qué hago yo en un restaurante italiano si no me gusta ni el queso, ni las pizzas, ni el tomate, ni. Pues comer un plato de pasta con un poquito de ajo y aceite de oliva y si la pasta es buena y está bien hecha, como era el caso, de sobra y tan feliz, créeme. De postre, las trufas de chocolate de la fotografía del post de abajo que, de paso, publiqué en una red social aunque se supone que ya no estoy en redes sociales porque me he convertido en un antisocial del mundo 2.0. Pero uno es pecador y reincidente. Con moderación, eso sí. Vibró mi móvil y alguien desde el ciberespacio me decía el nombre del restaurante ante mi asombro y, de paso, me decía buen provecho. Gran Hermano? El Show de Truman? Miré a mi alrededor. Humm, pensé, porque se puede pensar eso, como en los comics, aunque mi amigo Miguel me corregiría y diría Jumm, porque dice, y tiene razón, que el matiz en el tono es importante. Ví a gente comiendo pasta en todas sus variedades. Seguí a lo mío, a lo nuestro. Completó el menú la conversación y la compañía y para qué pedir más.

Después nos trasladamos al Edificio Central, ese en el que el portero ya me conoce y me dice pase, pase antes de que yo le diga apenas más que las buenas tardes. Qué verde volvía a estar ese campus que parece como de sitio nórdico. En el Aula 30 me reencontré con rostros familiares y saludé y me saludaron, sonreí y me sonrieron, me dieron la bienvenida y yo les dí las gracias. Son los alumnos del programa Senior, los veteranos mayores de 55 años que cursan su propia universidad aprendiendo una variedad grande de cosas todas las semanas del curso, desde asuntos de Derecho a innovaciones en el tema de los trasplantes pasando por asuntos de literatura y lo que se tercie. Desde hace dos años, yo me encargo de los bloques temáticos de música y cinematografía y llevo con orgullo que el curso pasado me eligieran padrino de la promoción.

Eso explica las sonrisas, bienvenidas y abrazos de ayer aunque yo no fuera en calidad de profesor sino de alguien que interviene unos minutos, pocos, para contar su experiencia ante el libro que se presentaba. Y cuando digo la experiencia ante el libro me refiero a lo que pasa por tu cabeza desde que lo tienes físicamente en la mano y te asomas a la portada por vez primera, lees el título, “El espejo roto de Alicia”, y te acuerdas de esa Alicia a través del espejo, Alicia Liddell, aunque esta Alicia es Alicia Redel, curiosa similitud sonora, sin duda no casual. Los poetas tienen la facultad de pasar al otro lado del espejo desde donde hablan de la verdad profunda de las cosas con palabras de insinuación entre otras muchas habilidades. Te asomas a ese espejo y ves en portada la fotografía de un estallido de cristales (espejo roto) formando una tesela de cristalitos que te sugiere dos cosas antes de que la autora te hable desde el prólogo y después desde el corazón de sus poemas: ese caleidoscopio puede sugerir la multiplicidad de matices con la que los poetas son capaces de mirar, apreciar y ahondar en un mismo concepto pero también sugiere la posibilidad de encontrarnos ante una fractura, una cicatriz de cristal. Encontré mucho de lo primero y mucho de lo segundo y así lo dije y pasé a explicarlo. Antes habló un profesor de literatura que puso la nota erudita, después habló la autora. Me gustó reencontrarme con la gente y con el lugar en un rol distinto (que no distante) y después de todo eso aún Renfe nos dio media hora larga de permiso para que pudiéramos merendar mis dos ángeles de la guarda y yo en la estación.

En el viaje de regreso, la mala de una serie (que no una serie mala) decía cosas vengativas a los buenos de la serie en el espejo de la tableta digital. Hay series que duran lo que dura el trayecto y eso está muy bien. Empiezan, pasan cosas en ella, miras y escuchas lo que dicen a través de los auriculares mientras el tren avanza envuelto en la noche temprana del invierno. Las notas que has leído en la universidad siguen en la misma pantalla, no sabes si detrás de la serie o plegadas en algún cajón. Son un enigma estos artilugios, pero son una maravilla. Te ayudan, te lo ponen fácil, y poco a poco vas depositando en ellos lo que eres, lo que quieres, lo que precisas.

8 pensamientos en “Espejos

  1. Alicia Redel

    Día bellísimo éste 16 de enero. He tenido la suerte de acercarme a una persona con una sensibilidad que sorprende hoy día. Asistí a algunas clases suyas también el año pasado en el curso senior de la UN y sucedía que cuando apagaba su famosa lamparita y se encendían las luces del aula, una se quedaba-cosa que nunca sucedía con otros profesores-como pegada al asiento y flotando entre dos mundos siendo “el mundo de la lamparita” tan absolutamente agradable que dificultaba el retorno, no como Alicia la de Lewis Caroll la cual no había roto el espejo sino como la Alicia que, habiendo roto el espejo, no podía-ni tampoco quería- volver, instalada en ese fragmento de espejo roto que curiosamente reflejaba uno de esos pocos trocitos de vida con bienestar anímico.
    Pues bien, éste 16 de enero he podido acercarme a Mariano Jimenez, y mientras le escuchaba su comentario de éste pòemario modesto que es el mío, me preguntaba como fuera posible tal capacidad de leer dentro de mi alma como si él hubiera visitado cada uno de los fragmentos de mi espejo roto.También mi hija, presente en la sala, me comentó con asombro esa sensación.
    Me sentí feliz, porque aquellos que tenemos el vicio de la escritura nos sentimos realizados cuando, al ser leídos, se consigue esa lectura que mira al fondo de las cosas.
    Yo no sabía que Mariano Jiménez tuviera un blog donde uno pudiera comentar, así que ésta mañana fui a comprar el libro-que estoy leyendo y he entrado al blog, del que me propongo ser seguidora porque en éste mundo lleno de aristas, sumergirse en su pensamiento, en su forma de describir esa vida cotidiana de “dentro de uno y fuera de uno” de una forma tan perfecta al punto que parezca un encaje de bolillos donde nada falta es un placer.
    En fin, querido amigo y padrino del curso Senior, vaya mi enorme agradecimiento por haber venido a Pamplona y también por sus palabras.Ese día 16 de enero, posterior al de su cumpleaños, para mi ha sido un día hermoso y mágico. Gracias por habermelo regalado.

  2. toni

    leer tus crónicas son la mejor forma de teletransporte. al final, la tecnología nos sirve para entender y leer mejor los lugares en los que estamos cada vez que pasamos los ojos por sus píxeles. un placer.

  3. toni

    leer tus crónicas es, que no son, la mejor forma de teletransporte.
    (corrección del comentario anterior que, ante el nononono, se publicaba justo en el momento de verlo)

  4. Pilar

    Emejota, te cuento…..
    Ha sido un lujo pasar el día con Mariano, el homenaje a nuestra compañera Alicia FABULOSO,Tu eres así,… que le vamos hacer.?
    C.- Se il ristorante La Tagliatella in piazza Castello.
    Un beso muy grande, muy grande :)

  5. emejota Autor

    Un placer, Alicia, envío a Viviana el texto tal y como acordamos. Muchas gracias por el bonito comentario. Un abrazo grande y enhorabuena de nuevo (y una sonrisa para el niño que lleva estrellas en el bolsillo) :)

    Pilar, te cuento… El lujo ha sido mío, como celebrar mi cumpleaños 24 horas después, igual. Gracias!

    C: confirmado el nombre del restaurante :)

    toni: la tecnología estos días me está sirviendo para asomarme al espejo mágico de una cosa que se llama Once Upon a Time y que me hace decir a ratos, oh!

  6. Alicia Redel

    Hola mjota, estoy leyendo tu libro y me siento atrapada por lo que dices. Perdoname si me he puesto a tutearte pero he descubierto que tienes la edad de mis hijas. Te confío con respecto a tu problema de salud que yo padezco idéntico mal desde que tenía 42 años (por lo menos entonces se enteraron los médicos que son cosas que al menos entonces no tenían muy claras), yo empecé por las tiroides y tengo tacados otros órganos blandos- así les llaman-también yo tomo mucha pastilla. En el “espejo roto de Alicia” en Pesadilla Diagnótica” (pag.94) aflora mi hipocondría, ya que no me entusiasma ir de médicos visto que tengo que ir bastante.
    Viviana está en Barcelona, así que cuando vuelva me dará tu escrito que, si no te importa, pondré en mi blog en cuanto introductor del café literario, mandaré copia a mi hija la de Holanda y daré también a aquellos del senior que me lo han pedido porque todos quedamos encantados de lo que decías y como lo decías, y a mi me asombró profundamente tu capacidad de entrar en el alma de los demás, en éste caso la mía, así que seguiré leyendo tu libro y tu blog, y tendrás otra fan senior además de las otras amigas comunes. Un abrazo.

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