Archivo por días: 31 diciembre, 2011

Balance

Vamos a sentarnos un rato a hablar, lector, ahora que hay un rato de calma antes de preparar la cena de Nochevieja y todavía no ha venido nadie. Me he traído el portátil a la mesa donde cenaremos mis hermanos, mis sobrinos, mi madre y donde habrá silla para quien quiera venir después, tras las uvas, no sé si los vecinos, a veces suben, otras no. Todavía no está el mantel puesto, de eso me encargo yo y lo haré dentro de un rato, y por la ventana entra este sol último del año que ya declina y que vemos porque el anticiclón se empeña en quedarse, haciendo de estas navidades unas navidades azules, y no blancas. Tampoco importa mientras no sean negras, que es el color con el que se anuncia el año entrante. Hay un murmur, un decaimiento in crescendo, se comenta la decisión gubernamental de ayer, anunciada textualmente como “el inicio del inicio”, y yo creo que el propio gobierno, y el propio gobierno que gobierna al gobierno, allá afuera, y quienes sean que gobiernan en realidad, ese ente difuso e inquietante llamado “mercados” a los que los informativos aconsejan mantener tranquilizados, están igual. No vienen buenos tiempos, se dice. Pero ahora toca pasar del dicho al hecho y el hecho no va a ser bueno y no sé yo si terminamos de creer lo que eso puede significar, o lo que va a significar; quizá es que nos da miedo o nos cuesta aceptar que las cosas no van a ser como antes. Es curioso cómo se ha establecido una barrera de contención imaginaria llamada Nochevieja. Antes de las uvas, después de las uvas. El inicio del inicio comienza el lunes para la gente que mientras tecleo escribe en las redes sociales propósitos de fiesta, rituales de ropa interior roja, chistes sobre el año que entra, paradojas en forma de lamentos por lo que viene rubricados por un Feliz Año Nuevo con las tres mayúsculas de rigor. Y las listas. Pereza las listas, oye. Yo no sé hacer listas, tampoco me he propuesto nunca hacer una. Lo mejor del año, lo peor del año, el libro del año, la película del año, el acontecimiento del año. Y qué se yo y qué importa, no?

Pero lo que yo quería decir es que durante meses pensé en sentarme contigo a esta mesa, hoy, antes de que viniera la gente, para contarte la razón de los silencios de este blog. Cada silencio de este blog, este año, se corresponde a algo que no pudo expresarse con palabras. Y ocurre que ayer decidí que no iba a contar la razón, que sólo iba a decir que hubo algo, y que fue amargo, mucho, y que seguramente si hubiera agitado el diccionario habría encontrado las palabras necesarias pero que fue mejor así. Es mejor quedarse con lo bueno. La tarde del fin de año pasado no podía imaginar que hoy sonreiría al teclear que volé cruzando un océano, que echo de menos caminar por las aceras de Park Slope, en Brooklyn, que subí a la planta 106 del Empire State, vi un atardecer de verano y esperé a que llegara la noche y de allí abajo se encendieran millones de puntitos de luz para asombro de las pupilas. Oh, dijo el silencio.

Este año, para mí, ha sido fundamentalmente dos cosas. Ha sido un paréntesis donde cabe mucho daño recibido del que necesitas curarte y aprender. Y ha sido volar durante un rato, sentirme yo y yo en el mundo, vivirlo y poder hacerlo. Ese ha sido el balance del año. Lo acabo de releer y creo que lo he dicho todo suavemente porque hoy no es día para mayores disgustos ni para menores tristezas. Pasó y ya está; a veces los puntos aún escuecen, se me abrieron el otro día, de hecho, pero ya está, aquí estamos. Ha llamado mi sobrina Isabel a mi madre para decirle que esta noche prepararán las uvas en platitos pequeños con el tío, como el año pasado. Yo no sabía entonces que este año me sentiría tan desconcertado y al mismo tiempo sereno, porque lo importante es tener una conciencia tranquila y un corazón en su sitio. Todos nos equivocamos y acertamos pero al final del día, si puedes sonreir a tus sobrinos mientras cuentas las uvas y te emociona un poco su sonrisa, es que eres un tipo con suerte. Llega ya de la cocina el olor del pavo que mi madre va a preparar, como todos los años, para esta noche. Acaba de decirme, desde allí, que me dé una luz, que me voy a dejar los ojos. Es que el sol se despide ya, pero yo también de este post, de esta pequeña reunión en la mesa en la que te quería contar, sin contar, algo que necesitaba decir. Porque yo le habré ahorrado disgustos al blog pero siempre le he hablado con el corazón, esa víscera que en algunas personas solamente late.