Procesos

Esto empieza por un extremo con una tos, dos toses, tres toses y un ruído raro viniendo de los bronquios, una visita rutinaria al médico, una salida del médico con un volante urgente para el hospital y termina en el otro extremo con la visita de un amigo trayéndome a casa una palmera de coco y con la de la vecina diciéndome ays.

El caso es que mis pulmones nunca han reclamado la atención pero llevan un par de años probando los altavoces. A principios de noviembre ya tuve una bronquitis. Dice el manual de instrucciones del elixir 2.0 que hay que vigilar los pulmones por dos motivos. Uno, porque al tratarse de un inmunosupresor, un catarro común no encontraría freno a la hora de deslizarse desde la nariz hacia abajo, no habría defensas. Dos, porque por alguna razón técnica que no recuerdo, o no entiendo (en realidad creo que no la recuerdo porque no la entendí, técnica como era) el laboratorio maneja una estadística recogida a través de muestras de casos de todo el mundo que marca en rojo las incidencias en pulmones. Por eso, pero sobre todo por ese ruido grutesco al respirar y al toser y ese cansancio que no se correspondía con la actividad ejercida, pedí cita en el centro de salud. Lo tengo enfrente de casa prácticamente, tengo que subir una calle en ligera cuesta, como lo son las que parten perpendicularmente desde el otro lado de la acera. Mareaba un poco la cuesta, más que cuando pasas delante del bazar chino y ves esos colorines y esas luces de colorines en mezcolanza confusa que te hacen decir, madre mía. El centro de salud dejaba el frío fuera y tenía todo el calor del mundo dentro, no sé yo si es muy sano tanto calor y tan de golpe. Quizá por eso, había mucha gente con caras congestionadas en el mostrador de citas. Alguno tendría fiebre, otro mala leche. Yo venía con la cita puesta desde el día anterior y por teléfono, total, no era ninguna urgencia, la tos puede esperar a mañana y a pasado si no da más guerra que ese ruído catacúmbico.

Puntualmente -no recordaba cosa semejante- se abrió la puerta y me recibió una doctora con cara de competente y de buena persona. Eso se nota enseguida. No había enfermera. Las van recortando, recortes, palabra en negrita, palabra del año y la del que va a entrar. Recortaremos hasta el año que entra, al tiempo. La doctora me preguntó los síntomas y yo respondí mientras aprecié el gesto de sorpresa de ella, aunque aprecié igualmente su profesionalidad y sus esfuerzos porque tal gesto pasara desapercibido cuando, mientras sus oídos me escuchaban, sus ojos miraban el monitor donde se supone que viene el resumen general de mi trayectoria, como una ficha policial o un curriculum profesional. Pase por allí y quítese la ropa de cintura para arriba, dijo. Y me levanté para pasar por donde ella decía.

La doctora se acercó con el estetoscopio y entonces me entró la duda de si era un estetoscopio o un fonendoscopio. También me entró la duda de si ambas palabras serían sinónimos para referirse a lo mismo. No importa.

-Coja aire profundamente- dijo la voz de la doctora a mis espaldas depositando un acento frío en mi costado izquierdo.

Cogí aire dándome cuenta de que, aunque parezca mentira, era

-Expulse el aire.

la primera vez que conocía a mi médico de cabecera. ¿Será posible? Pues sí, qué cosa, es lo que tiene ser

-Coja aire profundamente.

paciente de hospital más que de centro de salud. Pensé que esa rebaja, ese recorte en la categoría, no estaba mal después de todo.

-Uf, mire, voy a derivarle al hospital.

Eso me pasa por pensar.

-Pooor?

-Porque me temo que es una neumonía y en su caso particular, si se confirma mediante la radiografía que le voy a solicitar de urgencia, no sería una buena noticia.

-¿Radiografía? ¿Urgencias? ¿Ahora? (pereza) ¿Neumonía? ¿Y si es neumonía qué pasa?

-Si es neumonía estudiaremos si procedemos a una estancia.

-¿Estancia dónde? ¿Estancia es ingreso??

-Eso es, sí, sería lo que hay que hacer.

Y etc hasta llegar a lo de la palmera de coco, en casa, convaleciente del agotamiento de estos antibióticos que no sabes que existen porque van por delante de los recetados para las anginas y cosas así. Me mantienen castigado en casa por orden facultativa y aquí hay ratos que estoy normal y ratos que me siento muy débil. Pero no hay fiebre. Aquí me muero de aburrimiento pero tampoco tengo iniciativa para hacer mucho; eso sí, he visto llegar al invierno desde el otro lado del cristal de la ventana. Y para combatir un rato el aburrimiento me he hecho con una aplicación que hace que me pueda llevar las películas y las series a la cama en mi iPad sin conversiones y rollos de perder el tiempo, tan del gusto (incomprensible) de Apple. Lo del iPad es muy cómodo porque no pesa, no se calienta, no es un trasto. Te pones los auriculares, doblas la almohada, te lo colocas delante y miras. Y lo que ves te hace reir, te mantiene en suspense o hace que te duermas, según. Hoy he soñado algo desazonador que se ha desvanecido al despertar porque no me acuerdo de nada, solo ha quedado el recuerdo, en forma de estela negra, de que lo que fuera era muy desazonador.

3 pensamientos en “Procesos

  1. Pilar

    Chapeau, emejota………!!!
    “No podemos cambiar la realidad, pero si su aptitud ante ella”, y la tuya es como la luz del alba que aparece sin hacer ruido.
    Cuentas tus males con esa dosis de ironia que te caracteriza y a mi me encanta, eres todo un ejemplo…..
    Por cierto, estoy leyendo tu cuatro libro de “La Idea del Norte” espero disfrutar con su lectura tanto como disfruté con los tres anteriores.
    Eres único emejota, y por eso te mando este gran BESO

  2. Marcos

    Tu ahora céntrate en recuperarte y en sacar de los pulmones esa maldita neumonía, y como dice Pilar, mantén la dosis de ironía, que viene muy bien. Y si para eso tienes que tirar de iPad, pues se tira. Y, ya que usas una tableta, mira a ver si la doctora (maja ella) te receta también una tableta de chocolate, o algo de Nocilla (de la Instant, ¿a que sí?). Un abrazo.

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