Archivo por días: 13 diciembre, 2011

Videncias

Ese momento alucinante en el que la vidente de la tele escucha la pregunta, vía telefónica, de una voz nocturna, acreditada como Libra, tono implorante, ¿mi marido me quiere?, (tachán), y la vidente tuerce el morro, echa un ojo a los naipes, y responde: es que las cartas me dicen que tu marido ha sido un raro siempre.

Ese momento.

Hay una vidente que sale a la hora de los insomnios y del abracadabra que desde el verano ha hecho un viaje astral por varios canales de la tedeté, de esos que uno no pulsa de usual, canales de órbitas lejanas. Me pregunto si se muda porque le pagan poco o porque le persiguen las llamadas, y no precisamente para preguntarle por la compatibilidad con Acuario. Ella posa en un set mínimo, muy puesta de peluquería, eso sí, con tres velas a su vera, naranja, verde y roja. Es fácil que te la encuentres diciendo cosas como: Géminis, hijo de Tauro, ¿tiene futuro con Capricornio? y que entonces parta en dos el mazo de cartas, mire a la cara al naipe, ponga cara de fastidio y se disponga a amargar la noche al incauto o incauta de turno: pues no tiene ningún futuro pero, escucha reina mía, las cartas me dicen que no vales nada, que tienes las piernas hechas una patata, que te encuentras sola, pero sola sola sola y que el estómago te va a dar mal. Y que estás muy mal del corazón. Un beso, mi reina. Cuando se te quiere quitar de enmedio porque se le acaba el rollo del naipe, te dice: un beso, mi reina, y le da al caramelo de eucalipto. Porque esta vidente se atraganta mucho. A veces está en trance con las cartas y le entra una tos de esas que te hacen alzar la ceja con aprensión porque parece que se le salen los zodiacos, y aún más se levanta la ceja cuando, con artes que Marshall McLuhan no contempló nunca, fijo, dice a cámara, quita!, quita!, entre estertores de asfixia, dejando entrever, no obstante, una mala leche que por lo menos viene de la conjunción de Marte con un par de ovarios bien puestos. El realizador obedece y ordena un cambio de plano, de manera que solo se ven las cartas sobre la mesa desde un ángulo lateral. La tos, entonces, pasa a ser una tos en off, y entre ahogo y arcada dice reina mía, si ya te lo estoy diciendo, y más toses y más ahogos y más arcadas, y de pronto aparece una lata de coca cola como de puntillas en ayuda del gaznate, se escucha un glu glu, otra tos, algún escupitajo de coca cola sobre la carta del ahorcado impulsada por la tos y más reina mía, herencias, amores y enfermedades. Un show astral.

Esta vidente atesora momentos estelares. ¿Tienes cosas de médicos?, preguntó mirándome. Sí, contestó una voz en mi lugar. Exacto, porque están mirando el corazón. Pero es por el túnel carpiano que tengo, rectificó la voz, que se me duerme la mano. La pitonisa no se inmutó, al contrario; con voz docta y henchida de la satisfacción que da haber dado en el clavo añadió: y qué te he dicho yo, reina? Tienen que mirar las válvulas, que se aturullan. Y se hizo un silencio de agujero negro al que ella no pareció dar importancia. La noche que las constelaciones le hicieron concentrarse acodándose a la mesa, las manos entrelazadas, la barbilla sobre ellas, escrutando la respuesta a las dudas sobre la fidelidad del cónyuge de la televidente telefónica, alzó la vista y tras honda reflexión sentenció: yo que tú me lo quitaba de encima pero ya. Y le dio vueltas al caramelo de eucalipto en la lavadora del carrillo izquierdo y dijo un beso mi reina, recogiendo las cartas desplegadas encima de la mesa y haciendo tap tap con ellas, que en lenguaje de pitonisa quiere decir, siguiente. A mí me dio por incorporarme de la postura horizontal que había adquirido en el sofá, eché mano de internet y tecleé el nombre de la pitonisa del eucalipto en el oráculo digital de Google. Por curiosidad galáctica, porque las constelaciones del morbo y de la sospecha ejercen un poderoso influjo. Tecleé:

M-a-r-u-j-a (espacio) z-o-r-r-i-l-l-a

(enter)

Sin hacer ningún corte con la mano izquierda y sin preguntarme si yo era Capricornio hijo de Piscis o de Sagitario, Google respondió:

-esta señora hace honor a su apellido.

Y unas risas, oye.

Esta señora despliega las cartas sobre la mesa, dice cosas como tu marido tiene muerte psicológica, mi reina, deja a la audiencia muerta matada y por si cupiera duda alguna sobre el veredicto astrológico señala con el índice una fila de cartas y dice sí, sí, sí y sí. Probablemente los hados determinen entonces un ataque de tos, de estertores, de gargajos que descompongan momentáneamente el orden cósmico de su peinado de domingo. Cuando el realizador nos devuelva a la bruja a plano, la veremos con una mano en la garganta dándole con nervio al caramelito de eucalipto y, sin que se le caiga la cara de vergüenza, dirá que esta tos me da cuando percibo energías negativas y la anterior llamada era una señora cargada de cosas negativas, por eso la he cortado pronto. La vidente practica el laísmo del lalalá. En un canal próximo, pero no en órbita de colisión, un presentador con cara de redactor de guardia da un repaso a los marcadores de la liga. Mi sobrino dice que es del Osasuna, del Barcelona y del Real Madrid, de los tres, y tiene un álbum de cromos. Algunos repetidos.