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Niebla 11 diciembre, 2011

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 17 comentarios , trackback

Esta madrugada, las aceras están mojadas y nadie las pisa. Por encima, no se ve nada, todo lo borra una niebla densa que parece tragarse la luz de la calle y condensarla en un brillo blanquecino. He vuelto de casa de Ana Mari hace un rato. Casi no voy porque estoy otra vez mal del pecho y me siento flojo; pero no he tenido fiebre y el paracetamol se deja notar unas horas. No estoy bien. No me refiero a la tos del pecho, sino a lo que también hay en el pecho y en el resto del cuerpo. Pensaba mientras caminaba que mi cabeza es como esta niebla que todo lo borra esta noche, igual. No me encuentro, no me agarro, no camino. Anestesia. Y además no la hago notar. Quiero decir que la noto pero no la hago notar: no desahogo, no suelto, no vomito. No quiero, no me apetece, ya basta.

Me canso.

Me canso de cansar. Y si no canso porque hay gente que es amiga, como Ana Mari, pues mejor, pero mejor hablar de otra cosa o quedar otro día. Se me borran los días, las semanas, los meses, las iniciativas; las perspectivas de futuro son tan aterradoras que no me aterran. Me paralizan. Me dijo ayer mi madre que me notaba bajo. En lenguaje de madre quiere decir mucho, así que nos sentamos, la senté, y le dije que no se preocupara. Y es verdad, no le pude ser más sincero cuando le dije que es lo de siempre pero más por pura lógica, porque los recipientes se van llenando cuando llueve o les echas agua. Que no se preocupe aunque sé que se preocupa y que haga el favor de ir a la tienda a la que quería ir para mirar no sé qué cosa. Me hace caso a regañadientes pero me dice que hoy (ayer) me notaba especialmente decaído. Pues es que hay días, y si estás con fiebre y con esta puta tos, y si cada vez que toses la puta espalda te da un latigazo en las putas cervicales que hace que te de un puto mareo pues terminas en el sofá sin ganas de nada, ni teles ni libros ni nada.

Quiero nada.

Eso es lo que quiero. La quería ayer. No soy derrotista, me han derrotado las circunstancias pero sé que puedo levantarme. El problema, porque es un problema, y gordo, es que empiezo a notar la anestesia con la que afronto el hecho de que el cuerpo no quiere levantarse ya. Por qué. Porque me canso. El verbo cansar tiene una acepción que no viene en el diccionario, una acepción que más que significar, pesa. Toneladas. Echo en falta contacto, voz, piel; y echo en falta lo contrario. Creo que en esta niebla hay, al menos, un espacio claro donde reside parte del problema. No es la enfermedad. La enfermedad te marca y eso, siendo mucho y cansándolo todo, es solo una parte. El problema principal es que no he vivido una vida propia y me he dado cuenta por segunda vez en mi vida. La primera vez que lo hice abrí un blog, este, y me puse a contar con mucha dedicación lo que recordaba de los tiempos en los que sí viví vida propia. Creo que lo hice por miedo a que se me olvidara o quizá lo hice para recordar que viví una vida mía mientras tecleaba y tecleaba durante meses en los que ya no vivía una vida propia y así compensar.

He vuelto a dejar de vivir una vida propia. Pero esta vez demasiado tiempo y con demasiadas consecuencias. Y ahora no hay nada. Niebla, como la de este noche. No grito, no lloro, no hago cosas de esas, no respondo a los tópicos, qué aburrimiento y qué estupidez inservible, ya me canso hasta de eso. Solo quiero poner por escrito lo que no he dicho a nadie, porque no están, porque no he estado, porque no se ha dado la ocasión, por qué se yo, porque sea lo que sea; ponerlo por escrito y tomar alguna decisión. He cerrado mi cuenta de Twitter. Dejo gente interesante y gente interesada. Dejo enseñanzas aprendidas y enseñanzas aprendidas. Las primeras son buenas. Las segundas no. Ambas son enseñanzas en cualquier caso. Algo me dijo, de pronto, esta madrugada pasada, que una vida propia pasaba por cerrar eso. No sé, fue un impulso. Hay que pensarlo bien, eh?, porque es como si cerraras de un clic de golpe 3000 posts de La Idea del Norte, cosa que no he pensado nunca y no lo pienso hacer. Pero marea pensar que un solo clic borre, como esta niebla ha borrado la ciudad esta noche, cinco años largos de palabras, de latidos, de sonrisas, de mirarte a tí y contártelo, esto y lo otro y lo de más allá. En el caso de Twitter un clic borró anoche 12759 microtextos. Pero dudé un segundo, nada más. Me levanté de la cama, encendí este ordenador, el suelo estaba frío, la luz apagada, se iluminó la estancia de azul electrón y busqué la pestaña correspondiente y busqué con afán, cancelar, cancelar. Está seguro, me preguntó un cartelito. No le hice caso para no dudar y cliqué. Y me fui a dormir la fiebre y la tos y la niebla. Y esta mañana me he despertado con un peso extraño, como si se me hubiera muerto alguien. Pero no, aquí no tiene que morir alguien, aquí tengo que vivir yo, perdón si suena egoista, y si la primera vez que me di cuenta de que no vivía una vida propia abrí este blog, ayer, al darme cuenta una segunda vez, cerré un microblog.

Esta vez es distinto; esta vez es el cansancio general, no físico, que también; es el cansancio vital, la indiferencia en alguien que nunca ha sido indiferente a las cosas; la apatía en alguien que nació con la curiosidad proyectada en todo; el silencio en alguien que pidió ayuda cuando las cosas lo requirieron. Para mí, esto es otra enfermedad, y seria. Esto suena a redundancia pero es que es así: para vivir necesito vivir una vida propia. Y ya. No puede esperar más. Una vida propia qué es. No lo sé. Sí, sí lo sé. Es algo fácil, en realidad, y cotidiano, lo que hace todo el mundo, vives, ya está, con lo bueno, lo malo, vivir. Pues ni eso sé lo que es porque lo he vaciado de contenido. El contenido es: quiero equivocarme, quiero acertar, quiero sentir, quiero llamar, quiero que me llames y no me teclees en el puto móvil, quiero leer y ver y estudiar, quiero ponerme manos a la obra, probar cómo sabe un te, quiero que las horas sean mías aunque las regale y las comparta. Quiero pasar unas anginas, ver una película en blanco y negro o en color, pasar a saludar a Rosa, ojear el periódico, ordenar las cosas desordenadas que se apilan en cajas desordenadas. Me dí durante demasiado tiempo, a quién o a quiénes o en qué circunstancias no importa. Fue y ya está. Curiosamente, y en contra de lo que suele suceder o pensarse, nunca por cuestión sentimental, amorosa, esas cosas que desconozco porque me asustan porque creo que a la larga o a la corta te matan.

Son las 4 de la madrugada pero podría seguir escribiendo indefinidamente, este post podría ser un post infinito porque no tengo ni idea de lo que he escrito, sólo tengo la sensación de que habiendo escupido un puzzle de piezas en forma de palabras, no he dicho lo que quería decir, no porque no quiera, sino porque no me sale, o igual ha salido pero no como pretendía. Es igual. Hoy no hay goma de borrar. Hoy duelen las cosas tanto que ni duelen. Hoy hay tanta niebla que ni veo. Pero ojo: de todo lo anterior no sale una pérdida, una derrota, un fracaso. De todo lo anterior sale una silueta. La mía. Yo. Y si me quieres, gracias. Y si me hiciste daño, gracias por enseñarme. Soy el soldadito de plomo de la caja, el defectuoso, sí, y eso cansa mucho porque el mundo no está hecho para esos defectos de fábrica pero también tiene su gracia porque si el mundo no tiene tu talla puedes ponerte a hacer la tuya propia.

Asumir.

Ese verbo también sale de la niebla junto conmigo. La gente cree que hay que asumir las cosas pero no saben, por lo general, que antes hay que aprender a conjugar el verbo. Yo asumo. Tu asumes. Él asume. Nosotros asumimos. Vosotros asumís (si os da la gana, claro). Ellos asumen. Luego ya puedes ponerte a asumir las cosas que sean. Me voy a ir a dormir. Pero otro día seguimos hablando. Si quieres.