Cosas

Cosas, así, en general. Salgo -estoy saliendo- de la bronquitis mía de cada otoño, ese catarro vulgar que los inmunosupresores se empeñan en elevar a la categoría de cosa importante hasta que el médico de guardia decide prescribir en una receta gramos de antibiótico. Y como salgo -aunque no he salido de casa desde hace unos días- digo yo que será por eso que me he puesto a teclear este post a las 3:40 de la madrugada, una hora, por cierto, que no me hace gracia, como todas las que suman 7. Esto que no salga de aquí que luego me dicen maniático y cosas así. Y si no las dicen, seguro que las piensan.

He recibido por mail un saluda (curiosa palabra, saluda) de la concejala de cultura de esta ciudad invitándome a la disertación que doy sobre “Un Requiem Alemán”, de Johannes Brahms, a la vuelta del fin de semana. Es verdad, no se me había olvidado; pero está bien eso de que te inviten a tu propia comparecencia. No dice la información (y no es culpa de la concejala) que la cosa va a ir sobre el primer movimiento y no sobre la totalidad de la obra. La desmesura del Romanticismo es lo que tiene. Ante coger este trocito de aquí y este de allá o centrar la atención en cómo recorrer un todo abarcable que germina, se desarrolla, se multiplica, crece de manera exuberante y se disuelve en el silencio, creo que no había duda. Además, me interesa sobremanera la armonización inicial, ese milagro de voces tal ante el cual la orquesta, grave y densa como le gustaba a Brahms, calla de pronto como quedándose extasiada, y con razón. Estoy, por tanto, con Brahms o en Brahms.

Antes estuve con Mozart, en mi segundo año con los fantásticos alumnos del programa Senior de la Universidad de Navarra, pero eso irá en otro post, qué aventura, qué insentatez la mía, o temeridad, o todo junto, abordar la aventura Mozart, inexpugnable e inaccesible Mozart y, sin embargo, haciendo a los corazones permeables a su milagro y a su emoción hasta en los lugares comunes. Luego vendrá Bilbao, con un encuentro con chavales en un instituto por la mañana y otro con los mayores por la tarde alrededor de Bach. Y mientras tanto, he hecho un ejercicio de revival literario desempolvando la ópera prima de David Leavitt para una cita con los libros que habrá que ubicar en el calendario, ahora que el otoño se ha ubicado al fin invitando a hacer pasar las hojas de puertas adentro mientras de puertas afuera, las otras, las que amarillean, caen. En definitiva, que bronquítico, artrítico y tal pero activo. Me lo he propuesto. Cuesta, está costando, lo estoy viendo, pero va saliendo.

Hay más cosas, ya irán saliendo en palabras en este muro blanco en el que he empezado a escribir porque me apetecía de nuevo. Es agradable hacerlo.

7 pensamientos en “Cosas

  1. toni

    es una pena que hoy llueva, porque metería la moto en el barco y me planto ahí en nada. pero con esta lluvia y este mar enfadado con la tierra, igual la moto se pone a patinar en la bodega y luego las carreteras atascadas. es que los aviones vienen muy cargados de extranjeros estos días y no creo yo que en el aeropuerto me dejen facturar la moto. o sí. por si acaso, voy a preguntar.
    (un abrazo grande, emejota. y ánimo, que el otoño siempre trae alguna sorpresa)

  2. Marcos

    Las cosas es lo que tienen, que gustan cuando van saliendo. Cuando vas saliendo, aunque cueste. Como cuando entras aquí y ves que de nuevo algo sale de la pantalla que comunica con ese norte. Enhorabuena y abrazo (2×1).

  3. Esperanza

    Cómo me alegra verte con esa fuerza y dinamismo !
    Muchos abrazos y que esos proyectos se multipliquen X 100 !

  4. Pilar

    Que bien; otra vez estás con nosotros, para seguir aprendiendo de ti, seguir caminando tu lado y seguir viviendo estos instantes contigo.

    Lo de Mozart, no me lo recuerdes, es como un momento perdido, como un sufrimiento…. puede que si, puede que no…., ya no hay remedio
    Un abrazo cálido y un beso suave :)
    (para no hacerte daño y sigas estando aquí)

Deja un comentario: