Archivo por días: 4 noviembre, 2011

Cosas

Cosas, así, en general. Salgo -estoy saliendo- de la bronquitis mía de cada otoño, ese catarro vulgar que los inmunosupresores se empeñan en elevar a la categoría de cosa importante hasta que el médico de guardia decide prescribir en una receta gramos de antibiótico. Y como salgo -aunque no he salido de casa desde hace unos días- digo yo que será por eso que me he puesto a teclear este post a las 3:40 de la madrugada, una hora, por cierto, que no me hace gracia, como todas las que suman 7. Esto que no salga de aquí que luego me dicen maniático y cosas así. Y si no las dicen, seguro que las piensan.

He recibido por mail un saluda (curiosa palabra, saluda) de la concejala de cultura de esta ciudad invitándome a la disertación que doy sobre “Un Requiem Alemán”, de Johannes Brahms, a la vuelta del fin de semana. Es verdad, no se me había olvidado; pero está bien eso de que te inviten a tu propia comparecencia. No dice la información (y no es culpa de la concejala) que la cosa va a ir sobre el primer movimiento y no sobre la totalidad de la obra. La desmesura del Romanticismo es lo que tiene. Ante coger este trocito de aquí y este de allá o centrar la atención en cómo recorrer un todo abarcable que germina, se desarrolla, se multiplica, crece de manera exuberante y se disuelve en el silencio, creo que no había duda. Además, me interesa sobremanera la armonización inicial, ese milagro de voces tal ante el cual la orquesta, grave y densa como le gustaba a Brahms, calla de pronto como quedándose extasiada, y con razón. Estoy, por tanto, con Brahms o en Brahms.

Antes estuve con Mozart, en mi segundo año con los fantásticos alumnos del programa Senior de la Universidad de Navarra, pero eso irá en otro post, qué aventura, qué insentatez la mía, o temeridad, o todo junto, abordar la aventura Mozart, inexpugnable e inaccesible Mozart y, sin embargo, haciendo a los corazones permeables a su milagro y a su emoción hasta en los lugares comunes. Luego vendrá Bilbao, con un encuentro con chavales en un instituto por la mañana y otro con los mayores por la tarde alrededor de Bach. Y mientras tanto, he hecho un ejercicio de revival literario desempolvando la ópera prima de David Leavitt para una cita con los libros que habrá que ubicar en el calendario, ahora que el otoño se ha ubicado al fin invitando a hacer pasar las hojas de puertas adentro mientras de puertas afuera, las otras, las que amarillean, caen. En definitiva, que bronquítico, artrítico y tal pero activo. Me lo he propuesto. Cuesta, está costando, lo estoy viendo, pero va saliendo.

Hay más cosas, ya irán saliendo en palabras en este muro blanco en el que he empezado a escribir porque me apetecía de nuevo. Es agradable hacerlo.