Archivo por días: 5 septiembre, 2011

Columna

No, no me he vuelto a cansar de escribir otra vez. Traigo justificante de casa. Tecleo desde la cocina, sentado en una silla alta, jeringazo de Voltarén tras fallidas sobredosis de Ibuprofeno.

Es la espalda.

Toda ella.

Empezó la cosa por la cadera haciendo que mis piernas, poco a poco, redujeran mi radio de alcance de las cosas y ya vamos por las cervicales, irradiando unos pinchazos al pecho, lado izquierdo, y a los brazos, ambos, adormilando los dedos. No puedo estar de pie parado, no puedo descansar en la cama, no cojo postura sentado. Hasta este rato del Voltarén. Bendito Voltarén. Debería ir al médico? Pues claro. Pero terminé como el rosario de la aurora con ellos hará un tiempo y es como cuando una pareja se pide tiempo: un rechazo, un empacho, un no quiero saber nada de nada de nada de momento, luego si eso ya nos llamaremos. Ocurrió que el médico un día dijo con la cabeza baja y todo junto que buenoaquíyonopuedohaceryanadaasíque y yo alcé la ceja y le interrumpí con un Cómo? así, con c mayúscula. No le reprochaba que no pudiera hacer nada, faltaría más, nunca he pedido peras al olmo y menos dentro de un hospital pero tras tres (tris tras tres) años dejándole caer al hombre que si no nos estaríamos pasando de dosis con el elixir, que se estaban reportando (qué palabra: reportando) casos de pacientes cuyo organismo terminaba generando anticuerpos que anulaban la eficacia del medicamento reforzando la enfermedad autoinmune, que el laboratorio no recomendaba más de seis meses seguidos de administración para evitar ese problema, que tal y que cual, y tras hablar a la pared, un día, sin previo aviso, aparecidos los primeros dolores y los primeros números rojos en la cotización de los análisis que el laboratorio marca en el monitor del médico, es cuando sucede lo que he contado arriba, lo de la mirada baja y el buenoaquíyonopuedohaceryanadaasíque y se comprenderá la naturaleza y razón del Cómo? con c mayúsculas, que se correspondería a un Ahora salimos con estas??. Dije yo para zanjar el discurso: vamos, que nos quitamos el muerto de encima. El médico sonrió, incómodo, seguramente cagándose en todos mis muertos pero sonrió, y sin alterar la voz dijo que no, que aquí nadie se quitaba nada de encima, sino que había otro médico muy bueno en el hospital y otro más que…

-Pero, vamos a ver, no salió de ustedes que lo conveniente era centralizar todo en un único médico? Oiga, a ver si se aclaran.

Silencio de negra con bata blanca.

Total, que vuelta a empezar el peregrinaje por especialidades. No sabía yo que me iba a encontrar (o a desencontrar, puesto que de desencuentro se trató) con un médico que, como todos, merece todos mis respetos, pero que los pierde un poquito cuando compruebas esa actitud altiva que esconde una inseguridad. Coño, si está inseguro, dígalo, no pasa nada. Cuando un médico te da los buenos días, tiene varios tomos de Historial de 30 años de antigüedad delante y lo primero que suelta es un: “bien, lo importante siempre es establecer un diálogo fluído entre paciente y médico” algo por dentro te dice uy, y te da mucha pereza, la verdad. Si tras hacer esta declaración de intenciones te hace tumbarte en una camilla, te pregunta Dígame qué le duele en este momento, y contestas Pues me despierta todas las noches un dolor intenso que va desde la cadera izquierda hasta la ingle y la pier

-Vamos a tomar la tensión y la temperatura.

na queda que no la puedo mover de dolor; tengo que ayudarme de las dos manos para flexionarla hasta la posic

-El cuello lo mueve bien? No lo parece.

ión normal y lo paso realmente fat

Pues es normal que saltes con un Oiga, mire, sabe lo que le digo? Que me voy, ya está, ala.

-Perdón?

-Esto es increíble. Pero cómo puede decir alguien la importancia de un diálogo entre paciente y médico, y fluído además, que manda huevos lo de fluído, si no me está escuchando y se emperra con la puta fiebre cuando ve que entro cojeando y que el problema es articular y de cadera. Pero qué fiebre, por Dios, que me está matando la cadera, que no tengo anginas!

-Bueno, tal vez no tenga usted hoy buen día.

-Eso parece, sí.

-Lo puedo comprender, eh?

-Es de agradecer. Ya si eso vuelvo otro día.

El médico volvió a su mesa. Yo me vestí y me situé frente a la mesa, de pie.

-Siéntese, por favor, dijo mirando al ombligo de mi camiseta.

-Es que me gustaría salir ya, no me apetece prolongar esta consulta.

-Sería bueno que dialogáramos, dijo de nuevo al ombligo de mi camiseta.

-Dialogamos si eso en otro momento. Llevo dialogando 30 años y no me apetece dialogar con un termómetro.

-Pasaré por alto ese comentario.

-Qué le pasa a ese comentario?

-Sólo quiero que sepa que su enfermedad está agazapada y es muy peligrosa.

-Lo sé, descuide. Buenos días.

Y así terminamos. Fue una relación breve, ardiente, pero imposible. Ahora lo que me arde es la cadera, las cervicales, el pecho, qué se yo ya lo que me arde. Pero de verdad que no me apetece ahora acercarme a un hospital. Llámame temerario, inconsciente, lo que quieras. Yo lo llamo descanso, hartazgo, hartazgo, descanso. En definitiva, no son buenos días, para nada lo son. Escribía el médico algo en una hoja cuando le pedí disculpas antes de abandonar la consulta. No giró la cabeza.