Archivo por días: 1 septiembre, 2011

Septiembre

Iba por la calle y me sentí de pronto pequeño. En un paso de peatones pitó un coche y de la ventanilla asomó la sonrisa de Gloria-madre y mientras gritaba tengo que llamarteeee el coche hizo un leve zig zag, no temerario, no, sino como es ella, con ese nervio despreocupado y preocupado a un tiempo que solo he visto otra vez en las películas de Woody Allen en las que sale Diane Keaton. Sonreí. Plantado en ese paso de peatones, pensé en C. cuando me pregunté a dónde iba yo porque no supe a dónde o adónde. Las dudas cada vez son mayores. Iba a comprar el pan y a regalarme una palmera de hojaldre con coco porque, a días, yo lo valgo a la hora de la merienda. Esa mañana, que fue la de ayer, en la red social llamada Twitter la gente se empeñaba en ver a septiembre en ese lluvioso y gris día póstumo de agosto. Pero se equivocaban. No era septiembre aún, era agosto llorando sus despropósitos, que los ha habido, y muchos. Yo he sido testigo aunque he sido bueno. Cuál es la diferencia entre ser bueno y ser imbécil? No lo sé, pero al final es una cuestión de ética, supongo. Y de que me fabricaron así. Dudo si es una virtud o un defecto (más) de serie. Este verano pasará a mi curriculum como el tiempo en que las cosas me tentaron a ser malo. A dañar, a herir, a joder. Tentación fácil ser conde de Montecristo, según descubrí. No lo hice. Me dañaron y me quedé callado. Y me compré una palmera de coco, uno cuarenta, dijo la dependienta, y busqué entre las monedas pensando que el dolor y el daño son cosa distinta porque lo primero sucede por dentro y lo segundo viene de fuera. Me da más miedo el daño descabezado y kamikaze que viene del miedo ajeno que el daño que surge de una persona desaprensiva de por sí. Ver a tu alrededor tanto dulce mientras te colocan la palmera de coco en una bolsa de papel y tantos pensamientos amargos. Los mismos que aconsejaron sedar este blog, para que no sufriera innecesariamente.