Uno

Nueva YorkMe lees igual pero me he movido de sitio. Y no poco. Tecleo desde el otro lado del océano, y tanta es la distancia que tecleo viendo declinar el sol, y viendo cómo juega su luz con las hojas de los frondosos árboles de Brooklyn, mientras allá, en mi casa, hace rato que la luz está apagada, en telecinco han dejado de berrear por hoy y todos, menos los insomnes, duermen. Sssh. Para mí, para mi cuerpo y mi cabeza, para mi alma toda (perdón por la salida a lo bolero, y no de Ravel, a quien tengo, mira tú por dónde, muy presente estos días) ya hace tiempo que es de noche también pero hay que luchar un poco para evitar que luego abra los ojos a las 2 de la madrugada pensando que son las 9 de la mañana.

Estoy en Nueva York, sí, qué cosa, quién me lo iba a decir; me cuesta tanto creerlo que hasta lo voy a volver a poner: estoy en Nueva York. Se ha abierto la puerta del edificio de la Terminal 7 del JFK, he puesto el pie fuera del recinto, pisando acera, y he pensado: este es un paso cualquiera para cada una de esas miles de personas de que me rodean, pero es un gran paso para mí. Y antes de cruzar para ponerme a la fila de los taxis, los amarillos, los conducidos por esos señores egipcios que hablan todo el rato por el móvil en un idioma que mezcla el inglés, el español, no te extrañe que algo de latín, mientras te ponen una pantalla donde ves, a la izquierda, vía GPS, el sitio donde estás, y a la derecha, un programa de televisión donde enseñan productos alucinantes de teletienda y hacen entrevistas. Enmarcando la pantalla, un bollywood de anuncios, un mareo, oye. Pero quién mirará eso con lo que hay que mirar. Yo, vale, sí, pero sobre todo he mirado todo lo que había al otro lado de las ventanillas con fascinación.

Pero eso dentro del taxi. Pasa con lo literario que coges un hilo, apuntando en una dirección, y a nada que das un rodeo ya te crees cosiendo y no: estaba diciendo que “antes” de cruzar para ponerme a la fila de los taxis, he mirado arriba. No se podía esperar una tarde más azul, y un calor aliviado por una brisa deliciosa. Eso sí es un recibimiento. Y aún antes, en la sala previa a la salida, he llamado a mi madre, porque estaría, estaba, pendiente, y era tarde para ella, medianoche ya; y aunque mi madre no lo mostraría porque ella lo que quiere, y lo quiere de corazón, es mostrar su apoyo y dar su fuerza, estaría con el desvelo: el avión, la aduana. No es mi madre de esas agoreras que ay, hijo mío, ten cuidado con los señores que te ofrezcan caramelos a la salida del cole, no; el agorero aquí soy yo. Pero creo que la conclusión inesperada y fulminante de mi agorerismo la pilló por sorpresa y, si nos ponemos en su lugar, es normal que una madre, dadas las circunstancias atípicas que se dan en mi persona, estuviera un poco o un medio o un mucho pendiente y al tanto. A mi madre se le ha notado la emoción y el alivio. Las dos son emociones, pero la primera no está hecha de aire y la segunda, el alivio, sí. De aire expulsado desde los pulmones concretamente: ay, dirían, si hablaran (que a veces lo hacen). Y lo del alivio ha sido por llegar sin percance y, cito textualmente, porque “lo importante, hijo mío, es que has llegado bien y que todo ha ido bien. Ahora descansa y disfruta”.

Y sí, ha ido bien. Más que eso incluso. Porque puestos a retrotraernos, en la temida y temible aduana estadounidense no me han hecho ni caso. Tanto y tanto y ya ves, que no me ves. Un policía mulato, fortachón, de bigotillo, pelo recortadísimo en la cabeza, sí, ese, el mismo que hemos visto en todas las series de policías, se ha dirigido a mí en español, todo un detalle. A qué viene a Estados Unidos, señor? De vacaciones. Okey. (silencio valorativo mirando el pasaporte. A mí me ha dado por mirar el uniforme negro, perfectamente impoluto, qué cosa, oye; tienen que tener veneración hacia esos uniformes aparte de dedicarles un rato largo porque si no, no sé, la verd..) señor?

Glups.

-Perdón?
-Cuál es su ocupación, señor?
-Soy profesor (lo soy, no?) y compositor (para qué coño le dices que eres compositor! Pues no sé, a mí tambien me ha extrañado que…)
-Viaja solo, señor?
-Solo, sí.
-(asentimiento con el chicle)
Cuño en el pasaporte PLOM y:
-Que tenga un buen día.
-Gracias, igualmente.

Y ya.

El tipo había preguntado: cuál es su ocupación, señor? Y yo le hubiera respondido: mi ocupación escasa, pero mi preocupación considerable, porque llevo unas 12 horas sin preocuparme de nada, sabe usted?, no he sentido nada en esta sala, ni antes, ni en el avión, se lo puede creer?, ni siquiera un hormigueo en el aeropuerto.

Nada.

Y no sé si eso es bueno o raro, o raro y malo. O si, simplemente, es así. Confesaré algo: no me he enterado del momento en que el avión se elevaba. Tampoco te lo crees? Pues pregúntale a la señora del asiento de al lado, americana ella. El comandante nos ha dicho que viajábamos a 11 km de altura y que la temperatura exterior era de menos 54 grados centígrados. Todo era tan nuevo y yo me dejaba llevar por los acontecimientos de tal manera que he dejado que hicieran eso, llevarme, y me he tapado con la manta. La señora de al lado, cada vez que cogía el vaso de agua, lo hacía con la calma, lentitud y precisión de movimientos de quienes saben, al menos, de qué van las cosas.

8 pensamientos en “Uno

  1. Miguel

    ¡Maravilla! ¡Lo has hecho! ¿No te dije que no pasaba nada? Jajajaja. Cómo me alegro. Ahora disfruta, disfruta… ¡qué maravilla!

  2. Las Tres Gracias

    Estamos encantadas de tu feliz llegada!!!!!Ves como no era para tanto???jajaja!!que disfrutes muchiiiiiiiisimo!!Cuando vengas te haremos un interrogatorio de todo eh?PD:sacale una foto al Caw Boy vale?Muchos besos!!!!!!!

  3. belén

    Querido Mariano: hay días como hoy que la hazaña que nos cuentas es tal que a una se le va la mano al teclado y no puede por menos que escribir y dejar aquí unas palabras de ánimo, de felicitación y sobre todo de empatía, que es ese sentimiento que te hace ponerte en el lugar del otro y sentir con él, lo que él siente. Así que ahora yo me siento en NY y no puedo menos que decirte ¡disfrútalo, Mariano! Te lo mereces. Sácale chispas a la vida!! Un abrazo!

  4. C.

    Ya veras, es que esto de escuchar otros sonidos, ver otras cosas y oler distinto es una droga. Es que a mi me encanta hasta la comida del avion :D
    Have a nice day!
    (y los que nos esperan a nosotros leyendote, que es un placer)

  5. isabel

    mariano, qué emocionante recuento del principio del viaje. me encanta pensar que mis espacios cobran significado para ti. te abrazo fuerte.

  6. Marcos

    Me alegro mucho de que tu llegada a los “yúesei” (“USA”, pero con acento americano, claro) haya sido tan prometedora, y eso que sólo nos has contado la llegada. Lo de no sentir nada creo que es bueno: es lo que yo por lo menos siento (lo de sentir nada) cuando pasan tantas cosas nuevas, y buenas, tan rápido. Disfruta, como nosotros aquí leyendo tu mirada curiosa y atenta de Nueva York. Un abrazo fuerte.

  7. emejota Autor

    Qué gracia me ha hecho lo de las tres gracias :) Que lo son. Y mías! :) Besos!

    Miguel, Isabel, gracias por haber hecho esto posible!

    Marcos: sí, yo creo que también es bueno. Hoy he sentido una emoción especial, pero eso va en algún capítulo próximo, que tecleo con retraso horario ;) Un abrazo.

    Belén: un placer volver a leerte y me alegro de que “estés” en Nueva York a través de las palabras de La Idea. Te mando un abrazo fuerte

    Pues mira, C, en el avión comí una cosa que no voy a contar porque si se la dicen a mi madre ya me veo con dieta ampliada. Y yo creo que coló por la altitud, no sé yo en tierra firme… ;) Beso!

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