Memorial

La primera emoción que se te anuda en la garganta, cuando transitas por la parte baja de Manhattan, ocurre al acercarte a la Zona Cero del World Trade Center. No es fácil explicar con palabras lo que te dicta el corazón, lo que se mueve por dentro procesando lo que ves y escuchas alrededor. La primera señal, a lo lejos, entre calles, la dan unos edificios desdentados, a los que se les está poniendo el esmalte de espejo, dando una imagen algo grotesca, como de pudor por la apariencia, las heridas es lo que tienen, que supuran, y hay que tener paciencia:

Allí, hasta la inclinación natural de las grúas se convierte en la metáfora de una desgana, de un pesar cabizbajo. Lo más curioso de todo es que la banda sonora no se puebla de máquinas perforadoras, motores, soldaduras chisporroteantes. Hay silencio. Y hay, también, una fila espontánea de espectadores sentados en el suelo, o de pie con los brazos cruzados, que mira en silencio ese boquete, esa herida mortal, rodeada por una venda de tela donde se ha firmado, como cuando te ponen la escayola, que fue allí, sí, allí, donde pasó aquel horror.

Y si por la tele te pareció mentira, estar delante te parece aún más mentira, o mayor horror, o las dos cosas juntas. Se entenderá que algo se anude a la garganta y se mueva en el pecho y te quedes quieto, callado, envuelto en ese sonido silencioso a la vez que feroz de taladradoras e intrumentos quirúrgicos que, 10 años después, todavía intervienen en la zona muerta.

Hay en los obreros un ir y venir lento, eficaces en el desempeño de sus funciones pero con alguna clase de dispensa, como si allí uno se contagiara del pesar, y creo que se sienten observados por los allí presentes y, qué curioso, considerados como si formaran parte de aquellos bomberos a cuya memoria se erige un pequeño altar con un pequeño ramo de flores en el suelo, renovado día tras día desde aquel mediodía allá, primera hora aquí, en que Ana Blanco interrumpió el telediario de las 3 para empezar a narrar, profesional como ninguna porque hay que tener huevos para narrar en directo lo que de pronto pareció como una pesadilla apocalíptica que los sentidos eran incapaces de asimilar, que dos dardos de fuego atravesaban el corazón de aquellas torres símbolo de tantas cosas.

Los obreros van y vienen, ya lo hemos dicho, pero es que tanto es su ir y venir, y se entremezclan con la gente; ahora salen de una tienda de refrigerio entre niños que compran sus helados, ahora aparecen sentados con el casco de protección enre las manos o hablan entre sí.

Estar allí es estar como en un santuario. No presencias lo que ves. Presencias lo que no ves. Y sientes. Es entonces cuando una voz a tu espalda dice en perfecto castellano de toda la vida: “pues chica, en Salamanca los tienes tiraos de precio. Mira a ver si les quedan”, y comprendes que viajar no es ir a los sitios. Es estar.

6 pensamientos en “Memorial

  1. Pilar

    :O)!
    Con el miedo que tenias a volar!. Ves como no pasa nada?
    Yo cuando vuelo, voy mirando siempre las caras de las azafatas y azafatos para ver si están relajados, no me gustan nada las alturas, prefiero el suelo.
    Que bien por Manhattan, como la canción de Leonard Cohen, primero conquistaremos Manhattan, después conquistaremos Berlin….Así que ya sabes, después a Berlín (también te va a encantar y la impresión es distinta pero muy intensa)
    Cuanto me alegro de tu viaje, disfrutalo a tope y que seas feliz!
    Un besito desde esta loca Pamplona que no para de gritar con estas horribles charangas

  2. Marcos

    “No presencias lo que ves. Presencias lo que no ves.”
    “Viajar no es ir a los sitios. Es estar.”
    Qué razón tienes, Mariano. Emocionante descripción de lo que presenciaste cuando estuviste allí.

  3. emejota Autor

    Pilar, que aún falta el viaje de vuelta… :)
    Estoy en un barrio muy tranquilito de Brooklyn, lleno de árboles frondosos y casitas preciosas pero con el metro aparezco en 15 minutos en pleno corazón de Manhattan. Y sin transbordo!
    Un beso, gracias y ánimo con el rollo charanguero. Pronto me tocará a mí. Qué paciencia hay que tener, madre :)

    Muchas gracias, Marco. Ha habido ya muchas otras observaciones pero llego tan cansado a casa que se me amontonan. Pero no se olvidan. Poco a poco irán apareciendo. Un abrazo.

  4. C.

    Ayer hablabamos tambien nosotros de eso, de la suerte que es poder ESTAR en los sitios, y no tener ir a comprar lo que este mas barato que en Salamanca o donde fuere.
    Ayer al atardecer cenabamos en el porche; se escuchaba el banjo del vecino de dos casas mas alla y una ardilla hacia equilibrio en el tendido electrico…

  5. ilovecomposition

    Qué genial descripción Mariano. Muy buenas fotos también! La verdad, se le queda a uno el gusanillo de estar en Nueva York.

    Abrazos!

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