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Duda 24 mayo, 2011

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentarios , trackback

Se dice “te acuerdas cuando íbamos” o “te acuerdas de cuando íbamos”?

Cada vez tengo más dudas de haber ido, la verdad.

Proyectos 24 mayo, 2011

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentarios , trackback

La voz del periodista sonó sobria y serena al otro lado del teléfono y la reconocí enseguida, porque este hombre a mí siempre me ha parecido periodista de los de la escuela de mecanografía y teletipos, y lo imagino aún así, defendiendo el último bastión de tinta de la de manchar los dedos en el rincón de alguna redacción digital. Propuso mantener una entrevista y me sorprendí por la idea, precisamente porque no hay ideas que la justifiquen. Habrá algún proyecto por ahí, dejó caer. Mire, respondí yo, cuando uno está tocado, el siguiente proyecto es siempre aprender a vivir. Vivir es algo que desconocemos acaso?, preguntó con la avispada pericia de periodista viejo que quiere iniciar la entrevista al instante. Tengo para mí que sí, que lo que hacemos no es vivir, aunque nos lo parezca. Lo que hacemos es sobrevivir. Y cuál es la diferencia?, insistió. La diferencia es que vivimos por encima, como dice el término que tan bien define el asunto y nos parece ya hasta normal hasta que miramos el calendario y nos damos cuenta de que el tiempo ha pasado sin enterarnos. Yo mismo, proseguí, me considero un ejemplo de eso, lo he descubierto no hace mucho y ando perplejo. Sería interesante profundizar en eso, um, dijo sobria y serenamente el periodista, tanto que en vez de un periodista parecía un psicoanalista. Si se empeña, quise replicar. Pero me sonó a Cela, Camilo José, al anuncio ese que pasaba la tele de antaño, así que dije otra cosa nada nobelesca ni novelesca: bueno. Y punto. En realidad puntos suspensivos. Los puntos suspensivos, cuando van detrás de “bueno”, le confieren una inflexión especial que no se puede reproducir por escrito pero que, seguro, está resonando en quienes leen estas líneas. Es como el bostezo, que se contagia. Y si no lo es, da lo mismo. Se me ha ocurrido la comparación así, sin pensar, nos entendemos de sobra.

Vino entonces lo imprevisto. Me gustaría desplazarme hasta su localidad de residencia (glups) para sacar unas fotos al reportaje en algún lugar donde usted se identifique (glups al cuadrado). Mire usted, es que yo no me identifico con esta ciudad. No?. No, pero creo que ella conmigo tampoco. Me identificaba con la estación de tren pero ahora ya no me reconoce, sabe? Silencio periodístico al otro lado del móvil. Bien, entonces quizá podíamos hacerla en la redacción. No estaría mal, le animé, asustado al imaginarme en el trance de una de esas fotos turísticas con catedral, peña gastronómica o centro de salud al fondo. Casaré en la agenda otras entrevistas y me pongo en contacto con usted, concluyó.

El periodista, sobrio y sereno, con su voz de bajo si cantara, aunque no sé si tiene oído ni si canta en la ducha, se puso a casar entrevistas, supongo que lo haría. De momento, y a tenor (que no bajo) del silencio de blanca del teléfono, lo que no casa es lo mío. Me quedo como estaba. Vivan los novios.