Archivo por meses: mayo 2011

Recuerdos

Un día, hacia el final de mi último año, no fui al colegio. En vez de eso me dirigí a Palm Springs en coche. Iba solo y oía un montón de cintas antiguas que me solían gustar pero que ya no me gustaban tanto y paré en un McDonald´s de Sunland a tomar una coca-cola y luego entré en el desierto y aparqué frente a la casa vieja. La nueva que había comprado la familia no me gustaba; bueno, no estaba mal, pero no era como la vieja. La casa vieja estaba desamueblada y por fuera parecía sucia y en ruinas y había hierbajos y una antena de televisión había caído del tejado y botes vacíos estaban dispersos por lo que había sido el jardín delantero. La piscina estaba vacía y me asaltaron todos esos recuerdos y tuve que sentarme con mi uniforme del colegio en la escalera de la piscina vacía y lloré. Recordaba todos los viernes por la noche en que llegábamos y los domingos por la noche en que nos íbamos y tardes pasadas jugando a las cartas junto a la piscina con mi abuela. Pero esos recuerdos parecían desvanecerse comparados con los botes vacíos dispersos por la hierba seca y las ventanas, todas ellas rotas. Mi tía había intentado vender la casa, pero supongo que se puso sentimental y terminó por no venderla. Mi padre quería venderla y se enfadó de verdad porque nadie lo hiciera. Pero se olvidaron del asunto y la casa nunca llegó a venderse. Aquel día no fui a Palm Springs a dar un paseo y ver la casa. Tampoco fui porque quisiera hacer novillos o algo por el estilo. Supongo que fui porque quería recordar cómo eran las cosas entonces. Pero no estoy seguro.”

Bret Easton Ellis, “Menos que cero”

Proyectos

La voz del periodista sonó sobria y serena al otro lado del teléfono y la reconocí enseguida, porque este hombre a mí siempre me ha parecido periodista de los de la escuela de mecanografía y teletipos, y lo imagino aún así, defendiendo el último bastión de tinta de la de manchar los dedos en el rincón de alguna redacción digital. Propuso mantener una entrevista y me sorprendí por la idea, precisamente porque no hay ideas que la justifiquen. Habrá algún proyecto por ahí, dejó caer. Mire, respondí yo, cuando uno está tocado, el siguiente proyecto es siempre aprender a vivir. Vivir es algo que desconocemos acaso?, preguntó con la avispada pericia de periodista viejo que quiere iniciar la entrevista al instante. Tengo para mí que sí, que lo que hacemos no es vivir, aunque nos lo parezca. Lo que hacemos es sobrevivir. Y cuál es la diferencia?, insistió. La diferencia es que vivimos por encima, como dice el término que tan bien define el asunto y nos parece ya hasta normal hasta que miramos el calendario y nos damos cuenta de que el tiempo ha pasado sin enterarnos. Yo mismo, proseguí, me considero un ejemplo de eso, lo he descubierto no hace mucho y ando perplejo. Sería interesante profundizar en eso, um, dijo sobria y serenamente el periodista, tanto que en vez de un periodista parecía un psicoanalista. Si se empeña, quise replicar. Pero me sonó a Cela, Camilo José, al anuncio ese que pasaba la tele de antaño, así que dije otra cosa nada nobelesca ni novelesca: bueno. Y punto. En realidad puntos suspensivos. Los puntos suspensivos, cuando van detrás de “bueno”, le confieren una inflexión especial que no se puede reproducir por escrito pero que, seguro, está resonando en quienes leen estas líneas. Es como el bostezo, que se contagia. Y si no lo es, da lo mismo. Se me ha ocurrido la comparación así, sin pensar, nos entendemos de sobra.

Vino entonces lo imprevisto. Me gustaría desplazarme hasta su localidad de residencia (glups) para sacar unas fotos al reportaje en algún lugar donde usted se identifique (glups al cuadrado). Mire usted, es que yo no me identifico con esta ciudad. No?. No, pero creo que ella conmigo tampoco. Me identificaba con la estación de tren pero ahora ya no me reconoce, sabe? Silencio periodístico al otro lado del móvil. Bien, entonces quizá podíamos hacerla en la redacción. No estaría mal, le animé, asustado al imaginarme en el trance de una de esas fotos turísticas con catedral, peña gastronómica o centro de salud al fondo. Casaré en la agenda otras entrevistas y me pongo en contacto con usted, concluyó.

El periodista, sobrio y sereno, con su voz de bajo si cantara, aunque no sé si tiene oído ni si canta en la ducha, se puso a casar entrevistas, supongo que lo haría. De momento, y a tenor (que no bajo) del silencio de blanca del teléfono, lo que no casa es lo mío. Me quedo como estaba. Vivan los novios.