Primavera

La Primavera, con su sobredosis de luces.

He escrito esta frase después de comer y me ha dado un poco de pereza o cualquier otra cosa que termine por -eza. Tristeza, por ejemplo. Agobio no termina así, pero empieza en cualquier momento. Es lo que pasa cuando sorprendes un caudal de luz nuevo que el filtro de la cortina vuelve una niebla luminosa y excesiva para el duelo que exige la despedida del invierno. Cuando era pequeño imaginaba la palabra invierno como una rama desnuda y quieta. Y la palabra primavera la imaginaba con hojas verdes y una gota de algo parecido al limón o a un color. No me acuerdo muy bien.

(Sí que me acuerdo que hoy hace once años que se nos murió el gato)

Me he acordado por la noche, cenando, porque he dicho que la frase que encabeza este post la he escrito después de comer pero no he dicho que la pereza de la luz ha hecho que se quedara allí, suspendida en la cima de la pantalla. Hace once años que se nos murió el gato. Se apagó una mañana cuando la primavera llegaba un poco grosera con su rollo azul y fresco, sin ninguna consideración. Es poco considerada esta estación, y tramposa. Se engalana, nos hace tilín y se sale con la suya.

Qué más.

Menuda pregunta para no tener los pertinentes signos de interrogación. Pues muchas cosas pero se anestesiaron en la punta de los dedos. No es la primera vez, supongo que no será la última. Te sientas a escribir y no sabes, no sale, no puedes. Pero lo mismo pasa cuando no te sientas a escribir. Sales a caminar la tarde, contemplas esas pinceladas malvas, rosas, ni sé cuántos colores increíbles dibujando escupitajos en el lienzo azul del cielo y lo miras pero como de lejos. No hay una conexión entre el estímulo visual y el colchón donde caen, blandas algunas, con impulso otras, las emociones. Lo mismo la música, ausente sonara o no, que sonar, ha sonado poca. Pulsaba Daniel Barenboim las escalas del piano de Mozart, como de puntillas, y sí, claro, cómo no, si hasta estos dedos hacían karaoke discretamente mientras la música se deslizaba a través de los auriculares. Pero sí y no y a medias. Lo mismo en el cine, en el cine cine y en el cine de casa.

Un día me subí a un tren con el único objetivo de viajar 75 kilómetros en tren leyendo una novela. Novela de ida y vuelta. Te lo crees? Pues pregúntale a la novela, en la que no salía un solo tren pero lo pedía, al menos como fondo. Fue un escape un día azul que en el hospital habían vuelto de un blanco de hielo y, de algún modo, un tributo al invierno. Para mí, el invierno es un abrazo. Nos recuerda que estamos a la intemperie y nos pone en contacto con nosotros mismos y nos envuelve, o nos envolvemos. Escribió Victoria, a todo esto, poeta ella de inviernos y de silencios de nieve; se acordó de mí por si el día se hacía difícil, decía, y me impresionó mucho su mensaje porque el día y el momento eran difíciles. Existen conexiones misteriosas que sobrecogen un poco y reconfortan.

Hola, blog. No me mires así, anda. Venga. Va.

5 pensamientos en “Primavera

  1. eledelidia

    Leo tus palabras acerca de esa anestesia emocional que a veces nos impide escribir/sentir/vivir y se me vienen a la cabeza los versos de un poeta de mi tierra, Salvador García Bodaño. Como no sé si lo conoces, te transcribo el poema. Un saludo.

    Non temos xa nin tempo
    No tenemos ya ni tiempo

    de sentir as palabras:
    de sentir las palabras:

    ese ecoar de nós mesmos
    ese eco de nosostros mismos

    contra os muros da nada
    contra los muros de la nada.

    ¿Ónde as fírgoas no vento
    ¿Dónde las grietas en el viento

    que traían as lembranzas?
    que traían los recuerdos?

    Raíces de esquecemento
    Raíces de olvido

    ínzannos pola alma
    se extienden por el alma.

    Gris, aquel gris baleiro
    Gris, aquel gris vacío

    a pousar nas olladas
    deteniéndose en las miradas.

    Non temos xa nin tempo
    No tenemos ya ni tiempo

    de sentir as palabras
    de sentir las palabras

    ¿Cómo volver en nós?
    ¿Cómo volver en nosotros?

    E a presa nos arrastra
    Y la prisa nos arrastra.

    No fondo do silencio
    En el fondo del silencio

    un silencio vibrante que nos cala.
    un silencio vibrante que nos calla.

  2. Héctor

    Lo que son las casualidades. He llegado a este post siguiendo el vínculo que dejaste en tu cuenta de Twitter. Y paradójicamente recién advertí que eras el tal emejota y que había leído tu blog hace muchos años buscando referencias sobre la serie “Los años maravillosos” (tal su nombre en el país donde vivo) o “Aquellos maravillosos años” (en España). Descubrí en ese momento cómo te apasionaba, tal como a mí que en ese entonces -hablo del año 2008, creo- estaba procurando reunir todos los capítulos en formato digital. Desde entonces he entrado de vez en cuando, encontrando siempre material sensible, elaborado con criterio y escrito con respeto. Eso es invalorable en los tiempos que corren y en Internet. Recuerdo haberme sorprendido con una frase que decía “yo, de alguna manera, soy una persona sin resolver; soy una infancia deshabitada”. Quería simplemente comentar esto y preferí escribírtelo en el blog porque me hubiera resultado muy difícil lidiar con los 140 caracteres de la red social. Mariano, un afectuoso saludo desde Argentina, donde este 21 de marzo ha comenzado el otoño.-

  3. C.

    Bueno, desde el punto de vista del lector, la espera ha merecido la pena, aunque es una lástima que algunos de tus mejores textos lo sean a costa del sufrimiento en cualquiera de sus variantes…
    Hoy, día gris. Besos.

  4. Marcos

    La primavera viene cuando le da la gana (ésta, por ejemplo, lo hizo a medianoche; no sé qué trataría de esconder). Y viene con ese sol y esos colores, que a veces abruman porque no hacen juego con la tonalidad que vestimos por dentro; pero ahí están para que, cuando queramos, salgamos a calentarnos un poco, en un paseo por ejemplo. La primavera viene cuando quiere y no cuando debe, pero seremos capaces de enseñarle buenos modales.
    Siento mucho lo de tu gato, que ahora ya conozco gracias a tus libros (se me puso un nudo en la garganta y en los ojos con aquel post).
    Espero que ya se te haya pasado el efecto de anestesia tan dolorosa y que vuelvas a sentir y a hacernos sentir.
    El invierno es un abrazo, sí, pero en primavera también los hay. Ahí va uno (a ver si llega).

  5. emejota Autor

    Llega, Marcos, y se agradece. Otro de vuelta al otro lado del cristal.

    C: hoy también es día gris, pero me tengo que poner corbata y tú a unos metros de nada. Te vas a perder un momento tan raro e infrecuente?? :P

    Héctor: precioso, precioso comentario. Es todo un post. Es verdad, soy una infancia deshabitada. Y Kevin Arnold, sí. Recibo sus tweets, breves, todos llenos de una ilusión emprendedora: una excursión con los niños, estar contento porque su mujer está contenta, un rodaje como director de un episodio de una nueva serie… Y sonrío. Es una suerte que comience el otoño.

    Lidia: no los conocía, pero son preciosos. Muchas gracias.

    Un abrazo!

Deja un comentario: