Parravirgen

Robert Poste¿Qué vio la tía Ada Doom en la leñera cuando era niña? ¿Qué vio la matriarca de los Starkadder para permanecer recluída desde entonces allá arriba, en su habitación? Y la parravirgen. ¡Ay la parravirgen! ¿Qué influjo tiene entre los varones la parravirgen para que Meriam, la criada, se quede embarazada cada vez que florece? ¿Qué pasa en la próxima página, qué? En 1932, la periodista Stella Gibbons publicó “La hija de Robert Poste”, hilarante novela entonces, lo mismo hoy, recuperada felizmente por Impedimenta. Impedimenta es una editorial que rescata buenos títulos y los envuelve en la piel de bonitos libros. Libros para el tacto, la vista, el olfato y, como en este caso, la sonrisa y el placer. ¿Qué vio la vieja tía Ada de niña en la leñera? No lo sabemos cuando Flora, la hija de Robert Poste, aparece en la granja de Cold Comfort, que será granja pero no lo que dicen sus apellidos, de eso nos damos cuenta enseguida. Pero no pasa nada porque menuda es Flora Poste, a ella se le va a poner algo por delante, ja, y no pasa nada porque el lector, al divisar la lúgubre edificación, divisa también las intenciones de Stella Gibbons: disparar con balas de ingenio sobre todo lo que se le pone por delante, sean nombres y hombres de entonces, modos y maneras literarias y de los literatos, estilos y costumbres de la sociedad inglesa de la época, y hasta algún que otro ajuste de cuentas con las palabras. Lo hace brillantemente, jugando ahora con el disfraz de una novela a lo Austen hasta que a vuelta de párrafo algo dinamita las comas y te hace sonreir y regocijarte.

Gibbons crea a una heroina de armas tomar, frívola e inteligente, sofisticada y tradicional, que llega dispuesta a poner orden entre todos, todos muchos y raros: fanáticos religiosos y jovenzanos hipersexuados por el florecer de la parravirgen, vaquerizos nonagenarios que friegan los platos del desayuno con ramas de espino y una jovencita asilvestrada que corre feliz por los bosques. La hija de Robert Poste llega allí dispuesta a poner orden y arreglarlo todo “como tiene que ser” y antes de desempaquetar el equipaje fija la atención en esas novelas victorianas polvorientas del estante, maravillosas todas ellas porque son “las únicas que pueden leerse mientras te zampas una manzana”, y una vez que baja las escaleras y entra en la cocina comienza a cocinar su plan. No parece nada fácil al principio mientras observa a los Starkadder callar o rebuznar, con la sensación, durante las comidas, “de estar actuando en una de aquellas películas tan intelectuales y tan funestas del cine alemán”. ¿Qué demonios vería la tía Ada en la leñera para permanecer allí recluída?, piensa Flora mientras engrasa la maquinaria de esas vidas y se dirige, porque así lo manda el guión, a una velada en la Hermandad de los Benditos Estremecimientos.

Gibbons se lo pasa en grande y coloca tres asteriscos ante los párrafos descriptivos en los que se burla del estilo rimbombante y barroco de la narrativa “seria”. Pocas líneas después, como quien ya no aguanta más contener la respiración, arranca una bocanada de aire fresco a la frescura de su relato. Divertido, entrañable, escrito de una manera ingeniosa y hermosa porque Stella Gibbons hace burla pero lo hace delicadamente y con elegancia. “La hija de Robert Poste” conserva la solidez de su estructura y todo su encanto, que es mucho, y aunque posee rasgos propios de una época desaparecida, lejos de oler sus páginas a rancio nos invitan a leer con ojos de entonces y comprender su verdadero efecto mientras se gana nuestro afecto. La novela es una de esas que uno lamentaría terminar de leer si no fuera porque Impedimenta acaba de sacar su continuación, “Flora Poste y los artistas”. Y de esa gozada sólo me separa poner el punto seguido a este post, porque el libro lo tengo aquí, al lado, invitándome.

4 pensamientos en “Parravirgen

  1. C.

    No te voy a leer aún este post porque estaba en mi lista para el futuro inmediato -pero no saco tiempo para entrar a fondo en El nombre del viento, jo :)

  2. emejota Autor

    No es un post inspirado ni revelador. Tengo que llamar a Flora Poste para que me engrase la maquinaria de escribir, que se me está olvidando.

    El nombre del viento es un libro para el invierno.

    :)

  3. Pilar

    ¡¡Caramba emejota!!, parece interesante el libro, pero me niego a añadir uno más a la lista que tengo esperando turno. Ültimamente: “Tempus Fugit “(el tiempo se me va) y no se por donde.
    Sería bonito,si, cogerlos todos en un capazo, perderme en la playa de los genoveses de San José (Almería), que creo me está esperando.¡¡ Es la playa más bonita del mundo mundial!!, palabra, el azul del mar es más azul, al sol lo cuelgan de otra manera, los atardeceres me los hacen de encargo…. ¡¡Seria bonito, si!!
    Pero como decía Calderón:”La vida es sueño… y los sueños, sueños son.

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