Crepúsculos

Valor de LeyNo se sabe la razón pero el western, el poco western que queda, da, por lo general, pereza. Pásate por un multicine, mira a la gente hacer lo propio con los títulos disponibles y lo comprobarás. Bueno, pues si te da pereza y consigues vencerla, “Valor de Ley”, la última película de los hermanos Coen, remake de algún modo de aquella de un John Wayne setentero que ya no estaba para séptimos de caballerías, ni quintos, habrá merecido la pena. Y mucho. Puede ocurrir, también, que si entras en la sala, la 2 en mi caso, no haya cuatro gatos, sino tres. Y antes de la película entiendes qué es un western crepuscular. Luego empieza y ves otra variante de western crepúscular con sus caminos polvorientos, sus gentes mirando de refilón, las funerarias de ataúdes de madera de pino y funerarios de expresión mortecina, los banqueros arrogantes y barrigones, la roña en la ropa del héroe crepuscular, fanfarrón y tuerto. Y la niña. Glups con la niña y sus cojones (con perdón) bien puestos. Todo lo que allí aparece atrapa tu atención o, por lo menos, hace que te pongas cómodo en la butaca porque compruebas la solidez de los actores dando vida a sus respectivos personajes y, sobre todo, porque asistes con regocijo a una forma de narrar que retoma con buen pulso un clasicismo del bueno. Hay westerns de hoy narrados a ritmo de videoclip y westerns que recuperan un clasicismo narrativo que luce muy bien cuando cae en manos que saben lo que hacen. Es el caso con creces y la película se crece.

Qué cosa la del western que aunque nos remite a tiempos de teles de sábados por la tarde aún nos llama, a pesar de que el factor pereza pueda hacer acto de presencia. Guillermo Altares escribía hace poco en El País una reflexión muy interesante sobre eso al afirmar que “el cine del Oeste nos enfrenta con dilemas morales, nos habla de personajes cabezotas que nunca se rinden, de héroes reluctantes, tipos que hacen el bien por encima de sus propios deseos, nos relata la construcción de un país mientras que, como espectadores, encontramos el refugio apacible de los recuerdos de nuestra infancia. Son filmes que mezclan la violencia y la poesía, el amor y los paisajes infinitos, nos hablan de puestas sol –incluso hay un subgénero que lleva esa imagen en su denominación: western crepuscular– y de espacios infinitos, de venganzas que nunca terminan, de héroes ocultos y olvidados, de historias de amistad por encima de cualquier obstáculo. El western forma parte de la vida y regresar a él es recuperar una parte de todos nosotros. Por eso siempre vuelve”. Lo que decía, un texto muy bueno. Pues eso es lo que traen los hermanos Coen en esta película que merece la pena de verdad y cuyos personajes quedan, como queda lo que dicen y los espacios que transitan.

8 pensamientos en “Crepúsculos

  1. C.

    Salimos los cuatro fascinados.
    (A pesar del doblaje de la niña. Me dijeron que ella está fantástica en VO, y que hay que poner los cinco sentidos para entender el farfullar de borracho de Bridges).
    Gracias -también por el párrafo de Altares- :)
    He leído en alguna crítica que la peli no está del todo conseguida, pero a mí me encantó en todos los sentidos: desde la ambientación a los actores, pasando por el guión, la fotografía, la música…
    (A lo mejor es porque la última visita al cine había sido para el Avispón verde, o algo así, jeje)

  2. eledelidia

    Heredé de mi padre el amor por el género; cuando era niña solíamos ver juntos pelis del Oeste. Quizá no sea la mejor, pero mi favorita siempre ha sido “Horizontes de grandeza”. Ninguna otra película me evoca tantos recuerdos de la infancia. Me veo a mí misma delante del televisor, bocata de nocilla en mano, deseando que Gregory Peck le rompa la cara a Charlton Heston.

    De pequeña estaba enamorada de Gregory Peck, o al menos de todos sus personajes: en Horizontes de grandeza, Duelo al sol, Vacaciones en Roma, Matar a un ruiseñor, El Hidalgo de los mares… De mayor sigo estando enamorada de él, para qué negarlo :)

  3. elvecino

    Me gustó mucho la película, sobre todo Jeff. No sé por qué hacer de despistado y borracho le sale tan bien…
    Pero el doblaje de la niña es para matarlos. Y poniendo y quitando me sobran los minutos finales y algunos cortes rápidos, sin transiciones ni fundidos, como si tuviesen prisa por terminar.
    i

  4. Ferre

    De acuerdo: el doble de la niña es horrible. En momentos así cuando quisiera preguntarles los de la Academia de Cine y al Gobierno dónde están cuando no podemos acceder a la película de la forma más parecida al original (o sea: VOS) y nos tenemos que conformar con semiactuaciones (o sea, escamoteándonos la voz).

    Por lo demás, muy buena película. No excelente, pero casi.

    Saludos,

    Ferre

  5. Victoria

    Me encanta el Western, Mariano. Adoro a John Wayne. (Mi padre siempre decía Yon Baine)
    Mariano, acabo de ver Lonesome Dove, una serie de 4 capítulos que es una absoluta joya. Conocía la música fantástica de Poledouris, pero han tenido que pasar 12 anhos hasta que me hiciese con la serie.

    Es emotiva y conmovedora. A ver si te animas y me cuentas, Mariano

    Un abrazo y mil besos.

  6. Pilar

    Vengo de ver la película y la verdad es que me ha gustado, sobre todo la fotografía de algunos planos con la música. Un western que no parece un western.
    Perdone emejota, ¿y la niña,? ¡ay la niña;la niña no tiene cojones, tiene un par de ovarios; (estos segundos son tan valiosos como los primeros), y encima es más inteligente que los dos “entrañables cantamañanas” que la acompañan en el camino.

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