Golpe 23 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propiosLa tarde del 23 de Febrero de 1981 yo tenÃa 11 años, al igual que la tarde anterior y la posterior, pero fue distinta a las demás porque en casa se encendió una radio. Y eso no era normal. Tampoco fue normal que la programación infantil, degustada con el pan y chocolate en la mano, hiciera cosas raras. A la mañana siguiente, habÃa examen de algo en el colegio. Es curioso que no recuerde de qué era el examen cuando recuerdo que era en 5º C y que yo era el número 38 de la lista. Siempre me he acordado de lo secundario, de lo insustancial. En fin. El profesor (cuyo nombre y dos primeros apellidos recuerdo también pero ya me gustarÃa a mà no hacerlo, puntos suspensivos) tenÃa otra radio colocada con escaso disimulo en un cajón entreabierto de la mesa y la escuchaba inclinando la cabeza mientras los demás inclinábamos las nuestras sobre la hoja que contenÃa las preguntas del examen. El profesor escuchaba la radio mientras se quitaba trocitos de uña de una mano, lo que demuestra que es cierto que tiendo a recordar cosas intrascendentes. Hubo un algo de alivio en su rostro en un momento dado y pareció animarse el hombre pero a mÃ, que dos aparatos de radio aparecieran en menos de 24 horas y que cobraran tanta importancia, se me hizo raro. Cuando nos explicaron las cosas en lenguaje de quinto de EGB miré hacia mi izquierda, al otro lado de la ventana, y detuve la vista en la aguja de la iglesia del colegio, pensando que si estaba ahà erguida desde hacÃa trescientos años habrÃa visto tardes en las que nada pasa hasta que el bocadillo sabe raro, noches de radio e incertidumbre y mañanas de alivio. Y cosas mejores. Y cosas peores, de esas que por la mañana siguiente no hay alivio posible. Pensé todo eso y pensé que, a pesar de todo, la aguja de la iglesia del colegio estaba ahà y asà desde entonces y como si nada. Aprendà que las cosas pasan, pero que al entorno, llámese entorno al universo, al cosmos, le da igual si sà o si no, si te mueres o si te toca la bonoloto. Eso fue para mà lo del golpe meses antes de que llegara el otro golpe, que fue la muerte de mi padre. La aguja de la iglesia seguÃa allà cuando volvà a clase un par de dÃas después; era yo quien, de alguna forma, no seguÃa allÃ. Desde entonces pasa eso. No sé explicarlo de otra manera.
Comentarios»
… como si un pedazo nuestro dejo de estar para siempre…
Gracias!
Lo has explicado muy bien. Desde donde no estás. Muy bien.
La aguja de la iglesia no entiende de golpes, no entiende de nada, no le hagas caso. Quizá porque nunca ha sufrido ninguno, y menos de esos golpes que nunca se curan. Un abrazo.
Si que hay golpes mejor dicho grandes golpes, un 23 de febrero de 1969 me lleve mi primer golpe, era domingo, soleado, esperábamos a mi padre para comer, pero nunca llegó, El corazón se le paro en plena calle. Sin despedidas, sin dar explicaciones, nos dejó a todos. Yo que nunca miro para atrás ni para coger impulso, he tenido hoy una conversación pendiente , he hablado mucho con él y he llegado a comprenderlo como no no habÃa hecho antes. Le he dicho que esté tranquilo, que los seis hemos salido adelante, que mamá estuvo bien cuidada hasta el final; y que cuando me toque, me gustarÃa irme como él, sin despedirme (no me gustan las despedidas), sin dar guerra, ni hacer mucho ruido.
Emejota, esto ha sido mejor que una terapia de psicólogo,estoy bién conmigo misma.
Ahora, me puedes pasar la minuta
Pilar: has escrito un bonito post, no un comentario. Felicidades.
(la minuta fue la chocolatina del otro dÃa: supo muy bien tras el esfuerzo. Muchas gracias)
Marcos: tengo que contestarte un mail, pero me acabo de poner a los mandos y hay una montaña de cosas. Enseguida llego.
Arati, Andreina, un abrazo.