Transcurso

Pues aquí viendo pasar la tarde. No añado lo de tontamente porque no me parece que sea una actividad merecedora del tal adverbio. Ha empezado a soplar el viento del Norte y se ha llevado las nubes. Observo el movimiento de las ramas de los árboles, el juego de la luz en las fachadas y con el filtro de las cortinas, el silencio de la casa y el canto de los pájaros, la incitación de la tarde a pasearla y mi resistencia perezosa. Todo está azul y tranquilo, y yo cansado porque no he dormido apenas, ha habido visita temprana (programada) al hospital y no me sale trabajar. Tengo delante de mí una fotografía de Truffaut. Hay algo en lo que dice de sí mismo que me recuerda a mi padre. Creo que, antes de marcharse, mi padre supo cómo iba a ser yo de mayor. Lo que no puedo saber es su opinión al respecto. Se me cierran los ojos pero eso es bueno. Eso es tranquilidad. Ver pasar la tarde es un ejercicio apasionante y, si me apuras, hasta un lujo. No habrá nunca una tarde como la de hoy, de la misma forma que nunca habrá una tarde como al de ayer o la de mañana. Vivir el instante sin oponer resistencia abre la percepción para captar los matices de las cosas. Ya llegarán las angustias, las ansiedades, esas cosas que nos depara el mundo de mierda en el que vivimos. Vivir es fascinante y un milagro. Sobrevivir a este mundo de mierda es otro milagro y una cosa muy distinta. Me duele la cabeza y en la cocina hay una palmera de hojaldre con mantequilla y coco esperando la merienda. Es un capricho que he visto esta mañana en la panadería. Entre el sí y el no, el dolor y el placer, lo blanco y lo negro, estamos todos. La mayoría pasando de esta tarde, como si fuera un decorado. Yo, viéndola pasar.

9 pensamientos en “Transcurso

  1. Marcos

    Saborear esta tarde. Respirar esa tranquilidad. Ver el tiempo deslizarse sin prisa hasta casi poderlo tocar. Dejarse llevar. Entre otras cosas, eso es vivir: un lujo, sí. Y qué hambre me ha dado esa palmera: ¡yo quiero otra!

  2. Pilar

    Pues claro que es un lujo apasionante vivir el momento y ver pasar la vida, porque el que está siempre luchando por ella, no tiene tiempo de vivirla.
    Disfrutala ( a la vida me refiero) porque lo de la palmera te advierto que engorda ( yo esas cosas me las tengo prohibidas, ¡que pena!)
    :)

  3. C.

    Hace mucho que no veo pasar una tarde de un día laborable… Supongo que son las tardes las que me ven pasar a mí y a casi todos, yendo de un lado a otro.
    Yo también quiero un ratito de tarde y un trocito de palmera.

  4. Lili

    Esto me recuerda que no he comido una palmera de esas, al menos desde hace 23 o 24 años….(¿cuántos hará que no paso una tarde de esas que describes?….me aterra sólo el pensarlo…)

    (tareas pendientes: comprarme una palmera de esas y pasar una tarde así)

  5. Diego

    Todas las tardes son distintas, pero incluso las que nos parecen peores guardan algún momento bueno. De vez en cuando incluso nos permiten descubrir algo espléndido, como una charla tuya, al igual que la semana pasada en la UN. Reconozco que acudí un poco renuente, por culpa de mis prejuicios sobre ciertos autores y obras contemporáneas. Sin embargo, el consejo de mis tíos se cumplió, fue una clase magistral. Tal vez esa conferencia condensaba muchas otras, al menos así me lo pareció: explicaciones sutiles sobre el canto gregoriano, la música impresionista, la creación de una obra nueva desde el respeto a unos cánones centenarios…
    Por cierto, ¿podrías decirme en qué tono está compuesta la obra? Porque tal y como dijiste, no me pareció lúgubre, pese a tratarse de un requiem.

    Espero que pronto des otra, y mientras seguiremos pasando por este rincón…

  6. Carmen

    Realmente cuando te paras a apreciar las pequeñas cosas, como el viento, la tarde que transcure y se va descomponiendo y perdiendo poco a poco cual arena en nuestros dedos, es cuando sientes la sangre en las venas.

    Te he descubierto por azar en el blog de otra persona, me ha encantado el descubrimiento. Mejórate y vuelve pronto, me gustará leerte más.

  7. Francesca

    A mí me pasa que, a veces, deseo que caiga esa lluvia fina tan difícil de conseguir en el Mediterráneo, para regalarme una tarde lánguida de lectura y bebida caliente, acurrucada en un sillón junto a la ventana, levantando de vez en cuando la vista para comprobar si el cielo sigue en su sitio. Algo hemos hecho mal cuando necesitamos darnos excusas a nosotros mismos para disfrutar de ese placer… no hacer nada y sentir que la vida nos envuelve… dejarse llevar… ¡Qué bonito post! Gracias.

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