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Transcurso 17 febrero, 2011

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentarios , trackback

Pues aquí viendo pasar la tarde. No añado lo de tontamente porque no me parece que sea una actividad merecedora del tal adverbio. Ha empezado a soplar el viento del Norte y se ha llevado las nubes. Observo el movimiento de las ramas de los árboles, el juego de la luz en las fachadas y con el filtro de las cortinas, el silencio de la casa y el canto de los pájaros, la incitación de la tarde a pasearla y mi resistencia perezosa. Todo está azul y tranquilo, y yo cansado porque no he dormido apenas, ha habido visita temprana (programada) al hospital y no me sale trabajar. Tengo delante de mí una fotografía de Truffaut. Hay algo en lo que dice de sí mismo que me recuerda a mi padre. Creo que, antes de marcharse, mi padre supo cómo iba a ser yo de mayor. Lo que no puedo saber es su opinión al respecto. Se me cierran los ojos pero eso es bueno. Eso es tranquilidad. Ver pasar la tarde es un ejercicio apasionante y, si me apuras, hasta un lujo. No habrá nunca una tarde como la de hoy, de la misma forma que nunca habrá una tarde como al de ayer o la de mañana. Vivir el instante sin oponer resistencia abre la percepción para captar los matices de las cosas. Ya llegarán las angustias, las ansiedades, esas cosas que nos depara el mundo de mierda en el que vivimos. Vivir es fascinante y un milagro. Sobrevivir a este mundo de mierda es otro milagro y una cosa muy distinta. Me duele la cabeza y en la cocina hay una palmera de hojaldre con mantequilla y coco esperando la merienda. Es un capricho que he visto esta mañana en la panadería. Entre el sí y el no, el dolor y el placer, lo blanco y lo negro, estamos todos. La mayoría pasando de esta tarde, como si fuera un decorado. Yo, viéndola pasar.