Repaso 28 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentarios , trackbackMiré cuántos grados marcaba el termómetro en Providence. Leà correos electrónicos pero no pude contestar a casi ninguno. Tomé mucho antibiótico, sentà el cuerpo dolorido y frágil y la mente vulnerable a ratos. A ratos soy fuerte, a ratos no. Miré cómo se alargaban las tardes poco a poco y apunté un par de frases que me gustaron. Perdà algo (más) de memoria pero rememoré cosas que me inquietaron un poco. Suele pasar cuando la primavera amenaza con su presencia. Caminé poco y lo poco que caminé fue más que suficiente, siendo insuficiente. Cené en casa de unos amigos y después en casa de otros amigos. Las risas fueron las mismas, el silencio de corchea, breve, entre ellas, también. Se acumularon los libros y me refugié en las salas del cine. Và “Valor de Ley”, “127 horas” y “Enredados”.
Pensé en lo que tenÃa que hacer y en lo que deberÃa hacer. No es lo mismo lo primero que lo segundo. Miré los horarios de los trenes. Me compré unos auriculares nuevos. Và una pelÃcula rara en casa. Twiteé 228 mensajes, restando palabras a este blog y sintiéndome como si lo traicionara. Se me pasó el tiempo rápido y busqué la excusa, un año más, en la escasez de dÃas del mes. Dà una conferencia sobre “Los 400 golpes”, de François Truffaut y una señora se emocionó al final viendo correr a Antoine Doinel hacia la playa. Recordé en silencio que hubo un tiempo breve, un invierno lejano, en el que yo fuà Antoine Doinel. Me preocupé, me enfadé, me desconecté, me reconecté. Sentà nostalgia de pisar la nieve blanda y blanca, de su silencio al caer. Escribà una carta a la concejala y un mensaje al aspirante. La primera dio la cara, el segundo también. La diferencia, es de justicia decirlo, es que la primera argumentó mientras el segundo fue tibio. Es curioso la de interpretaciones que puede tener una escueta frase, todas ellas grises. Detesto las tibiezas.
Una noche soñé con mi padre y me dijo cosas, 30 años después de las últimas cosas. Puse las manos en el piano y salieron acordes de cuarta, y me dejé llevar en esa experiencia rara y única que consiste en saber que lo que tocas se te irá de las manos si dejas de tocarlo para buscar un cuaderno que lo atrape. Te resignas porque ya conoces el juego y te dejas llevar. No recuerdo ninguno de esos acordes, tan sólo que eran acordes de cuarta. Casi todos. Comà las primeras fresas con nata y un colacao caliente una mañana frÃa. Và la niebla a través de la ventanilla. Jubilé el ordenador de sobremesa y me pasé al portátil. No lo notas porque se lee igual pero se teclea distinto. Estoy en prácticas con ello. Hubo noches que me negué a dormir y muchas mañanas que me resistà a despertarme. Dà clase y aprendà de mis alumnos sin que ellos los supieran. Escuché muchas tonterÃas ahà fuera. Me corté el pelo. Me regalaron una chocolatina muy dulce y descubrà que, poco a poco, los teléfonos móviles están empezando a suplir la voz por el texto en la comunicación entre personas. Apagué el móvil un dÃa o dos. Hice algo por alguien que no fue nada ni lo supo nadie. Y a puertas de fin de mes, el médico me comunicó el desahucio derivándome con escepticismo a otro equipo médico tras reconocer que no sabÃan, no contestaban.
Más o menos, en resumidas cuentas, eso pasó durante este tiempo.
Mensaje 27 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , Añade un comentario , trackbackA veces me escribe la infancia
una tarjeta postal: “¿Te acuerdas?”
Michael Krüger
Golpe 23 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 5 comentarios , trackbackLa tarde del 23 de Febrero de 1981 yo tenÃa 11 años, al igual que la tarde anterior y la posterior, pero fue distinta a las demás porque en casa se encendió una radio. Y eso no era normal. Tampoco fue normal que la programación infantil, degustada con el pan y chocolate en la mano, hiciera cosas raras. A la mañana siguiente, habÃa examen de algo en el colegio. Es curioso que no recuerde de qué era el examen cuando recuerdo que era en 5º C y que yo era el número 38 de la lista. Siempre me he acordado de lo secundario, de lo insustancial. En fin. El profesor (cuyo nombre y dos primeros apellidos recuerdo también pero ya me gustarÃa a mà no hacerlo, puntos suspensivos) tenÃa otra radio colocada con escaso disimulo en un cajón entreabierto de la mesa y la escuchaba inclinando la cabeza mientras los demás inclinábamos las nuestras sobre la hoja que contenÃa las preguntas del examen. El profesor escuchaba la radio mientras se quitaba trocitos de uña de una mano, lo que demuestra que es cierto que tiendo a recordar cosas intrascendentes. Hubo un algo de alivio en su rostro en un momento dado y pareció animarse el hombre pero a mÃ, que dos aparatos de radio aparecieran en menos de 24 horas y que cobraran tanta importancia, se me hizo raro. Cuando nos explicaron las cosas en lenguaje de quinto de EGB miré hacia mi izquierda, al otro lado de la ventana, y detuve la vista en la aguja de la iglesia del colegio, pensando que si estaba ahà erguida desde hacÃa trescientos años habrÃa visto tardes en las que nada pasa hasta que el bocadillo sabe raro, noches de radio e incertidumbre y mañanas de alivio. Y cosas mejores. Y cosas peores, de esas que por la mañana siguiente no hay alivio posible. Pensé todo eso y pensé que, a pesar de todo, la aguja de la iglesia del colegio estaba ahà y asà desde entonces y como si nada. Aprendà que las cosas pasan, pero que al entorno, llámese entorno al universo, al cosmos, le da igual si sà o si no, si te mueres o si te toca la bonoloto. Eso fue para mà lo del golpe meses antes de que llegara el otro golpe, que fue la muerte de mi padre. La aguja de la iglesia seguÃa allà cuando volvà a clase un par de dÃas después; era yo quien, de alguna forma, no seguÃa allÃ. Desde entonces pasa eso. No sé explicarlo de otra manera.
De baja 22 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 8 comentarios , trackbackPor prescripción facultativa y antibióticos a granel.
Vuelvo pronto.
Transcurso 17 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 9 comentarios , trackbackPues aquà viendo pasar la tarde. No añado lo de tontamente porque no me parece que sea una actividad merecedora del tal adverbio. Ha empezado a soplar el viento del Norte y se ha llevado las nubes. Observo el movimiento de las ramas de los árboles, el juego de la luz en las fachadas y con el filtro de las cortinas, el silencio de la casa y el canto de los pájaros, la incitación de la tarde a pasearla y mi resistencia perezosa. Todo está azul y tranquilo, y yo cansado porque no he dormido apenas, ha habido visita temprana (programada) al hospital y no me sale trabajar. Tengo delante de mà una fotografÃa de Truffaut. Hay algo en lo que dice de sà mismo que me recuerda a mi padre. Creo que, antes de marcharse, mi padre supo cómo iba a ser yo de mayor. Lo que no puedo saber es su opinión al respecto. Se me cierran los ojos pero eso es bueno. Eso es tranquilidad. Ver pasar la tarde es un ejercicio apasionante y, si me apuras, hasta un lujo. No habrá nunca una tarde como la de hoy, de la misma forma que nunca habrá una tarde como al de ayer o la de mañana. Vivir el instante sin oponer resistencia abre la percepción para captar los matices de las cosas. Ya llegarán las angustias, las ansiedades, esas cosas que nos depara el mundo de mierda en el que vivimos. Vivir es fascinante y un milagro. Sobrevivir a este mundo de mierda es otro milagro y una cosa muy distinta. Me duele la cabeza y en la cocina hay una palmera de hojaldre con mantequilla y coco esperando la merienda. Es un capricho que he visto esta mañana en la panaderÃa. Entre el sà y el no, el dolor y el placer, lo blanco y lo negro, estamos todos. La mayorÃa pasando de esta tarde, como si fuera un decorado. Yo, viéndola pasar.
Sorpresa 15 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios , trackback[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=C1PtUyGNZaE[/youtube]
Apareció un mail de la productora de El Hormiguero. Me sorprendÃ, aunque en estos mundos de internet cada vez sorprenden menos las cosas: nunca el mundo estuvo tan conectado y cercano. PedÃan una ayuda para elaborar el guión de cara a la visita de David al programa. Qué le gustaba, qué anécdotas podÃa aportar, cómo se le podrÃa sorprender, cómo entrarle, etc. La conversación fue fluÃda a través de varios mail y llamadas telefónicas y se me ocurrió, casi al final, dejándolo caer con reservas porque a mà me parecÃa un detalle simpático pero a ellos pues qué se yo, decirles que en su reciente visita a casa se habÃa dejado olvidado el reloj de pulsera y que aunque es un reloj normalito sé que le tiene un cariño especial. Sugerà enviarlo por mensajerÃa y que el presentador lo llevara puesto para hacer una broma y sorprenderle con la aparición, allÃ, del reloj que quedó aquÃ. Los guionistas dijeron que sÃ, sà e hicieron espacio en el papel. Y a Nacex que llevé el reloj, en una cajita, después de obtener de producción el compromiso de que el reloj estuviera a salvo hasta el programa, que si no, el chico me mata o algo.
SalÃa de Nacex y justo entonces llamó David. LlovÃa. Qué haces?, preguntó. Pues aquÃ, de recadillos, contesté. Y qué recadillos son? LlovÃa más fuerte. Pues unos, dejé caer en puntos suspensivos poniéndome a cobijo de un portal. Ah, se escuchó al otro lado del teléfono. El papelito que entregan en la oficina de mensajerÃa estaba mojado pero no decÃa nada diciéndolo todo: dirección de entrega, teléfono y demás.
Al final, la sorpresa mereció la pena. A David se le vio momentáneamente descolocado, reacción que buscan las sorpresas; cuando hizo girar a un lado y otro la silla delató cierta emoción y nerviosismo y la reacción posterior de alegrÃa y de un hablar rápido la reconozco: es el maquillaje profesional del actor a la emoción personal sentida por dentro. Si ves el vÃdeo que hay debajo se nota perfectamente. En casa, a mà se me puso una sonrisa y un algo más, no sé, una emoción. El mismo algo más que se le puso a Marlene, según me dijo dÃas después por teléfono. Y creo que no fuimos los únicos. El “algo más” que se siente por quien quieres cuando le ves contento. Reconforta eso.
Corazones 14 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios , trackbackSan ValentÃn es un corazón roto por el aguijón de una flecha. Y la gente lo celebra. No sé.
Orden 13 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios , trackbackEstoy poniendo orden en el agotamiento de los dÃas, empezando por poner sueño al sueño y ahora ya toca poner orden en esta casa de letras.
Fui a la Universidad de Navarra con el Requiem de Maurice Duruflé y un cosquilleo por dentro, porque llevar el Requiem Duruflé es llevar una luz que alumbra el corazón y asà fue. Esperé en un atardecer azul y rosa, frÃo y tibio, de todo habÃa, en la cafeterÃa de El Corte Inglés y enfrente de mà habÃa una chica con cara blanca, como de porcelana, escribiendo en un portátil de piel granate y a mi izquierda un cartel decÃa que aquà hay wi-fi. Saqué mi portátil donde alumbraba la luz de Duruflé (qué de cosas puede haber en un portátil) y me puse a escribir un post con coca cola mediante pero una llamada telefónica me sacó de post y de tiempo. Pues nada. El taxi que me llevaba al campus era un taxi silente, sin radio, ni música; hasta el taxista era silente, como de cine mudo todo el trayecto pero con los colores malvas y azules y toda una paleta maravillosa ahà afuera en el atardecer.
Qué bien me tratan en la Universidad, cuántas atenciones, simpatÃas y cariño, sobre todo cariño; es como si aparecieras por allà y te lo agradecieran, y realmente lo hacen cuando en realidad el agradecido soy yo. Compartir apasionamientos y emociones es un lujo. Si además te acogen bien, si el público ya es cómplice y tan generoso en las sonrisas, en el silencio, en el afecto, ya ni te cuento. Apagué la luz de la sala, encendà la lamparita, sonreà y saludé. Me sonrieron. El reflejo de la lamparita no me deja ver muchas caras pero lo supe, lo sentÃ. Y empecé a hablar de este Requiem luminoso que lo es porque no está escrito para los que se van sino para los que se quedan, y que fusiona con tiento y tacto de poeta las milenarias y austeras melodÃas gregorianas con la suavidad de vapor de las armonÃas impresionistas desterrando sombras y poniendo luz en el descanso, luz en el consuelo, luz todo el rato. Llegó el Lux aeterna y pasó una cosa extraña, y lo que pasó es que yo no querÃa seguir. No es que no quisiera, es que querÃa parar un poco, solo un poco; hay músicas que vienen a darte un regalo o a decirte algo, y lo que tienen que decirte necesita luego el reposo del silencio. Y casi sentà que habrÃa sido comprendido y compartido. No importa.
Un rato después volvÃa en un autobús casi vacÃo de viajeros recorriendo los 100 km de mi casa y por la ventanilla se veÃan todas las estrellas , nÃtidas en la noche frÃa; y no es que se me pusiera un nudo en la garganta, es que creo que se desanudó el nudo que llevaba allà desde que la luz de la lamparita brotó con un clic de interruptor y una sonrisa dio las buenas tardes a las sonrisas allà congregadas. Al dÃa siguiente tocó Bach en otro sitio. Y si con Duruflé tuve que llevar a la gente hacia dentro, el Magnificat de Bach los condujo hacia afuera, expansivo que es él.
Lux aeterna, Magnificat, kilómetros entre ellos en todos los sentidos, en el literal y figurado, pero todo fue bien y cansado. Cansado de amanecer a las 12 del mediodÃa cansado. Y contento, mucho. Y este fin de semana lo he dedicado a descansar y a mà mismo. Ahora hago propósito de empezar la semana con contenidos nuevos: vuelta a la casa del blog, vuelta a las partituras que tengo que completar para que a MarÃa y a Juan les lleguen como esperan: con las corcheas en su sitio; vueltas y vueltas hasta dar con el tema del artÃculo que tengo que entregar. Y cosas que hay por ahà para ya. Me pongo a ello. Y empiezo dando las gracias a Concha, a Irene, a Pilar, a Laura, a Marta, a Viviana, a Carmen, y a un largo etcétera de nombres (pero sobre todo a esos nombres) por lo que cada uno sabe. Por participar en las emociones, por el cariño, por estar y por comprenderme. Alumbró el Lux aeterna de Duruflé y yo hubiera esperado un rato, igual que ahora escucho el sonido de la lluvia que ha empezado a caer y prefiero esperar un poco antes de ir a dormir.
Esto para ellas, y para todos:
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Lista 9 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 11 comentarios , trackbackLeo a Miguel asiduamente porque admiro su saber enciclopédico en materias de cine y literatura, su buen criterio y, especialmente, porque me resulta entrañable. Acaba de teclear, ya en cama, con Audrey, su perrita, cerca de él, su lista de miedos, que siempre empieza por los mismos miedos y no me rÃo de ellos porque los miedos, miedos son, pero me dan mucha ternura. Las listas de miedos empiezan siempre por los mismos miedos y luego se van ampliando, o los miedos van deformándose y se convierten en otros miedos; a veces puede pasar que desaparecen, pero eso pasa las menos veces. La lista de Miguel, a hora de ahora, contiene estos miedos:
-A los robots.
-A la Revolución Francesa.
-A los zombis.
-A los idiotas.
Eso me ha recordado mi propia lista de miedos, que por algún lado del archivo de este blog estará. No hace falta buscarla: la conozco porque mis miedos los conozco perfectamente, por algo son mÃos. Pero igual sale actualizada, no sé. Mi lista de miedos principales es la que sigue:
-A morirme.
-A enamorarme.
-A la mera contemplación de un langostino.
-A la adolescencia.
-A cualquier dÃa de agosto de 2005 y a cualquier dÃa de agosto de 2010 (conclusión: ojo con el mes de agosto de 2015)
Invitación 7 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música , 8 comentarios , trackback
Despertares 6 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios , trackback¿Hola?
Tras una semana (casi) de silencio vuelven las palabras volviendo de dar un paseo por una tarde azul y azul y azul. Me deprimÃ, sÃ. Episodio depresivo, dirÃan los médicos. Leve, añadirÃan, en comparación con los tres precedentes. Pero paralizante, apuntarÃa yo que como Charlot suelo ser el que da el último golpe (en sentido figurado, claro) en las consultas, hasta en los análisis de sangre. No lo puedo evitar, oiga.
Paraliza, sÃ. Pero no del todo. Quiero decir que podrÃa (y de hecho lo pensé) haber ido redactando un diario de la depresión para poder leerlo yo mismo después, fuera. Escribirlo dentro, en el pozo, y leerlo fuera. Porque no se ve lo mismo dentro que fuera y eso habrÃa sido interesante. Lo que recuerdo es que me callé, cerré el móvil con una especie de temor irracional, como si me fueran a llamar para comunicarme algo horrible, qué se yo, no atendà al fijo ni al timbre de la puerta. No salà de casa ni de mà mismo. No leÃ, no vÃ. No estuve, estando. Me sentà vacÃo y nada más. Y el sentido de la observación se agudizó. El sentido de la observación en estos casos, según mi experiencia, hace trampa: funciona y te engaña. Que se lo digan a mi único interlocutor con el exterior que, en un mensaje a través de esta pantalla, me dijo: anda, anda, que eso que dices no es asà y lo sabes. Es verdad. De repente lo blanco se ve negro y los detalles lisos se pueblan de pliegues un poco o muy torcidos. De ahà la ralladura de tarro, por decirlo en lenguaje de andar por casa.
No obstante, esos son los efectos, no la causa. La causa creo que tiene cifra: 30 años de pasado pesado y una incertidumbre de futuro que cuando se encuentran en un lugar de la conciencia presente, a veces hacen plof. No boom. Plof. Luego vas despertando, o reaccionando, parece como si no hubiera pasado nada pero algo queda, una fisura, una grieta nueva, algo. Ahora no queda otra que coger los mandos porque me espera una semana laboral movida con viajes. De pensar con convicción en cancelarlo todo a coger los mandos, aunque sea con agobio por ir (muy) pillado de tiempo, hay bastante diferencia: la de estar mal y estar mejor.
Febrero 1 febrero, 2011
Escrito por emejota en : Varios , 8 comentarios , trackbackFebrero es una cosa leve.