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Ilusión 6 enero, 2011

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Carlos. Ilusión y pasmo de Reyes.

Verso 6 enero, 2011

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“…negociaciones con la luz…”

Reyes 5 enero, 2011

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Las zapatillas de Carlos e Isabel ya están colocadas bajo la ventana y, junto a ellas, se apilan un montoncito de paquetes de diferentes tamaños envueltos en papel de colores. Estos serán los últimos reyes de Isabel y eso me jode, digámoslo así, claramente; hay cosas que dan rabia, molestan, fastidian, dan pena. Otras joden, así de simple. Porque los últimos reyes son la primera gran desilusión de la vida y eso es algo que yo no tengo aún asimilado, treinta años después de la mía. La vida nos exige que ante las desilusiones del tamaño de camello respondamos con un silencio de luto al año siguiente y un disimulo que es el primer disimulo social de la vida, la primera aparición de la apariencia a ojos extraños tragándonos el sentimiento. A veces pienso que eso me ha producido rechazo desde siempre y quizá eso explique que al enterarme de la terrible noticia montara un pollo de mil demonios. Mañana, Isabel y Carlos abrirán nerviosos los paquetes del Oriente de la tienda de juguetes. Bendita inocencia la de los niños, que decía la abuela cuando hablaba de los reyes.

He echado un último vistazo a las zapatillas y a los paquetes antes de apagar la luz del salón con la pena contenida en el párrafo anterior y la satisfacción, al menos, del deber cumplido. Con estos reyes y otros que envié muy lejos para que alguien los entregue mañana a una persona que, por un instante, va a volver a creer. Por otra parte, y de manera excepcional porque no es propio de mí desear estas cosas, espero que reciban carbón las personas que volvieron invierno la pasada primavera después de que yo, imbécil de mí, hiciera primavera sus respectivos inviernos. Soy ingenuo, vale, pero que les caiga carbón y a correr. Hay corazones desteñidos por las decepciones de la vida y corazones manchados de hollín de por sí. Los primeros son lavables y no encogen; y siempre admiten una capa de pintura. Esos corazones los tenemos la mayoría. Tú también, sí, tú, qué te crees, que sólo lees y no pintas nada? Los segundos corazones no tienen remedio.

Yo no tengo nunca reyes, por eso no escribo una carta pero, la verdad, por pedir, esta vez pediría un abrazo.

Eclipse 4 enero, 2011

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Ando buscando la naturaleza de una lágrima.

Las lágrimas no vienen en los prospectos. Mucho menos las que aparecen de pronto y en singular, solas, una. La dosis última del elixir 2.0, madrugada del domingo al lunes, resultó demoledora; otra cosa es que uno disimulara ante este blog un poco. Pero el lunes por la tarde la voluntad abandonó el lugar del cuerpo donde habite, como a Blimunda en el “Memorial del convento” de Saramago, y el ánimo se volatilizó y las fuerzas fallaron. Plom. Y en ese silencio de sofá y tarde anochecida, con la inquietud en el pecho de no haber dormido apenas, el hormigueo en las extremidades, la molestia de la mala digestión, y la cabeza embotada, brotó una lágrima. Del ojo derecho, exactamente. Y me dije entonces que eso no viene en los prospectos.

Hay algo entre la ciencia que permite que vivamos a los que necesitamos de ciencia y los médicos que monitorizan la progresión de las enfermedades y los efectos de la ciencia en ellas. Les hablas de un dolor aquí, o aparece una lesión en una radiografía o algo nuevo en una gammagrafía, y bueno, siendo bueno una forma de hablar, pero al menos se habla, se mide, se cuantifica. Pero cuando yergues discretamente el dedo índice antes de que el médico termine su discurso dando a entender que te gustaría añadir algo, el algo genera otro algo incómodo y silente. Les hablas del instante, repentino, inmotivado, en que, no siempre, afortunadamente, pero sí con cierta regularidad, algo vital te abandona y te desmoronas física y psicológicamente. Y se apodera de tí una ausencia, valga la paradoja, estás pero eres ausencia. Y la tristeza. Y un muro blanco que no te deja mirar atrás, ni adelante. El prospecto no habla de eso pero yo sí; supongo que otros pacientes en trance similar también. La aparición de la lágrima siempre me llama la atención porque es una lágrima sin llanto, y no se duele. No es, creo, una lágrima que venga de la impotencia; es como si viniera de regiones remotas portadora de una información que se me escapa, o igual es una válvula porque después de aparecer vienen unas horas de una cosa parecida a una resaca de la tristeza y, poco a poco, retornas.

El retorno se ha producido este martes a última hora de la noche. Y eso que las circunstancias no eran favorables. Va a ser verdad que los eclipses son portadores de malos augurios porque hoy ha sido el día del disgusto. Es llamativo que a estas alturas de la película a uno no le comprendan, tampoco es que lo pida, pero los días así uno está sin estar del todo, uno es sin ser del todo. Y los cercanos, muy cercanos, lo tienen que ver, seguro. Por eso desconcierta tanto y fatiga tanto que llegue el roce. Entiendo que los demás no tengan su día igualmente y que la casualidad propicie una inoportuna conjunción de las circunstancias. Pero no me considero una persona rencorosa. Son cosas que pasan y luego se pasan. Eso ha sucedido el día del eclipse, el día del disgusto y el día del retorno. Todo es muy misterioso y complejo, y al mismo tiempo tengo la sensación de que, al revés, todo es muy simple. Al igual que otras veces, cuando la voluntad retorna se hace una calma interior grande y el cuerpo se hace el remolón para irse a la cama. Como si recordara que está vivo y quisiera sentirlo, estando, sin más, mirando cómo llueve (ahora llueve), escuchando cómo llueve, esas cosas insignificantes que le dan a todo tanto sentido. Buenas noches.

Nota 3 enero, 2011

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La vida no sólo consiste en fabricar coartadas para sostener una dignidad siempre precaria sino en dejar aflorar el miedo”

Roberto Valencia

Propósitos 2 enero, 2011

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Quizá, el propósito más práctico de cara al año nuevo sería no hacer propósitos. A fin de cuentas (que dan siempre doce, mira el plato de las uvas y cuéntalas) el año nuevo es una barrera psicológica, una barra de compás invisible, como la que tiene lugar cuando el verano termina y empieza el curso y la gente hace propósitos de aprender inglés, apuntarse al gimnasio o hacerse todos los fascículos de rosarios del mundo o colección por el estilo.

En ocasiones, sin embargo, es bueno valerse de estos resortes imaginarios y volverlos tangibles. Sonará raro pero mi primer propósito del año, puestos a hacerlos, es el de salir de Facebook, esa red social que, al final, se convierte en una tela de araña pegajosa. Caes y te quedas ahí, inmóvil; miras, eso sí, pero miras tanta estupidez que tú mismo te ves estúpido, por haber caído (tan bajo) y porque quieres creer que siguen existiendo cosas como el criterio, la reflexión, la amistad considerada como práctica y no un mero juego virtual, y un largo etcétera.

Me sorprendió mucho toparme con un artículo de Rosaura Ochoa, que me parece que es alguien que sabe mucho de estas cosas, en el que, a modo de pronóstico, aboga por la desconexión en favor de una necesaria reconexión con el medio físico. Esa es una idea primera e interesante. La otra, no menos interesante, es que la sobrecarga de información digital impide, obstaculiza (y erradicará?, me pregunto yo a tenor de lo que veo y porque soy de natural fatalista) el acto de la reflexión. Particularmente a mí estos sitios en los que quise hacer una inmersión como en su día una exploración similar dio como resultado este blog, me han robado un tiempo inmenso a lo tonto. Lo imperdonable es lo de a lo tonto. El tiempo no está para perderlo a lo tonto. Las horas que podría haber empleado en componer, leer, ver películas, pasear o todo lo que integra la colección en fascículos que forma la vida se han resentido. Y este blog ha acusado la falta. ¿Estamos hablando de una adicción? No, estamos hablando de una atención dispersa que, a la corta, ha provocado en mí un movimiento de rebelión coincidente con la última uva.

La mayoría de las redes sociales tienen unas potencialidades interesantes que se quedan en ese imaginario libro de instrucciones que nadie lee. Es cierto que puedes contactar con gente interesante afín a tus intereses y necesidades profesionales; es cierto que facilitan mucho el intercambio de información. Pero eso se da poco y requiere, a cambio, una inversión de energía y algo que a mí me anestesia por completo: aburrimiento. En ese sentido, Twitter es una excepción excepcional. A mí lo que me pide el cuerpo es volver a vivir un invierno y una primavera analógicas y dejar que lo tangible tenga reflejo digital en este cuaderno de bitácora y ya. Ese es el primer propósito del año, junto con el de cumplir un año más, soltar alguna que otra amarra, seguir temiendo la mera contemplación de un langostino, ver junto a mi sobrina “La bruja novata”, tomar ese café con Judith en Barcelona, componer, tomar distancia de aquellas cosas que no merecen mayor atención y acercarme a aquellas que sí la merecen. Tengo que hacer acopio de la energía dispersa. Algo tan fácil y que un día olvidé.

Año nuevo 1 enero, 2011

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Isabel y Carlos.