Archivo por días: 31 enero, 2011

Hormigas

Ahora, a estas horas de la tarde azul a ratos, gris a otros, invernal e invitadora a pasearla o a leerla, veremos luego qué hacemos, puedo ya desvelar, porque de camino estará y no leerá este post hasta que todo acabe, que los productores del programa “El Hormiguero” se pusieron en contacto conmigo preguntándome si podía facilitarles algún dato, alguna historia, alguna anécdota con la que pudieran tejer la visita de David al programa de esta noche, 21:30, en Cuatro. Pues claro, me dije, y me puse a ello. Al otro lado del mail había una persona que escuchaba con atención y un mail llevó a otro y otro más a una llamada telefónica y así hasta esta misma mañana. Y todo en secreto, claro, las sorpresas no hay que desvelarlas. Y aunque del diálogo cómplice con Madrid salió la amable invitación para asistir al directo y el propio David dijo que le haría ilusión, pues no puede ser. Pero no pasa nada.

A David no le he dicho lo que le van a hacer, tampoco lo diré aquí porque, aunque esté de camino, lleva el internet en el móvil y nunca se sabe, así es él de inquieto y curioso. Sólo sabe que puede ir tranquilo, y no es poco y es bueno, no? Que te digan eso: ve tranquilo y disfruta. Lo que no sabe es que si no voy no es por falta de tiempo, ni porque no haya billetes de tren, ni porque los estudios donde se hace el programa caigan lejos (eso pesa, es cierto, para alguien tan poco locomotriz como yo y tan despistado en la cosa de la orientación espacial). Tampoco porque él piense que para esas cosas yo siempre me haga el qué se yo. No. En realidad es porque el viaje, rápido, me pilla en uno de esos bajoncillos de la salud que duplican los kilómetros y aumentan las fatigas. Pero eso es mejor decírselo después de la fiesta, y tampoco quizá sea necesario, porque si no va con la preocupación en la cabeza, así es él, y total, y dado que las cosas tienen su proceso y de la misma forma que el bajón vino se pasará, mejor una preocupación menos. La preocupación es uno de los ingredientes con los que David manifiesta su afecto. La preocupación y la cercanía, como el otro día cuando volvió a aparecer por casa para acompañarme, junto a un grupo de buenos amigos, en la cena de mi cumpleaños. Llega el momento divertido y emocionante en que los amigos te dan, a los postres, unos regalos (momento redundante porque el regalo ya son ellos) y cuando David te da el suyo te da un abrazo y se emociona un poco, o un mucho en un rato pequeño, en el refugio del abrazo, pudoroso que es él. Asthar lo ve y se emociona también y la cámara de Iván, atenta siempre, lo refleja.

Yo miro esa fotografía y me gusta porque creo que refleja mucho lo que hay, tanto tiempo después del encuentro entre fotogramas (agosto de 2009) y más allá del salto generacional: no sé si es él quien se apoya y yo le sustento o si es él quien, con su abrazo grande, arropa y no deja que te caigas. Creo que lo más exacto es que son las dos cosas a la vez. Para mí, es una medicina. David es un hermano, así lo siento y así lo siente, así me comporto y así se comporta, y aunque esta mañana todavía andaba el chaval sintiendo que no pudiera estar allí donde salen las risas sanas de “El Hormiguero” ya le he recordado que estoy aquí. Lo importante es saber que estamos, los kilómetros son cosa secundaria. La amistad es saber eso.

Esta noche, a las nueve y media, le veré y me veré en algunos detalles que él no espera. Y se reirá, seguro, y dará juego, seguro, pero por dentro quizá sienta la reconfortante sensación de saber de dónde vienen las señales. Normal: sabe que hay una luz en el porche. Dentro, alguien sonríe viendo la pantalla del televisor. Eso pasará luego, esta noche. No desvelemos más, que el chico es muy curioso y no sabemos si asomará los ojos a este post.

Todo irá bien, David.