Señales

Si emitiéramos en este momento una señal de radio hacia la sonda Voyager en forma de escueto “bip” (para no molestar por si duerme o está trabajando), tardaría en llegar a sus sensores la friolera de 13 horas, 11 minutos y 26 segundos viajando a 300.000 km por segundo, es decir, a la velocidad de la luz. Apabullante. Hay una poética de las distancias que me gusta mucho y hasta me sobrecoge. 13 horas, 11 minutos y 26 segundos de viaje en el tren veloz de la luz es la distancia que separa el recuerdo de lo concreto; el recuerdo de aquel agosto y septiembre de 1977, fechas del seguimiento en las noticias de la tele del lanzamiento de las sondas hermanas, la Voyager 1 y la Voyager 2. Mi padre me hizo notar el asunto que Rosa María Mateo contaba en un telediario en blanco y negro donde explicaba los pormenores de la misión que se iniciaba, y sonó a novela de Julio Verne, de esas que yo leía en versión de la editorial Bruguera. Los telediarios de verano de la infancia son un recuerdo de polo de limón, el balcón del salón abierto y una calma de césped nocturno en el jardín de enfrente. Mi padre está sentado en el sillón orejero, apoyando la cabeza mientras mira a la pantalla y yo estoy sentado en el suelo sobre mis piernas cruzadas. La velocidad del recuerdo son 34 años que viajan en el interior infinito de la mente propulsados por la energía que brota del corazón. Lo concreto es esa pequeña sonda, la 2, que por alguna razón sigue atrayendo mi atención mientras sigue adelante, bastante sorda, algo ciega, con achaques de artritis, pero con el corazón aún caliente surcando el gélido espacio profundo a 55.690 km por hora. Eso es mucha rapidez. Si cuentas uno, dos, tres y cuatro segundos y haces un cálculo al redondeo, verás el trecho de camino que acaba de hacer y, con todo, será un nada, un pixel en la inmensidad del misterio.

El retén de científicos que se mantienen observando, dicen que la Voyager 1, que está más lejos avanzando en sentido opuesto, está desalecerando suavemente desde hace un tiempo. La Voyager 2 todavía experimenta una ligera aceleración. Para ella, el sol que está iluminando con fuerza esta habitación en esta mañana fría pero luminosa de enero es un punto minúsculo en el lienzo negro del universo, confundido entre otros tantos cientos, miles, millones, billones de puntos similares. No encuentra calor, por tanto, en su viaje solitario. Tras completar una de las misiones más alucinantes, ingeniosas y provechosas que la mente humana ha concebido nunca, contra todo pronóstico sigue trabajando con ordenadores cuyo procesador enrojecería ante el que lleva incorporado cualquier lavadora doméstica de hoy en día. Se calcula que todavía transmitirá datos científicos durante diez años más, y referencias de su distancia durante veinte o treinta. Sin nada que la detenga, sin semáforos, obstáculos, atascos, la próxima vez que pase relativamente cerca de un objeto, la estrella Ross 248, será en el año 40176. Hay una poética de las distancias que sobrecoge, sólo hay que intentar pensarlo un poco y dejarse invadir por el vértigo y, de paso, por el misterio de las ausencias.

4 pensamientos en “Señales

  1. Marcos

    Todo lo que nos parece tan grande es en realidad tan pequeño… y al revés. La velocidad de la luz da vértigo; y el paso de los años; será por eso que cuando hablamos de años luz nos entra un no sé qué que no hay Biodramina que sirva. Creo que los recuerdos (y nuestro corazón) también tienen algo de sonda Voyager; habrá que preguntarles a los de la NASA por qué.

  2. Pilar

    ¡Huy chico!
    (tengo un “cuñao” que habla mucho de estas cosas)
    Me da un poco de “yuyu”las ondas esas que se envían por el espacio, para comprobar si hay vida fuera de nuestro planeta (el “cuñao” asegura que sí)
    Aquí una, con su inteligencia limitada, solo se esfuerza en comprender a los espécimenes terrestres, sin conseguirlo. Fíjate por ejemplo a los del “Salam Malecum” que nos quieren retroceder siglos y taparnos a todas las mujeres (que se tapen ellos el cerebro)
    ¿Como va una a entender a unos hombres verdes, o azules, o de color plata?
    ¡Vete tu a saber! ¿Igual encontramos ahí muchas respuestas?

  3. toni

    no sé yo si, como dice Pilar, nos entenderíamos con esos hombres verdes o azules o de color plata. pero porque tampoco sé si serán hombres o esporas o bacterias esponjiformes. pero sí que es cierto que la luz y su velocidad da cierto vértigo, en un tiempo en el que todavía nos queda mucho que disfrutar en analógico y físico. por suerte, o no, no seremos nosotros los que tendremos que entender toda esa velocidad. a mí me siguen pareciendo más que suficientes los límites de velocidad de las carreteras.

  4. C.

    Cualquier milagro de la existencia produce vértigo si se piensa en él con un poquito de detenimiento, así que lo del espacio infinito, ni te cuento, y últimamente ya me está tocando explicar bastantes complejidades (en algunos casos, simplemente transmitir una confianza ante lo desconocido o lo inexplicable en la que yo misma temo que haya algo de fingimiento). En ésas seguimos. Besos

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