Nieblas

nieblaEn plural, porque una cosa es que haya mucha niebla y otra que haya muchas nieblas. Ya se despejará y se verá que tengo razón. Si no, no pasa nada. Al asunto: la foto de la derecha. ¿A que parece una imagen de las que transmitía la CNN en las noches de los bombardeos de Irak? Pues no. Está sacada desde la ventana de la parte trasera de mi casa esta pasada madrugada. No podía conciliar el sueño aunque tenía que madrugar. Pero cambiar el ciclo de sueño es lo que tiene, que luego no hay manera. Sales a por algún bocado de algo dulce a la cocina, te asomas a las ventanas y ves esa niebla que todo lo envuelve de forma silenciosa, blanda y sobrenatural. Me gusta porque hace que me sienta a refugio, o que sienta la casa como refugio. La cama ya ni te cuento. Otra cosa es tener que “amanecer” así, pongamos la palabra entre comillas porque he amanecido de noche y con esa misma niebla que se mete hasta los huesos he partido hacia asuntos laborales.

Sonaba Mozart a través de los auriculares durante el viaje, flotando en la nada, el tren, la música de Mozart, yo mismo. Ayudaban las manos prodigiosas de Alfred Brendel y sus movimientos de garganta aunque no se vieran, porque este hombre controla las transparencias mozartianas tensando y destensando los músculos de la mano desde la garganta, como si de allí partieran los movimientos y los hilos de un primoroso titiritero que consigue dar vida y creencia a lo inerte. Eso pasaba esta mañana mientras al sol se le suponía poco a poco.

Hay nieblas, sí. Nos movemos en ellas. Basta con observarse y observar a los de alrededor, sano ejercicio tanto el uno como el otro, más difícil el primero que el segundo, y ves, valga la paradoja, que nos movemos entre nieblas. Existen zonas de nuestra geografía interior por las que nos movemos a tientas; otras, molestas, las tapamos con niebla artificial, como los efectos especiales de las películas. Y hay zonas luminosas que resultan ser espejismos. Esas son las que más abundan y las más nebulosas al final. Si estuviera en edad de decir eso de cuando yo sea mayor quiero ser, me gustaría ser psicólogo, pero bueno a ser posible, de los vocacionales y no vacacional; de los que miran y ven, y no miran y punto; de los que atan el cabo remontándose al pliegue de un gesto, o de una mentira sorprendida, o de una frase informal. Me gustaría ser psicólogo, sí, lo que pasa es que lo pasaría mal y creo que luego hasta lloraría después, a solas, porque el llanto, ya lo decía Saramago mientras dejaba llorar a Blimunda unos párrafos, purga y libera, consuela y repara.

No nos extrañemos de que este post esté saliendo inconsistente, en zigzag. Cae la tarde, no he encendido todavía la luz y al otro lado de la cortina una capa de niebla gris envuelve el edificio. Voy tanteando, por tanto. Ocurre también que he estado en el hipermercado después de comer ayudando a mi madre a hacer la compra y al meterla en el coche (a la compra, no a mi madre) me he dado un golpe en la cabeza tonto, tonto pero buen golpe; un poco más y no hay post. Para consolarme me he comprado un par de donuts de chocolate. Hay que mimarse. Mi madre me ha retirado el pelo de la parte derecha, junto a la sien, y ha dicho nada y siéntate que dejo el carro, ambas cosas ha dicho y como si yo tuviera seis años. Y la niebla, el frío, las estrellas que giraban en torno a mi cabeza, los donuts en el regazo del abrigo y el murmur de las ruedas del carro de la compra alejándose rumbo a su propio aparcamiento ha configurado una momentánea atmósfera a la que me he entregado sin que me importara sentir un dolor de cabeza de seis años y no de cuarenta y uno.

Vuelvo a tener poco a poco la edad que me toca mientras el dolor se va convirtiendo en un aturdimiento vago, proporcional al porrazo y nada más. A mi espalda, el radiador hace lo que tiene que hacer, irradiar un calor confortable. A mi izquierda, yo diría que se filtra frío a través de la ventana cerrada. La tarde llama a refugio y la gente camina por la calle surgiendo de la nada y perdiéndose en ella. Lo de todos los días pero con niebla, vamos.

11 pensamientos en “Nieblas

  1. Marcos

    Las nieblas nos dejan sin puntos de referencia, desorientados. Es como estar en alta mar pero aquí, además, sin horizonte que permita distinguir entre arriba y abajo. Y es curioso porque la niebla no suele entrar en casa, pero no veas de qué manera se mete en la cabeza. Psicología y meteorología van de la mano estos días.
    (Por cierto, acaban de editar un nuevo CD de Glenn Gould: The Secret Live Tapes, y una de las pistas es un aplauso de 23 segundos)

  2. C.

    Estoy cansada y tristona. Imagino que son las nieblas vitales de siempre, pero inducidas por las meteorológicas…
    Con esta vena analítica tuya y esta niebla anímica mía, no sé yo si arriesgarme a un manterola. ;)

  3. Pilar

    Erase una vez un rey que hizo la promesa……..
    Ërase una vez la gente que construyo …….
    Érase una vez un cura que quería volar y murió loco
    Érase una vez.
    Esta obra de Saramago está en mi biblioteca. pero todavía no la he leído.Espero que caerá porque está en la lista.
    La que si se ha leído, es la que sume a una ciudad entera en una espesa niebla blanca. Parábola donde se refleja las peores miserias de la especie humana.
    ¡Bien por el nobel!

  4. emejota Autor

    Es una de las obras más hermosas que he leído nunca, Pilar. “Escuché” la música que Scarlatti toca en ella y hace llorar a Blimunda :)

    C: pues tú te lo pierdes, chica :) Porque cuando me pongo fatalista, pues ya sabemos, pero tengo otros registros! (ánimos muchos)

    La niebla es un misterio, Marcos. Pero de los grandes. Y va de la mano de la psicología, cierto. (estoy en ello, lo de los aplausos tendrá su asunto, seguro)

    Abrazos

  5. C.

    Ya sabes que estoy dispuesta! (menos miércoles a primera hora, que tengo clase) A lo mejor sólo es que necesito un poco más de azúcar… (Es que ayer me tocó echar unas cuantas miraditas al pasado; hoy va mejor)

  6. emejota Autor

    Decía aquella sabia que “con un poco de azúcar, esa píldora que os dan pasará mejor” :) Y otra, con mucha vehemencia, soltaba lo de: “Asssssúcarrr”. Así que al donut, por lo menos.

    El pasado también es un misterio porque tiene ese nombre aunque está muy presente.

    Abrazo (aquí ha tocado noche de pesadillas escolares!! Va a ser cortesía del elixir, por lo de la causa/efecto)

  7. Pilar

    Hola emejota,
    He aparcado el libro que tenía entre las manos (ya lo retomaré después) y siguiendo tus consejos estoy leyendo el “Memorial”. millones de razones están contigo es BELLISIMO. ¡Que narrativa, que derroche de imaginación e ironía! Este hombre tendría que ser inmortal.
    Está en mi biblioteca desde navidad del 98 (algún regalo, seguro) y pienso que al darle un vistazo, vi que iba de monjes, conventos…, me retaje de leerlo por el rechazo a todo lo que recuerde la educación espartana, represiva y falta de libertad que padecimos en nuestra infancia, donde tanta monja y tanto fraile te dejaron hasta “aquella parte”.
    Leo y releo algunos párrafos para empaparme bien de ellos. y sentir ese “gustazo” que me produce su lectura. Vale, solo para que lo sepas.
    Gracias “Maestro” , por tus consejos, tu tiempo…. y por todo
    Un gran, gran abrazo
    ¡Ay, mira que fue lista mi tocaya la “Granaina”!. ¡Menuda suerte tenerlo al lado.!

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