Nieblas 18 enero, 2011
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 11 comentarios , trackback
En plural, porque una cosa es que haya mucha niebla y otra que haya muchas nieblas. Ya se despejará y se verá que tengo razón. Si no, no pasa nada. Al asunto: la foto de la derecha. ¿A que parece una imagen de las que transmitÃa la CNN en las noches de los bombardeos de Irak? Pues no. Está sacada desde la ventana de la parte trasera de mi casa esta pasada madrugada. No podÃa conciliar el sueño aunque tenÃa que madrugar. Pero cambiar el ciclo de sueño es lo que tiene, que luego no hay manera. Sales a por algún bocado de algo dulce a la cocina, te asomas a las ventanas y ves esa niebla que todo lo envuelve de forma silenciosa, blanda y sobrenatural. Me gusta porque hace que me sienta a refugio, o que sienta la casa como refugio. La cama ya ni te cuento. Otra cosa es tener que “amanecer” asÃ, pongamos la palabra entre comillas porque he amanecido de noche y con esa misma niebla que se mete hasta los huesos he partido hacia asuntos laborales.
Sonaba Mozart a través de los auriculares durante el viaje, flotando en la nada, el tren, la música de Mozart, yo mismo. Ayudaban las manos prodigiosas de Alfred Brendel y sus movimientos de garganta aunque no se vieran, porque este hombre controla las transparencias mozartianas tensando y destensando los músculos de la mano desde la garganta, como si de allà partieran los movimientos y los hilos de un primoroso titiritero que consigue dar vida y creencia a lo inerte. Eso pasaba esta mañana mientras al sol se le suponÃa poco a poco.
Hay nieblas, sÃ. Nos movemos en ellas. Basta con observarse y observar a los de alrededor, sano ejercicio tanto el uno como el otro, más difÃcil el primero que el segundo, y ves, valga la paradoja, que nos movemos entre nieblas. Existen zonas de nuestra geografÃa interior por las que nos movemos a tientas; otras, molestas, las tapamos con niebla artificial, como los efectos especiales de las pelÃculas. Y hay zonas luminosas que resultan ser espejismos. Esas son las que más abundan y las más nebulosas al final. Si estuviera en edad de decir eso de cuando yo sea mayor quiero ser, me gustarÃa ser psicólogo, pero bueno a ser posible, de los vocacionales y no vacacional; de los que miran y ven, y no miran y punto; de los que atan el cabo remontándose al pliegue de un gesto, o de una mentira sorprendida, o de una frase informal. Me gustarÃa ser psicólogo, sÃ, lo que pasa es que lo pasarÃa mal y creo que luego hasta llorarÃa después, a solas, porque el llanto, ya lo decÃa Saramago mientras dejaba llorar a Blimunda unos párrafos, purga y libera, consuela y repara.
No nos extrañemos de que este post esté saliendo inconsistente, en zigzag. Cae la tarde, no he encendido todavÃa la luz y al otro lado de la cortina una capa de niebla gris envuelve el edificio. Voy tanteando, por tanto. Ocurre también que he estado en el hipermercado después de comer ayudando a mi madre a hacer la compra y al meterla en el coche (a la compra, no a mi madre) me he dado un golpe en la cabeza tonto, tonto pero buen golpe; un poco más y no hay post. Para consolarme me he comprado un par de donuts de chocolate. Hay que mimarse. Mi madre me ha retirado el pelo de la parte derecha, junto a la sien, y ha dicho nada y siéntate que dejo el carro, ambas cosas ha dicho y como si yo tuviera seis años. Y la niebla, el frÃo, las estrellas que giraban en torno a mi cabeza, los donuts en el regazo del abrigo y el murmur de las ruedas del carro de la compra alejándose rumbo a su propio aparcamiento ha configurado una momentánea atmósfera a la que me he entregado sin que me importara sentir un dolor de cabeza de seis años y no de cuarenta y uno.
Vuelvo a tener poco a poco la edad que me toca mientras el dolor se va convirtiendo en un aturdimiento vago, proporcional al porrazo y nada más. A mi espalda, el radiador hace lo que tiene que hacer, irradiar un calor confortable. A mi izquierda, yo dirÃa que se filtra frÃo a través de la ventana cerrada. La tarde llama a refugio y la gente camina por la calle surgiendo de la nada y perdiéndose en ella. Lo de todos los dÃas pero con niebla, vamos.