Archivo por días: 12 enero, 2011

Clase

Es mediatarde, llaman al timbre y es martes. Quién puede ser, a ver.

Pues B.

B. returns. Vuelve tras el paréntesis vacacional. El chaval que sale del ascensor es B. no cabe duda, pero ya es definitivamente otro B. Pronuncia ese hola tan característico y que conocemos de sobra y ya no avanza titubeante y muy pegado a una de las paredes del pasillo sino que avanza cabizbajo haciendo un zigzag despreocupado, como si la preocupación estuviera en otra cosa que en mantener la línea recta del andar. Entonces ocurre algo accidental que se torna revelador: se paga la luz del rellano y todo él es una sombra. Y la sombra va a ser un anuncio porque está claro que viene cabizbajo, como abrumado por algo; lo que no está claro, obviamente, es la causa. Pero notarse, se nota. ¿Qué tal?, pregunto yo en un alarde de originalidad. Bfff, responde él. Y pasa a mi lado, entrando a casa, como de refilón. Algo pasa, sí.

El cuaderno de B. le espera sobre la mesa, abierto en la página que dejó en diciembre y con el lápiz y la goma de borrar. Él se quita su cazadora y la coloca cuidadosamente en el respaldo de la silla. Silencio en todo momento. Habrá que romperlo, lo sé, pero es que los movimientos de B. cuando se envuelve en un silencio hermético son algo contagiosos. Voy a probar a ver como si nada.

-Has crecido, ¿eh?
-No sé, qué se yo -responde encongiéndose del hombros
-Sí, has crecido, antes me llegabas al hombro y ahora ya estamos a niv…
-No sé.

Vaya. Probemos otro frente.

-¿Qué tal las vacaciones?
-Bfff.
-¿No han ido bien?
-Sí, eso sí.
-Entonces han sido cortas.
-Claro.

B. sonríe mediante una sonrisa breve y me mira por primera vez.

-¿Y la vuelta ha sido dura, ¿no?
-Bfff.

B. vuelve a bajar la mirada. Eso pasa por preguntar lo obvio.

-Dame un do, anda, que desde el año pasado no me das uno

Chiste facilón la referencia al año pasado, vale, lo sé; B. entona un do que resulta ser un si. Y pone cierta cara de fastidio por el fallo y yo pienso que ese sí (que es un no, por eso la cara de fastidio del chaval) tiene algo de significativo. Porque si hubiera sido un re, pues nos vamos un tono, ya puestos a irnos, nos vamos un tono; pero un sí está a medio tono del do. Y ese quedarse a medias tiene algo de languidez, como la atmósfera que ha traído B. a casa.

El resto de la clase, primera tras las navidades, pasa sin novedades. No puede hacerse ninguna objeción a la respuesta de B. al trabajo, ningún reproche. Responde a lo que tiene que hacer con eficacia, unas veces con un acierto rápido y rotundo, otras veces yéndose por las ramas de Plutón, porque cuando su atención se va, se va lejos. Pero él mismo es quien efectúa el viaje de retorno, adopta una posición erguida en la silla, como quien se despierta de algo, y vuelve a concentrarse en el cuaderno.

Terminamos el dictado y hago un trato con mi cuaderno de trabajo para que no me delate y guardemos ambos el siguiente ejercicio para otro día, como si no existiera. El dictado ha sido laborioso, como de cuesta de Enero, normal, cuesta arriba todo va más lento. Pero sobre todo porque prefiero hacer una observación:

-Te veo quemadillo, ¿eh?
-¿Eh?
-Que te veo quemadillo…
-Es que es el cansancio, no sé.
-¿Mucho cansancio?
-Sí, y la falta de tiempo.

Puntos suspensivos.

La falta de tiempo es una constante abrumadora que B. refiere desde, aproximadamente, octubre.

-¿Habéis empezado duro el trimestre?
-No. Pero ha empezado.
-Ya
-…
-La semana que viene irá mejor.
-A ver.
-Te veo el próximo martes, ¿vale?
-Vale, claro.

B. se incorpora y se pone la cazadora. Dice Adiós pero lo dice antes de tiempo. Porque aún tiene que abrocharse la cazadora, salir de la habitación, atravesar la casa y salir al largo pasillo que le conduce al ascensor. Ese Adiós prematuro puede pensarse como una intención de poner punto final a más conversación, sea del tipo que sea. Pero estoy convencido de que es un Adiós automático, dicho por quien tiene la cabeza en otro sitio o en varios. Vamos a distendir un poco la excursión hasta la puerta.

-¿Alguna peli que hayas visto estas navidad…?
-No.
-Ah.
-…
-…
-Sólo amigos.
-Amigos, entiendo.

B. sonríe de nuevo brevemente. Brevemente no quiere decir una sonrisa fugaz en el tiempo, sino de poca amplitud, como tristona, cansada, pero evidente. Es característico en B. que cuando sonríe te mira. Siempre. Las sonrisas necesitan mirar; si no, no encuentran su sentido.

-Bueno, pues nada.
-Bueno, ánimo.

Cabría pensar que el enorme potencial intelectual de B. está entrando en conflicto con esta adolescencia precoz, analizando y encontrando respuestas confusas o respuestas en blanco, algo a lo que no está acostumbrado. Pero creo que lo que él llama cansancio físico es un abatimiento del ánimo motivado por un descubrimiento que trajo de imprevisto el otoño: el sentido de la responsabilidad, cuando éste es acusado, trae consigo el peso de la culpa. Y eso es nuevo, y se hace extraño, y agota.